Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:55 pm
Durante
varios meses estuve sometido a tratamiento médico y reposo, en razón de una
afección cancerígena. Gracias a Dios pude superarla. Y esa gratitud también la
extiendo a todos los que me acompañaron en momentos difíciles, porque no solo
se trata del asunto específicamente médico, sino también del tema psicológico y
propiamente humano.
Esposa, hijos, hermanos, primos, ahijados, vecinos, amigos,
compañeros de luchas políticas, dirigentes sociales, obispos, sacerdotes,
periodistas, locutores, en fin, muchos, muchos, fueron los promotores de una
recuperación anímica y psicológica indispensable para volver a la normal
actividad.
Reposar no significó, sin embargo, estar ausente de la vida
política nacional, porque los modernos medios me permitieron una relación
directa con dirigentes y actores, en todo momento, habiendo, a la vez, celebrado
reuniones con mi equipo de trabajo del movimiento Unidos por Mérida. Reuniones
presenciales y también a través del computador.
Hoy, en medio de la alegría de haber iniciado visitas y
reuniones personalmente, debo insistir en que muchos fueron factores asociados
a mi recuperación, lo cual implica mi lealtad con los amigos y fidelidad a la
familia, en términos plenos y absolutos.
Desde el exterior, ahora que tenemos millones de venezolanos
en más de cien países, me llegaron reportes de misas, rosarios, oraciones y
súplicas por mi salud, mientras que en Venezuela se ofrecieron misas, en varias
ciudades.
Estoy convencido de que la espiritualidad y el poder de la
oración universal se hicieron presentes en esos momentos, además de que en lo
personal y familiar nunca dejamos de poner todo en las manos del Padre
Celestial, lo cual no se aparta en nada de lo que ha sido mi formación
católica.
Dentro de las muy sentidas expresiones de gratitud tengo una
muy particular al eminentísimo Cardenal Baltazar Porras Cardozo, arzobispo de
Caracas, por haberme entregado una reliquia del Doctor José Gregorio Hernández
Cisneros, lo que no solo es una distinción, sino que se trata de una donación
sanadora. Monseñor Porras es un amigo desde los tiempos de mi primer ejercicio
como alcalde del municipio Antonio Pinto Salinas.
De nuevo estoy en la palestra pública. Ahora con el
movimiento estadal Unidos por Mérida, expresión de la autonomía política a la
que todos aspiramos e instrumento para buscar mayor calidad de vida para todos
los ciudadanos.
En el camino nacional nos sumamos a los postulados unidos en
procura de recomponer nuestra democracia para ponerla al servicio de las
mayorías y para revertir las tendencias negativas que se enclaustraron en los
últimos años.
Estamos seguros que, desde Mérida, estaremos a la altura del
compromiso de aportar nuestro esfuerzo, tiempo y sacrificios para que seamos
capaces de imponer el Estado Democrático, de justicia y derecho, que ordena la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
De nuevo con ustedes a tiempo completo por una Mérida mejor y
una Venezuela donde todos seamos hermanos cobijados por el pabellón tricolor.