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Pedro Salima en la suma del tiempo por Orlando Oberto Urbina

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Pedro Salima en la suma del tiempo por Orlando Oberto Urbina


Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

 

 A Juan Salima, quien era técnico dental. Un místico

 Y mago que, en las fiestas de San Vicente de Tolentino en Pedregal,

 Hacía mover los carros y los ponía a volar. Era un judío sefardita

que llegó a nuestras tierras por el Caribe.

Anécdota de Carlos Morales.

 

 

  En la sencillez de la palabra, Pedro Salima comienza a contarnos todo lo que ha vivido y lo que va tejiendo en su imaginación con un lenguaje sencillo que narra poéticamente como un sembrador de sueños e historias que va trasladando a las nuevas generaciones hacia lugares llenos de espejismos o surrealismos como es Paraguaná. Todo ese conuco de agua que rodea nuestros sueños, y nos va adentrando a la vida y a muchas leyendas de aparecidos y de fantasmas; aunque también de verdades que están ligadas a nuestra historia sagrada de hombres y mujeres recias, herederos de Caquetios y de héroes como Josefa Camejo, Mariano de Talavera, José Rosario González, José Francisco Petit y Manuel Urbina, quienes estuvieron en el camino que le dio la Independencia a nuestro país que estaba hecho como el guayacán o el dividivi: árboles que siempre nos dan sombra y que se mantienen firmes y frescos aunque el verano sea largo.

  De esas lecturas está hecha la vida transitada de sus pobladores, y aunque no vivamos allá, es una tierra hermosa que llevamos enarbolando en nuestras entrañas, porque ese amor no nos lo quitaran jamás, así como el azul del mar y del corazón de lefaria en su cielo despejado como soñando al generalísimo Don Francisco de Miranda, que trajo los colores más hermosos de nuestro pabellón nacional, inspirados en el amarillo de la cabellera de esa dama que se hizo bandera y canción de amor, así como el azul intenso de sus ojos y el rojo de sus labios que llegó a besar y conquistar. Fue el corazón de Catalina de Rusia quien le cedió ese barco para la liberación de lo que hoy conocemos como Venezuela, y que Miranda desembarcó por la Vela de Coro.

  De eso está llena la tierra seca y amorosa de Falcón, de poetas y luchadores, por lo que nuestra Falconía se levanta con la fuerza del medanal, como está escrita la historia de bandera y misa, porque Falcón fue escenario trascendente de hechos como la primera misa en tierra firme, el levantamiento de los negros a la cabeza de José Leonardo Chirino, y la Guerra Federal, encabezada por el general de hombres libres, Ezequiel Zamora, y del Movimiento Insurreccional en la Sierra de Coro, como fue la guerrilla al frente del legendario comandante Douglas Bravo.

  De manera que después de este antecedente histórico, prosigo la crónica sobre el poeta y hombre de lucha de quien soy su amigo desde hace más de cuarenta años, a quien conocí en Punto Fijo, en esos años que compartimos una misma militancia en aquella gloriosa juventud comunista llena de sueños. Pedro Salima ya estaba en el Partido Comunista. Siempre había algún recelo del partido hacia la juventud, pero Pedro era un defensor de las propuestas que hacía la juventud –recordemos a Simón Rodríguez-, así como Radamés Larrazábal, Noel Sirit, y otros maestros que nos enseñaron desde la esperanza y vida a sumar corazones y muchas anécdotas de aquellos años que fueron duros, pero de grandes enseñanzas.

  En Pedro Salima se van creando unos personajes que van a vivir en esa narrativa viva sumando paisajes xerófitos que nos van nutriendo el inmenso mar azul de nuestra tierra, y nos da la fuerza de inspirarnos en ese majestuoso gigante en medio de nuestra Península como es el cerro Santa Ana, el cual es nuestra brújula de los caminos interminables que nos llevan a diferentes lugares y pueblos del punto más septentrional del Caribe, en estos paisajes que nos canta nuestro querido poeta y amigo Guillermo de León Calles con la ternura del niño que alimenta los sueños, y que siempre vamos a tener en la memoria y en el corazón de nuestros queridos poetas que nos enseñaron la belleza de la luna y de la tierra seca que se sembraron para siempre en la lámpara de palabras y luz que nos llenaba Alexander Sierralta con su guitarra, y aquellos poetas como Víctor Hugo Bolívar y Héctor Hidalgo Quero, por nombrar algunos de ellos.

  Salima, ese escritor proveniente de la Península de Paraguaná, en su obra narrativa va dibujando personajes en cada una de sus vivencias, donde la imaginación recorre el paisaje seco de su niñez, o tal vez el mechurrio de las refinerías quemando el gas y espantando la lluvia como única esperanza de los campesinos para sembrar, inspirado en ese gran coloso que es el cerro Santana, que inspira a cualquier Paraguanero a trazar caminos en el alma misma de la vida, en los constantes repiques de campanas de la Iglesia, en la ciudad de los mechurrios. Pedro Salima retrata a sus maestros y también a un personaje muy querido en Punto Fijo como era el gran David Guarecuco vendiendo la Tribuna Popular, y quien tenía una apariencia de brujo que no lo era. En A La Suma del Tiempo y Al Margen de las Campañas, Pedro Salima va tejiendo una atarraya de remiendos de destinos de cada uno de sus personajes que van hablándole en cada una de las sombras y no se pierde la majada de los escondites que nos lleva a esos papeles de la razón.    

  Pedro Salima nos va relatando una historia que A la suma del tiempo, uno de sus libros, nos va desvistiendo la tierra adentro, la de los fantasmas y leyendas, la Paraguaná contada en la oralidad de los abuelos reunidos o amontonados por el miedo a la oscuridad, cuando no había luna llena, bonita para verse en el suelo de los patios de la casa a todos en la edad de la inocencia, donde espantaban aparecidos en quebradas, mesetas y riachuelos nos va narrando un territorio que muchas veces fue acechado por otros personajes venidos de otras tierras, los nuestros aventureros, soñadores, sacadores de sal, contrabandistas, así comenzaban las conversas y poníamos los oídos para escuchar esos cuentos que van a alimentar a Miguel o a Darío en cada una de las palabras que van a reunir en Pedro Salima una técnica para renovar y llevarnos al camino de una fuerza narrativa que tiene espejos de vivencias de cualquier habitantes de la comarca de donde Pedro hace gran gala al llevarlos a la literatura de nuestras vidas.

  Desde hace más de tres décadas reside en Margarita, por el amor de su compañera Clorinda Fuente, a quien conoció en el Núcleo de LUZ en Punto Fijo. Fue una pareja de la cual aprendí a conocer la política desde otro ángulo, que era la tolerancia y  la democracia como ejemplo del respeto por la causa y las luchas, ya que su esposa era dirigente del MAS y Pedro Salima del PCV. En esa casa del antiguo aeropuerto nos reuníamos ambos grupos, por supuesto cada uno por su lado, pero lleno de mucha amistad y respeto. Recuerdo a una de las mujeres del MAS, a Argelia Laya, quien se quedaba en la casa de Pedro Salima, y cuando Argelia tenía que ir a un programa de radio o la visita del Núcleo de la Universidad del Zulia ( LUZ) en Punto Fijo, algunas veces estando allí teníamos que ayudar a Pedro Salima a empujar su carro. Recuerdo que era un Hillman blanco al que nunca le funcionaba la batería, y que siempre era utilizado como transporte para trasladar a algunos dirigentes del PCV, o del Movimiento Al Socialismo (MAS) a su  esposa Clorinda y a Argelia Laya. Ellos fueron ejemplo de tan digno respeto por cada una de las ideologías y formas de lucha.

  Además de ser un amante del cine, Pedro Salima ha escrito guiones de cine, seguramente desde aquellos tiempos en que el Ateneo de Punto Fijo fue sede permanente del Cine Súper 8. Allí se organizaban festivales. Simón Petit, Jorge Luis Naranjo, Pedro Urbina y Douglas Zabala venían del grupo Espejo del Ateneo con el gran Vicente Hernández y otros, y le dieron realce a la actividad cultural y la promoción de todas aquellas gestiones que se llevaban a cabo en El Ateneo de Punto Fijo, en el cual también estaba el profesor Rubén Ismael Padilla junto a Guillermo de León Calles, quienes llevaron esa institución cultural a buen término.  





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