Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:13 pm
Con la apertura de cada año los cristianos celebramos la Jornada Mundial
de la Paz, ocasión propicia para que el Pastor Universal de la Iglesia nos
regale sus profundas reflexiones y orientaciones que nos encaminen a continuar
construyendo juntos el camino de la paz.
El Papa San
Pablo VI la celebró por primera vez, el 1 de enero de 1968, con la invitación a
todos los fieles y a “todos los amigos de la paz” a promover este don del
Espíritu Santo “con su justo y benéfico equilibrio para que domine el
desarrollo de la historia futura de la humanidad”.
Además no deja
de ser actual el mensaje de San Juan Pablo II en 1999, en las puertas del
tercer milenio, con su llamado de atención para que no olvidemos que, si
queremos la paz, debemos comenzar por respetar la conciencia de cada hombre; apremiante
desafío que nos coloca frente a mis obligaciones de reconocer los derechos del
otro, dentro de ellos, el más importante, la libertad de conciencia, la cual es esencial para una convivencia plena,
en paz y realización humana.
Pero, ¿Qué es la conciencia del hombre? Según el Catecismo de la Iglesia Católica es “una ley de
nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da órdenes, significa
responsabilidad y deber, temor y esperanza. La conciencia es la mensajera del
que, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de la gracia, a través de un
velo nos habla, nos instruye y nos gobierna” (CIC 1778).
En el centro de este mensaje, nos hace reflexionar sobre la necesidad
de respetar la conciencia de cada uno en el propio ambiente y a la luz de sus
responsabilidades específicas. No solamente en lo que nos compete a todos, sino
en el modo específico de cada persona, sus opiniones, sus opciones de vida, sus
gustos, sus modos de vivir. Cabe preguntarnos: ¿Valoramos y
respetamos la diversidad cultural? ¿Nos integramos con el que es diferente de nosotros?
Esta tarea debe estar guiada por el amor a los demás. No tengamos miedo de amar
lo que es diferente a mis gustos; Jesús nos enseñó en los Evangelios, al
acercase a una mujer desconocida y de otra raza y pedirle de beber (Jn 4,10).
Si creemos y vivimos esto, la paz será posible.
En cada campo de la vida social, cultural y política el respeto de la
libertad de conciencia, ordenada a la verdad encuentra variadas, importantes e
inmediatas aplicaciones. Insiste el Papa Peregrino que buscando juntos la
verdad, en el respeto de la conciencia de los demás, podremos avanzar por los
caminos de la libertad, que llevan a la paz, según el designio de Dios.
También nos advierte el Papa polaco sobre la intolerancia, como seria
amenaza para la paz y que se manifiesta en el rechazo de la libertad de
conciencia de los demás.
Señala que la actitud de la intolerancia puede manifestarse en cada
aspecto de la vida social, sobre todo en la marginación y opresión de las
personas o minorías, que tratan de seguir la propia conciencia en lo que se
refiere a sus legítimos modos de vivir. Así como en la vida pública, cuando no
deja espacio a la pluralidad de las opciones políticas o sociales, imponiendo
de esta manera a toda una visión uniforme de la organización civil y cultural.
Hasta llegar a la intolerancia religiosa, en la que nos ha faltado el
testimonio de unidad y comunión.
Por ello, el Papa Juan Pablo II insiste en la “formación de la
conciencia”. “Todo individuo tiene el grave deber de formar la propia
conciencia a la luz de la verdad objetiva, cuyo conocimiento no es negado a
nadie, ni puede ser impedido por nadie. Reivindicar para sí mismos el derecho
de obrar según la propia conciencia, sin reconocer, al mismo tiempo, el deber
de tratar de conformarla a la verdad y a la ley inscrita en nuestros corazones
por Dios mismo, quiere decir, en realidad, hacer prevalecer la propia opinión
limitada, lo cual está muy lejos de constituir una contribución válida a la
causa de la paz en el mundo”.
Por tanto, esta búsqueda sincera de la verdad lleva no sólo a respetar
la búsqueda de los demás, sino también al deseo de buscarla juntos. En primer
lugar, en el espacio de la familia tenemos la tarea primaria de la formación de
la conciencia, como lo apunta el Papa Wojtila: “Es un grave deber de los padres
ayudar a los propios hijos, desde la más tierna edad, a buscar la verdad y a
vivir en conformidad con la misma, a buscar el bien y a fomentarlo”.
Otro segundo espacio es el dedicado a la educación, asegurando las
herramientas necesarias para que los jóvenes puedan “ser ayudados a discernir y
a buscar la verdad, a aceptar las exigencias y los límites de la verdadera
libertad, y a aceptar el correspondiente derecho de los demás”.
Por último, tenemos otras muchas instituciones y organismos que
desempeñan un papel específico en la formación de la conciencia, de modo
especial, los medios de comunicación social. En un mundo digitalizado, estos
medios pueden desempeñar un papel muy importante, al promover la búsqueda de la
verdad, evitando presentar únicamente los intereses limitados de parcialidades,
grupos o ideologías, por tanto, deben ser usados de modo responsable al
servicio de la verdad. Enfatizó el Papa polaco.
Busquemos juntos esta tolerancia, como un amor operante que tiende a
transformarse y convertirse en un esfuerzo positivo y conjunto para asegurar la
libertad y la paz a todos.
Mérida, 11 de agosto de 2024.