Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:49 pm
Las historias de las parroquias se escriben, cada día,
con la “imperfección” de nuestras manos, con nuestras carencias y debilidades,
nuestros esfuerzos y fatigas, con el trabajo en equipo del sacerdote y los
laicos, son también historias de Dios. Vivir esta experiencia nos ayuda a
comprender que la Providencia divina sigue escribiendo hoy la historia de la
Iglesia.
Hablamos hoy de avanzar en la Iglesia, en el caminar juntos en la misión,
como discípulos y misioneros, con la actitud del buen samaritano, asumiendo
este proceso de sinodalidad en tiempos de renovación y transformación de la
realidad encarnada en el Evangelio de la Vida.
Otro de los rasgos que exige el nuevo estilo de parroquias sinodales es el
rasgo de la corresponsabilidad, bajo la guía del Espíritu, que nos ayude a
comprender lo que cada uno puede hacer en su propio ambiente, en sus propias
comunidades, para hacer crecer el Reino. La sinodalidad ayuda a la Iglesia a
estar centrada, tanto en la dimensión de la comunión, como en la del anuncio
del Evangelio gracias a la reafirmación de la "corresponsabilidad".
El estilo sinodal implica, plenamente, a todos los bautizados, es el gran talento
que el Espíritu Santo ha puesto en nuestras manos, en nuestro tiempo, afirma el
Papa Francisco.
En algunas
parroquias de la Arquidiócesis, estamos viviendo cambios de párroco, experiencia
de comunión y corresponsabilidad, que nos invita a asumir con mayor compromiso
la misión evangelizadora a todos los bautizados.
Vale la pena
hacer un repaso por el rito litúrgico de toma de posesión del nuevo párroco,
que, en nombre del Señor Arzobispo, se hace cargo de hacer presente el anuncio
y la gracia de los sacramentos, unido al testimonio de caridad fraterna.
La celebración
inicia con la procesión de entrada
que se desarrolla, como signo de que somos Iglesia peregrina que va de paso por
este mundo hasta la eternidad. Se procede a la lectura del
nombramiento del párroco, con los encargos específicos de
cuidar, apacentar, dar vida en abundancia a los fieles en nombre de Cristo.
Sigue la “Profesión de fe” recitada
por el Obispo y el juramento de fidelidad,
que realiza el párroco. Tradición que nos recuerda que lo que transmitamos y
anunciamos no viene de los hombres, sino del mismo Señor Jesús que nos envía a
anunciar lo que hemos visto y oído, la Palabra que tiene vida en abundancia.
Otro de los signos de envío misionero en este
rito de toma de posesión, es el de la entrega de los diversos lugares
celebrativos: En primer lugar, se dirige hasta la
puerta de la Iglesia, el Obispo entrega al nuevo párroco las llaves del templo
mientras le dice: “Recibe las llaves de esta Iglesia como signo de autoridad.
Cuida de abrirla oportunamente para que los fieles puedan acudir a celebrar los
misterios cristianos y a orar en la presencia del Señor. Procura también que,
en la misma forma que cuidas que las puertas de este templo estén abiertas,
abras también para Dios, con tu palabra y con tu conducta, el corazón de los
fieles”.
En
algunas ocasiones se hace entrega del campanario, en las que se quiere
significar “convocar a tus fieles, apresurarse para congregarse y señalar los
tiempos de oración”.
Luego
el nuevo párroco y el obispo se trasladan al confesonario, signo de nuestra
realidad humana, hombres pecadores, pero redimidos por Cristo en el sacramento
de la reconciliación. Con el encargo que la misma acción pastoral que coordines
en esta parroquia suscite en el corazón de la gente la conversión y la
penitencia.
Le sigue la entrega
de El Sagrario. El Santo cura de Ars, patrono de los párrocos, tenía como
centro de su vida a la Iglesia, y como corazón de la Iglesia El Sagrario. El
Obispo pone en sus manos El Sagrario del templo parroquial para que sea el corazón
de su sacerdocio y lo haga el centro de la vida divina de esta comunidad.
Seguidamente se
trasladan a la fuente de la vida cristiana, el Bautisterio, con estas palabras:
“Te entrego la pila bautismal para que en esta comunidad a ti confiada cumplas
el mandato de Jesucristo que ´vayan por todo el mundo bautizando en el nombre
del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo´”. Te recuerdo que tu preocupación
no será solo la de hacer nacer a los hombres a la vida divina por el bautismo,
sino también la de guiarlos en el crecimiento y maduración de la Gracia que
Dios ha depositado en ellos”.
El rito de
entregas culmina en la Sede, lugar de enseñanza como lo enseña el libro de los
Hechos, los primeros cristianos se reunían a los pies de los apóstoles para
escuchar la Palabra, para orar y para celebrar la fracción del pan. El Obispo
le encomienda prolongar esta misión, llevando esta presidencia con humildad,
con la mejor disposición de servicio al pueblo de Dios.
Culmino con
las palabras de gratitud del Papa Francisco a los párrocos del mundo el 2 de
mayo de este año: “Los párrocos conocen la vida del Pueblo de Dios desde
dentro, sus fatigas y sus alegrías, sus necesidades y sus riquezas. Por eso una
Iglesia sinodal necesita a sus párrocos; sin ellos nunca podremos aprender a
caminar juntos, nunca podremos recorrer ese camino de la sinodalidad que es el
camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.
Mérida,
1 de septiembre de 2024