Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:59 pm

Inicio

Opinión



Jesucristo: “Venezuela debe seguir siendo la patria de todos. Nada de odios. Sí con leyes que se cumplan en paz” por Ángel Ciro Guerrero

Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Jesucristo:
“Venezuela debe seguir siendo la patria de todos. Nada de odios. 
Sí con leyes que se cumplan en paz” por Ángel Ciro Guerrero
Jesucristo: “Venezuela debe seguir siendo la patria de todos. Nada de odios. Sí con leyes que se cumplan en paz” por Ángel Ciro Guerrero



La multitud ha crecido, Se acerca al millar, porque de todas las comunidades vecinas ha llegado gente a ver y a escuchar al Divino Maestro. Hombres, mujeres y niños, sin un gesto de desorden alguno, se van acercando al escenario en donde Jesucristo, nuestro entrevistado, sereno, irradiando paz, habla.


 En cada palabra suya se aprecia el compromiso que le trajo al mundo en el vientre de María, La Virgen, de cumplir al pie de la letra lo ordenado por El Padre. Es un hombre, de escasos treinta y tres años, bautizado por Juan El Bautista en El Jordán.

 

Es el Mesías que por tanto tiempo esperaron la mayoría de las tribus que durante cuarenta años vagaron por el desierto buscando la Tierra Prometida y le precedieron incontables profetas.

 

En cumplimiento de esa abnegada tarea, el Hijo de Dios ha recorrido palmo a palmo los caminos que enlazan a los caseríos, pueblos y ciudades en una extensa geografía cuyo horizonte es puro desierto, pero objetivo importante para Roma que la ha conquistado.

 

Su historia es única. Incomparable con la de otros que la imitan en los cuatro puntos cardinales de la tierra; que transmite un mensaje tan puro y sincero que entra hasta el fondo del alma de todos cuanto lo escuchan, lo entienden y aceptan. Lleva la paz en el rostro, en las manos, incrustada en su cuerpo.

 

Así la sentimos los que estamos a su alrededor, y nos mira desde la profundidad de sus ojos grandes y negros. Nadie escapa de la búsqueda que hace de nuestra interioridad. Como si abriese nuestro pecho y a su encuentro el corazón también se abre. Es una sensación hermosa, definitivamente.

 

Ya estamos llegando al final de esta larga entrevista. En su desarrollo la maravilla de haberse producido colmó de felicidad al entrevistador, que está seguro de que el entrevistado la aceptó a título de ejemplo, en el sentido de que Él -quien está en todos lados-no nos desampara y prueba que su presencia es absolutamente cierta.

 

Ha sido una agradable conversación. El periodista se muestra satisfecho y así se lo hace saber al importante personaje que, en su humildad, nos coloca su mano en la frente y susurra, casi, un “gracias, hijo, gracias”.

 

-Maestro. Venezuela está en crisis. Una situación difícil que la mantiene, desde mucho tiempo atrás, en una peligrosa situación de verdad muy angustiosa.

-Ciertamente es así, no puede negarse. Es una realidad que cada día se profundiza con resultados perjudiciales en todos los órdenes. Hay que encontrarle, con carácter de urgencia, una solución. No es posible que una nación pueda vivir de este modo.

 

-Qué podemos hacer, para erradicar los males que tanto nos aquejan­                  

-Con mucha responsabilidad emprender, hasta lograrlo, un buen entendimiento. Éste es un proceso, sino complicado, al menos el más llamado a procurar un escenario en donde, formalmente y sinceridad de por medio, los bandos, es decir gobierno y oposición, acepten que el país está mal, que su gente reclama, y la urgencia es válida, encontrar el camino que los conduzca el encuentro de soluciones viables, posibles, que los comprometan a buscar, definitivamente, el arreglo de la situación.

 

-Se ha conversado, analizado los problemas y se han firmado varios acuerdos, pero, en la práctica, ambos grupos los han violado descaradamente.

-Propio del desacuerdo con el cual emprendieron las conversaciones. Muestra de no estar del todo convencidos de querer arreglar lo que está desarreglado y, además, uno de los dos se impuso sobre el otro lo cual, en tales tipos de encuentros, no está permitido. Se estila que a la mesa de diálogo se debe acudir con manos limpias, sin cartas bajo la manga.

 

-Señor, pero resultó evidente que, de esta forma, la legal, no actuaron.

-Y seguirán actuando de este modo mientras no quede perfectamente entendido que quien está en juego es la nación, su inmediato destino y el de su gente. No se trata de izar las banderas de sus respectivas organizaciones, porque no son ni deben ser los colores ni lo ideológico el objetivo a defender. Es al pueblo, al país, a la nación.

 

-De total acuerdo con usted, Señor.

-Pues muy bien, creo que difundiendo estas verdades en algo ayudamos. Mire, Venezuela requiere de todos. Es imposible, insisto, que esa tierra, muy rica, haya llegado al extremo en que se encuentra hoy en día. Podría argumentarse que el resultado de tantas penurias es herencia de malas administraciones, pero, la verdad es que, en el fondo, mayor culpa la tiene el no haber corregido a tiempo los errores, los excesos y los olvidos.

 

-El pueblo siempre reclamó a los gobernantes ese olvido imperdonable.

-Al parecer o no fue escuchado debidamente o su pedimento no estuvo bien dirigido. No sólo al gobierno sino igualmente a los que detentan los otros poderes, como el económico y el político.  Los dos tienen contraídas iguales obligaciones con el pueblo. Los empresarios, que lógicamente buscan incrementar su riqueza, tienen que entender que el dinero lo logran gracias al empleado, al obrero. Por su parte, los políticos, que siempre tienen toda clase de preferencias, deben tomar en cuenta que sus prosélitos, la militancia de sus partidos son los que les colocan en los niveles más altos del poder. Entonces, y quiero ser reiterativo, ambos están en igualdad de condiciones para aportar el mayor número de recursos, sea en dinero, sea en ideas, para poder impulsar lo necesario, apuntando siempre al mejor destino del país.

 

-La voz del pueblo, Señor, es la Voz de Dios, aquí se dice.

-Del todo cierto, amigo periodista. El pueblo es el estrato social más importante. No es el último, aunque así se crea. Sin su aporte siempre resulta extraordinario, y así se ha comprobado desde que el mundo es mundo. Sólo que los hombres, que compartimentan lo que llaman Sociedad, se fijaron en los dominantes, dejaron al pueblo de lado, en el último tramo de esa escala desde siempre perniciosa.

 

-Y así se quedará por los siglos de los siglos…

-Pues así parece. Mire, en el mundo que conocemos ha habido muchos intentos por cambiar tan desgraciada situación. Ahí están las revoluciones. La francesa, por ejemplo. Pretendió la Igualdad, la Libertad, la Fraternidad. O la rusa, bolchevique, comunista o del pueblo como quiera que se le llame.  No lo lograron, y sobran los ejemplos. Siempre ganan los más avispados, los dominadores…

 

-…Es un constante batallar en el cual de antemano se sabe quién ganará.

-Es, llamémosla, la ley de la guerra.

 

-Qué algún día deberá definirse.

-Cuando ese día llegue el mundo cambiará. Pero, ojo, mucho ojo: sino es que algún dirigente mundial loco aprieta el botón rojo.

 

-Podrá sucederse. Es válida la advertencia.

-De sucederse, pues no habrá nada. Es la verdad. Una verdad que aterra, a la que el mundo está proclive, loco como está el mundo.

 

-Sus palabras finales, Maestro.

-Permítame repetir lo dijo ese gran merideño universal y mejor ciudadano, Alberto Adriani, quien escribía con infinita pasión su ardoroso amor con Venezuela, a la que soñaba reinando en la modernidad: “Lo importante es que hagamos bien, sin pereza y con fe en las cosas que se nos encomiendan. Venezuela no es una entelequia abstracta; Venezuela resultará bien o mal, según sea el esfuerzo y la conciencia de varios millones de venezolanos. Cuando no se alcanza a perfeccionar la patria, siempre queda la posibilidad de perfeccionarnos a nosotros mismos”…”.

 

El  Maestro nos da su mano y se levanta. Pedro, el mayor de los apóstoles, le abre camino. El Hijo de Dios hecho hombre me mira. Siento su mirada llegándome al alma, y me dice:

 

-Amigo periodista, lleve usted este mensaje a su país: Venezuela debe seguir siendo la patria de todos. Nada de odios. Pero sí con leyes que se cumplan en paz.





Contenido Relacionado