Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:16 pm
SERIE / IMAGINARIAS
Héctor Mujica era formidable. Sin duda. Un hombre nacido para el combate inteligente. Cedía la razón cuando el adversario, que nunca enemigo, le apaciguaba el ánimo con buenos argumentos. No guardaba odios porque, decía, su corazón al fin y al cabo, caroreño, era muy pretencioso, sólo albergaba cosas buenas. Voz gruesa, como relámpago, para que así se le escuchase en las profundidades de su acento la sincera intención que le afloraba en palabras muy castellanas, y manos duras, de dedos fuertes, dispuestas siempre para dar caricias tanto como para señalar caminos. Eras manos también para la faena de campo, igual que la cumplida en el aula, en la tribuna, en la montaña, en el parlamento, en el periódico y en la casa. Era formidable también por ser muy íntegro, además, y hombre de lealtades. En él las cuestiones del honor eran de honor y la palabra empeñada una sola en cualquier circunstancia, tiempo y lugar. Cuando abrazaba al amigo, uno se sentía protegido en aquellos brazos fuertes que, aunque no muy largos, sin embargo se extendían al infinito en el cariño que ofrecían al que fuese suyo. Para el extraño nunca hubo rechazo ni violencia, sólo la mirada conveniente para que no le descubrieran el modo de averiguar si venía o no con torcidas intenciones. Por eso, sus ojos eran, si no muy grandes, sí en extremo vivos, de mirar profundo –como los de Borges, que miraban al alma de la gente-. Uno, en ellos, conocía de inmediato al dueño porque su vida, y eso lo constatamos muchos, siempre fue un espejo en el que se veía y se sabía todo porque Héctor Mujica nunca escondió que era un ser predestinado.
Él entendió que el destino así habría de determinar su vida y vivió su vida abierto a la verdad, por el medio de la calle, pues nunca tuvo necesidad de buscar refugio en la sombra ya que estaba construido de claridades. Pecho duro, como coraza, es cierto, para soportar alguna que otra inconsecuencia de muy pocos, que no lo entendieron por estar cerrados a las verdades de lo que este hombre formidable era estando vivo, y es ahora que está muerto, no sólo en la literatura que se escribió a partir de la mitad del siglo XX en Venezuela, sino en la política. Cultor, excelente, del Cuento como género, varios son sus libros en los cuales hay sólido consenso entre los especialistas, se encierran muchas páginas, de las mejores, de nuestra cuentista, Igual en el Ensayo. De pensamiento hondo, producto de lectura disciplinada desde la escuela y el liceo, porque vendió dulces para comprar libros y armó primero bibliotecas qué closet para ropa o baúl para guardar juguetes, se fue haciendo estudioso con inteligencia, claro, pero inusitado esfuerzo. Eso sí, siempre a su lado, gente que le quiso, gente que le ayudó a hacerse lo que finalmente fue, un gran venezolano raizal, un ciudadano ejemplar.
¿Quién puede decir lo contrario? O acaso asegurar que Héctor Mujica no estuvo toda su permanencia en la tierra alineado entre los mejores hombres de la Venezuela de su tiempo, un escenario, en ese entonces, donde todo se armaban -la mayoría buscando la libertad- y una minoría, sobre todo la de uniforme, tratando de imponerse a punta de gritos y fusiles. Se hizo camarada porque creyó, con firmeza, en que el proletariado finalmente encontraría en el comunismo la redención y abrazó esa causa con pasión, con honradez, sin exigirle nada cambio a los que aquí y allá eran los líderes. Por el contrario, entregó todo, sin recibo, generoso, desprendido.
El PCV le debe al camarada Héctor no sólo su militancia que la suya honró a ese viejo partido sino la vida misma que le insufló en tiempos de persecución, de cárcel, de entrega hasta la sangre. Recordémoslo como combatiente –que de verdad lo fue- en su accionar, defendiendo la libertad frente a la dictadura o enfrentando por igual a los que, apoyados en la democracia, pretendieron imponerse por las malas. No creyó ni en mesías ni en demagogos. Para él los populistas resultaban a la postre, lo afirmaba, embusteros de feria. Respetuoso de lo plural, sin embargo era inflexible en sus planteamientos aunque, se reitera, daba la razón a quien tenía la razón. Por eso la discusión no existía ni siquiera como palabra, alrededor de su mesa, a la cual convidó siempre a tirios y a troyanos, sino conversación. Y la suya era agradable.
¿Erudito?, sí, pero nadie se atrevía a recordárselo porque su humildad no lo permitía, aunque haya quienes digan que Héctor Mujica tenía malas pulgas. Para los suyos, alguno que otro arrebato no era más que una manera de sacudirse malos pensamientos, como por ejemplo, mentarle la madre a los dictadores, a los corruptos, a los envidiosos, a los que de verdad eran, son y serán siempre mala gente. Estaba entre sus cuestiones más sencillas admirarse de un buen amanecer y apostaba con el amigo a quién lograba contar más estrellas, o seguir sin perder de vista el vuelo de la mariposa. Se admiraba de la rapidez con la que la hormiga trasegaba de un lado al otro y se condolía del peso gigantesco que llevaba encima en ruta hacia el hormiguero. “Así le debe pesar a Dios”, me dijo un día, “haberle dado todo al hombre”, para explicar luego que “hubiese sido mejor dejar que el hombre se las arreglara solo”. Aunque decía no creer en Dios. Por lo menos en el Dios en qué creemos los cristianos. Pero respetaba al Dios que protege a los más pobres, a los más humildes, a los más desposeídos.
Y maestro, que lo fue toda su vida, se retiró a Mérida que siempre le atrajo, para no estar muy lejos del aula porque Mérida, bien se sabe, es una universidad. Y desde su retiro, junto a su compañera, que le brinda todo amor y todo cuidado, nunca dejó de estar pendiente de sus tres grandes pasiones: el periodismo, la literatura y la educación. En esas tres vertientes de su caudalosa vida, Héctor Mujica fue un Maestro. Yo, con mucho orgullo, fui su alumno en el quehacer diario de la noticia. Hoy, cuando otro amigo suyo, nuestro apreciado Coromoto Álvarez, se dio a la buena tarea de recolectar opiniones para componer un gran retrato de nuestro querido Héctor Mujica, admito que las palabras aquí transcritas me las dictó el corazón.
Lo que a continuación sigue, es la presentación –que sabemos él leyó- y algunas preguntas que estructuramos, pero no tuvo tiempo de responder para la entrevista que acordamos realizar, pautada para días después que le encontráramos en un acto en la sede del CNP de Mérida, donde se decidiese bautizar con su nombre una colección de textos sobre Periodismo que publicarían conjuntamente la proyectada Casa Editorial de Mérida (que la seria del gobierno regional) y la Seccional del Colegio Nacional de Periodistas. La entrevista no se llevó a cabo porque Héctor se nos murió muy rápido y la oferta gubernamental, como otras muchas, tampoco llegó a ninguna parte.
Para Héctor Mujica, camarada siempre
“Sin ofensas”, nos había advertido, “pero periodismo, el de antes”, ¿Por qué? Le pregunté en rueda de colegas. “Muy sencillo: no existían grabadoras. Sólo lápiz, libreta y mucha inteligencia. Desde luego que retentiva, imaginación y muchísima responsabilidad no sólo en la pregunta sino en la interpretación y transcripción de la respuesta”. ¿Y ahora? “Bueno, ahora sobra de todo y falta de mucho”, me replicó como respuesta en su trabalenguas que le obligaba la enfermedad que le aquejaba, ya de manera dolorosa.
Entre esos hombres y mujeres de lápiz, libreta y de enorme responsabilidad consigo, con el Periodismo, con el país y su historia, Héctor Mujica, el amado Maestro, el fraterno camarada, el mejor reportero de los que en el mundo han sido, escribidor y contador de cuentos, escapado a la vida por cualquiera de las “Tres ventanas”, (su libro de Cuentos) hecho leyenda a punta de esfuerzo y de entrega permanente a Venezuela y a los venezolanos que le sentimos nuestro y le queremos –aunque se ponga bravo porque así lo califiquemos-, Héctor es ya símbolo, Héctor es bandera, Héctor es la verticalidad hecha carne y huesos en este caroreño universal que se ganó el respeto y la admiración del tercer mundo por el cual y para el cual viene luchando pues, escribir para los que del periodismo hemos hecho entrega diaria en el altar de la verdad, es también luchar por la dignidad y la libertad. Es decir, por el hombre mismo. Periodismo, entonces, en Héctor Mujica es pasión igualmente y, siendo pasionario, Héctor Mujica se ha pasado la vida sin descanso. Ha batallado duro contra toda injusticia dentro y fuera de nuestra geografía latinoamericana y, puesto que no tiene enemigos, se da el lujo –como pocos- de buscarle pelea a su sombra, porque le sigue a todas partes, protegiéndolo, sin protestar, conocedora en exclusiva de ese otro Héctor que, lo afirmamos, es el mismo que está aquí, allá y en todas partes, pero que él disimula siendo múltiple en las actividades que con éxito cumplió en muchos escenarios.
Y ese ser muchos al mismo tiempo con igualdad de deberes y derechos le situó en niveles que, por cumplir a cabalidad cada papel, sólo son lugares reservados para los Grandes. De manera afortunada para nosotros, Héctor está dignamente multiplicado en el reportero, el articulista, el profesor, el poeta, el cuentista, el crítico, en el novelista y el fabulador También en el político, recto y honesto, y en el amigo, el hermano y el sabio consejero. Es, por tanto, un venezolano integral. Así lo entendí desde cuando empecé a admirar su valía y a sentirme orgulloso de ser periodista y soñar –la buena envidia no hace daño nunca a nadie, por el contrario alienta- que algún día sería como él, valiente, decidido, abierto, franco, honesto y nunca genuflexa. Creo, Maestro, que puede usted estar tranquilo porque, honestamente, hasta la fecha, lo he sido.
Ahora, cuando recabo algunas notas para sustentar esta entrevista, encuentro en mi modesto archivo una pequeña crónica que escribí en Maracaibo, una noche, después que en el restaurante del Hotel del Lago, siendo yo jefe de prensa de Luis Piñerúa Ordaz, entonces candidato presidencial de AD, encontré al Maestro cenando solo y , al verme, con la alegría que siempre le caracterizaba en cualquier gesto, me invitó a su mesa, y me dijo: “Gocho, recoge esta primicia: El Comité Central del Partido me acaba de anunciar telefónicamente que aprueba mi designación como su abanderado a la contienda electoral”. Le felicité. Me dijo: “Pues ahora voy a competir con Don Luis, que es un buen hombre, muy honesto. Yo lo respeto”. Prometí decirle a Piñerúa lo dicho por Mujica, como en efecto esa misma noche se lo comuniqué y, a la mañana siguiente, muy temprano en la recepción, ambos candidatos se abrazaron muy cordialmente. Días después, el 3 de septiembre, Héctor salió a la calle enarbolando su bandera roja y contándole a todo el mundo sus sueños de libertad, de paz, de crecimiento social y también de crecimiento espiritual que él soñaba para todos los venezolanos.
Entre la literatura y la política
Lo siguiente es el texto de las 10 preguntas, que no tuvieron respuesta por la muerte del Maestro, para la entrevista prometida:
1.- Afortunado usted, Maestro, que pudo abrir, desde muchacho, tres ventanas: una hacia la literatura; las otras dos hacia el periodismo y la política. A estas alturas de su vida, ¿qué encontró más allá de sus celosías?
2.- “Abdul Bashur, soñador de navíos, amigo y cómplice del Gaviero”, fue quien pudo rescatar a Maqroll “en los momentos críticos de la disparatada vida de este personaje a quien Álvaro de Mutis, “el cervantes de América Latina”, dio vida para beneplácito de millones de lectores. Usted, muy parecido al hombre del libro, porque tuvo en su tiempo la oportunidad de ver más lejos el horizonte, ¿acaso opina igual en cuanto “a saber que nadie escucha a nadie, que nadie sabe nada de nadie. Que la palabra, ya, en sí, es un engaño, una trampa que cubre, disfraza y sepulta el precario edificio de nuestros sueños y verdades todos señalados por el signo de lo incomunicable’?”
3.- En agosto de 1987, Mario Vargas Llosa escribe su artículo “Hacia el Perú Totalitario” que, sin pretenderlo, y en apenas dos años, lo conduce de simple observador a candidato presidencial. Aunque pierde, ganó mucho. Usted lo ha sido en dos oportunidades por el PCV y ha perdido. A cambio, ¿qué ha ganado?
4.- Héctor Mujica, en su campaña electoral también afirmó que “en Venezuela bastarían dos candidatos: uno a favor del sistema imperante, y otro que esté dispuesto a contribuir con su acción al cambio social y a la ruptura del sistema. Eso, ya lo sabemos, es imposible”. Veintidós años después, y Chávez abiertamente lanzado hacia el autoritarismo, ¿esa afirmación suya sigue siendo válida?
5.- ¿Qué le recomienda a Chávez para enderezar sus entuertos y, así, disponerse a enderezar el país?
6.- Defina lo que para usted debe ser una democracia a la venezolana, que contraste y supere la oferta de la Revolución bolivariana?
7.- Chávez, quizás para que lo dejen en paz botar la casa por la ventana el próximo 4F, acaba de reconocerle algunos méritos al 23 de Enero del 58 y, claro, le resta importancia a la participación de la gente de AD que, bien se sabe, y a la del PCV, dieron la gran pelea, junto al pueblo y las Fuerzas Armadas contra la dictadura. Le pregunto: ¿Ese hecho histórico fue una revolución, fue un golpe de estado o una simple rebelión?
8.- Usted, que de verdad es un demócrata de probadas virtudes, un socialista del alma y un comunista de corazón, ¿en realidad cree que el chavismo llegará a sustituir la libertad que, hasta la fecha tienen los venezolanos de elegir si quieren o no a un adeco, copeyano, urredista, masista o justiciero, entre otros, o simplemente un independiente? Le pregunto esto porque al parecer Chávez los quiere sustituir por un solo partido, el rojo.
9. -Su gran amigo y camarada de sueños, el poeta Cruz Ramón Galíndez, que se va a morir como nosotros millonario de ideales y pobre de bolsillo, dijo alguna vez en el Parlamento, con voz sabia de maestro de escuela, con preocupación de periodista comprometido y acertada advertencia de político, que “resulta de imperiosa necesidad un sentido social nacionalista, no como el de Hitler, sino como el nuestro, una reforma educacional para redimensionar la enseñanza, mejorar las condiciones pedagógicas y darle carácter de proclama de Estadio”. Usted, ¿qué piensa?
10.- Héctor Mujica, el candidato, también acertó al advertir que “un abanderado presidencial en el umbral del siglo XXI, no puede saberlo todo, pues ya es imposible un Pico della Mirándola, sino más bien una persona capaz de aprender del prójimo, de los otros, capaz de escuchar a los demás, ganoso del fructífero diálogo…” Esa afirmación, tan terrible por lo cierta y dura, ¿cree usted que perfectamente le cuadra al presidente Chávez?
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