Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:20 pm
Todo parece
indicar que el mundo ha entrado en un período de cuatro años marcado por
tensiones comerciales globales. Esto en la medida que el uso irrestricto de la
política comercial arancelaria por parte del nuevo gobierno de Donald Trump
traerá respuestas con medidas similares por parte de los líderes políticos de
países afectados por las nuevas barreras comerciales. Así, se entra en un ciclo
de represalias que puede crecer rápidamente, cual bola de nieve, y poner en
riesgo tanto las ganancias del comercio internacional como el bienestar
mundial.
En este
escenario, lo malo no resultará el porcentaje de los impuestos, sino el ciclo
de represalias que pueden desencadenar, junto con una sucesiva fractura en los
vínculos comerciales entre muchos países con relaciones históricas. La
propuesta de aranceles del 25% sobre las importaciones canadienses y mexicanas
puede devastar las economías de ambos países. Además, la promesa de represalias
por parte de los gobiernos de Canadá y México fracturaría las cadenas de valor
en una región con alto nivel de integración. Mientras que el arancel del 25%
para las importaciones de acero y aluminio, incrementará los costos de
producción de todas las industrias responsables de producir mercancías a partir
de estas materias primas, y aumentará las presiones inflacionarias tanto en los
Estados Unidos como en el mundo.
En un contexto
así, resulta fundamental recordar que todo país que inicia un proceso de
apertura al comercio internacional obtiene beneficios de su nueva relación con
el mundo. También es cierto que, si ese mismo país levanta barreras al comercio
internacional, su economía será la que más sufra. Esto debido a los costos de
producción, consumo, comercio e ingreso que la sociedad local debe asumir por
su aislamiento.
Dicha disyuntiva,
apertura-proteccionismo, ha llevado a que los países del mundo firmen acuerdos
comerciales para limitar la capacidad de introducir medidas proteccionistas que
saboteen sus verdaderos intereses nacionales, debido a presiones políticas
internas. En otras palabras, el sistema de comercio basado en el GATT y la OMC concentra
las reglas de juego del comercio internacional, desalienta prácticas
discriminatorias, promueve la transparencia y la previsibilidad, y frena el
proteccionismo.
En estos
momentos de incertidumbre en la economía internacional, la apertura comercial debe
verse como una necesidad tanto económica como de seguridad política. La primera
a favor del bien público global, con un sistema económico abierto y basado en
reglas se puede recuperar y mejorar el nivel de vida que tenía el mundo antes
de la pandemia. Y la segunda, porque el sistema comercial establecido, aunque
imperfecto, es una mejor alternativa al desorden y el pánico.
Es momento de fortalecer
el sistema multilateral, promover la cooperación y defender un orden económico
global basado en reglas. Solo así se podrá evitar la tentación de caer en el
caos económico y político que aleje a la sociedad mundial de elevados niveles
de bienestar.
(*) @zerpasad
IMPORTANTE
El Portal de Noticias Frontera Digital no se hace responsable de todas las opiniones que se emitan en este sitio puesto que son de carácter individual de las personas, y no necesariamente reflejan la posición editorial de este Portal de Noticias