Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 12:23 am
Don Miguel de Unamuno es un personaje emblemático de la España de
finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, entre los años 1864 y 1936. Un
intelectual de grandes obras literarias,
poéticas, novelas y ensayos. Rector de la Universidad de Salamanca en dos
periodos; el primero para 1901 hasta
1914 y el segundo luego de su destierro
de Francia y las islas canarias (Fuerteventura) para 1931 hasta 1936 fecha en que acaece su muerte. Autor
de una de sus obras principales Del sentimiento trágico de la vida en
1912. Su reflexión central es acerca de la inmortalidad del hombre como conciencia
personal, individual y única más
allá de la muerte física. Presenta Unamuno la contradicción entre la razón y la
vida, luego la
razón y la fe, porque el destino del hombre es vivir y la muerte es la nada, por lo tanto la inmortalidad del hombre
es una realidad de la vida y es un asunto de religión, porque el cientificismo
no da con ello. Unamuno tiene hambre de inmortalidad, hambre de divinidad y
para eso Dios es el productor de la inmortalidad del hombre. El hombre anhela a
Dios antes de conocerle, lo busca y Dios se le revela. El hombre es un ser
trascendente como una unidad integral en cuerpo y alma, y es en el Nuevo
Testamento con la resurrección de Cristo que esto se da. Por lo tanto el hombre
de carne y hueso, el que nace, sufre
y muere,
es hecho a imagen y semejanza del hijo de Dios siendo Jesús el que nos da la inmortalidad. Esta concepción no es
científica por el contrario es vital, es
sentimiento, es vivencial y es un
asunto de fe, de esperanza por querer crear a un Dios productor de la
inmortalidad del hombre. La fe en Dios es producto de la voluntad del hombre
que se alza por encima de la razón, porque ésta la aniquila. La fe en Dios es
amar a Dios antes de conocerlo porque el hombre no es un medio sino una finalidad porque tiene un destino. La finalidad del hombre es la
visión y goce de Dios pero no de manera contemplativa, es un constante
aprendizaje y para eso se requiere al otro, porque se construye en el prójimo, de tal
manera que la bondad es clarividencia de Dios. Lo bueno, lo bello, lo ético y el
amor enriquecen la conciencia del hombre y es un asunto para la
eternidad que inmortaliza al hombre para
la Gloria de Dios.