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Don Miguel de Unamuno por María Isabel Schlaefli Grimaldi

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María Isabel Schlaefli Grimaldi


Don Miguel de Unamuno  es un personaje emblemático de la España de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, entre los años 1864 y 1936. Un intelectual  de grandes obras literarias, poéticas, novelas y ensayos. Rector de la Universidad de Salamanca en dos periodos; el primero para 1901  hasta 1914 y el segundo luego de su destierro de Francia y las islas canarias (Fuerteventura) para 1931 hasta 1936  fecha en que acaece su muerte.   Autor  de una de sus obras principales Del sentimiento trágico de la vida  en 1912. Su  reflexión central es acerca de la inmortalidad del hombre como conciencia  personal, individual y única más allá de la muerte física. Presenta Unamuno la contradicción entre la razón y la vida, luego la razón y la fe, porque el destino del hombre es vivir y la muerte es la nada, por lo tanto la inmortalidad del hombre es una realidad de la vida y es un asunto de religión, porque el cientificismo no da con ello. Unamuno tiene hambre de inmortalidad, hambre de divinidad y para eso Dios es el productor de la inmortalidad del hombre. El hombre anhela a Dios antes de conocerle, lo busca y Dios se le revela. El hombre es un ser trascendente como una unidad integral en cuerpo y alma, y es en el Nuevo Testamento con la resurrección de Cristo que esto se da. Por lo tanto el hombre de carne y hueso, el  que nace, sufre y  muere,  es hecho a imagen y semejanza del hijo de Dios siendo Jesús el que nos da la inmortalidad. Esta concepción no es científica por el contrario es vital, es  sentimiento, es vivencial  y es un asunto de fe, de esperanza por querer crear a un Dios productor de la inmortalidad del hombre. La fe en Dios es producto de la voluntad del hombre que se alza por encima de la razón, porque ésta la aniquila. La fe en Dios es amar a Dios antes de conocerlo porque el hombre no es un medio sino una finalidad porque tiene  un destino. La finalidad del hombre es la visión y goce de Dios pero no de manera contemplativa, es un constante aprendizaje y para eso se requiere al otro,  porque se construye en el prójimo, de tal manera que la bondad es clarividencia de Dios. Lo bueno, lo bello, lo ético  y  el amor enriquecen  la conciencia  del hombre y es un asunto para la eternidad  que inmortaliza al hombre para la Gloria de Dios.           

 isabelschlaefli@gmail.com





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