Mérida, Mayo Martes 12, 2026, 10:49 am
Texto
y fotos: Orlando Oberto Urbina (CNP 9.207)
Martín Morales es artista plástico,
y un maestro del arte visual que en sus investigaciones y pinturas ha abordado
las relaciones vitales entre el color y la naturaleza. Un visionario de la
naturaleza humana. Conocí a este artista visual sencillo y humilde en la Feria
Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN) capítulo Mérida (que en diciembre
de 2024 se llevó a cabo en Tovar), la cual se realizó en dos sitios de trascendencia
intelectual, como son el Ateneo Jesús Soto, y el Centro de Formación “Elbano
Méndez Osuna”; lugares donde el arte ha forjado el camino de grandes artistas
plásticos y de notables escritores.
En esa feria del libro me tropecé
con este interesante artista visual de renombre nacional e internacional, y
logré conversar unos minutos en la galería de este Centro de Formación en el
cual cedió esta entrevista. Conocí a un hombre humilde y lleno de muchos
saberes entre el color y la geometría, y la silueta que va poniendo movimiento,
abriendo cada tema con una versatilidad y filosofía del arte visual que nos fue
llevando por ese camino del resplandor del trazo, y ese goce estético que nos impulsa
al color y las formas que despiertan devoción sin reservas. Así es la obra de
Martín Morales: un artista que deviene, parafraseando a Robert Bresson, quien
era un jansenista con ideas de predestinación y de gracia espiritual, “un electricista
que desnuda sus cables antes de juntarlos, si quiere que la corriente pase”.
Ese es el artista en el que la obra juega con lo visual del pensamiento. Ese es
Martín Morales, del cual confieso que muy poco he visto sus pinturas; pero, a
través de algunos escritos de arte, me he interesado en conocerlo y en saber
que vive su oficio en Tovar.
Se dedica también a la investigación artística contemporánea, desde esa vertiente de la estética del arte y del movimiento visual que se ha desarrollado en Tovar, donde hay expresiones artísticas dadas a conocer desde la autogestión, y generando espacios para las nuevas generaciones de artistas.

Foto: Martín Morales con Orlando Oberto
OOU: ¿Qué son las artes plásticas, o el arte visual, para Martin Morales?
MM: Para
mí es un espacio de vida, un lugar donde uno se acobija a través del color. Creo
que lo más grande que le puede suceder al ser humano es esa relación, ese
contacto que esta entre la obra y el artista, la obra y el espectador, y una de
las condiciones que yo me he fijado es compartir esa unión entre el espectador
y la pintura. Vengo realizando un trabajo desde hace muchos años dedicado al
abstraccionismo geométrico, al arte cinético, el Op-Art; y luego, en un proceso
de evolución de crecimiento de experimentación, he logrado unos objetivos muy
importantes entre la comunión entre el abstraccionismo geométrico, el arte cinético
y el paisaje. Esto es lo que vengo haciendo, y es lo que me ha permitido crear
un espacio muy importante en mi obra.
Entonces creo yo que todas esas
cosas que han venido sucediendo en Tovar. Tovar es un espacio para el arte; y
aquí le decimos Tovar arte, porque aquí se ha generado una actividad muy
importante desde los inicios del taller de arte libre que creó el maestro
Elbano Méndez Osuna hasta nuestros días, junto con la extensión y el núcleo
Rafael Gallegos Ortiz, donde se imparte la carrera de artes visuales.
OOU:
¿Considera Martín Morales que Tovar pudiese ser la Atenas de Mérida? Usted que
ha estado en otros espacios del mundo… y ¿como ve el arte en el siglo XXI, con
la inteligencia artificial y el mundo digital?
MM: Es
importante el término que se ha utilizado para identificar el movimiento
plástico en Tovar. Creo que se ha identificado a través del tiempo por un
trabajo a pulso, sin pretensiones de grandeza. Nosotros lo que hacemos en Tovar
es el taller, el laboratorio para construir nuestra obra; y yo creo que es
importante entender que el movimiento plástico de Tovar se ha generado a través
de una evolución muy importante: de una confrontación de su obra. La
confrontación no es con Mérida, Trujillo o el Táchira, no es menospreciar estas
ciudades, sino que buscamos el comienzo pictórico e histórico en el trabajo con
Caracas. ¿Por qué? Caracas, porque allí es donde están o estaban los grandes
museos que hoy día ya no existen. Lamentablemente, hemos tenido problemas como en
el caso del Museo de Arte Contemporáneo “Sofía Imber”, que se fue en picada por
las malas políticas y malas gerencias que han tenido estos espacios, no sólo en
Caracas, sino en toda Venezuela. Entonces, ese trabajo que nosotros hemos
realizado desde montarnos en un autobús con seis obras para ir a Caracas a
buscar galerías, o un museo, o buscar un crítico de arte o un curador, eso le
permite una confrontación de generar una cantidad de premios desde la década de
los ochenta, noventa, y en este siglo que estamos avanzando.
Con relación a la inteligencia
artificial, es una herramienta que se puede utilizar. Lo más importante es lo
que sale del interior del ser humano, del interior del artista, de las vísceras
del artista. Yo siento y percibo cuando trabajo en mi taller, en mi espacio o
laboratorio, donde hago esa comunión con mi obra; ese contacto con mi trabajo
artístico, y dialogo con mi obra, porque es muy frío dialogar con una
computadora o con la inteligencia artificial. Es una herramienta que es muy
importante, no solo para las artes plásticas, sino para todas las artes y las
ciencias, los arquitectos e ingenieros. Pero yo me quedo en mi espacio que es
mi pintura, pintar sintiendo la tela, el pincel, el color, el aerógrafo. Es
sentir la presencia de lo que yo estoy haciendo con mis manos. Yo respeto esa
herramienta de la inteligencia artificial, y a quienes la utilizan. Llegará el
momento en que la podré usar y como aquello que escribió Arthur Danto sobre la
obra de Marcel Duchamp: “la pintura no ha muerto ni va a morir”, el arte como
hemos venido evolucionando seguirá en los espacios en que nosotros habitamos,
los espacios no importan, puedes ser de Tovar y estar trabajando en Beijing o
en Nueva York. Lo importante es creer en lo que estamos haciendo nosotros,
tengo la fe en mis cincuenta años que llevo trabajando de que el arte me ha
permitido contactar y exponer no sólo aquí en Tovar o en Caracas, sino en
Paris, Nueva York, en muchas regiones de Suramérica, en Colombia, en Costa
Rica. Eso me ha permitido el contacto directo con artistas en sus talleres.
Eso es muy importante para los
jóvenes, para que visiten los talleres, las galerías, los museos. Ese
encuentro, esa comunión con el arte y amigos del arte.
OOU:
¿Qué le parecen las técnicas que usaba Alejandro Otero, Jesús Soto o Cruz Diez?
¿Acaso usaron la computadora para mejorar su trabajo?
MM: Yo
no estoy en contra con esas herramientas, me alimento del internet, utilizo la
computadora como una herramienta, y otros artistas la están utilizando de buena
manera. Hay una obra que penetra el cuadro y es lo que hizo el maestro Carlos
Cruz Diez, o el maestro Jesús Soto con la llovizna. Lo penetrable es recordar
esos espacios de la infancia y la juventud del maestro Soto en Ciudad Bolívar;
esas cascadas que cuando entras allí sientes que está cayendo algo, y eso es
muy importante. Las herramientas como la computadora, el internet, la
inteligencia artificial, hay que seguirla utilizando, pero hay que saber hacer
un buen uso de ella, no es hacer un trabajo por hacerlo, o usar la computadora
para hacer algo que nunca logró hacer.
OOU: ¿Cómo ve Martín Morales, siendo un maestro del color
y del arte, el uso reiterado de las figuras tradicionales? Desde hace mucho tiempo
se ha dicho que algunos grupos imponen el bodegón y el paisaje como presa fácil
para el comercio de obras.
MM: Hay gente que nunca estudió arte, y para
estudiar arte hay que pasar por el ABC y dibujo analítico, la naturaleza
muerta, el paisaje. Están las perspectivas de la ciudad, de las casas o los
lugares encerrados. Eso es importante y hay que pasar por allí, porque nosotros
no podemos dibujar en el espacio sin haber abordado el papel blanco, ese papel
o esa tela el cual nos da temor, y qué hago yo aquí. Enfrentar eso no es fácil,
para eso hay que pasar por la academia y la academia es pintar, es la formación
del artista en cualquier espacio. Tú vas a Milán en Italia y te vas a encontrar
una academia, y en los talleres te vas a encontrar que están trabajando los
dibujos de escultura, o de una modelo o cualquier institución, donde están los
profesores poco a poco. En la medida que avanza uno se va identificando con lo
que va creando, y ya hay presencia, y ésa es resultado de una evolución de la
academia del primer semestre hasta llegar a culminar sus estudios.
Eso
lo vemos acá en Tovar, nosotros hemos tenido la fortuna de formar a los
muchachos aquí en el núcleo “Rafael Ángel Gallegos Ortiz”, y desde aquí han
salidos excelentes artistas. Hace poco, uno de los jóvenes como Adonay
egresados del núcleo acaba de ganar la bienal Arturo Michelena, uno de los
salones más importantes de América Latina. También Hugo Rodríguez se ganó el año
pasado el segundo premio de jóvenes, y vamos más atrás: yo participé en varios
salones y me gané varios premios, cuando los salones eran muy importantes, en
la Galería de Arte Nacional; y también he recibido premios por la confrontación
de mi obra con otros artistas, y hay que estudiar e investigar, esa es la
libertad.
OOU: ¿Qué piensa de los críticos de arte?
MM: Pienso que es importante: es vital la presencia de los críticos de arte, los curadores de galería y de los museos, porque es la forma en que el público que ama el arte tenga presente a través de textos una persona a nivel de investigadora que pueda hablar de una obra. El artista habla de su obra, pero la crítica ayuda mucho a llegar a determinados espacios; por eso el crítico tiene esa presencia en el trabajo de una obra de arte. El curador se encarga del artista y de la obra que debe estar expuesta en un museo o galería; y son importantes y quienes hacen esa investigación nos llevan a conocer el arte.