Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:49 pm
“Fáltenle,
empero, el bronce o el mármol que exhiban ante el pueblo la apacible figura del
sabio y del filántropo. Su memoria persiste, incólume, tan viva hoy…”
Dr. Santos Aníbal Domínici, 29 de junio de 1944(1)
El 3 de enero de 1889 el joven médico José Gregorio
Hernández llegó de incógnito por la zona del Mocotíes, sacudiéndose el polvo
del antiguo camino de recuas. Era un perfecto desconocido que andaba tras la búsqueda de un lugar donde ejercer la medicina, y no
huyendo como algunos erróneamente afirman. Lo cierto es que el 24 de diciembre de 1888 desde su natal Isnotú, Trujillo
le confirma a su condiscípulo el Br. Santos Anibal Domínici(2): “…mañana
me voi para El Táchira”(3) (carta número XIV), con anterioridad le había anunciado en inglés el 18 de diciembre que: “At
the present time I am thinking to make a voyage to El Táchira, and probably to-morrow
I will decide it” y en castellano: “…tal vez vaya para El Táchira a dar un
paseíto y que mañana me resolveré, porque todo depende de conseguir bestia a
propósito para ese viaje.” (carta número XIII, pág. 67) Lo acompañan en esta aventura su cuñado José Temístocles
Carvallo Hidalgo -casado con su hermana Marta Sofía- y un sirviente. Nuevamente
el 14 de enero de 1889 le participa y esta vez desde San Juan de Colón, Táchira,
que: “…me
vine a dar un paseo por estos lugares a ver qué tal me parecen para
establecerme…” (carta número XV, pág. 72)
Concluidos los estudios en la
UVC (1/9/1882 - 19/6/1888) y graduado el 29 de junio de 1888, emprende su
retorno a Isnotú a mediados de julio y después de recorrer en tren de Caracas a
La Guaira, en bergantín Puerto Cabello, Curazao y Maracaibo, a lomo de mula La
Ceiba - Trujillo, Sabana de Mendoza y Betijoque donde llega a principio de
septiembre y lo nombran médico del pueblo en plena epidemia de fiebre amarilla.
Cumplía así con el encargo de su madre, que una vez graduado regresara a su lar
nativo a socorrer a los suyos. Aunque para ello tuvo que rechazar la ayuda
económica que para montar un consultorio en Caracas le ofreciera su mentor: “¡Cómo
le agradezco su gesto, Dr. Domínici!(4) Pero debo decirle que mi puesto no está aquí. Debo
marcharme a mi pueblo. En Isnotú no hay médicos y mi puesto está allí, allí donde
un día mi propia madre me pidió que volviera para que aliviara los dolores de
las gentes humildes de nuestra tierra. Ahora que soy médico, me doy cuenta que
mi puesto está allí, entre los míos…”(5)
De este periplo andino, lamentablemente
son pocos los datos que se conocen más allá de las XVIII cartas que constituyen
el epistolario de Hernández a Domícini (Caracas,
agosto 21 de 1888 - Isnotú, febrero 18 de 1889), incluso en el volumen 2 de
la Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional su biógrafa María Matilde
Suárez (2005, pág. 33) apenas toca el tema de
soslayo. Igualmente ocurre con el capítulo 9 “El paso de Los Andes” del libro Se llamaba José Gregorio Hernández de
Francisco Javier Duplá, S.J y Axel Capriles M. (2018, págs. 70-74). El primero que lo argumenta con la mirada puesta en el epistolario Hernández
- Domícini, es su sobrino Temístocles Carvallo(6) en el capítulo X “Un gran médico en la provincia
venezolana” del libro José Gregorio
Hernández. Su obra científica y social en Venezuela (segunda edición 1953, págs. 103-115) Pero, quien realmente nos acerca con mayor
profundidad al hecho histórico trascendente es Don Rafael Ramón Castellanos en
su libro El milagroso médico de los
pobres en Isnotú (1991, capítulos XII al XXVI. págs. 91-205) El resto de lo escrito hasta ahora, han sido artículos muy subjetivos
y alejados de la realidad, donde prevalece la invención sobre el sentido común.
Caso concreto, lo ocurrido en La Grita, que es como para coger palco, ya
escribiré en detalle al respecto. La historia debe documentarse y no
fundamentarse en suposiciones personalistas o familiares y díceres sin sustento
histórico.
De acuerdo a la “razón
detallada” del periplo andino en sus cartas al Br. Domínici, podemos inferir y tratar
de reconstruir el itinerario desde el mismo 24 de diciembre de 1888 cuando llegó
a Valera, participó en un baile hasta el amanecer y a las cuatro de la
madrugada del 25 siguió a caballo hasta Timotes. Al día siguiente, el 26 a
pesar de las advertencias de mal tiempo prosiguió su camino “una cruz gigantesca marca el punto más alto y ese punto
se encuentra a un poco más de cuatro mil metros sobre el mar” (pág. 73) se refiere a su paso por el Collado del Cóndor.
Seguidamente le anuncia que: “Te dispenso en esta carta del resto de mi
narración con el propósito de hacerla en otra que muy pronto seguirá a esta…”
La siguiente carta tuvo que esperar 42 días, no fue sino hasta su regreso a Isnotú cuando le escribe el 4 de febrero de 1889: “En mi anterior te hacia una descripción minuciosa y fastidiosa del comienzo de mi viaje…” (carta número XVI, pág. 74) y continuando con la narración le señala que “Esa noche (el 26 de diciembre) nos quedamos en Mucuchies…” (pág. 75), en el sitio conocido como “El Cenicero”. Curiosamente cuenta que “al día siguiente por la mañana no nos podíamos lavar porque toda el agua de la casa estaba coagulada…”, a pesar de ello siguió su camino y llegó a Mérida “a eso de las once” del 27 “y allí me detuve cinco días por dos motivos: primero porque es necesario dejar descansar las bestias, y segundo porque inmediatamente que llegué me invitaron a un baile que debía tener lugar el 31 de diciembre en la noche y que era dado por el presidente del estado…”, quizás se sintió halagado por la cortesía del Dr. Carlos Rafael Garbiras(7), y por eso hizo acto de presencia: “Estuvo mui bueno el baile, y yo me divertía viendo la gente de por acá, tan sumamente distinta en modales, educación, modas etc., de la de por allá.../”, no creo que bailara. Como el mismo lo cuenta: “Cuando sonó el primer segundo del año yo estaba solo en un mecedor en uno de los salones, y, como de costumbre, mi pensamiento se convirtió en oración en ese momento: de más me parece decirte que pediría; porque tú lo sabes mejor que yo mismo” Es importante aclarar que el baile se realizó en la casa del general Avelino Briceño(8) y no en el Palacio de Gobierno(9) como inexactamente sostienen algunos de sus biógrafos merideños. Al efecto y para no dejar dudas, transcribo textualmente la invitación homónima enviada a Don Tulio Febres Cordero y familia, que reposa en la Sala Febres Cordero, en su archivo personal:
“Los suscritos tienen la honra de
invitar á U. para un baile que darán el 31 de los corrientes, en la casa del
General Avelino Dávila, á las 81/2 p.m.
Mérida, 28 Diciembre de 1888.
C. Rangel Garbiras.-Francisco A.
Celis.-José de Jesús Dávila.-Federico Gabaldón.-Carlos F. Ruiz.-Ezequiel
Dávila.-Nicomedes Dávila.-Avelino Briceño.”
Señor Br. Tulio Febres Cordero y
familia
Esta tarjeta debe presentarse al
entrar.”(10)
Es muy probable que el 2 o 3
de enero de 1889 -no hay manera de comprobarlo con exactitud- el Dr. José
Gregorio Hernández continuara su viaje a Ejido, Villa que seguramente llamó su
atención por la pujanza del momento, prosiguió vía San Juan, Lagunillas hasta
llegar a La Hacienda de Estanques donde debió hospedarse o un poco más acá en
la posada Francesa, ubicada en el sitio llamado Mocotíes, que era única
existente en el trayecto hasta Tovar, era “…una gran casa” donde “…el
viajero era servido con gusto y decencia”, según la descripción que
hace Isidoro Laverde Amaya (1852 - 1903) en su curioso libro Un viaje a Venezuela, publicado en 1889 (Segunda parte: De Pamplona a
Mérida, pág. 134) Lo cierto es que: “J. Gregorio… el 4 de este mes llegó a
Tovar; debió seguir el 7 pa. San Cristóbal, pero no he sabido más” (carta dirigida
a su hermano César Hernández por su papá Benigno Hernández, fechada en Sn.
Miguel, Libertad, Trujillo, enero 17 de 1889) Esta referencia fundamental la localizamos en el libro Nuestro tío José Gregorio. Contribución al estudio de su vida y de su
obra, publicado por su sobrino Ernesto Hernández Briceño (Caracas, 1958, pág. 191)
De acuerdo con dicha carta,
que forma parte -según lo afirmado por su sobrino- de un conjunto de misivas -en
poder de la familia- relacionadas con el viaje su tío a los estados Mérida y
Táchira, que fueron dirigidas por su abuelo a su padre, José Gregorio llegó a
Tovar el 4 de enero y permaneció hasta el 7, cuando siguió con destino a La
Grita en su ruta hacía el Táchira, cuyo destino final fue San Juan de Colón. De
su llegada, pernocta y paso por Tovar es poco o nada lo que se puede aseverar, son
pocos o inexistentes los datos coetáneos que se conocen a pesar de la
exhaustiva pesquisa que he realizado y no quiero caer en suposiciones.
Lamentablemente el Eco de Tovar (N°1 enero 1, 1887 - N° 51 abril 4, 1891) que era el único periódico
existente para ese momento, no circulo entre 25 de julio de 1888 (N° 26) y el 1
de mayo de 1889 (N° 27). Tampoco hay referencias en lo eclesiástico o en lo
civil, menos en la Guía de Tovar (1928) Lo innegable es que el Dr. José Gregorio para la época era un perfecto
desconocido en la zona, como otros tantos que pasaban o regresaban del Táchira
o de Colombia.
El 13 de octubre del 2023, el beato Dr. José Gregorio
Hernández hizo su “santa aparición” nuevamente en Tovar, a las puertas del
Santuario de Nuestra Señora de Regla, donde debió elevar una oración hace 136
años, esta vez lo hizo en majestuosa escultura salida de las manos del Maestro
Isrrael Linares que en caravana recorre la geografía de nuestro Estado con el
esfuerzo de Yoly Torres y Samuel Hurtado, en un verdadero acto de fe que lo
presenta al pueblo en su dimensión humana y como ejemplo de ciudadano ejemplar.
Más allá del mito, la leyenda y la academia sobresale el ser consustanciado con
la realidad de su tiempo que es la misma de nuestros días, con un excesivo
culto al militarismo y al gendarme necesario, donde los héroes civiles pasaron
a un segundo plano.
Nuevamente el Dr. José Gregorio Hernández hace presencia
en Tovar del 2 de enero al 9 de marzo del 2025, enaltecido por los pintores y
escultores de la zona, que lo han inmortalizado en el lienzo, cartón y madera
en la exposición en su honor desde el Centro de Saberes de Tovar y luego a
partir del 20 de enero hasta hoy en el Museo de Tovar.
Con su presencia el éter de Dr. José Gregorio Hernández
ahora Santo por decreto papal a partir del 25 de febrero, nos llama a
reflexionar, a integrarnos como sociedad y familia, a interesarnos por nuestro
entorno y a entender que el arte nos permite iniciativas de cara a reconstruir
el país que todos nos merecemos. Que su pasó nuevamente por Tovar nos sirva de
aliciente para reencontrarnos y mostrarnos con esa capacidad innata de
creadores por excelencia. Invoquemos ante él su santa bendición para que
derrame sobre Tovar los mejores y mayores parabienes.
Néstor Abad Sánchez
La Abadía, febrero 27, 2025
nestorabadsanchez@gmail.com
Fuente:
(1)
Domínici, Santos A.: Elegía al Dr. José Gregorio Hernández. Epistolario. Escuela Técnica
Industrial. Talleres de Artes Gráficas. Caracas, 1944. p. 28
(2)
Santos Aníbal Domínici
(Carúpano, Sucre 19/6/1869 - Caracas 29/9/1954) se graduó de médico en 1890 en la
UCV y se trasladó a Paris doctorándose en La Sorbona en 1894.
(3)
Ídem Epistolario
del Dr. José Gregorio Hernández, pág. 71 (Las subsiguientes se indican con el
número y fecha de la carta, y su respectiva página)
(4)
Se trata del Dr. Aníbal Domínici, abogado y
rector de la UCV para cuando José Gregorio de gradúa de médico y padre del Dr. Santos Aníbal Domínici, médico compañero y confidente del ahora
beato.
(5)
Yáber, Miguel: josé gregorio HERNÁNDEZ. Ediciones Tripode. Segunda edición.
Gráficas Monfort, C.A., Caracas, 1987. p. 26.
(6)
Temístocles Carvallo Hernández (n. Isnotú, Trujillo 29/11/1885 - m.
Caracas 1964) fue un eminente cirujano e investigador, biógrafo por excelencia
de su tío. Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina en 1928,
Profesor de la Facultad de Medicina de la UCV, Miembro de la Sociedad
Venezolana de Historia de la Medicina y Director del Hospital José Gregorio
Hernández en Caracas.
(7)
Carlos Rafael Garbiras
fue presidente del Gran Estado de Los Andes de 1888 al 19 de mayo de 1889. Así
se les denominó a quienes ejercieron ese cargo entre 1881 y 1900.
(8)
El general Avelino Dávila Briceño nació en
Ejido, Campo Elías en julio de 1833 y murió en Libertador, Mérida el 25 de
febrero de 1907. Hijo legítimo de José Ignacio Briceño Uzcátegui y María de la
Concepción Dávila García, casado con Gregoria Ana del Carmen Uzcátegui
Uzcátegui. Fue “un agricultor prestado a la política” que ostento el grado de
general desde 1866 cuando ejerció de manera interina la presidencia del Estado
y luego de titular en 1880-1881, 1886 y 1904. Entre sus logros fijo con el
Zulia la faja de Palmarito.
(9) “Piensa quedarse unos cinco días para conocer mejor
la ciudad y para que la bestia descanse. Al caer la tarde recibe una tarjeta
bellamente caligrafiada:
El Presidente del Estado Mérida y
los miembros de su gobernación tienen el agrado de invitarle al baile de gala
de fin de año, que tendrá lugar esta noche a partir de las 8 en los salones del
Palacio de Gobierno.” https://blogacademiademerida.org.ve/jose-gregorio-hernandez-filosofo/ y Nava C., Mariano.
“José Gregorio Hernández Cisneros en
Mérida”, En: Ontiveros, Eleazar y otros: José Gregorio Hernández, biografía de la ejemplaridad. Academia de
Mérida, 2010, p. 56. La denominación de presidente del Estado se empleó entre
1901 y 1947. Y de gobernación a partir de 1947, una vez aprobado por la
Constituyente.
(10)
Una invitación similar
fue la que debió recibir el Dr. José Gregorio Hernández por la tarde - noche
del 27 de diciembre de 1888.