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Honorio Rodríguez explica en qué consiste el justo equilibrio entre cambio y revolución por Ángel Ciro Guerrero

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Honorio Rodríguez explica en qué consiste el justo equilibrio entre cambio y revolución por Ángel Ciro Guerrero


Hombre de los Pueblos del Sur, nacido en Chacantá, de pocas pero precisas palabras, está entre quienes -para muchos merideños- ha sabido interpretar cuál la tarea de un político y delimitar muy bien la responsabilidad de un dirigente: Uno, ideología por delante, pero respetuoso y plural; otro, esfuerzo diario para que los argumentos sociales tengan concreción. Cree que la democracia requería su sacudida. Desde luego para remozarla, fortalecerla, mejorarla. No para acabarla, destruirla, desaparecer o sustituirla por cualquier otro sistema en el que la libertad no sea tangible, total y transparente. Éstas son sus opiniones.

 

-¿Es muy duro el ejercicio de la política?

-Como ingeniero de sistemas puedo obtener muchísimo dinero, pero en el ejercicio de la actividad política sólo satisfacciones. Desde luego esto último le ocurre a quienes realmente tenemos el deseo de ser útil a la sociedad.

 

-¿Qué llama usted satisfacciones?

-El saludo cordial, la palabra amiga, el cariño de la gente. Por igual la ilusión que en uno pone cualquier ciudadano buscando se le resuelva su problema y la paz interior que uno logra al poder resolverlo.

 

-¿Pero el resolver problemas no es precisamente tarea de un servidor público?

-Sí, pero nadie puede quitarnos la satisfacción de sentirnos útiles. Mire, es algo emocionante. Es como aceptar a cada rato un reto. Y poder cumplir un propósito. Y ese propósito pasa, entonces, a ser toque de advertencia, clarinada también y a veces grito.

 

-¿Cuándo lo uno? ¿Cuándo lo otro?

-Uno tiene que ser claro y raspao":  se puede o no se puede. La sinceridad sale del alma, se le ve a uno en los ojos. Por eso me acostumbré a mirar de frente. Feo resulta que el funcionario público, además de incumplido e irresponsable, también resulta mentiroso.

 

-¿Y siempre tiene a mano esa respuesta?

-La procuro. Creo que es obligación primaria de todo funcionario atender, escuchar y responder con la verdad en la mano. Quien no atiende es porque está alejado del pueblo; quien no escucha, es porque tiene taponeado los oídos del alma y quién miente es porque no ha tenido nunca la verdad en la mano.

 

-¿Cómo saber si usted cumple o no sus compromisos?

-Repito: el ejercicio de la política sólo nos produce satisfacciones. Las que, por ejemplo, uno recibe cuando, al llegar a Niguaz, más arriba de San Cristóbal de Torondoy, a Mucumpiz, la Culata, Pueblo Llano, Santa María de Caparo, Guaimaral, Chacantá o al Quinós, alguien nos espera, nos estrecha en el abrazo y nos dice:" Honorio ¿cómo está? Le invito a mi casa para que se tome un café". Eso, amigo mío, tiene un sentido humano muy grande.

 

¿Y nivela el desprestigio que se tiene de la política y de los políticos?

-La mayor parte de quienes hablan del desprestigio de los políticos son resentidos que no lograron alcanzar posiciones políticas, dada su falta de entereza y por no haber sido lo suficientemente estables,

 

-Para los venezolanos, ¿que será la política?

-Debe ser instrumento que facilite concretar soluciones a la grave problemática social, económica, cultural y política.

 

-¿De verdad cree usted que debe serlo así?

-Si lo creo.

 

-Pareciera que otros no.

-Sí. Hay muchos casos que sustentan su apreciación. Son los que han desviado el propósito, el objetivo, la tarea real de un político.

 

-¿Los aprovechadores de oficio?

-Lamentablemente así los llaman porque así son. El pueblo los ha identificado, rechazado y están allí relegados. Ellos no entendieron, nunca, que la política es sacrificio, es entrega, dedicación y persistencia.

 

-Crítica frontal a los partidos.

-No. A quienes, en los partidos, se aprovecharon de los partidos y lograron, por los partidos, resolver sus problemas y no los de la gente.

 

-¿Desde cuándo activa usted en la política?

-Desde 1968; cuando el diputado Antonio Rojas, ya fallecido, fundó un comité de base en Santa Juana y yo, por supuesto copeyano de nacimiento, allí milité. Pero le confieso: tardé 30 años para convertirme en diputado de la Asamblea Legislativa de Mérida y apenas cinco minutos convertirme en Presidente de esa institución.

 

-¿Qué recomienda usted a quienes manifiestan intenciones de meterse a político?

-Vocación de servicio, honestidad, sinceridad, rectitud consigo mismo, porque si reconoce no tener ninguna de estas virtudes, debe ser valiente para decidirse por otra actividad. Por la política no, porquue fracasará como político, aunque es factible que triunfe como estafador:

 

-En esa balanza, ¿hacia dónde se inclina el fiel? ¿A perseguir lo personal o lo colectivo?

-Lo colectivo. Cuando se buscan los votos, usted no discrimina. Intenta que sean muchos los que por usted voten. Y si usted triunfa y debe resolver los problemas de todos, no tiene entonces por qué decidir quiénes deben recibir soluciones a sus problemas y quiénes no. La solución es para todos. Una carretera no puede interrumpirse en determinado tramo porque allí vive gente que no votó por usted. La red de alumbrado eléctrico no debe interrumpirse porque entre torre y torre viven partidarios suyos o adversarios suyos. Actuar así es una manera muy pobre de entender la política, de entender el gobierno y de manejar el Estado.

 

-¿Qué hacer con aquellos políticos que denigran de sus compañeros de partido?

-Esos no son compañeros de partido. Esos son oportunistas. Por allí dijo alguien que había muchos pillos encapuchados. No hace falta identificarlos. Con sus acciones se delatan.

 

-Si ésa clase de "compañeritos de partido" no son políticos, ¿entonces qué son?

-Vividores, porque han hecho de la política su modus-vivendi.

 

-¿Cree usted que Dios a veces se equivoca?

-Cuando llegué a la Asamblea Legislativa ya la decisión estaba tomada para que otra persona fuera el presidente. Cinco minutos antes de la elección estuvo presente la mano de Dios que, con su dedo, me señaló y me dijo: "¡Usted va a ser el presidente!".

 

-Perdone,  ¿escuchó usted la voz de Dios? ¿Acaso sintió usted el dedo de Dios? ¿Dios, de verdad, verdad, dijo eso?

-Mi respuesta: cuando uno tiene la conciencia tranquila y vive en paz, las cosas que deben suceder suceden, sea uno o no el protagonista de lo que debe acontecer. Para ese instante, yo, lo confieso, estaba muy tranquilo. Ni busqué, ni me imaginaba ser el escogido. Dios sabe lo que hace. Cuando me eligieron, entendí que era una decisión suya, que yo no había buscado, y la acepté entendiéndola como un compromiso: el de servir en nombre suyo a los demás. Servir a los demás amigos, es servirle a Dios. Dios es el pueblo.

 

-Participar es decidir.

-La participación le permite al ciudadano formar parte importante de la toma de decisiones.

 

Si eso es así, legislar entonces es saber informar al pueblo.

-Hacemos leyes que regulen las actividades ciudadanas, que promuevan, defienden, fomentan y favorecen los planes y programas que el Estado debe acometer en favor de la colectividad.

 

Pero algunos parlamentarios confunden interpelar con juzgar. Y en esa equivocación parecen, unos, aprendices de Torquemada y, otros, condiscípulos de Robespierre.

 

-A la gente le gusta juzgar antes de evaluar las cosas. Hay muchísimas personas que por falta de conocimientos sacan cálculos y hacen cuentas muy, pero muy lejos, de la realidad.

 

La calle opina que muchos parlamentarios creen que su curul es el estrado de juez y otros, que puede ser una bolsa de valores.

-Cuando uno llega a ocupar un cargo de representación popular, debe tener muchísimo respeto hacia los demás. La inmunidad no le autoriza a uno a irrespetar a nuestros semejantes. El adversario merece respeto. Uno se debe al pueblo, pero el pueblo no le extiende a uno carta blanca para el abuso. El que equivoca su papel por igual equivoca los resultados

 

-¿Deben desaparecer las Asambleas Legislativas? ¿También el Congreso Nacional?

-La estructura original de la república no creo que cambie. Pienso que van a seguir los tres tipos de poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Lo que se le está agregando es un cuarto poder, el poder moral. Yo creo que no debería de ser así, porque ese poder moral debe estar implícito en los hombres que forman parte del poder legislativo, del poder ejecutivo y del poder judicial. Lo que debe hacerse es recordarlo, precisar y estimularlo, fomentarlo, defenderlo y aceptarlo.

 

¿Habrán entendido los chavistas que al gobierno se va a servir y no a servirse del gobierno?

-Espero que lo hayan entendido. A ellos se les eligió para reformar, revolucionar, cambiar. Y uno de los cambios fundamentales es entender que al gobierno se va a servir y no a servirse del gobierno. Eso es lo correcto...

 

-Un alto índice de políticos, se sabe, no piensa así.

-No son políticos. Son pillos disfrazados de políticos.

 

-La democracia era una muchacha muy buena, pero la violaron, después la prostituyeron, la olvidaron y últimamente la quieren desaparecer..

-Cuando uno se pone viejo, así sea prematuramente, ya nadie lo quiere. Corpoandes, después que fomentó y logró el desarrollo agrícola en el Estado Mérida (Pueblo Llano tiene en este momento el mayor ingreso per cápita en el país), está siendo abandonado, lo están dejando morir. Igual sucede con la democracia: ya está vieja, ya dio lo que tenía que dar. Ahora hay que sustituirla. Bueno, de acuerdo: la sustituyamos por una democracia mejor organizada y mejor administrada, pero no le neguemos lo que ella le entregó al país y a los venezolanos. Negar sus beneficios en aras de encontrar sólo errores, para poder afianzar la crítica y fundamentar así los ataques al adversario, no parece justo, menos comprensible. La democracia no es culpable de lo que, en nombre de ella, hayan hecho los que han vivido de ella. En Chacantá, mi pueblo, había una sola escuelita hace cuarenta años. Ahora hay escuelas por todas partes como matas de cambur.

 

-Y fue la democracia quien permitió que en la Escuela Militar se formara el hoy comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y Presidente de la República.

-Evidentemente, si no hubiese existido esta democracia, que él llama corrupta y fracasada, tampoco hubiese sido posible que lograse profesionalizarse como oficial militar. Tampoco que hubiese sido liberado de prisión, a pesar de haber atentado contra la democracia y menos que llegase a ser presidente. En una dictadura nada de eso habría sido posible. Claro, reconozco que la democracia tiene, como sistema de gobierno, virtudes y defectos. Pero las virtudes, si se suman, son mucho más que los defectos.

 

-Un solo defecto, por ejemplo.

-Resulta injusto que, sobre la ganancia neta de una empresa, sólo se destine un diez por ciento a los trabajadores y el noventa por ciento restante sea para los dueños. Habría que estimar un equilibrio entre lo que deben recibir unos y deben guardar otros. Igual, determinar muy bien en qué consiste el justo equilibrio entre cambio y revolución.

 

¿Es mejor fortalecerla antes que cambiarla?

-Desde luego que a la democracia habrá que fortalecerla. Yo creo que el presidente Chávez trata de hacerlo. Ojalá sea así.

 

-¿Qué lo motiva a pensar de este modo?

-El presidente dice que va a mantener la democracia; que hará algunos cambios, no de estructuras, porque si así fuese dejaría de ser democracia para convertirse en otro sistema.

 

¿Totalitario, por ejemplo?

-Vaya usted a saber. Lo importante es que la democracia se imponga, perfeccionada, mejorada, dispuesta a servir de verdadero puente para que el pueblo, en especial, encuentre en ella sus reivindicaciones. En un sistema totalitario, quien se beneficia con sus escasísimos usufructuarios, es el régimen no el pueblo, precisamente.

 

¿Y no pudiera ser sustituida por una suerte de democracia autoritaria?

-No. Porque eso no solamente huele sino que sabe a militarismo. Pienso que sí es autoritario no es democrático.

 

-Un chachachantero, que tardó 30 años en llegar a diputado y apenas 5 minutos para presidir el parlamento regional, ¿es un símbolo evidente de lo que la democracia ha hecho por los venezolanos?

-Soy hijo de la democracia. Reconozco que se le deben reforzar sus estructuras, pero no puedo permitir que le nieguen sus logros. La democracia, por ejemplo, niveló las oportunidades. De acuerdo, tardé treinta años, pero en ese lapso, ¿cuántos otros no pudieron beneficiarse de la democracia, vivir de la democracia y renegar ahora de la democracia?

 

-¿Cuál fue el recorrido suyo, desde la plaza Bolívar de Chacantá hasta la plaza Bolívar de Mérida?

-Cuando promediaba 1957, tenía siete años. Un día, a las seis de la mañana, salimos de Chacantá. Yo montaba mi mula, que respondía, porque era muy avispada, al nombre de "Chiquita”. De mi casa salimos, en un primer tramo largo, hasta Flores Blancas, más arriba de Chacantá, donde hay unas peñas y unos precipicios inmensos. De allí subimos hasta una cuesta, que se llama la Chacantera, también llamada Cuesta de la Sepultura, porque encontraron una sepultura y mi tío Nicanor, por cierto, una botija…..

 

-..¿Con muchas morocotas?..

-.. No sé cuántas, pero le arreglaron la vida. De allí llegamos a Mucucapó, de donde comenzarnos a subir hasta la llamada Loma del Pino. Una vez ahí, bajamos hasta Mocalles; después hay que subir hasta Piedras Blancas, seguir hacia la Piedra del Abuso y de allí, en lo que era una larguísima travesía, hasta llegar a Pueblo Nuevo, de nochecita. Allí comíamos y dormíamos para, a la cinco de la madrugada, emprender el segundo gran tramo, hasta Puente Real.

 

-¿En todo el camino, queso, arepa y panela?

-Sí, con agüita clara y michito.

 

-¿También usted, un niño de siete años?

-Sí, no mucho, pero de vez en cuando,

 

-¿Y todavía lo regaña?

-Ya no, pero mi mujer sí.

 

-¿Cómo llegó a Mérida?

-Al otro día, ya le dije, seguimos viaje hasta Puente Real. En el trayecto, pasó el primer carro que yo veía en mi vida. Subía hacia Pueblo Nuevo. De regreso, nos dio la cola hasta Mérida. Cuando llegué a Mérida me impresionaron muchas cosas. Por ejemplo, los faroles de la Avenida Miranda. Yo llegué a vivir frente a donde está ahorita la Funeraria Corazón de Jesús. Recuerdo que cuando llegamos a esa casa vi que, enfrente, había un montecito muy bonito y le pregunté a mamá qué era. "Grama, hijo, grama", me dijo y me mandó a buscar agua en la cocina... y yo no la encontraba…

 

-¿Por qué?

-Porque yo buscaba las topias, el fogón y no las encontraba por ninguna parte. Un día después tuve la suerte de conocer el avión, un DC3, en el cual viajé a Caracas. Es decir, en menos de cuarenta y ocho horas, del campo en donde vivía, vi el primer carro, me monté en él; llegué a la gran ciudad; vi el primer avión y viajé en él y conocí la capital de la República.

 

-¡¿Y el mar?

-Ya lo había visto.

 

-¡Pero en Chacantá no hay mar!

-En un libro que tenía mamá, que era maestra, sí. En la portada de ese libro había dibujado un carro, una ciudad, un avión, un tren y el mar. Por eso cuando vi el mar sabía que era inmenso, hondo y salado.

 

-¿Cuántos años después conoció el tren?

-En Colombia, en 1975, cuando fel Papa Paulo VI llegó a Bogotá. Después de la visita de Su Santidad, me fui a Santa Marta. Allí lo vi.

 

-Y comprobó aquello de que Santa Marta tiene un tren, Santa Marta tiene un tren...

-Sí, pero no tiene tranvía.

 

Nota: Fue muy grata mi conversación con Honorio, uno de mis mejores entrevistados. Un hombre realmente sencillo, inteligente y demócrata a carta cabal; de los que honró a la democracia y prestigió también el ejercicio de un verdadero diputado del pueblo. La entrevista  fue publicada a página entera en Frontera, el día nueve del mes de agosto del año mil novecientos noventa y nueve.





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