Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:43 pm
El interés de
las naciones del Sudeste Asiático hacia la agrupación de países que
inicialmente conformaron Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) se
percibe como una recalibración estratégica para hacer frente a un mundo
multipolar e incierto. La incorporación de Indonesia como miembro pleno en
enero de 2025, junto con Malasia, Tailandia y Vietnam como países socios desde
octubre de 2024, refleja un enfoque pragmático para diversificar asociaciones
económicas y diplomáticas.
Entre las
oportunidades que ofrece el ingreso a los BRICS está el incremento de las
alternativas para el crecimiento económico, la diversificación comercial y el
acceso a financiación para el desarrollo. En el caso de Indonesia, fortalece
vínculos con economías como China e India y permite aprovechar el Nuevo Banco
de Desarrollo de los BRICS. Mientras que Malasia ve en los BRICS una plataforma
para impulsar sus sectores de energías renovables y tecnología, adaptándose a
cambios globales y percibiendo el ascenso de China como una
"esperanza" para equilibrar el poder mundial. Para Tailandia, atraer
inversión extranjera directa y acceder a nuevos mercados. Y Vietnam, como país
socio, encuentra una oportunidad para diversificar sus relaciones, equilibrando
entre potencias y economías emergentes. Desde una perspectiva macroeconómica,
este acceso a financiación y mercados alternativos reduce la dependencia de las
estructuras financieras tradicionales y mitiga riesgos en un entorno global
volátil.
En el ámbito
geopolítico, la adhesión de los países del Sudeste Asiático a los BRICS
trasciende la región, generando tensiones con los Estados Unidos y sus aliados
regionales, quienes podrían interpretarla como un giro hacia China y Rusia. A
pesar que los países miembros de la agrupación subrayan su compromiso con
políticas extranjeras equilibradas, la intensificación del enfrentamiento entre
los Estados Unidos y China complica esta posición.
Y en el ámbito
geoeconómico, la incorporación a los BRICS puede complicar los compromisos
comerciales de los países del Sudeste Asiático. En especial, porque dentro de
los BRICS se exploran sistemas financieros y comerciales alternativos que
divergen de marcos como los establecidos en la ASEAN, el RCEP y el CPTPP. La
propuesta rusa de un sistema de pagos transfronterizo basado en blockchain, que
usa monedas nacionales para reducir la dependencia del dólar, o el
establecimiento del intercambio de granos en moneda local, son dos ejemplos de
mecanismos paralelos que requieran ajustes en las políticas de ASEAN para
mantener compatibilidad con los mercados globales. Desde el enfoque de la
economía internacional, esto refleja una transición hacia un sistema monetario
multipolar, desafiando la supremacía del dólar y alterando las dinámicas de
balanza de pagos en la región.
Es evidente
que el interés de las naciones del Sudeste Asiático hacia los BRICS responde a
necesidades económicas y estratégicas en un mundo incierto, pero exige un
equilibrio delicado para preservar la cohesión dentro de la ASEAN. Desde una
perspectiva macroeconómica, el acceso a nuevos mercados y financiación es una
ventaja clara, pero las tensiones geopolíticas y geoeconómicas que podría
generar requieren de una diplomacia transparente y una coordinación interna
sólida.
@zerpasad