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“Carrusel de La Fama, Patrimonio Cultural Intangible del estado Mérida”. Edición Especial 240 años ULA del domingo 23 de marzo de 2025, por Néstor Trujillo Herrera (I)

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“Carrusel de La Fama, Patrimonio Cultural Intangible del estado Mérida”. Edición Especial 240 años ULA del domingo 23 de marzo de 2025, por Néstor Trujillo Herrera (I)


CCXL AÑOS CUMPLE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, son 26 años más, que los que tenemos de haber alcanzado nuestra independencia, 5 de julio de 1811; tiene más años de  historia que la República de Venezuela y una sola Constitución de fecha 29 de marzo de 1785, la República  ha tenido alrededor de 25 Constituciones. En todos estos años, ¿”Qué más nos puede pasar, que no nos haya pasado”?) (R. Aguirre). Tratar de indagar lo sucedido entre tantos rectores en su historia, es difícil, pero creemos que de los últimos más o menos 100 años, o “época moderna” por llamarla de alguna manera para diferenciarla, algo podremos conocer, porque aunque muchos de los que han sido sus rectores, ya no están, su recuerdo a lo mejor, está fresco entre nosotros y además sus descendientes pueden dar fe de sus actuaciones, siendo que los que están entre nosotros, además del Cardenal Porras Cardozo, por su alta investidura eclesiástica, par del primer obispo de Mérida, Fray Juan Ramos de Lora y la primera mujer  que ha dejado impronta en estos años de universidad, la Dra. Gladys Elena Becerra de Pablos, pues,  formó parte de un equipo rectoral ocupando su secretaría, reflexionarán sobre este acontecimiento.   Esta es la lista de los referidos rectores de los últimos aprox. 100 años:   Ramón Parra Picón (1909-1917); Diego Carbonell (1917-1921); Gonzalo Bernal (1921-1931); Humberto Ruíz Fonseca (1932-1933); Cristóbal Benítez (1933-1934); Roberto Picón Lares (1934-1936); Pedro Guerra Fonseca, conocido como “Pedro El Breve”, es el rector que desempeñó el cargo  por un período mas corto, tan sólo dos meses, entre el 14 de abril y el 11 de junio de 1936; Víctor Manuel Pérez Perozo (1936-1937); Manuel Antonio Pulido Méndez (1937-1941); Gabriel Picón Febres (Hijo) (1941-1942); Humberto Ruíz Fonseca (1942-1944); Pedro Pineda León (1944-1945); Edgar Loynaz Páez (1945-1949); Eloy Dávila Celis (1949-1951); Renato Esteva Ríos (1951-1953); Joaquín Mármol Luzardo (1953-1958); PEDRO RINCÓN GUTIÉRREZ (1958-1972); Ramón Vicente Casanova (1972-1976); Pedro Rincón Gutiérrez (1976-1980); JOSÉ MENDOZA ANGULO (1980-1984); Pedro Rincón Gutiérrez (1984-1988); NÉSTOR LÓPEZ RODRÍGUEZ (1988-1992); Miguel Rodríguez Villenave (1992-1996); FELIPE PACHANO RIVERA (1996-2000); GENRY VARGAS CONTRERAS (2000-2004); LÉSTER RODRÍGUEZ HERRERA (2004-2008); MARIO BONUCCI ROSSINI (2008-AÚN EN EL CARGO). Es de hacer notar, que de los últimos, más o menos 75 años de historia, el único rector merideño, ha sido el Dr. Néstor López Rodríguez. Es imposible desconocer la importancia que desde todo punto de vista ha tenido y tiene la Universidad en su relación con la ciudad y el estado, constituyendo la frase de Dn Mariano Picón Salas: “Mérida es una universidad, con una ciudad por dentro”, un blasón, pues todos, de alguna manera hemos estado o vamos a estar interrelacionados con ella. Los aspectos que se van a considerar en esta edición especial de   “Carrusel de la Fama, Patrimonio Cultural Intangible del Estado Mérida”, que se ha hecho acreedor de las distinciones de nuestra Universidad de Los Andes: Dr. “Pedro Rincón Gutiérrez” y Dr. “Simón Alberto Consalvi”, al que podrán oír, entre la 1 y las 5:00 pm a través de Éxitos 100.9, en señal streaming www.exitosmerida.com o leyendo este resumen en www.fronteradigital.com.ve, no los hemos pre establecido, lo hemos dejado al libre albedrío de nuestros invitados, aunque comedidamente sugerimos, se tratara el pasado, presente y futuro de nuestra Casa de Estudios Superiores. Una voz que no podrá faltar en este y ningún programa que se haga de esta naturaleza, es la del “Rector de Rectores”, el Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, pero, en su ausencia, va a estar en el programa dignamente representado por su hija, nuestra dilecta y apreciada amiga, Irlandita Rincón Chalbaud. Este tributo que hoy brindamos a la Universidad, es inspirado por su ex  alumno egresado como Ing. Civil hace 46 años y de la escuela de música, en Teoría, Solfeo y Piano, hace mas de 55 años. La temática a tratar, sería muy amplia por el campo universal que alcanza la ULA, pero como una matriz establecida del espacio radial, es el arte de la música, nos hemos atrevido a exaltar las bondades  del Orfeón de la Universidad de los Andes, que es una de las agrupaciones corales más antiguas del país, con más de 80 años de historia, 1/3 de la vida de la cumpleañera, probablemente la primera de la provincia venezolana y pionera del movimiento coral merideño. Fundado por el insigne músico merideño José Rafael Rivas, realiza su primera presentación al público el 05 de Julio de 1944 en el Auditorio Universitario de la ULA, siendo rector el Dr. Humberto Ruíz Fonseca. El Maestro Rivas, es el autor de la música  del  himno universitario, la letra es atribuída al Br. Juan Rojas, tovareño, estudiante de medicina, cuyo coro reza….”Cantemos estudiantes el himno clamoroso, Con la vibrante estrofa de empuje y libertad... Cantemos decididos, con tono vigoroso, A la serrana altiva nuestra UNIVERSIDAD….(….)”. Para cumplimentar la parte artística del programa, pensé, en dos de los hijos del Maestro Rivas, el Prof.  Rubén Rivas Dugarte, es Máster en Música de la Universidad de Cincinnati de los Estados Unidos, es el fundador de la famosa Cantoría de Mérida y ha sido resaltante su desempeño en el campo de la música. Sus partituras de arreglos corales, por armónicos y bien construídos, se utilizan en muchas regiones del mundo y el profesor Amilcar Rivas Dugarte, quien se inició como pianista en la escuela de Música de la ULA, bajo la conducción de la recientemente fallecida Mounique Dufil, es egresado de la Escuela “Juan Manuel Olivares” de Caracas, en donde obtiene el título de “Profesor Ejecutante de Piano”. Ha sido director del Orfeón de la Universidad de los Andes, de la Coral “José Antonio Calcaño” de Caracas y del Orfeón del Instituto Pedagógico de Caracas. Hizo estudios de perfeccionamiento en  Viena y Francia. Es fundador de  la Licenciatura en música de la Facultad de Arte de la Universidad de los Andes.  Imposible olvidar a los hermanos Francisco y Daniel Marchán, Daniel, guitarrista, alumno de nuestra escuela de música y de los profesores Leovigildo y Alirio Díaz. No escapa a nuestro conocimiento, el significado que en su historia han tenido estudiantes, empleados, trabajadores, obreros, dirigentes  y los distintos sectores de la vida merideña, pero es más que imposible reunirlos a todos -hombres y mujeres-,  en una emisión radial. Sin embargo, para todos expresamos las felicitaciones más sinceras y el agradecimiento por haberse hecho y hacerse partícipes en el destino de ésta, la única y más importante empresa que hemos tenido y tendremos por muchos años los merideños, pues desde la  Universidad de Los Andes, producimos para el país y el mundo: Talento, Investigación e Innovación, ese es nuestro Producto Interno Bruto, PIB, esa es la razón de ser, de  Mérida y su Universidad, su Universidad y Mérida. Al final, el Dr. Carlos Guillermo Cárdenas Dávila, hará una semblanza del bicentésimo cuadragésimo aniversario de la ULA.   

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 240 AÑOS DE LA ULA. El 29 de marzo es una fecha importante en la vida de la ciudad y comarca de Mérida y de su universidad, símbolo de la racionalidad, de la superioridad del pensamiento sobre la fuerza bruta y la tarea de ser creativos para abrir horizontes a la vida de la gente, mediante la ciencia, las artes y los oficios, a lo que hay que añadir la fuerza espiritual que se incubó en la meseta desde la llegada de los intrépidos hijos de San Ignacio de Loyola, para abrir el Colegio San Francisco Javier, sello imborrable de la vocación cultural y espiritual de la región. Toda fecha celebrativa, es la escogencia convencional, para darle sentido a la vida de hoy, por estar anclada en un pasado de luchas, éxitos y momentos difíciles, que se han podido superar, gracias a la fe de quienes han sabido poner lo espiritual, por encima de las carencias materiales y los afanes de dominio, de quienes no respetan la vida, sino que buscan aprovecharse de las ocasiones para medrar a favor de sí mismos. El 29 de marzo, marca un hito importante. La osadía del fraile franciscano Juan Ramos de Lora, abrió centro educativo, según las exigencias de la época, saltándose las normas que debía cumplir, antes de dar ese paso. La buena sombra de su paisano, el poderoso ministro de Carlos III, Don José de Gálvez, lo salvó de tener que rendir cuentas y hasta ser destituído por no llenar los requisitos de las leyes de Indias. Le dió así, continuidad a la orfandad, por la expulsión de la Compañía de Jesús y puso los cimientos de lo que quiso, desde el inicio, fuera una institución de carácter universitario. Hizo diligencias para que le fueran enviados sacerdotes togados, probos y capaces de echar adelante el proyecto. Ellos llegaron después de la muerte del prelado, pero la semilla allí quedó, fecunda, creciendo en medio de los escollos que se atravesaron: la ausencia de obispo en la última década del siglo XVIII; la llegada de Mons. Hernández Milanés a comienzos del siglo XIX le dió continuidad, pero se cruzaron los intereses de Caracas y Bogotá, que se opusieron, a que una ciudad fronteriza, tuviera el rango de universidad. Gracias, en esta ocasión a la buena estrella del ministro Caballero, hombre fuerte y compañero de estudios de Hernández Milanés en el colegio San Bartolomé y universidad de Salamanca, quien terció a favor de su amigo, sin enfrentarse a las autoridades del virreinato y la capitanía. La solución salomónica fue, que Mérida podía dar títulos universitarios, sin tener la calificación de universidad.  Otro paso importante, lo dió el ayuntamiento de Mérida en 1810, que al sumarse al movimiento iniciado en Caracas, el decreto que emanaron fue simplemente la creación de la universidad, tomando su autonomía como suficiente, para no tener que recurrir a las instancias superiores. La Universidad de los Andes, desde sus inicios, ha tenido los genes suficientes para sobreponerse a las vicisitudes que el tiempo le ha puesto. Basta ver su historia tanto en el siglo XIX como en el XX. Al inicio de este milenio, el reto sigue siendo el mismo: no dejarse ahogar y seguir siendo una luz que brilla desde lo alto de las montañas, para servicio de toda la comunidad venezolana. Son muchas las preseas que tiene nuestra primera casa de estudios, para dar razón de su competencia y efectividad a lo largo del tiempo. Es la lección que nos hace tomar el testigo de seguir adelante con la frente en alto, con no pocos sufrimientos, pero con la satisfacción de ser un motor del desarrollo integral del hombre, del valor superior de lo racional sobre la fuerza bruta y la capacidad de aunar la fuerza espiritual que en un ambiente plural, no desdeña la herencia cristiana venida de sus orígenes. Que Viva la Universidad de los Andes. Nos sentimos ulandinos, porque “Mérida, es una ciudad, con una universidad por dentro”. Al Cardenal Porras Cardozo,  lo podrán escuchar a través de “Carrusel de la Fama, Patrimonio Cultural Intangible del estado Mérida”,  entre la 1 y las 5:00 pm a través de Éxitos 100.9, en señal streaming www.exitosmerida.com o leyendo este resumen en www.fronteradigital.com.ve,

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“EL RECTOR DE RECTORES”, Pedro Rincón Gutiérrez, no puede faltar en esta fecha aniversario de la Universidad de Los Andes, su hija, Irlandita, a nuestro ruego, accedió a referirse a su papá, nos dijo, “mentiría al hablar de “Perucho”, el Rector, pues en ese tiempo yo era muy pequeñita”. Sin embargo, sé todo lo que él significa para Mérida y nuestra casa de estudios, pues todavía vivo la alegría de las múltiples actividades organizadas y celebradas con motivo del centenario de su nacimiento (24 de julio 1923).  Resume sus palabras en una lectura que hizo alguna vez en una revista del IPP de la ULA: “siempre concebí que desarrollar la universidad de manera integral en el campo del saber, debía tener pilares fundamentales, por un lado el de las Ciencias Humanas y Sociales y por el otro el Desarrollo Científico Investigativo”…..creo que esta es la universidad que el dejó y habría que destacar también, que su personalidad contribuyó de manera importante, su talante democrático, su capacidad para buscar el consenso, para negociar, contribuyo de manera significativa  a lograr la universidad y a tener este título, sin querer ser arrogante de “Rector de Rectores” , en un momento donde la humanidad está viviendo el atropello y el asalto a las instituciones democráticas, recordar el talante democrático de mi padre es muy importante.   

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Ante los 240 años de la Universidad de Los Andes

José Mendoza Angulo

Dedicatoria: A mis entrañables compañeros y amigos Rectores Eméritos de la ULA Néstor López Rodríguez y Genry Vargas Contreras, a todos los integrantes de la comunidad universitaria, sin excepción, a la comunidad merideña, al Cardenal Baltázar Enrique Porras Cardozo, fraternalmente, a los contertulios de “La tertulia de los martes”, al buen amigo y mejor comunicador social Néstor Trujillo Herrera. Cuando el 29 de marzo de 1984 realizábamos acto académico conmemorativo del inicio del año bicentenario de la Universidad de los Andes, que cubriría completo a 1985, tuvimos oportunidad de recordar, que la historia de Mérida y de la Universidad, es la de un maridaje casi perfecto. Dijimos entonces, que por amor o por la necesidad de compartir una estrecha meseta bordeada por dos ríos, que antes despertaban la emoción de los poetas y que ahora inspiran lástima a los ecólogos, las dos identidades fueron fundiéndose en una sola; los destinos terminaron teniendo un solo sino, ahora confundidos  en su afán o en su marasmo. El 29 de marzo de 1785, cuando el primer Obispo de Mérida, Fray Juan Ramos de Lora, a los días de haber llegado a su destino episcopal y con el apremio de no dejar para luego los compromisos obispales derivados del Concilio de Trento, fundó una Casa de Estudios, verdadera siembra de una semilla,  que más adelante floreció en la Universidad, la ciudad de Mérida la constituían unas calles largas, con iglesias arriba y abajo, con transeúntes de sotanas, con damas de perifollos, orgullosos señores y abigarrada servidumbre. Adentro, el aire lo llenaban los tañidos de los bronces. Afuera, el sudor era el sudor del pueblo. A aquella ciudad de espíritu agrario y eclesiástico, le tuvo por fuerza que corresponder una universidad del mismo signo. Y a partir de aquel origen común, como dijera Mariano Picón Salas, el más eminente polígrafo nacido en estos Andes merideños, “el destino de Mérida se asoció desde entonces e indisolublemente al de esta Casa Universitaria, que ha sido, tal vez, nuestra mayor empresa histórica”. Este destino común de Mérida y la Universidad, fue puesto también de relieve por el primer Cardenal de Venezuela, Su Eminencia José Humberto Quintero Parra, cuando ya en los años cuarenta del siglo pasado, era un presbítero que  se distinguía por su oratoria,  afirmaba  que, “razón sobrada tiene Mérida, para considerar este  Instituto como obra plenamente suya, vinculada a todos sur gremios y clases; para agradecer en consecuencia como dispensados a ella, los elogios y beneficios hechos a este Centro Educativo y, para tomar también, como inferidos, a toda la ciudad, los vituperios, con que mediocridades engreídas, pasiones regionalistas, rivalidades estúpidas y envidias inconfesables, han algunas veces, apedreado a este sobresaliente baluarte intelectual de la montaña andina”. La Universidad de Los Andes transita hoy, junto con las demás instituciones de educación superior y el sistema educativo del país, un tortuoso tránsito histórico. Como en el pasado, el tiempo por venir pondrá las cosas en el lugar que les corresponden. Pero, para que el desánimo y las frustraciones no nos amarguen la existencia, ni perturben más el espíritu, sino como simple ayuda-memoria y búsqueda de un horizonte despejado, nos permitimos recordar y tener presentes algunos de esos hechos. La universidad pública venezolana, tiene veinticinco años sometida a una severa restricción presupuestaria y a un cerco administrativo y judicial, que no la dejan ejercer los principios y reglas  que están consagrados en la ley que regula su funcionamiento, sin poder ejercer su autonomía, sin poder elegir libremente sus autoridades,  sitiada por el gobierno y expuesta a un interminable vaciamiento de sus recursos humanos y técnicos más calificados. El profesorado y resto de la comunidad universitaria, sometidos a verdaderas privaciones en sus remuneraciones han resuelto emigrar de las instituciones y del país, los alumnos han abandonado sus carreras, el equipamiento se ha deteriorado y la planta física, sufriendo los rigores de la desatención. Pero tal vez, lo más alarmarte sea, la desaparición del verdadero liderazgo universitario, que ha dejado los cargos directivos y las orientaciones de los grupos humanos encargados de las tareas académicas. Las bibliotecas, los centros de documentación y los talleres gráficos, sufren en medio de las restricciones irracionales. La universidad toda, ha sido sometida a un proceso de enflaquecimiento, cuyas consecuencias no han podido ser evitadas, ni siquiera, por los escasos héroes académicos que continúan haciendo sus trabajos, como si vivieran en los mejores tiempos. La universidad debe ser repensada, porque así, como el país que les quedará a nuestros hijos, será muy diferente de aquel, en el que nosotros nos levantamos, la institución universitaria tendrá que revisar sus estructuras académicas, para volver a ser la guía espiritual de la sociedad. Este puede ser el mejor homenaje dedicado a esa institución, que Don Mariano Picón Salas y el Cardenal José Humberto Quintero Parra, colocaron intelectualmente, en una posición, que no  puede ser renunciada. Y entonces, con el País renacido, la Universidad recuperada por la nueva producción de su ciencia y las nuevas metas que se trace, la poesía volverá a ocuparse de la musicalidad de los parajes y quienes sobrevivan podrán recordar con orgullo, que una ciudad situada sobre un monte y brillando con los frutos del espíritu, no podrá permanecer por mucho tiempo oculta ni olvidada. Mérida, marzo del 2025. Al ex Rector Mendoza Angulo, lo podrán escuchar a través de “Carrusel de la Fama, Patrimonio Cultural Intangible del estado Mérida”,  entre la 1 y las 5:00 pm a través de Éxitos 100.9, en señal streaming www.exitosmerida.com o leyendo este resumen en www.fronteradigital.com.ve,

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CON MOTIVO DE LOS 240 AÑOS DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES.

(Programa El Carrusel de la Fama – Néstor Trujillo – 23 marzo 2025).  Gracias tocayo Néstor, por invitarme una vez más a tu muy escuchado programa “El Carrusel de la Fama” y conversar sobre el aniversario de la Fundación de la Universidad de Los Andes. Quienes hemos estado muy ligados a la institución durante las últimas seis décadas, podemos afirmar que a lo largo de esos años y en fechas anteriores, siempre se señaló a Fray Juan Ramos de Lora, como su fundador y la fecha de fundación, el 29 de marzo de 1785. Sin embargo, para los Historiadores, la Universidad de Los Andes fue fundada el 21 de septiembre de 1.810. El Consejo Universitario aprobó un decreto en 1.984, referido al origen de la Universidad y que tiene la firma del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez como Rector y Néstor López Rodríguez como Secretario. En dicha decisión se señala que, Fray Juan Ramos de Lora creó una Casa de Educación y el Colegio Seminario, para jóvenes inclinados a seguir el estado Eclesiástico y fue el decreto de la Junta Gubernativa de Mérida, del 21 de septiembre de 1.810 Cuando se crea la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida, concediendo así al Seminario, la gracia de Universidad, con todos los privilegios de la Universidad de Caracas y con la facultad para expedir diplomas en todos los grados mayores y menores en «Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Canónico y en Teología». Decreto que fue confirmado luego, por Simón Bolívar en 1813. A nuestra Alma Mater, entre 1.832 y 1883, se le denominó Universidad de Mérida y fue a partir de 1.883 cuando el gobierno le da el título de Universidad de Los Andes, nombre que le fue confirmado en 1905. La ciudad de Mérida y su universidad, que conocí desde la década del cuarenta, eran ambas muy pequeñas. Mérida apenas se extendía desde Glorias Patrias hasta un poco más arriba de la Plaza de Milla y estaba limitada por el río Albarregas. La Universidad por su parte, funcionaba en toda la manzana que hoy ocupa el edificio del Rectorado. En los años cincuenta, durante el rectorado del Dr. Joaquín Mármol Luzardo, se construyeron las Facultades de Ingeniería y Medicina en la Avenida Tulio Febres y el Edificio Central del Rectorado y el de Odontología, bajo la dirección del Arquitecto Manuel Mujica Millán. A partir de 1.958, con el advenimiento de la democracia y la llegada del Rector Pedro Rincón Gutiérrez, la Universidad comenzó a sufrir su mayor transformación, para convertirse en una verdadera Universidad de Los Andes y el cambio también se extendió a la ciudad que la cobijaba y a ciudades y estados limítrofes. El nuevo Rector comienza por extender la Universidad, a todo lo largo de Mérida y convierte en realidad la frase de Don Mariano Picón Salas, al describir a Mérida como “una Universidad con una ciudad por dentro”. La Universidad y Mérida continuaron muy unidas. Familias merideñas vendieron a la Universidad sus haciendas, para hacer posible el crecimiento de ella en sus núcleos de La Hechicera, Liria y Campo de Oro y para los desarrollos urbanísticos para los Profesores en la Urbanización Santa María y para empleados y obreros en la zona de Santa Juana y alrededores. Fuí testigo del crecimiento de la Universidad de Los Andes, de la creación de nuevas cátedras y laboratorios, de escuelas, facultades y centros de investigación y de institutos que en su conjunto consolidaron las bases académicas de la institución y elevaron su nivel, permitiéndole ascender en los rankings de clasificación de las universidades del país, Latinoamérica y el mundo. Fuí testigo del crecimiento de la aceptación nacional de los egresados ulandinos, a diferencia de décadas anteriores, cuando los estudiantes de los últimos años se trasladaban a Caracas para obtener su titulo de la UCV. Viví la época cuando comenzaron a llover ofertas de trabajo, para quienes cursaban los últimos años de las carreras y la demanda de nuestro profesional superaba la oferta. Conocí una Universidad preocupada por la situación socioeconómica de sus profesores y del personal administrativo técnico y de servicio. Todos teníamos buenos sueldos y salarios, que nos permitían adquirir apartamentos, casas, vehículos y otras comodidades. Una Universidad que nos vendió terrenos en cómodas cuotas, a descontar de nuestro sueldo mensual, con hipotecas de segundo grado, para que los bancos y las entidades de ahorro y préstamo, nos dieran los créditos con hipotecas de primer grado, que nos permitieron construir nuestras viviendas. Era una Universidad donde podíamos disfrutar de verdaderas vacaciones durante el receso docente, pues el bono vacacional alcanzaba para ello. Conocí una gran Universidad de los Andes, preocupada por la formación de sus docentes e investigadores. Integré ese grupo de profesores, que a nivel de asistentes, fuimos enviados al exterior para realizar nuestros estudios de postgrado. La institución pagaba nuestro sueldo e incluso, un monto adicional, en los casos en que había que compensar el alto costo de la vida, en el lugar donde nos encontrábamos. Pero también la ULA, pagaba las elevadas matrículas a las más prestigiosos Universidades del mundo, donde algunos de nuestros profesores, lograban ser aceptados para realizar sus postgrados. Viví en una Universidad, donde los profesores recibíamos recursos para realizar investigación científica y nos daban facilidades para la publicación de sus resultados, para asistir a congresos y conferencias, donde exponíamos nuestros trabajos o mejorábamos nuestros conocimientos. Fue La Universidad de los Andes, la primera en establecer el año sabático, que luego se extendió a las otras universidades del país. La Universidad que conocí, era una Universidad estrechamente ligada a Mérida y al país. Era una Universidad propietaria o socia de empresas. Una Universidad donde la UAPIT de la Facultad de Ingeniería o su equivalente en Arquitectura, realizaban importantes proyectos, cálculos y trabajos técnicos para el desarrollo del país y generaban recursos para la institución y un porcentaje para quienes trabajaban en ellos. Era una Universidad que se asoció con la empresa privada, como en el caso de EMALCA, para la explotación maderera y en la zona de Jají, en el Joque, en sociedad con la Universidad Central de Venezuela y la Corporación de los Andes, logró desarrollar un programa de ganadería de altura, que permitió aumentar exponencialmente, la producción de leche en la región. Una Universidad donde la Facultad de Farmacia producía medicamentos y luego por la excelente labor de los decanos Alfredo Carabot y Bertilio Wilhelm, se logró la adquisición de los laboratorios Rojas Bravo y la constitución de una verdadera empresa farmacéutica que durante algunos años produjo medicamentos para El País. Todas esas empresas, bien administradas, generaron recursos y una prueba de ello es, que los primeros edificios del Núcleo Universitario de Liria se construyeron con recursos generados por la propia Universidad y así mismo, la mayor parte de la sede de la Facultad de Arquitectura en la Hechicera, fue construída con recursos generados por la propia Facultad, durante la muy buena gestión de su Decano Carlos García Loyacono. En mi ya larga vida, fuí de los privilegiados, que pude ver el comienzo del desarrollo de la Universidad moderna, que se inicia en la época de la dictadura, siendo el rector Joaquín Mármol Luzardo, quien no solo adquirió terrenos en la avenida Tulio Febres Cordero y construyó las Facultades de Medicina e Ingeniería, sino que desarrolló su planta física y durante su gestión, ingresaron profesores traídos de Europa y Latinoamérica, que elevaron el nivel académico de la institución. Fuí testigo del cambio radical estructural, en todos los sentidos, que vivió la Universidad y se reflejó en Mérida, durante el mandato del Rector Pedro Rincón Gutiérrez. Conocí muy de cerca la excelente labor del Rector José Mendoza Angulo y del equipo rectoral que lo acompañó. Compartí labor, con quienes después fueron Rectores y previamente me acompañaron Miguel Rodríguez Villenave, Felipe Pachano Rivera y Genry Vargas Contreras y con el Vicerrector Carlos Guillermo Cárdenas Dávila, ejerciendo nuestra actividad en democracia y al concluir la misma, nos retiramos orgullosos y satisfechos de nuestra labor cumplida, pues en nuestras manos, no sé desmoronó nuestra Alma Mater. Pero junto con el nuevo siglo, el siglo XXI, llegó el socialismo y la situación fue cambiando en forma paulatina para llegar a la Universidad que todos conocen y que hoy tenemos. Los Rectores Léster Rodríguez Herrera y Mario Bonucci Rossini y las Facultades, Núcleos y Extensiones, ya no pudieron contar con los recursos económicos ni las facilidades que teníamos en democracia, la autonomía fue reducida a su máxima expresión y el éxodo generado por nuestras condiciones socioeconómicas y las dificultades para poder cumplir nuestra actividad diaria, solo han logrado mejorar en nivel académico en universidades de Colombia, Ecuador, Perú, Chile y México, solo para mencionar, las que podemos probar, que así ha ocurrido. Para que en los próximos aniversarios, la historia no sea tan triste … necesitamos un cambio dentro de la Institución. Pero éste solo se logrará, con un cambio en el país, pues estoy seguro que dentro de la Universidad de Los Andes, existen Universitarios capaces y con la voluntad de emular la obra de Joaquín Mármol Luzardo, Pedro Rincón Gutiérrez y otros, aun cuando hoy, sea más difícil. Al ex Rector López Rodríguez, lo podrán escuchar a través de “Carrusel de la Fama, Patrimonio Cultural Intangible del estado Mérida”,  entre la 1 y las 5:00 pm a través de Éxitos 100.9, en señal streaming www.exitosmerida.com o leyendo este resumen en www.fronteradigital.com.ve. 

(Continúa)





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