Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 07:38 pm
Al escribir la historia de la Casa de Estudios de
fray Juan Ramos de Lora, algunos documentos de la época atestiguan que en 1795,
el licenciado Hipólito Elías González, gobernador del obispado
en sede vacante, manifestaba su interés por lograr el mayor auge del colegio seminario
para que los jóvenes se educaran en sus aulas como correspondía; siendo los
estudios uno de los asuntos principales de atender y el rey haberle
concedido al colegio seminario el privilegio de Estudios Generales,
procedía a uniformarlos en lo posible y permitir la circunstancias de
acuerdo con el método que observaba la universidad de Caracas, de que
sus cursos sirvieran para recibir los grados mayores en esa institución de
educación superior. El licenciado González afirmaba que aquellas ritualidades
no se habían observado hasta entonces y muchos estudiantes habían ganado sus
cursos de Filosofía y Teología sin constancia alguna, y para que se atestigüe y
corrija esa omisión se tendría presente proveerlo en el libro que se creaba
para las comprobaciones.
En los albores de la nueva centuria, el Colegio
Seminario contaba con una cátedra de Latinidad de menores, una de Filosofía,
las dos de Derecho y las dos de Teología, con la asistencia de un número de
estudiantes que oscilaba entre seis y quince; cuyas matrículas, comprobaciones
de cursos y actos literarios se sustentaban anualmente con toda regularidad, de
acuerdo con las constituciones de la Universidad de Caracas, tal como lo
dispuso la Real Cédula de 20 de marzo de 1789 y que consta en los libros de los
fondos del Colegio. Además, se señalaba que contaban con una Escuela de
Primeras Letras.
El fundador, primer rector del colegio seminario
San Buenaventura de Mérida y los que siguieron en esas dos primeras décadas,
debieron encontrar en el privilegio otorgado en Real disposición de marzo de
1789, que lo afiliaba a la Universidad de Caracas, un estímulo cierto en la
búsqueda de su estatus universitario. Así, la institución merideña buscó
equipararse a la de Caracas, en cuanto le fuera posible, rigiéndose por sus
constituciones respecto a matrículas, pruebas de cursos y actos literarios
El arribo a Mérida del licenciado
Francisco Xavier de Irastorza, el 22 de enero de 1792, oriundo de la
Villa de Subijana, en el Obispado de Calahorra, marcó el inicio de un empeño
sistemático por elevar el seminario al escalón universitario. Irastorza,
nombrado primer deán de la catedral, dos días más tarde llevó a cabo las
primeras gestiones para transformar el Colegio Seminario de San Buenaventura en
Universidad, por lo que le han considerado precursor de la fundación
universitaria. El ascenso del licenciado Irastorza fue violento, pues al morir
imprevistamente el Obispo Torrijos, fue elegido vicario capitular, cargo que le
tocó nuevamente desempeñar a la muerte del Obispo Hernández Milanés, hasta que
el 3 de mayo de 1815, como deán, recibió poder del obispo Lasso de la Vega para
que en su nombre recibiera el gobierno de la diócesis. En ese desempeño se
mantuvo hasta su muerte, el 2 de mayo de 1816, porque el obispo Lasso de la
Vega, tan solo se juramentó el 24 de septiembre y tomó posesión de su cargo el
22 de octubre de ese mismo año.
Con el advenimiento de la nueva centuria se enrumbó
el destino del Colegio Seminario a su consagración universitaria,
acontecimiento excelso que ya se vislumbra en la Real Cédula de Carlos III, de
marzo de 1789, lograda por el empecinamiento del fraile franciscano Ramos de
Lora. El 9 de enero de 1800, el licenciado Irastorza invocaba aquella
disposición real, señalando que la conocida afiliación o agregación del
seminario a la Real Pontificia Universidad de Caracas, no había logrado los provechos
esperados, por lo que planteaba la necesidad de solicitar al rey, la expedición
de la Real Cédula de erección de la Universidad con las facultades Pontificia y
Real.
El 1º de mayo de 1800 el licenciado Irastorza
escribía al rey Carlos IV solicitándole la expedición de la Real Cédula, con
todos los privilegios de que disfrutaban las demás universidades. La solicitud
merideña originó la oposición de la provincia de Maracaibo que alegaba
inconvenientes político-administrativos, así como la importancia de su
población y de su economía que convertía a Maracaibo en provincia con mayores
méritos, frente a Mérida que era su sufragánea y tenía muchos problemas de
insalubridad. También la Universidad de Caracas estuvo en desacuerdo por
considerar que se debía esperar una mayor consolidación del seminario que
permitiera, más tarde, la erección de la universidad.
Estos juicios no amilanaron el empeño de Irastorza,
quien el 17 de marzo recurrió al Capitán General de Caracas solicitándole que
apoyara el establecimiento de la Universidad ante el Consejo de Indias. Esta
petición fue compartida por la máxima autoridad eclesiástica que pidió al Ayuntamiento
de Mérida que elevara una súplica al monarca, cosa que ocurrió el 15 de febrero
de 1802.
Más tarde, en el tiempo en que España experimentaba
momentos difíciles con la pérdida de la escuadra franco-española en la batalla
de Trafalgar, su adhesión al bloqueo continental a Inglaterra, las invasiones
de Miranda; los miembros del Colegio Seminario y la sociedad emeritense se
alegraban con la noticia del otorgamiento de la Real Cédula de Carlos IV,
fechada en Aranjuez, el 18 de junio de 1806, en la que concedía al Colegio
Seminario la facultad de conferir grados mayores de Licenciado y Doctor; y
menores de Bachiller en Filosofía, Teología, Cánones y no en Derecho Civil “u
otras facultades”, extendiendo su filiación a la Real Pontificia Universidad de
Santa Fe, como ya lo estaba a la de Caracas.
En la disposición Real de junio de 1806 se dejaba
constancia de que al aprobar la construcción del edificio del Seminario, en la
Real Cédula de 1789, había determinado la afiliación de este a la Universidad d
Caracas, para que ajustados a sus estatutos se reconocieran los estudios y
admitiesen los cursos realizados en el plantel andino y “en virtud “recibieran
los grados correspondientes en sus facultades. Desde entonces el Colegio
Seminario estaba facultado para impartir estudios mayores y menores, lo que
justifica su afiliación a la Universidad de Caracas; circunstancia que quedó
muy clara, al aseverar el monarca que ese privilegio se daba conforme al que se
había concedido a los que estudiaban en el Convento de Santo Domingo de Puerto
Rico, con respecto a la Universidad de Santo Domingo.
El 9 de octubre de 1807 el obispo Hernández Milanés
anunciaba que al Colegio Seminario se le había concedido la gracia de
Universidad. Más tarde, el 30 de abril de 1808 el Ayuntamiento de Mérida
promulgó un decreto en el que disponía publicar un bando para honrar tan magno
acontecimiento. El 23 de mayo de ese mismo año, el obispo Hernández Milanés, en
una Carta Pastoral, participaba haber recibido la Real Cédula en la que Carlos IV
le confería al Seminario la merced o “gracia singular” de conceder grado
mayores y menores, con el mismo valor que los concedidos en las universidades
de Santa Fe y Caracas; razón por la cual debía agradecerse a Dios porque ahora
podían graduar a los sucesores de la enseñanza doctrinal cristiana; mientras
que los hijos ya no tendrían que recorrer centenares de leguas para recibir sus
grados de bachiller, licenciado y doctor. De esta manera, el prelado ratificaba
que el rey había concedido al Seminario la gracia de Universidad o Estudios
Generales, acontecimiento que debía colmar de satisfacción a todos los
diocesanos.
El Real Decreto. Real
Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros.
El 16 de septiembre de 1810, los miembros del
Cabildo de Mérida determinaron que las autoridades españolas cesaran en sus
funciones y que se instituyera la Junta Gubernativa, defensora de los derechos
del Fernando VII y su legítima dinastía. La Junta de Mérida, al igual que las
Juntas Patrióticas americanas, respondió al derecho natural y a la tradición
jurídica española que ante la ausencia del monarca legítimo, de vacío de poder,
la soberanía retornaba al pueblo para salvaguardar la provincia como una parte
del Reino del monarca. Consecuentemente, las Juntas Patrióticas que se
conformaron en Hispanoamérica fueron producto de la crisis gubernamental que
vivía España; ellas no se constituyeron con fines independentistas, sino con la
intención de conservar los dominios americanos para Fernando VII, para reasumir
la soberanía y devolverla al rey a su retorno al trono; la fase independentista
ocurriría solamente a partir de 1811.
Uno de los primeros actos que llevó a cabo la Junta
Superior Gubernativa de Mérida, fue el 21 de septiembre de 1810, cinco días
después de su instalación, con el fin de retomar las conocidas solicitudes de
elevación del Seminario Conciliar a Universidad, para conocer la situación del
plantel en cuanto a cátedras existentes y las que debían establecerse para su
buen funcionamiento, la planta de profesores del claustro, el personal
directivo y su estado general; conocimiento que de ninguna manera se tradujo en
un cambio en su estructura.
Así, en la Sala Consistorial, la Junta defensora de
los derechos de Fernando VII, en esa misma fecha, mediante u n Real Decreto
como consta en el encabezamiento de esa disposición y guardando fidelidad al
rey, determinó como una de sus obligaciones cautivar a la juventud y
estimularla al estudio de las ciencias. Seguidamente, reconocía y aprobaba la
ampliación del favor que Carlos IV hizo al Colegio Seminario de Mérida de
conferir grados en Filosofía, Derecho Canónico y Teología (1806), concediéndole
la gracia regia de Universidad con el título de Real Universidad de San
Buenaventura de Mérida de los Caballeros, con todos los privilegios de la de
Caracas, como se ha señalado anteriormente. Asimismo, determinaba la
incorporación al gremio y claustro de todos los doctores, maestros, licenciados
y bachilleres de las facultades de cualquier universidad de los dominios de
España e Indias que residieran en el Obispado de Mérida, en el mismo día y mes
que se publicara esta gracia. Además, señalaba que los que desearan
incorporarse debían presentar o remitir sus títulos a las autoridades
rectorales, firmados por el claustro pleno.
Igualmente y tomando en cuenta la disponibilidad de
recursos, acordó el aumento de una cátedra más de filosofía si fuere necesario,
y el establecimiento de las de Anatomía y Matemáticas, la de Historia
Eclesiástica, de Concilios, de Lugares Teológicos y de Sagrada Escritura. Del
mismo modo, nombró al rector y vicerrector del Seminario para dirigir el
destino de la Universidad y destacó que el Ilustrísimo Prelado Diocesano, sería
rector nato de la Universidad, tal como lo era del Colegio Seminario,
reconociendo que su trabajo eficiente había llevado a la institución al buen
estado en que se encontraba, dejándole la intendencia de la Universidad, como
la había tenido en los Estudios Generales; le facultó para hacer modificaciones
y las dispensas necesarias para proponer la constitución del plantel, que debía
ser aprobada por la Junta. Además, dejó a su cargo la dirección de los
estudios, su orden y método, en la misma forma en que lo había hecho hasta
entonces.
La nobleza de espíritu, la sabia sensatez, el buen
conocimiento de la institución de la que algunos eran prominentes catedráticos
y la comprensión de la trascendencia de los momentos que les había tocado
vivir, llevó a reconocidos hombres de la Junta Superior Gubernativa a no romper
el hilo de la historia; por el contrario, en el Real Decreto de 21 de noviembre
de 1810, acrecentaban y fortalecían la gracia real de conceder grados mayores y
menores otorgándole el título de Real Universidad de San Buenaventura de los
Caballeros de Mérida, incrementando el número de cátedras y confiando su marcha
a la máxima autoridad diocesana, quien celosa y prolijamente había cuidado el
Colegio Seminario en los últimos años. Así, con la autoridad real presente en
1810, el doctor Buenaventura Arias es designado rector por delegación que hizo
en su persona el obispo Hernández Milanés.
La misma Junta Superior Gubernativa, tres meses
después, 4 de enero de 1811, resolvió que la Hacienda Las Tapias fuera
entregada al Real Colegio Seminario de San Buenaventura, lo cual se hizo
efectivo el 28 de febrero de ese mismo año
Por disposiciones reales de 14 de septiembre de
1786 y de 9 de junio de 1787, parte de los bienes jesuíticos debieron pasar al
Colegio Seminario de San Buenaventura, mandatos que no se cumplieron por
oposición de los propios dominicos. En 1805, cuando el rector Mendoza recibió
algunos de aquellos bienes, la hacienda Las Tapias no fue entregada, ni el hato
Pagüey, unidad de producción barinesa rematada en subasta pública en 1796. No
obstante, aquellos pasaron al Colegio Seminario y más tarde a la universidad
andina.
Lo expuesto lleva a considerar que al seminario
merideño se le dispensó reconocimiento a sus cursos para la obtención de grado
en su filial Caracas en 1789; posteriormente se le otorgó el beneficio de los
Estudios Domingo; y, luego, en 1806, la potestad de conferir grados menores y
mayores; afiliándosele además a la universidad bogotana, sin estar autorizado a
llamarse Universidad; pero de hecho se le confirieron funciones de Universidad
al concedérsele el derecho de otorgar esos grados.
El reconocimiento final de su aspiración para ser
considerada legítimamente como Universidad, finalmente lo obtuvo cuando la
Junta Gubernativa, el 21 de septiembre, le amplia la gracia hecha por Carlos
IV; mediante el Real Decreto le confiere el título de Real Universidad de
San Buenaventura de Mérida de los Caballeros.
Así culmina un proceso en el que la élite merideña,
representada por organismos competentes como el Cabildo y la Junta Gubernativa
otorga al Seminario San Buenaventura la carta académica completa de ciudadanía,
al igual que la tenía la Universidad de Caracas, Bogotá y el resto de
universidades hispanoamericanas. De esa manera, concluye un proceso histórico
que confirma el hecho de que las instituciones no existen por decreto, sino
como producto del esfuerzo que se mantendría a través del tiempo y las
circunstancias.
La secuencia de los antecedentes expuestos
constituye justificación para que en la sesión del Consejo de 21 de diciembre
de 1934, se consideraran y aprobaran varios proyectos de decretos elaborados
por el rector Roberto Picón Parra, con el fin de conmemorar el sesquicentenario
de la fundación del Seminario de Mérida al que se le atribuía “el origen
histórico de esta ilustre Universidad de Los Andes, fundada por el Ilustrísimo
doctor Juan Ramos de Lora i elevado más tarde a la categoría de academia por
Real Cédula del 18 de julio de 1806”.
Asimismo, años más tarde, en los albores de la
década de los cincuenta, en el rectorado del doctor Eloy Dávila Celis, el
Consejo Universitario, el 12 de diciembre de 1950, aprobó la propuesta del
doctor Luis Spinetti Dini, de “celebrar todos los años el 29 de marzo,
aniversario de la fundación del Seminario de San Buenaventura, origen de esta
Universidad”; conmemoración que fue motivo de una nueva decisión un año más
tarde.
Edda O- Samudio A.
HISTORIA Y SIMBOLISMO: El edificio Central de la Universidad de Los
Andes. Ediciones del Rectorado, 2010.