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De 2005 a 2024: ¿Aprendió la oposición de sus errores? por Rigoberto Colmenares R.

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Rigoberto Colmenares R.


A lo largo de los últimos veinte años, los venezolanos han enfrentado una y otra vez el mismo dilema al llegar la hora de votar: *acatar el llamado a la abstención* o *generar división entre los factores políticos*. Esta disyuntiva ha marcado la vida del país, dejando más preguntas que respuestas sobre cuál es el camino más efectivo para lograr cambios.  

Recordemos aquel *2005*, cuando buena parte de los partidos decidió no presentarse a las elecciones parlamentarias. La decisión, tomada con la intención de denunciar un sistema desigual, terminó dejando el campo libre para que el oficialismo ocupara todos los espacios de poder. Desde entonces, la historia se ha repetido: en *2017*, con la controvertida Constituyente; en *2018*, con unas presidenciales que muchos consideraron un teatro político; y en *2020*, cuando la Asamblea Nacional quedó nuevamente en manos del gobierno sin una oposición real.  

Uno no puede evitar preguntarse: ¿qué hubiera pasado si, en cada una de esas ocasiones, la oposición hubiera presentado una alternativa unida? Es cierto que las condiciones no eran justas —y siguen sin serlo—, pero al retirarse del juego electoral, ¿no entregaron las pocas herramientas que quedaban para hacer oír su voz?  

A esto se suma la *división*, que también *ha sido* fundamental para que el régimen siga en el poder. Un ejemplo claro fueron las elecciones de gobernador de *2021* en nuestro estado: el entonces gobernador Ramón Guevara *rechazó participar en unas primarias*, y el candidato oficialista *Jehyson Guzmán* ganó con *116.648 votos*. Sin embargo, la suma de los votos de Guevara y Edgar Márquez (*162.996*) superó por *46.348 votos* al resultado chavista. Una vez más, quedó demostrado que la *división* y la *abstención* son el festín favorito del régimen.  

Hoy, esta discusión sigue viva. Por un lado, hay un sector de la oposición que insiste en participar; por otro, quienes promueven la abstención o la división. Estas prácticas reiterativas permiten que el régimen *se afiance* en el poder.  

Lo más triste es que esta división ha debilitado aún más a quienes buscan un cambio. Las diferencias internas han sido tan profundas como el desafío que representa el oficialismo. Y aunque la comunidad internacional ha intentado ayudar, al final *son los venezolanos* quienes deben encontrar el camino.  

La abstención y la división pueden expresar indignación, pero construir una alternativa real requiere más que gestos de protesta. Exige *unidad*, *paciencia* y, sobre todo, no perder de vista que el objetivo final es mejorar la vida de quienes han sufrido tanto en estos años de crisis. El camino no es fácil, pero es el único que vale la pena recorrer: *votar con estrategia* y evitar que sectores de la oposición repitan los errores que han facilitado la permanencia del Chavismo.




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