Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:45 pm
adicoraazul@gmail.com
Es
imprescindible referirnos a un maestro del teatro venezolano; a un ser que
vivió para el arte, y que buscó en el color su encuentro con las artes visuales.
Había estudiado música y teatro en la escuela superior “José Ángel Lamas” y en
la Universidad Central de Venezuela. Álvaro de Rossón fue un español que abrazó
a Venezuela como su patria, a la cual aportó muchísimo en las artes escénicas y
visuales. Él es símbolo de la dramaturgia venezolana, se destacó en la
escenografía, el diseño y la teoría del arte. Escribió obras de teatro escolar
como: La sentencia de Juan el Loco, El pastel de don Jacinto, y Los
dos cochinitos, que fueron publicadas en 1970.
Este dramaturgo era un monje del arte, como lo
denominó su amigo Igor Zamora, organizador en el estado Lara del festival de
teatro en homenaje a un enamorado de la creatividad, de la lectura y de la
poesía. De Álvaro de Rossón quedan retratos de vida en el teatro. Fue un hombre
exitoso en cada tarea que realizaba; su vocación humanista y su formación
multidisciplinaria lo llevaron a los grandes éxitos en las tablas, expresando
todo ese talento de distintas formas. De Rossón ofreció conciertos, recitales, oratorias
y óperas con su excelente voz de bajo. Álvaro tenía su propia forma de llevar
la vida y su vestimenta; por eso siempre andaba de braga de colores: anaranjado,
beige y verde. Era un creador nato, y se destacó en escenografía, musicalización,
creación de luces y efectos sonoros. También fue escritor, periodista,
traductor y poeta.
En la vida de Álvaro de Rossón hay varias facetas
en su vida, además de haber sido un crítico de arte, creador de versiones y
productor de programas radiales. Sus últimas actuaciones en el teatro fueron en
las siguientes obras: “Don Juan” y “La ópera de los tres centavos”, Álvaro de
Rossón estuvo ligado a la vanguardia de los años 60 y 70, en la que fue
director invitado a países como Estados Unidos, Francia, Brasil y Polonia, por
su brillante y original rol como director de teatro.
Se ganó a los críticos a fuerza de obras
memorables. Fue uno de los mejores directores de la dramaturgia venezolana e
internacional, y mereció el Premio Nacional de Teatro que se otorgó por primera
vez en el país en 1975. Fue un actor de grandes retos en las diferentes obras
en las que trabajó: las de Shakespeare, César Rengifo, José Ignacio Cabrujas, Jorge
Zorrilla, Lope de Vega, Bertolt Brecht, en “Noches de Reyes”, “Lo que dejó la
tempestad”, “Pozo Negro”, “Juan Francisco de León”, “Fuenteovejuna”, entre
otros. Era muy inquieto, un genio de las artes, vivió en varias ciudades; entre
ellas Barquisimeto, donde se hace un festival de teatro que llevaba su nombre
en reconocimiento a sus aportes al arte dramático y a los grupos de teatro en
la ciudad crepuscular. Ese festival buscaba difundir el teatro, la danza y la
cultura nacional.
Esa vanguardia del teatro venezolano buscó en la
dramaturgia una nueva visión crítica del país y un lenguaje y cánones
eficaces en sus diferentes dimensiones; en
los cuales se cuentan Román Chalbaud e Isaac Chocrón, quienes en los finales de
los años sesenta, junto a José Ignacio Cabrujas, van a crear “El Nuevo Grupo”,
la cual va a ser la institución teatral más importante en la historia del teatro
venezolano y los cuales influyeron en el
interior del país con grupos que sobresalieron en sus entidades como Maracaibo, Mérida, Barquisimeto
y Valencia.
Álvaro de Rossón se fue a vivir a Adícora, una
pintoresca playa de azules hermosos y que tiene un singular encanto, y que, a
mediados del siglo XX, llegó a tener un empuje comercial por su famoso puerto adonde
se llevaban productos elaborados desde la península de Paraguaná a las Antillas
Neerlandesas; pero la aparición del petróleo olvidó estas áreas tan importantes
en la producción de divisas que no provenían del petróleo. Al llegarse a
construir las refinerías en la ciudad de Punto Fijo como Amuay y Punta Cardón,
se abandonó este comercio que ayudaba muchísimo a la población alrededor de Adícora.
Adícora está frente al Mar Caribe, y tiene una
particularidad: una arquitectura de casas coloniales de construcción holandesa
o española que le da un sitial especial; muchas de esas casas funcionan como
posadas para los temporadistas que visitan la playa. Esta es una comunidad de pescadores y contrabandistas, una
encrucijada de abastecimientos para los pueblos circunvecinos, pero también un
lugar especial para los creadores en la que van a residir tres personajes de
reconocimiento nacional e internacional: la escultora Lía Bermúdez, una mujer
representante del artificio del lenguaje abstracto en las cuales sus obras se
destacaban en fibra de vidrio y en hierro, además de ser docente de la Facultad
de Arquitectura de la Universidad del Zulia, antiguamente ligada al movimiento
del arte cinético en Venezuela.
Otro de los creadores que vivió en Adícora es el
intelectual Dámaso Ogaz, que provenía de Chile y estaba vinculado al grupo “El
Techo de la Ballena”. Dámaso Ogaz era crítico de arte, promotor cultural y
poeta, llegó a Coro para fundar el Instituto de Cultura del Estado Falcón. Regresaba
de Europa y estaba muy influenciado por el movimiento surrealista. Entonces Álvaro
de Rossón, quien era un símbolo del teatro venezolano, escenógrafo, diseñador, teórico
de las artes, comenzaba a presentar problemas de salud y había escogido
establecerse en Adícora como recomendación médica.
Álvaro de Rossón nació en Madrid 3 de mayo de 1933.
Igor Zamora lo llamó “el atormentado hombre de éxitos y buscador de soledades”,
ya que este polifacético hombre del arte, en la se destacó entre la música y el
teatro, la ópera, pero además fue un maestro en el “Taller Adícora”, lugar de
encuentro de excelentes artistas plásticos que contribuyeron al desarrollo de
las artes visuales en Falcón, en el que se encontraban artistas de la pintura
como Emiro Lobo, Nicasio Duno y Luis Colina (wiche). Cuando Wiche va a buscar
esos colores que están en el fondo del mar, es el maestro Álvaro de Rossón,
quien lo orienta y va a influir en esa tendencia.
También allí va a estar Benito Mieses, poeta y
artista plástico que va a residir por un tiempo entre Adícora y Coro, y va a
ser discípulo de Álvaro de Rossón. Este monje de la dramaturgia venezolana,
como es Álvaro de Rossón, va a cambiar de paisaje en 1981. Así culminó la vida
del hombre que, frente al mar, pescaba estrellas y cantaba a las olas; por lo
cual se escucha un réquiem para Álvaro de Rossón a su memoria de no olvidarlo. Cada
vez que se levanta el telón en la dramaturgia venezolana y se encienden las luces
de la escenografía, allí estará el hombre que tanto disfrutaba de sus
creaciones y de sus libretos.