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VOTAR NO ES SILENCIO, ES VOZ por Rigoberto Colmenares R.

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Por Rigoberto Colmenares R.


Imagina que un vecino te dice: *¿Para qué votar?* *Nada cambia?* Su voz suena cansada, como si la desilusión le hubiera robado hasta las ganas de intentarlo. Es fácil entenderlo. Vivimos tiempos de promesas rotas, titulares catastróficos y políticos que parecen más interesados en pelear que en escuchar. Pero ¿y si esa resignación es justo lo que algunos quieren que sintamos?  

No somos naipes en un juego ajeno. Votar no es solo marcar una papeleta: es decir *aquí estoy*. Es recordarle a quienes gobiernan que existen historias detrás de cada número, que hay madres que esperan calles seguras, jóvenes que exigen educación digna, abuelos que merecen pensiones justas. Cuando nos quedamos en casa, cedemos el micrófono a quienes sí alzarán la voz, aunque sus palabras no nos representen.  

La trampa de creer que todos son iguales

Sí, algunos políticos han defraudado. Pero ¿acaso dejaríamos de comer pan si una vez nos sirvieron uno duro? *No*. Buscaríamos otra panadería. La democracia es así: imperfecta, humana. Requiere que probemos, que critiquemos, que exijamos. Decir *no voto* es como tirar la llave de casa y esperar que nadie entre. Al final, alguien siempre abrirá la puerta… aunque no nos guste quién sea.  

Los que quieren que guardes silencio

Detrás de los llamados a no votar, a veces hay miedo. Miedo a que la gente se dé cuenta de su poder. Miedo a que, si participamos, ya no puedan vendernos soledades como verdades. La manipulación política suele prosperar en la oscuridad de la ignorancia. Quienes promueven la abstención recurren a estrategias que explotan el desencanto o el miedo, buscando paralizar la voluntad ciudadana. ¿Qué intereses se ocultan tras el mensaje de no votar? ¿Quién gana cuando las urnas están vacías? Aquellos que prefieren un pueblo desanimado, fácil de manipular con frases como da lo mismo o esto no tiene arreglo.  

No se trata de idealizar a ningún candidato. Se trata de no regalarles impunidad. Si votamos, tenemos derecho a reclamar. Si nos callamos, ¿con qué moral exigiremos después?

Tu voto es un susurro que se vuelve grito
  
La próxima vez que alguien te diga no votes, pregúntate: ¿Qué perdería él si tú sí lo haces? ¿Por qué le conviene tu silencio? Y luego, piensa en lo que tú podrías ganar: la posibilidad, aunque sea pequeña, de sumar tu sueño al de otros.  

La democracia no es un espectáculo: es una conversación. Y hoy la mesa está puesta. ¿Vas a dejar que otros decidan por ti? 

El pueblo que somete a las leyes debe ser su autor

Si no votamos, ¿quién escribirá las reglas que nos gobiernan? Abstenerse es entregar la pluma a otros. Renunciar al voto no es un acto de rebeldía, sino de resignación: es permitir que otros redacten, en nuestro nombre, el capítulo del mañana. ¡PENSEMOS, ANALICEMOS Y VOTEMOS ESTE 25 DE MAYO!




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