Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 07:28 pm
Las nuevas medidas
arancelarias presentadas el pasado 2 de abril de 2025 por parte del gobierno
estadounidense colocaron de nuevo al proteccionismo en el centro del discurso
económico global. Y aunque se justifican en cinco falacias, parecen convencer a
muchos gobiernos del mundo en relación con el conveniente uso de la fuerza para
lograr objetivos en la economía internacional. Esto condiciona los resultados
que hasta ahora se han alcanzado en términos de recuperación de la actividad
productiva, promoción del intercambio comercial, incentivo a la inversión,
conformación de encadenamientos productivos y estabilidad de precios a nivel
mundial, incrementando la incertidumbre acerca del futuro inmediato del
planeta.
Dado que la
producción fragmentada de mercancías -cadenas globales de valor-, hace que los
distintos componentes de un mismo producto pasen varias veces una misma
frontera, la vuelta al uso generalizado de aranceles a las importaciones multiplica
las razones por las cuales los productores deberán ajustar al alza el precio
del bien final; estas presiones inflacionarias llegarán a los consumidores. Ahora,
si estos compran menos, los empresarios venden poco y cualquier intención de
aumentar la producción se pospondrá para un momento donde el mercado tenga el
interés de comprar las mayores cantidades producidas; el riesgo de una recesión
global es real. Y en un clima de negocios internacionales donde los precios de
las mercancías aumentan por una orden ejecutiva, se incrementa la posibilidad
de que nuevas órdenes ejecutivas se implementen en distintos países del mundo;
a partir de esto el desmantelamiento del orden comercial internacional
establecido tras la Segunda Guerra Mundial se concretará.
Este último
impacto representa un golpe significativo a la arquitectura económica global.
Entre las consecuencias previsibles se encuentra la fragmentación de las
cadenas globales de suministro, así como el incremento de los costos de
inversión debido a las nuevas y sucesivas medidas arancelarias. Al respecto,
muchas empresas reestructurarán sus cadenas de suministro y se esforzarán por
relocalizar su producción. Esta relocalización, cuando ocurre en mercados con
regulaciones laxas y menor productividad, conlleva a pérdidas de eficiencia y
especialización productiva.
Además, las empresas
multinacionales tendrán incentivos a redirigir sus inversiones hacia los países
con menor arancel recíproco global para mantener acceso al mercado
estadounidense. Este cambio exacerbará la desindustrialización y reducirá la
participación laboral local de muchos países.
Finalmente,
las tensiones económicas y comerciales generadas por el nuevo proteccionismo
llevan a la sustitución del escenario pacífico que facilita el libre comercio
internacional por el escenario belicista propio de la confrontación comercial
generalizada. En este último, las prioridades de los países cambian y los
recursos se destinan más para el gasto militar y menos para la educación, la
cultura o el emprendimiento. Así como el viejo proteccionismo llevó al
estancamiento del bienestar mundial y a la guerra, el nuevo proteccionismo esta
predestinado a iguales resultados.
@ajhurtadob