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Nuevas Crónicas de Historia Universitaria (27)

La Universidad de Los Andes: Estructura académica y primera infraestructura para la investigación científica (1888-1900) por Alí López Bohórquez (*)

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Por Alí López Bohórquez


La enseñanza y la investigación científica en la Universidad de Los Andes no se desarrollarán de manera formal e inicial hasta mediado del siglo XX, alcanzando su mayor desarrollo a partir de la década de los ochenta de esa centuria. A lo largo del siglo XIX hubo intentos de instaurar la docencia sobre las ciencias físicas y naturales, sin que se lograran ponerla en práctica en razón de la carencia de catedráticos que mantuvieran en el tiempo asignaturas relacionadas con esas ciencias, lo que comienza a concretarse entre 1911 y 1932. Para ello se fue organizando una estructura conformada con la adquisición de aparatos, instrumentos, materiales, instauración de clases ocasionales, creación de museos y laboratorios que finalmente no se desarrollaron por la carencia de estudios concretos y aplicación fáctica. Lo cierto es que el desarrollo académico de la ULA, hasta llegar a su estado actual, tuvo lugar mediante un lento proceso de instauración de la enseñanza e investigación en dichas ciencias. Los estudios médicos, por ejemplo, se iniciaron con cátedras que no conducían a grado alguno, no siendo establecida como Escuela de Medicina formalmente hasta 1853, la que pasó a denominarse después como Facultad de Ciencias Médicas en 1883. A esta se incorporó la Escuela de Farmacia en 1894. Ambas dependencias fueron clausuradas en 1905, para no ser restablecidas hasta 1918 la segunda y 1928 la primera de ellas. Los cursos de Bioanálisis fueron creados en 1956, a partir de una Escuela Politécnica de Laboratorista de 1950. La Escuela de Dentistería data de 1928 hasta 1940, adscrita a la Facultad de Medicina, y que pasaría a denominarse Facultad de Odontología en 1942.

En 1932 fue creada la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas, denominada Escuela de Ingeniería Civil, la  que funcionó hasta 1940, núcleo inicial la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas instaurada en 1936. En 1953 se le cambiaría el nombre por el de Facultad de Ingeniería. Sus otras Escuelas fueron establecidas entre 1964 y 1974. La Facultad de Ciencias Forestales inicialmente tuvo su origen en la Escuela de Ingeniería Forestal de 1948, como dependencia de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, denominándose Ingeniería Forestal en 1952-1956. En 1962 la Escuela de Arquitectura inició sus actividades, convertida en Facultad en 1970. Debemos señalar que la Facultad de Ciencias no fue fundada hasta 1969, cuando se elevó a esa categoría el Centro de Ciencias establecido en 1967, con sus carreras de Biología, Matemáticas, Física y Química. Las Ciencias Humanísticas y Sociales también atravesaron por un lento proceso, pues la Escuela de Humanidades comenzó en 1955 con adscripción a la Facultad de Derecho, convirtiéndose en Facultad de Humanidades y Educación en 1959, al crearse la Escuela de esta última área en ese año. La Facultad de Economía, actual Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, se abrió en 1958 con las Escuelas de Economía y después la de Administración y Contaduría (1968).

Cabe agregar otro aspecto importante relacionado con la lenta y gradual historia de la enseñanza y la investigación científica en la Universidad de Los Andes. Nos referimos a los Institutos, Centros y Laboratorios para desarrollar proyectos específicos. Solo vamos a mencionar los instaurados hasta la década de los sesenta del siglo XX, en orden de creación. El primer Instituto fue el de Investigaciones Químicas (1948) de la Facultad de Farmacia. En Economía el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (1958). El Instituto Forestal Latinoamericano (1961), el Instituto de Investigaciones Agropecuarias y el Centro de Aguas y Tierras (1965) de Ciencias Forestales y Ambientales. En Ingeniería el Instituto de Fotogrametría (1962). El Instituto de Investigaciones Literarias (1965) de Humanidades y Educación. El Instituto de Investigaciones Odontológicas (1965). En Medicina los Centros Cardiovascular (1966), Fisiología de Alturas (1966) y Microscopía Electrónica (1968). No hacemos referencia a las otras instancias académicas con posterioridad a 1970, pues nuestro interés es resaltar el pausado crecimiento de las ciencias físicas y naturales que tuvieron sus comienzos a finales del siglo XIX y primeras dos décadas del XX.

Hemos hecho este repaso histórico por dos razones: el desconocimiento que la actual generación de universitarios (profesores, estudiantes, empleados y de servicios, incluyendo autoridades de los últimos cincuenta años) tiene del proceso académico precedente y por la necesidad de dar a conocer los primeros pasos orientados a una infraestructura para la investigación que de manera formal y sistemática, la que se fue estableciendo progresivamente después del inicio de las funciones del Vicerrectorado Académico a partir de 1972, por disposición de la Ley de Universidades de 1970, y del fortalecimiento del órgano fundamental de fomento de la investigación, el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, creado en 1965 (Actual Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico, Tecnológico y de las Artes). Desde entonces se generó lo que podríamos denominar proliferación de Institutos, Centros, Grupos, Laboratorios y Unidades de Investigación, de lo que hablaremos más adelante en otra Crónica. Es decir, a partir de esa década, hace aproximadamente 55 años, es cuando estamos en presencia de un desarrollo de la investigación científica en la ULA. Cabe entonces preguntar: ¿A qué se debió este lento y gradual proceso de investigación en la Universidad de Los Andes, si se le compara con su hermana mayor, la Universidad Central de Venezuela? Nuestra respuesta: a la realidad a académica que va desde 1810, año de la fundación de la Universidad de Mérida, y 1970, año de la Ley de Universidades que definitivamente insertó la investigación como exigencia para el desarrollo de las Instituciones de Educación Superior. Y como todo presente tiene un pasado que lo explique, seguidamente exponemos brevemente algunos hechos, pues sería extenso exponerlo en un artículo de prensa y en una crónica que tiene un propósito informativo, partiendo de la investigación histórica basada en fuentes documentales.               

En la estructura curricular del Decreto de creación de la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida del 21 de septiembre de 1810, por la Junta Superior Gubernativa, se incluyeron las Cátedras de Anatomía y de Matemáticas, con predominio de las correspondientes a las áreas de Filosofía, Teología, Derecho Civil, Derecho Canónico, Historia Eclesiástica, Historia de los Concilios, Lugares Teológicos y Sagrada Escritura. Ello en espera de que se arreglaran unas Constituciones siguiendo las de Caracas, confiriéndose la facultad de otorgar solamente grados menores y mayores (Bachilleres, Licenciados, Maestros y Doctores) en Filosofía, Derecho Canónico y Teología. El terremoto del 26 de marzo de 1812 y el inicio en ese año de la guerra de independencia en el territorio merideño impidieron la concreción de lo dispuesto en dicho decreto, pues la institución universitaria sólo funcionó por dieciocho meses. Por estos hechos y la mencionada organización académica, en este primer momento las ciencias físicas y naturales fueron relegadas, privilegiándose los estudios jurídicos, eclesiásticos y filosóficos. Esta situación se prolongará por más de una centuria, aunque hubo intentos en determinados momentos de cambiar el modelo de enseñanza escolástica, lo que no se pudo hacer porque Mérida no contaba con profesionales universitarios que lo garantizara, ni la infraestructura correspondiente, realidad que vamos a exponer seguidamente.

            Restablecida la institución decretada en 1810, con el nombre de Universidad de Mérida, por disposición del Presidente José Antonio Páez del 15 de marzo de 1832, se encargó al Rector interino Pbro. Dr. Ignacio Fernández Peña, la adaptación de las Constituciones dadas a la Universidad de Caracas por el Libertador Simón Bolívar el 24 de junio de 1827 (Entonces ya se denominaba Universidad Central de Venezuela), para la redacción de los primeros Estatutos de la Universidad andina. Aquellas constituciones caraqueñas comprendían las Facultades de Filosofía, Teología, Jurisprudencia y Medicina. Sin embargo, los Estatutos formados por Fernández Peña únicamente se conformaron con las Facultades Jurisprudencia, de Teología y Filosofía. Sería extenso mencionar las cátedras que se dictarían en esas Facultades, por lo que remitimos al estudio de Pedro María Molina: Los Primeros Estatutos de la Universidad de Mérida -1832- (Mérida, Secretaría / Consejo de Publicaciones, 2002, pp. 18-21). Solo destacamos que, además de las asignaturas referidas al derecho, a la teología y a lo eclesiástico, en el Curso de Filosofía se enseñaban las cátedras de Lógica, Metafísica, Aritmética, Álgebra, Primeros Elementos de Geometría, Física general y particular, Lecciones de Geografía y Cronología. En esos estatutos no se incluyó la Cátedra de Medicina, establecida en 1810 y que se dictada en la universidad caraqueña para 1827. En 1837 se establecería esta cátedra con el nombramiento del doctor Cleto Margallo, quien sólo la regentaría por un año. No se volvería a dictar hasta 1845, cuando la repusiera el Rector Rafael Alvarado, aunque la reanudación definitiva fue en 1852 con las clases de Anatomía e Higiene a cargo de los doctores Juan José Cosmes Jiménez y Manuel Hernández Sosa, respectivamente. Los cursos que se dictaban no conducían a grado alguno. La primera de ella fue eliminada en 1867 y para la segunda fue designado en 1853 al Dr. Domingo Hernández Bello, hasta que durante el rectorado de Eloy Paredes (1852-1857) se organizaron definitivamente los Estudios de la Medicina en la Universidad de Mérida. Las reformas continuaron entre los años 1853 y 1888, reorganizándose las cátedras con la incorporación de las de Semiología, Terapéutica, Medicina Legal, Patología Interna, Cirugía y Obstetricia, junto a las viejas cátedras de Anatomía e Higiene. Desde entonces se otorgaban los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor en Medicina. Cabe señalar que el funcionamiento de una cátedra de Medicina fue muy irregular. La enseñanza se circunscribía a planteamientos teóricos-especulativos hechos por el profesor y a través de la lectura de escasos textos venidos del extranjero con contenidos ajenos a la realidad médica y de salud del país, con insuficiente instrumental para realizar las prácticas requeridas. Ello evidencia un distanciamiento con lo que ocurría con dichos estudios en Caracas, en otros lugares de América y Europa y con lo que en la actualidad conocemos como investigación científica.

            Entre 1832 y 1843, la Universidad de Mérida se regía por el Código de Instrucción Pública de Colombia de 1826, hasta que el Presidente Carlos Soublette decretó el primer Código de Instrucción Pública de Venezuela en 1843, que en la sección referida a las Universidades señalaba la existencia de las Facultades de Ciencias Políticas (Derecho), Ciencias Eclesiásticas, Ciencias Filosóficas o de Humanidades, Ciencias Médicas y Ciencias Físicas y Naturales. Los dos últimos estudios no se pusieron en práctica en la de Mérida por la carencia de profesionales para la enseñanza y la infraestructura material que correspondía a los mismos. De manera que hasta 1853, cuando se establece la Escuela de Medicina, predominó la enseñanza de lo jurídico, lo eclesiástico y lo filosófico, lo cual se prolongó hasta la tercera década del siglo XX, como lo hemos señalado. Para que se tenga una idea de cuál era la estructura académica de la Universidad de Mérida (1832-1883) y Universidad de Los Andes (1883-1900), vamos a reseñar las Cátedras que se dictaron en el siglo XIX: Cátedra de Idioma Francés (1887-1900), Cátedra de Idioma Griego (1885), Cátedra de Idioma Inglés (1885-1900), Cátedra de Pedagogía (1887), Cátedra de Gramática Castellana (1853-1883), Cátedra de Aritmética Práctica (1878-1882), Cátedra  de Química y Botánica (1864-1900), Cátedra de Historia Universal (1877-1900), Cátedra de Latinidad-Mínimos y Menores (1832-1875, 1878-1900), Cátedra de Latinidad -Mayores y Elocuencia (1832-1875, 1878-1900), Cátedra de Filosofía Intelectual (Física Experimental, 1832-1900), Cátedra de Matemáticas (1843-1900), Cátedra de Instituciones teológicas (1832-1900), Cátedra de Sagrada Escritura (1832-1900), Cátedra de Cánones (1832-1900), Cátedra de Dogma (1843-1900), Cátedra de Teología Moral (1883-1900), Cátedra de Medicina (1837-1838, 1845-1900), Cátedra de Higiene (1852-1856), Cátedra de Anatomía (1852-1867), Cátedra de Cirugía y Partos (1854-1868, 1878-1900), Cátedra de Semeyología (1854-1868, 1878-1900), Cátedra de Derecho Civil Romano (1844-1900), Derecho Público y de Gentes (1833-1900), Cátedra de Economía Política y Legislación Universal (1843-1900), Cátedra de Derecho Práctico y Leyes Nacionales (1843-1883), Cátedra de Código Civil  y de Comercio (1884-1900), Cátedra de Código Penal y de Procedimientos (1884-1900) [Fuente: Anuario de la Universidad de Los Andes desde 1790 hasta 1890, Tomo I, pp. 84-91].   

Consciente de esa realidad académica, el Rector Caracciolo Parra y Olmedo en su segunda gestión por designación del Presidente Antonio Guzmán Blanco, en varios períodos (1887-1900), había sido electo por el Claustro Universitario para el cargo en 1863-1866, dictó una serie de medidas orientadas a crear una infraestructura académica tanto para las ciencias físicas y naturales como las sociales. Aspecto importante de esta preocupación del Rector Parra fue la creación de la Biblioteca de la Universidad, el 1 de agosto de 1888, organizando el fondo bibliográfico que la institución había heredado del Colegio Seminario (de los Obispos Ramos de Lora, Torrijos y Hernández Milanés), algunos del Colegio de los Jesuitas y los del Convento de los Dominicos.  Cuando Caracciolo Parra asumió el rectorado, los libros de la biblioteca sumaban 197, cuando lo culminó contaba con 2.572. Ello fue producto de una intensa campaña de solicitudes de libros y revistas, mediante cartas y telegramas, a distintas personalidades e instituciones nacionales y extranjeras a lo largo de sus doce años de rectorado, sobre todo en materias de ciencias físicas y naturales. 

La situación de los estudios de las ciencias físicas y naturales tendería a cambiar a partir de la intervención del Estado y de importantes decretos del Rector Caracciolo Parra. Destaca lo referente a la adquisición en Europa para la Cátedra de Anatomía de un Modelo de Auzoux por parte del Gobierno de Estado Los Andes en 1889, que -a decir del Rector- “descubrirá y pondrá de manifiesto a los alumnos que se dediquen a las materias Médicas, ese mecanismo tan maravilloso, y que llena de asombro a los naturalistas, sin cuyos conocimientos la Medicina dejaría de ser Ciencia”. Antecedente de esta donación gubernamental fue la hecha el 1 de agosto de 1889 por el Presidente de la República Juan Pablo Rojas Paúl de un ejemplar del Maniquí Fisiológico de White, remitido al instituto merideño por el Ministro de Instrucción Pública, M. A. Silva Gandolphi, con el propósito de contribuir “al progreso de los estudios anatómicos” en la Universidad. Preocupado por la carencia de cadáveres para las prácticas de Anatomía, en abril de ese mismo año, Caracciolo Parra solicitó al Gobernador del Estado Trujillo la donación de tres “momias de cuerpos humanos perfectamente conservadas”, que existían en una parroquia de esa entidad federal, lo cual fue conferido por el gobernante trujillano.

Fuera del campo de la medicina, el Rector Parra se preocupo también por lograr ambientes favorables para la investigación  en otras áreas de las ciencias físicas, naturales y sociales. Así, el 15 de agosto de 1889 dictó el Decreto de creación de un Gabinete  de Historia Natural, un Jardín Botánico  y un Acuario. Otro decreto del 8 de mayo de 1890 disponía la compra de animales, plantas y minerales, creándose “una Clase para la Disecación de flores, plantas, reptiles y toda variedad de animales”, todo ello con la intervención directa del Rector en cuanto a los aportes económicos de sus propios recursos y la reglamentación de las actividades a cumplirse en el Herbario y la Clase de Taxidermia, en razón de no existir entonces un operario especializado en la ciudad. Aunque estas dependencias confrontaron problemas para su funcionamiento, en abril de 1900 todavía existían y se habían convertido en un Museo. Otra propuesta interesante para estimular la investigación científica fue la creación de un Observatorio Astronómico, planteada a la Legislatura del Estado el 8 de diciembre de 1889. Diversos informes del Rector evidencian los problemas para la construcción del local requerido al efecto, por lo que funcionaría en el último piso de la torre de la Capilla del viejo Seminario (Actual Torre del Edificio del Teatro César Rengifo). La Oficina Meteorológica fue otra de las grandes ideas de Caracciolo Parra, establecida el 22 de diciembre de 1891, complementada con la colocación en el patio principal de la Universidad de un Cronómetro Solar y la adquisición de un Higrómetro, un Electrómetro, un Pluviómetro. Todo ello con la finalidad de hacer observaciones para estudios de los fenómenos de la atmósfera “por la influencia soberana y vital -decía el Rector- que esos fenómenos ejercen sobre la salud de la especie humana y de los animales, en las plantas y en la agricultura”. El Director de esa Oficina sería el encargado de hacer las observaciones y levantar las estadísticas correspondientes para ser publicadas en el Anuario de la Universidad, como en efecto se hizo por mucho tiempo también en la Gaceta Universitaria, cuando ésta sustituyó a aquella publicación. Esta función fue cumplida por el doctor Alfredo Carrillo (189l-1893) y el Br. Emilio Maldonado (1893-1915). De igual manera el Rector acordó el 23 de diciembre de 1891 la formación de un Calendario Médico y un Calendario Agrícola, que complementarían el Calendario Rural, formado al crearse la Cátedra de Botánica. El primero de ellos estaría a cargo de la Facultad de Medicina, mientras que el segundo bajo la responsabilidad de individuos designados por el Rector, que estuvieran dedicados a la agricultura, “que tengan amor a la ciencia y espíritu de progreso”. El propósito de los tres calendarios era el registro de datos de sus respectivas áreas que pudieran posteriormente ser utilizados para investigaciones que permitieran dar solución a los problemas que se presentaban en materia de salud y de la agricultura en la ciudad y la provincia de Mérida.

 Las Ciencias Sociales no fueron excluidas de las preocupaciones científicas de Caracciolo Parra, ya que el 14 de octubre de 1892 creó el cargo de Cronista de la Universidad, cuya función era escribir los sucesos diarios, “todos los acontecimientos que se suceden de un carácter público o que afecten de algún modo, el orden social, la salubridad pública, los descubrimientos o invenciones, la introducción de nuevas industrias y demás hechos que tiendan a ilustrar la historia”. Esos aspectos serían registrados en un libro que llevaría por título Crónica del Estado Los Andes mandada llevar por su Universidad. Para este cargo se designó al Bachiller y Profesor Tulio Febres Cordero, quien cumplió la tarea encomendada por el Rector mediante la publicación en el Anuario de una primera crónica, actividad suspendida al finalizar la gestión de Caracciolo Parra.

Cerramos estas notas señalando que si bien todavía no estamos en presencia de una actividad investigativa sistemática, sin embargo es posible apreciar que es en esta etapa de la historia de la institución cuando se sientan las bases para el abandono parcial de la vieja concepción escolástica de la enseñanza, para dar paso lenta y progresivamente a la idea del papel de la Universidad en materia de investigación científica. Mucho tiempo habría de transcurrir para que ello ocurriera, pero es justicia reconocer la labor que para ello iniciara entre 1888 y 1900 el Rector Caracciolo Parra y Olmedo. En futura crónica haremos referencia a lo ocurrido en las primeras décadas del siglo XX. Los documentos utilizados sobre lo expuesto en esta crónica se localizan en Eloy Cahlbaud Cardona: El Rector Heroico. Mérida, Publicaciones del Rectorado, 1965, pp. 113-153 e Historia de la Universidad de Los Andes. Mérida, Ediciones del Rectorado, 1970, Tomos III y IX. Véase también Alí Enrique López Bohórquez: “Los Orígenes de la Investigación en la Universidad de Los Andes”, Investigación. Revista del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico- CDCHT, 6 (Mérida, enero-abril de 2002), pp. 36-37. Conferimos importancia al conocimiento de lo que acontecía en la UCV para 1832, cuando se reestablece la Universidad de Mérida, para lo cual remitimos a Los Estatutos Republicanos de la Universidad Central de Venezuela 1827 (Edición Facsímil del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela en el Bicentenario del natalicio del Libertador. Caracas, 1983. Segunda Edición. Estudio Preliminar de Ildefonso Leal).             

 

Mérida, 2 de mayo de 2025.      

(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Doctor en Historia. Profesor Titular Jubilado Activo. Premio Nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).
      

 





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