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Frontera Literaria por Arinda Engelke

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Regalos del Alma para Mamá: Amor, Recuerdos y Libros


Regalos del Alma para Mamá: Amor, Recuerdos y Libros

"Hoy, desde mi corazón de mujer y periodista, quiero abrazar con mis palabras a cada una de ustedes, madres que nos leen, esas heroínas cotidianas que encuentran un instante para la lectura entre el torbellino de sus días. Como mujer y periodista, siento profunda admiración y respeto por mis “colegas” mamás. De verdad son encantadoras, valientes, resilientes, amorosas, pacientes, faros de luz en la vida de sus hijos. Se me acaban los adjetivos calificativos para adornar la figura de esa mujer especial que tuvo la dicha de alumbrar a un hijo, dedicarle su vida entera, verlo crecer y formarse. El trabajo de una madre se transforma con su partida física, pero su amor, estoy segura, sigue velando desde el cielo por ese hijo que siempre será su pequeño.

Hoy, mientras el mundo se viste de fiesta para celebrar con bombos y platillos “El día de la madre”, detengámonos un instante a reflexionar sobre el verdadero significado de este día. Aunque es una costumbre, un convencionalismo social que tiene sus raíces en el activismo de mujeres como Anna Jarvis en Estados Unidos a principios del siglo XX –ella luchó incansablemente para establecer un día oficial en honor a todas las madres, inspirada por el deseo de honrar a la suya, y en 1914 el presidente Woodrow Wilson oficializó el segundo domingo de mayo como el Día de la Madre en Estados Unidos, extendiéndose esta tradición a muchos otros países–, yo, particularmente, siento que el regalo más preciado para el Día de las Madres no reside en lo tangible, sino en la expresión pura y sincera del amor de sus hijos. Las cosas materiales pueden ser agradables, pero una carta escrita a mano, llena de sentimientos sinceros y recordando momentos especiales, tiene un valor incalculable. Es un tesoro que se guarda en el corazón y se relee con cariño a lo largo del toda la vida.

También, pasar tiempo de calidad juntos, como una caminata tranquila por la naturaleza, o hacer un delicioso almuerzo a 4 manos, permite crear recuerdos preciosos y fortalecer los lazos filiales. Es un regalo de presencia y conexión que muchas veces es más valioso que cualquier objeto material. "Y obsequiar libros... ¡qué regalo tan exquisito! Un libro es mucho más que páginas; es un umbral hacia otros universos, un despertar de nuevas ideas y la promesa de disfrutar instantes de serena introspección y enriquecimiento del alma. Con cada página, le regalas la libertad de viajar sin moverse del hogar, de explorar los confines de la imaginación y de sumergirse en los temas que acarician su espíritu. ¿No es acaso una invitación maravillosa? Seguramente, en esa librería cómplice de tus afectos, aguarda la joya literaria perfecta para celebrar a tu mami querida.

En estos tiempos difíciles de una diáspora sin precedentes en nuestro país, donde tantos corazones de madres y padres ancianos han quedado vacíos por la partida de sus hijos, quizás la celebración se tiñe de nostalgia. Por eso, si tienes la dicha de tener a tu madre cerca, atrévete a regalarle muchos besos y abrazos, es decir, manifestaciones de amor genuino, tiempo compartido y la oportunidad de nutrir la mente y el espíritu a través de los libros, abriendo juntos el cofre de los recuerdos que ella atesora. Te sorprenderás de los muchos detalles importantes que aún no conoces de tu progenitora.

Nuestro regalo

Y como un regalo especial para todas nuestras madres lectoras, queremos compartir la sensibilidad única del gran poeta venezolano Aquiles Nazoa en su texto: 'Mi madre en un pueblito de recuerdos' que dice así: 

“Mi madre vive en un pueblito de recuerdos; yo algunos domingos me subo en el elefante del Libro Mantilla para ir a visitarla.

Allí vive mi madre entre las cuentas de colores que con los años se le han ido cayendo como hermosas gotas de sangre de su corazón.

Allí está ella pensativa, allí está ella muy joven y elegantemente triste, a tono su tristeza con la melancolía de la hora en que atardece en su pueblito de recuerdos.

Yo que amé siempre la tarde, pienso que a la envejecida luz de esa hora mi madre es el alma misma de la tarde; y cuando en esa actitud la he encontrado, me vuelvo de puntillas y llego a casa contando que en el pueblito de recuerdos donde vive mi madre, la tarde permaneció hoy largo rato con la mano en la mejilla.

Allí, como entre vestigios de jardín, vive mi madre entre sus últimos ovillos de sedalina, entre los irisados témpanos de cristal de la lámpara que nunca se compuso, junto a la cruz de palma bendita que en otros años poníamos en el patio dentro de un plato de agua cuando había tormenta.

A veces mi madre y yo nos vamos pueblo adentro, oyendo bajo nuestras pisadas el crujir de oro de las hojas secas, nos vamos a lo largo de ese territorio de oro, a veces ella y yo nos vamos, mirando yo caer las hojas secas que a lo largo de años y años de vivir en su pueblito de recuerdos, se la han ido desprendiendo de su anticuado vestido de flores a mi madre.

Vamos en un tranvía bajo la lluvia; pasajeros los dos de un puente que ella le dijo a papá que parecía un barco, mi madre quiere que nos detengamos donde está el vendedor de granizado para que yo me coma las estrellas. Ahora me sube a su hombro para que yo contemple por primera vez un río. Pero el fulgor de sus cabellos me resultó más fascinante, pues como era ya la noche y era marzo, y apareció la luna bajísima e inmensa, yo por la primera vez vi el mar, ¡lo vi dormido de mi madre en los líquidos cabellos!

Ahora llegamos al momento en que yo no he nacido. Ahora mi madre está tendida sobre el mundo, y el amor la agasaja de perfumes como a la tierra un río de duraznos; dócil, pluvial, arbórea, taza de leche enamorada, está ahora tendida allí mi madre, cuna de flores el dulce cuenco de su vientre, para tornear – suavísima alfarera – la sustancia de siglos que cantando la nombra en la palabra de mi padre.

Madre, pequeña fábrica de amor, mansa esposa del Tiempo, milagro de tu carne fue darles forma humana a las tinieblas y recoger la noche en tus entrañas para levantarla como una espiga hacia la aurora.

Yo lo sé, yo lo sé, porque mis ojos, yo lo sé, no han conocido estrellas más suntuosas, ni mañana más claras, ni flores más augustas ni en fin nubes, como las que aprendí desde tu cuerpo a mirar a través de tu mirada."

Felices y venturosos todos los días del año.

Gracias a la Librería Temas por facilitarnos el material necesario para hacer estas reseñas.





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