Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:54 pm
Regalos del
Alma para Mamá: Amor, Recuerdos y Libros
"Hoy, desde mi corazón de mujer
y periodista, quiero abrazar con mis palabras a cada una de ustedes, madres que
nos leen, esas heroínas cotidianas que encuentran un instante para la lectura
entre el torbellino de sus días. Como mujer y periodista, siento profunda
admiración y respeto por mis “colegas” mamás. De verdad son encantadoras,
valientes, resilientes, amorosas, pacientes, faros de luz en la vida de sus hijos.
Se me acaban los adjetivos calificativos para adornar la figura de esa mujer
especial que tuvo la dicha de alumbrar a un hijo, dedicarle su vida entera,
verlo crecer y formarse. El trabajo de una madre se transforma con su partida
física, pero su amor, estoy segura, sigue velando desde el cielo por ese hijo
que siempre será su pequeño.
Hoy, mientras el mundo se viste de
fiesta para celebrar con bombos y platillos “El día de la madre”, detengámonos
un instante a reflexionar sobre el verdadero significado de este día. Aunque es
una costumbre, un convencionalismo social que tiene sus raíces en el activismo
de mujeres como Anna Jarvis en Estados Unidos a principios del siglo XX –ella
luchó incansablemente para establecer un día oficial en honor a todas las madres,
inspirada por el deseo de honrar a la suya, y en 1914 el presidente Woodrow
Wilson oficializó el segundo domingo de mayo como el Día de la Madre en Estados
Unidos, extendiéndose esta tradición a muchos otros países–, yo,
particularmente, siento que el regalo más preciado para el Día de las Madres no
reside en lo tangible, sino en la expresión pura y sincera del amor de sus
hijos. Las cosas materiales pueden ser agradables, pero una carta escrita a
mano, llena de sentimientos sinceros y recordando momentos especiales, tiene un
valor incalculable. Es un tesoro que se guarda en el corazón y se relee con
cariño a lo largo del toda la vida.
También, pasar tiempo de calidad
juntos, como una caminata tranquila por la naturaleza, o hacer un delicioso
almuerzo a 4 manos, permite crear recuerdos preciosos y fortalecer los lazos
filiales. Es un regalo de presencia y conexión que muchas veces es más valioso
que cualquier objeto material. "Y obsequiar libros... ¡qué regalo tan
exquisito! Un libro es mucho más que páginas; es un umbral hacia otros
universos, un despertar de nuevas ideas y la promesa de disfrutar instantes de
serena introspección y enriquecimiento del alma. Con cada página, le regalas la
libertad de viajar sin moverse del hogar, de explorar los confines de la
imaginación y de sumergirse en los temas que acarician su espíritu. ¿No es
acaso una invitación maravillosa? Seguramente, en esa librería cómplice de tus
afectos, aguarda la joya literaria perfecta para celebrar a tu mami querida.
En estos tiempos difíciles de una
diáspora sin precedentes en nuestro país, donde tantos corazones de madres y
padres ancianos han quedado vacíos por la partida de sus hijos, quizás la
celebración se tiñe de nostalgia. Por eso, si tienes la dicha de tener a tu
madre cerca, atrévete a regalarle muchos besos y abrazos, es decir,
manifestaciones de amor genuino, tiempo compartido y la oportunidad de nutrir
la mente y el espíritu a través de los libros, abriendo juntos el cofre de los
recuerdos que ella atesora. Te sorprenderás de los muchos detalles importantes
que aún no conoces de tu progenitora.
Nuestro
regalo
Y como un regalo especial para todas
nuestras madres lectoras, queremos compartir la sensibilidad única del gran
poeta venezolano Aquiles Nazoa en su texto: 'Mi madre en un pueblito de
recuerdos' que dice así:
“Mi madre vive en un pueblito de
recuerdos; yo algunos domingos me subo en el elefante del Libro Mantilla para
ir a visitarla.
Allí vive mi madre entre las cuentas
de colores que con los años se le han ido cayendo como hermosas gotas de sangre
de su corazón.
Allí está ella pensativa, allí está
ella muy joven y elegantemente triste, a tono su tristeza con la melancolía de
la hora en que atardece en su pueblito de recuerdos.
Yo que amé siempre la tarde, pienso
que a la envejecida luz de esa hora mi madre es el alma misma de la tarde; y
cuando en esa actitud la he encontrado, me vuelvo de puntillas y llego a casa
contando que en el pueblito de recuerdos donde vive mi madre, la tarde
permaneció hoy largo rato con la mano en la mejilla.
Allí, como entre vestigios de jardín,
vive mi madre entre sus últimos ovillos de sedalina, entre los irisados
témpanos de cristal de la lámpara que nunca se compuso, junto a la cruz de
palma bendita que en otros años poníamos en el patio dentro de un plato de agua
cuando había tormenta.
A veces mi madre y yo nos vamos
pueblo adentro, oyendo bajo nuestras pisadas el crujir de oro de las hojas
secas, nos vamos a lo largo de ese territorio de oro, a veces ella y yo nos
vamos, mirando yo caer las hojas secas que a lo largo de años y años de vivir
en su pueblito de recuerdos, se la han ido desprendiendo de su anticuado
vestido de flores a mi madre.
Vamos en un tranvía bajo la lluvia;
pasajeros los dos de un puente que ella le dijo a papá que parecía un barco, mi
madre quiere que nos detengamos donde está el vendedor de granizado para que yo
me coma las estrellas. Ahora me sube a su hombro para que yo contemple por
primera vez un río. Pero el fulgor de sus cabellos me resultó más fascinante, pues
como era ya la noche y era marzo, y apareció la luna bajísima e inmensa, yo por
la primera vez vi el mar, ¡lo vi dormido de mi madre en los líquidos cabellos!
Ahora llegamos al momento en que yo
no he nacido. Ahora mi madre está tendida sobre el mundo, y el amor la agasaja
de perfumes como a la tierra un río de duraznos; dócil, pluvial, arbórea, taza
de leche enamorada, está ahora tendida allí mi madre, cuna de flores el dulce
cuenco de su vientre, para tornear – suavísima alfarera – la sustancia de siglos
que cantando la nombra en la palabra de mi padre.
Madre,
pequeña fábrica de amor, mansa esposa del Tiempo, milagro de tu carne fue
darles forma humana a las tinieblas y recoger la noche en tus entrañas para
levantarla como una espiga hacia la aurora.
Yo lo sé, yo lo sé, porque mis ojos,
yo lo sé, no han conocido estrellas más suntuosas, ni mañana más claras, ni
flores más augustas ni en fin nubes, como las que aprendí desde tu cuerpo a
mirar a través de tu mirada."
Felices y venturosos todos los días
del año.
Gracias a la Librería Temas por
facilitarnos el material necesario para hacer estas reseñas.