Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:48 pm
«Nada está perdido mientras sigamos buscando» San
Agustín. De música, 6, 23.
Desde la semana pasada, el tan esperado y reportado
cónclave vaticano nos ha dado un nuevo Obispo de Roma y Pontífice de la Iglesia
católica: León XIV: tercer Papa de la Orden de San Agustín después de Alejandro
IV y Adriano VI.
Ya desde la ordenación de Monseñor Helizandro Terán, la
arquidiócesis de Mérida pudo regocijarse con un clamoroso reencuentro con una presencia
tan importante en la historia de ciudad y región. La impronta eudista, tan
fecunda y querida en nuestras tierras, había dado paso al retorno de la Orden
de San Agustín.
Según el Padre Antonio Peláez (OSA), en La Orden de
San Agustín en Venezuela, el Convento de San Juan Evangelista de Mérida «fue
el primero de la Orden en Venezuela... Comenzó su construcción en 1591…
En Mérida, junto al convento, existía una escuela, donde se enseñaba a leer y
escribir a hijos de españoles y de indios. en Bailadores se fundó un hospicio,
para servicio de enfermos, viajeros, peregrinos, etc. Muchos pueblos que fueron
doctrina o caserío conservan aún hoy sus iglesias, imágenes, relicarios,
objetos o vasos sagrados, llevados allí por nuestros misioneros. En otros se
conservan rezos, tradiciones, novenas de clara raíz agustiniana.»
Muy poco después de su fundación, pues, esta ciudad de
las serranías se vio privilegiada por el ímpetu misionero de los hijos del santo
Obispo de Hipona (hoy Annaba, Argelia), a mi modesto parecer uno de los más
profundos y humanos Padres de la Iglesia. Aún, en el centro histórico de la
ciudad, específicamente en la Plaza Bolívar, frente a la Catedral Basílica
Menor de la Inmaculada Concepción, sitio del antiguo
convento, el suelo exhala el aliento de aquellos valientes y
serviciales hermanos, impulsados por el agustiniano “amar sin medida”.
Donde hasta ese momento quedaban los laicos de la Fraternidad
Seglar Agustino-Recoleta, desde enero de 2023 contamos con un arzobispo – uno
de los pocos en el mundo – de la antigua Orden misionera. Hoy, saturados del prodigioso
júbilo global que ha traído la elección de Robert Prevost Martínez (OSA),
los merideños haremos bien en recordar que, hasta fines del siglo XVIII, el
carisma que nos deslumbra desde la sonrisa de León XIV, fue sembrado aquí y, en
nuestra memoria colectiva, aquí sigue actuando, bajo el sol de Agustín.
Que así sea, no olvidemos, pues. Nada está perdido
mientras sigamos buscando.