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El rapto de la Odalisca, y la falsificación de obras por Orlando Oberto Urbina

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Por Orlando Oberto Urbina


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El mayor ladrón de arte del siglo XX se llamaba Erik el Belga, y una de las figuras más importantes dentro de la historia del arte en Europa en el siglo pasado. Su verdadero nombre real era René Alphonse van den Berghe. Nació en Nivelles, Bélgica, en 1940, donde estudio proyección lineal, arte y pintura en la escuela de Bellas Artes. Vendía sus obras con un mínimo reconocimiento, y comenzó a replantearse su vida para obtener mayor ganancia a través de la venta ilegal de obras de otros artistas, y su carrera de ladrón lo convirtió en el más famoso de Europa.

Llegó a tener una enorme cantidad de clientes que solicitaban piezas imposibles de conseguir, pero él “sabía dónde encontrarlas”.  Pronto adquirió ciertas habilidades, y se convirtió en un destacado maestro del robo de arte, se dedicó a restaurar obras originales en mal estado, y luego las sustituyó por falsificaciones que él mismo realizaba, las cuales eran muy difíciles de diferenciar de las originales. Erik falleció en Málaga. No sin antes ir preso varias veces, hasta que por fin se retiró del negocio, y comenzó a saldar sus cuentas con la justicia al poner su talento a favor de la justicia, y a colaborar en mayor parte con las instituciones benéficas de la iglesia católica. Falleció a los 81 años de edad, y poco antes había escribió en su autobiografía que había sido ladrón y falsificador “Por amor al arte”.

Comienzo por mencionar a esta celebridad como falsificador y ladrón de obras de arte para desglosar los detalles de lo que fue el robo de La Odalisca en Venezuela.

Quiero referirme al robo de La Odalisca con pantalón rojo, de Henri Matisse, el cual estuvo por más de catorce años desaparecida del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC). Esta obra se adquirió a través de la galería Marlborough, en Nueva York, en 1981, durante la gestión de Sofía Imber, quien era directora del MACC. La Odalisca había pasado a ser patrimonio cultural venezolano.

Algunos medios de comunicación social de ese entonces señalaban que la nueva directiva que asumió el 4 de diciembre del año 2002 descubrió que por más de dos años la verdadera obra estuvo ausente de las exhibiciones. “La odalisca con pantalón rojo” había pasado inadvertida, y durante la insospechada sustracción de la obra del museo se había sustituido la odalisca original por una falsa que exhibían con el marco original del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC).

Durante el proceso de investigación, los expertos se preguntaban si habían implicados dentro del Museo, cómo sucedió, y quien la había hurtado; de manera que toda esa historia se asemejaba a los robos que hacia aquel ladrón y falsificador de obras de arte llamado Erik el Belga. ¿Había un admirador de este falsificador de obras, o algún artista implicado? ¿quiénes se prestaron para ese delito? ¿ese delito se llevó a cabo con apoyo internacional? ¿este robo se dio por pasión, o por negocio? La denuncia se realizó ante la fiscalía general de la república a través de Luisa Ortega Diaz, que para ese entonces presidía esa instancia.

Es de gran importancia conocer y saber que estar informado es un derecho humano; y son los medios de comunicación social los que van a difundir la noticia sobre las declaraciones de la fiscal general de la república, la cual señalaba lo siguiente: “No se sabe a ciencia cierta qué ocurrió”. Pidió a las autoridades norteamericanas, francesas, británicas, españolas y a detectives de la interpol, que se dedicaron a la búsqueda de tan preciada obra de Henri Matisse, quien además era dibujante, escultor y artista plástico que había creado a La Odalisca por allá en 1925, y que cincuenta años después fue adquirida por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

La investigación hecha por la periodista Marianela Balbi dio a los venezolanos algunos elementos en su libro “El rapto de la Odalisca” publicado en 2009, el cual dio claves e información confidencial sobre cómo y en qué momento fue robada dicha obra de arte, la cual estaba valorada entre tres y cinco millones de dólares. Dichas evidencias van a develar la aparición de la falsa odalisca en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, ahora llamado Museo de Arte “Armando Reverón”.

El hurto se devela de manera accidental a través de una fotografía tomada durante una visita que hace el presidente Hugo Chávez Frías, en la que aparece al lado de la directora del MACC para ese entonces, Sofía Imber, y la exposición de la falsa odalisca. Dicha fotografía va a confirmar la sustracción de la original.

En el 2000, se intentó vender en la feria de arte de Nueva York, y es cuando se confirmó que la obra se había intentado subastar. Luego, la obra fue sacada de Estados Unidos rumbo a Francia en el 2002, y allí se intenta subastar la odalisca. En esa subasta se debe pasar por varios controles, ya que Francia es la primera archivista y certificadora oficial de las obras de Henri Matisse. Una experta llamada Wanda de Guebriant obstaculizó la venta en esa feria del arte en Francia, ya que detectó que dicha obra era solicitada en Venezuela, y pertenecía al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC). Se negó a certificarla para su venta, y de inmediato notificó a las autoridades.

En el 2012, agentes encubiertos del FBI se hicieron pasar por coleccionistas de arte, y lograron echarle garras a una pareja que intentó venderla en un hotel de Miami Beach, y es cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos se comunicó con las autoridades venezolanas para regresar la obra de arte que había sido sustraída del MACC y las personas involucradas que fueron enjuiciadas estaba Marcello Guzmán, de nacionalidad cubana, y María Ornelas Lazo, de nacionalidad mexicana. Dichos ciudadanos fueron sentenciados a dos y tres años de prisión.

La Odalisca con pantalón rojo volvió a Venezuela el 7 de julio del 2014, y es exhibida ese mismo mes junto a su réplica en el ahora Museo de Arte Contemporáneo “Armando Reverón”. Gracias al FBI y a las autoridades venezolanas, se logró recuperar ese patrimonio cultural de la nación.

Ahora bien: las investigaciones y complicidades de este robo nunca concluyeron quiénes fueron los autores intelectuales de este hecho, por lo que quedó como un hecho impune para las autoridades venezolanas. También quedó impune el robo de la obra de Pablo Picasso La Paloma de la Paz, que este artista había enviado a Venezuela en 1955, específicamente al Ateneo de Valencia con motivo de la exposición internacional que celebraba los cuatrocientos años de esta ciudad.





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