Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 03:25 am
El mayor ladrón de arte del siglo XX se llamaba Erik el Belga, y una de las figuras más importantes dentro de la historia del arte en Europa en el siglo pasado. Su verdadero nombre real era René Alphonse van den Berghe. Nació en Nivelles, Bélgica, en 1940, donde estudio proyección lineal, arte y pintura en la escuela de Bellas Artes. Vendía sus obras con un mínimo reconocimiento, y comenzó a replantearse su vida para obtener mayor ganancia a través de la venta ilegal de obras de otros artistas, y su carrera de ladrón lo convirtió en el más famoso de Europa.
Llegó a tener una enorme cantidad de clientes que solicitaban piezas imposibles
de conseguir, pero él “sabía dónde encontrarlas”. Pronto adquirió ciertas habilidades, y se
convirtió en un destacado maestro del robo de arte, se dedicó a restaurar obras
originales en mal estado, y luego las sustituyó por falsificaciones que él
mismo realizaba, las cuales eran muy difíciles de diferenciar de las originales.
Erik falleció en Málaga. No sin antes ir preso varias veces, hasta que por fin
se retiró del negocio, y comenzó a saldar sus cuentas con la justicia al poner
su talento a favor de la justicia, y a colaborar en mayor parte con las
instituciones benéficas de la iglesia católica. Falleció a los 81 años de edad,
y poco antes había escribió en su autobiografía que había sido ladrón y
falsificador “Por amor al arte”.
Comienzo por mencionar a esta celebridad como falsificador y ladrón
de obras de arte para desglosar los detalles de lo que fue el robo de La Odalisca
en Venezuela.
Quiero referirme al robo de La Odalisca con pantalón rojo, de Henri
Matisse, el cual estuvo por más de catorce años desaparecida del Museo
de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC). Esta obra se adquirió a través de la
galería Marlborough, en Nueva York, en 1981, durante la gestión de Sofía Imber,
quien era directora del MACC. La Odalisca había pasado a ser patrimonio
cultural venezolano.
Algunos medios de comunicación social de ese entonces señalaban que la
nueva directiva que asumió el 4 de diciembre del año 2002 descubrió que por más
de dos años la verdadera obra estuvo ausente de las exhibiciones. “La odalisca con
pantalón rojo” había pasado inadvertida, y durante la insospechada sustracción de
la obra del museo se había sustituido la odalisca original por una falsa que
exhibían con el marco original del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas
(MACC).
Durante el proceso de investigación, los expertos se preguntaban si habían
implicados dentro del Museo, cómo sucedió, y quien la había hurtado; de manera
que toda esa historia se asemejaba a los robos que hacia aquel ladrón y
falsificador de obras de arte llamado Erik el Belga. ¿Había un admirador
de este falsificador de obras, o algún artista implicado? ¿quiénes se prestaron
para ese delito? ¿ese delito se llevó a cabo con apoyo internacional? ¿este
robo se dio por pasión, o por negocio? La denuncia se realizó ante la
fiscalía general de la república a través de Luisa Ortega Diaz, que para ese
entonces presidía esa instancia.
Es de gran importancia conocer y saber que estar informado es un derecho
humano; y son los medios de comunicación social los que van a difundir la
noticia sobre las declaraciones de la fiscal general de la república, la cual
señalaba lo siguiente: “No se sabe a ciencia cierta qué ocurrió”. Pidió a las
autoridades norteamericanas, francesas, británicas, españolas y a detectives de
la interpol, que se dedicaron a la búsqueda de tan preciada obra de Henri
Matisse, quien además era dibujante, escultor y artista plástico que había creado
a La Odalisca por allá en 1925, y que cincuenta años después fue
adquirida por el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.
La investigación hecha por la periodista Marianela Balbi dio a los
venezolanos algunos elementos en su libro “El rapto de la Odalisca” publicado
en 2009, el cual dio claves e información confidencial sobre cómo y en qué
momento fue robada dicha obra de arte, la cual estaba valorada entre tres y
cinco millones de dólares. Dichas evidencias van a develar la aparición de la
falsa odalisca en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, ahora llamado
Museo de Arte “Armando Reverón”.
El hurto se devela de manera accidental a través de una fotografía tomada
durante una visita que hace el presidente Hugo Chávez Frías, en la que aparece al
lado de la directora del MACC para ese entonces, Sofía Imber, y la exposición
de la falsa odalisca. Dicha fotografía va a confirmar la sustracción de la
original.
En el 2000, se intentó vender en la feria de arte de Nueva York, y es
cuando se confirmó que la obra se había intentado subastar. Luego, la obra fue
sacada de Estados Unidos rumbo a Francia en el 2002, y allí se intenta subastar
la odalisca. En esa subasta se debe pasar por varios controles, ya que Francia
es la primera archivista y certificadora oficial de las obras de Henri Matisse.
Una experta llamada Wanda de Guebriant obstaculizó la venta en esa feria del
arte en Francia, ya que detectó que dicha obra era solicitada en Venezuela, y
pertenecía al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MACC). Se negó a certificarla
para su venta, y de inmediato notificó a las autoridades.
En el 2012, agentes encubiertos del FBI se hicieron pasar por coleccionistas
de arte, y lograron echarle garras a una pareja que intentó venderla en un
hotel de Miami Beach, y es cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos
se comunicó con las autoridades venezolanas para regresar la obra de arte que
había sido sustraída del MACC y las personas involucradas que fueron
enjuiciadas estaba Marcello Guzmán, de nacionalidad cubana, y María Ornelas
Lazo, de nacionalidad mexicana. Dichos ciudadanos fueron sentenciados a dos y
tres años de prisión.
La Odalisca con pantalón rojo volvió a Venezuela el 7 de julio del
2014, y es exhibida ese mismo mes junto a su réplica en el ahora Museo de Arte
Contemporáneo “Armando Reverón”. Gracias al FBI y a las autoridades venezolanas,
se logró recuperar ese patrimonio cultural de la nación.
Ahora bien: las investigaciones y complicidades de este robo nunca concluyeron
quiénes fueron los autores intelectuales de este hecho, por lo que quedó como
un hecho impune para las autoridades venezolanas. También quedó impune el robo
de la obra de Pablo Picasso La Paloma de la Paz, que este artista había enviado
a Venezuela en 1955, específicamente al Ateneo de Valencia con motivo de la
exposición internacional que celebraba los cuatrocientos años de esta ciudad.