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Orlando Oberto Urbina y su irrenunciable falconía por Karelyn Buenaño de Oberto

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Por Karelyn Buenaño de Oberto


karelynentrelibros@gmail.com

 

Aquí vamos, por fin amasando una tierra llena de espera.

He aquí la historia de una pasión hecha vida. Carne, mundo y experiencia creadora. Intentaremos contar la historia de un poeta que fue sumándole otros oficios al ser, y sin embargo todo le ha llevado al mismo rumbo: al canto florido a la sequía, a las memorias de infancia, y al permanente recordatorio de que su tierra ocupa un lugar protagónico en la historia de Venezuela.

Estamos hablando de Orlando Oberto Urbina, o simplemente Orlando Urbina para sus paisanos. Nació en El Vínculo, estado Falcón, en 1961. El poeta dice, a secas, que su primer apellido es prestado. No obstante, éste sostiene la identidad del periodista que ha sido durante más de treinta años: incisivo al preguntar, combativo en el decir, y diáfano en el ofrecimiento de propuestas que puedan transformar y hacer posible la justicia social.

Volvamos con Urbina, como también le dicen los más allegados. Fue testigo de otra historia larga y vertiginosa a la que dieron orden y conciliación la vida universitaria, la reivindicación de los derechos propios de la democracia, y su temprana vocación política que lo llevaría a convertirse en dirigente estudiantil. Urbina, que ya había participado en varias obras de teatro, y había sido miembro fundador del grupo literario Cráter, fue coordinador de varios espacios y suplementos literarios, y editor de la página Andrómeda y la revista Luciérnaga. También obtuvo el premio de poesía Casa de la Cultura “Alonso Gamero” del Instituto Tecnológico de Coro, IUTAG. Después, ganó la mención honorífica en el II concurso anual de literatura de Ediciones El Cerro en 1989, y luego otra mención en el III concurso regional de poesía “Día Nacional del Técnico Superior”. También fue miembro de la Asociación de Escritores del Estado Falcón. De estos certámenes vino su primer libro Pájaro de remoto plumaje, publicado por la Imprenta Universitaria de la UCV en 1992.

En este libro, he aquí el hombre enfrente de la huella familiar y la tierra árida, como herida y como identidad:

A CÁNDIDA ROSA

Llámame en lo más seco

este verano es puro rencor

 

Aún guardo tu bendición

en lo más lejano del camino

 

Todo queda después

de tu nombre

 

Mirándola

siento

su dolor

como si fuera eterno.

 

Paúl González Palencia, amigo y poeta que escribe su prólogo, afirma: “Orlando Urbina logra articular el patetismo gráfico de afuera con el lacerante canto de los huesos. Sequía, pájaros de ficción y animales domésticos padecidos de asombro parecen mostrarse entre la realidad y el sueño para hostigar tanta soledad. Todo puede ocurrir cuando las ráfagas de marina procedencia inventan el poema”. Así inicia el joven poeta su punto en el mapa en la poesía venezolana:

He descrito tantas veces

la imagen de una circunstancia

redonda de gris tormento

que todavía no aprendo a localizar

a saber si está en mí

o dejó de existir.

 

Son ineludibles sus textos A Candelaria Urbina, A Guillermo de León Calles, y A Antonio José Urbina, entre otros poemas. Son universo peninsular de lo más amado por el poeta de añoranzas crecidas entre chivos y cardonales, bendecidas a lo lejos por el mar.

Pero otro destino todavía esperaba a Orlando Oberto Urbina, o simplemente Oberto para los merideños que le conocieron luego. La persecución política de los jóvenes dirigentes no se hizo esperar; y Orlando, por supuesto, no fue la excepción. Un panfleto anónimo difundido por el IUTAG decía: “Por el Rescate del I.U.T.A.G. fuera los ultrosos que tú conoces. Por un nuevo rumbo, expulsión ya para los ultrosos”.

Eso no fue todo. El acoso político lo llevó a él y a muchos de sus compañeros a no conseguir trabajo en ningún lado. Y el colmo de males sucedió el 27 de febrero de 1989 -el día más nefasto de la Venezuela del siglo XX-, cuando Orlando y cinco dirigentes más fueron apresados en Coro por la DISIP, y fueron llevados a Caracas contra su voluntad “por orden del Ministerio de Relaciones Exteriores por posesión de armas”: Orlando Urbina, Eddy Timaure, Argenis Marcano, Hernán Marín, y Alfredo Marín. Sus compañeros utilizaron la prensa escrita para dar a conocer esta desaparición de estudiantes. Fueron liberados una semana después. Sin embargo, muchos más fueron encarcelados en todo el país, torturados y desaparecidos. Se estima que en el Caracazo murieron más de 3000 personas; y todavía no se conoce, en verdad, los nombres y las cifras oficiales de los asesinados. No sabemos, hasta hoy, el verdadero alcance de aquella desgracia nacional.

Estas y otras contrariedades llevaron a Orlando Urbina a Mérida. El ejercicio del periodismo, que ya había traído de lejos a través de la experiencia radial, se consolidó en Mérida a partir de 1995 en la televisión, las páginas literarias, y la prensa escrita. No sólo el poeta trajo de la tierra añorada su poesía, sino también sus aportes al Colegio Nacional de Periodistas (CNP) seccional Mérida. Aquí forjó el camino para desempeñarse a partir del 2002 como profesor universitario (actualmente jubilado) en el Instituto Universitario Técnico de Ejido, antiguo IUTE, hoy Universidad Politécnica Territorial del Estado Mérida “Kléber Ramírez”, o UPTMKR.

Fue corresponsal por Mérida de Las Verdades de Miguel; también fue corresponsal del diario Últimas Noticias, luego trabajó en el diario Frontera, y en Cambio de Siglo. Inició su trabajo radial en Mérida en las emisoras Radio 1560 AM, Radio Cumbre, 1040 AM, la 100.9 FM, y la 102.7 FM, entre otras más.

El poeta -cuyo oficio actual sucede en una ciudad completamente distinta, cargada de lluvias, neblinas, y montañas- se trajo en la maleta lo más que pudo de la Península de Paraguaná: la incandescencia de las cumaraguas, la eterna espera del hombre humilde por el agua, la soledad del cují, los recuerdos entrañables, el gofio canario [un dulce tradicional de Falcón], y la predilección por conservar las costumbres de su tierra.

Llegó a esta ciudad para quedarse.

Durante aquella época, llegó a ser jurado del concurso de poesía de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de los Andes.

Todavía otro libro estaba por escribirse: Cortejo en el desierto, publicado en 2008 por el Fondo Editorial Ipasme -del que fue presidente por algún tiempo-, y las ediciones Caminos de Altair. Leamos:

En cada una de tus viejas calles

volveré a citarme

con la querencia

de tus casas

 

Vivo

siempre

en otra lejanía

 

Nadie

me acompaña

pasar el abismo.

 

El dolor del poeta no solo viene del trazo personal: del despecho, la añoranza de otros tiempos, o la sensación de sentirse extraño en otro pueblo. Puede llegar a ser también un testamento, una acusación, un rasgo de identidad o herencia colectiva. Ese dolor representa la voz de muchos que -en la historia del mundo- se negaron a sucumbir. Resistieron doliendo. Son historia dolida, pero presente. Como el desierto, no solo de la propia tierra de origen, sino de cualquier otra tierra que sufre sin fin, y por cualquier absurda razón:

En la orilla del desierto

han ido cayendo

mis hermanos

déjenme oírlos

porque no sé

a qué distancia

se encuentra el abismo

que separa

su dolor del mundo.

 

Como florece la luz

en los amaneceres

de sus ojos indigestados

cuando despiertan

como arañas del delirio

con la Rendición de su vida de insomne

 

Ellos están sembrados

en un largo silencio

de escombros que germinan

entre el mármol y las flores

secas de las aceitunas

que reverberan las inútiles protestas de las manzanas endémicas.

 

El mundo natural del poeta se mira desde fuera.

Rodolfo Quintero-Noguera, su editor, señala: “Orlando Oberto Urbina (…) recurre una vez más al filo de las palabras para ofrecernos este libro de vientos estivales, de ausencias y horas detenidas en un reloj de arena… como si se tratara de una coartada contra el silencio, de un argumento contra el olvido”.

Más adelante, acerca de su estilo poético, también dice: “Estamos ante una poesía resuelta con sencillez, concisa, sin ademanes inútiles que entorpezcan la imagen ni la pulcritud del verso (…) Cortejo en el desierto es una noche antigua donde el poeta se juega su suerte, una noche bajo la incandescencia de un sol velado… en el desamparo árido de un amor proscrito y anhelado (…) así esta mirada y así este soltar amarras de palabras como nubes en el desierto”.

[Al poeta Rafael José Álvarez, amigo de los amigos]

 

Sentado en un taburete

recita con voz de trueno

y en su mirada

descubre duendes

en la serranía de su escritura,

y en una nube

pasa una tormenta de cabras

sigilosamente fragmentadas

por las grietas

de su resequedad

que intenta abrirle el camino

a los duendes que hablan

de sus postigos

asomados en la ventana

de su mirada

que está en un largo corredor

de la casa que extraña su aposento.

 

Reseñas de su obra ya aparecen en Quiénes escriben en Venezuela, y en el Diccionario de escritores del Estado Falcón. Orlando Oberto Urbina ha recibido numerosos reconocimientos, y ha sido tallerista literario. Recientemente, poemas suyos aparecieron en la Antología de Poetas de Ejido Panelario, publicado en el 2024 por Catajarria Literaria.

Actualmente, el poeta -que aún tiene algunos poemarios inéditos-continúa sus proyectos de divulgación cultural a través del canal de Youtube La Esfera Pública, en la página semanal Crónicas Memorables a través del diario Frontera digital, y en su reciente canal de Whatsapp Andes News, con los cuales prosigue su profesión.

Este es parte de un extendido sentir que todavía no termina. Como tampoco han terminado las luchas de su tiempo, ni las esperanzas de su pueblo. El hombre de la urupagua que calma la sed de los ancestros sigue haciendo lo suyo: mientras trashuma, va escribiendo.  





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