Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 02:02 am
Doña Teresa un canto poético para los nietos, o mejor dicho un canto para
arrullar niños en la más insondable ternura, porque los niños que reciben
cariño crecerán dándole amor a la vida. Marina Tsvetayeva dijo una vez que el
poeta no vive para escribir, sino que escribe para vivir. Esa ternura es hecha
de cantos llenos de luceros y sonrisas colmadas de dulces, para arrullar
nietos.
Hablamos de Teresa de Jesús Romero. Su nombre tal vez proviene de aquella
referencia histórica que viene de la iglesia católica, como fue Santa Teresa de
Jesús (1515-1582): una monja, escritora y fundadora de la orden de las carmelitas
descalzas.
Esta abuela arrulla a sus nietos en cada texto que va hilando en los
abrazos de cada uno de los niños y niñas. Teresa de Jesús Romero es una lámpara
de abrigos que ondula con el viento coriano cada canción. “En el umbral de la
vida, comienza nuestro calvario y entre penas y alegrías crecemos sin
imaginarlo”. Esa canción es una estrofa y llena de reflexiones nos va cantando
en cada fantasía. “Búscala tu infante tierno, desde el comienzo de tus días,
busca al señor, el será tu amor y mejor guía, en el verano, en el otoño y en el
invierno”.
En el libro Edad de Oro, el gran poeta cubano José Martí nos dice lo
siguiente: “músicos, poetas y pintores: El mundo tiene más jóvenes que viejos.
La mayoría de la humanidad es de jóvenes y niños. La juventud es la edad del
crecimiento y del desarrollo, de la actividad y la viveza, de la imaginación y
el ímpetu. Cuando no se ha cuidado del corazón y la mente en los años jóvenes,
bien se puede temer que la ancianidad sea desolada y triste”.
En toda esta reflexión del poeta, parece decirnos ese dicho que dice: “El
que no oye consejos, no llega a viejo”. El poeta mexicano, Manuel Gutiérrez
Nájera, nos dice: “¡Con qué timidez ha de tocarse la conciencia de un niño!
¡Con qué dulzura, con qué cuidado, con qué esmero, con qué escrúpulo se ha de
entreabrir su entendimiento!”.
Después de este paseo por algunos poetas que han escrito sobre la importancia
de los infantes, nos sigue diciendo el poeta José Martí “cuando un niño quiera
saber algo que no esté en La Edad de Oro, escríbanos como si nos hubiera
conocido siempre, que nosotros le contestaremos”.
Volviendo a Teresa de Jesús Romero de Crasto, ella busca su identidad y le
va poniendo pinceladas a sus versos llenos de cielo y colmados de una lluvia de
bendiciones. La abuela escribe para sus nietos y para todos los nietos del
mundo, como nos dejó ver el gran poeta Andrés Eloy Blanco. Parafraseando, cuando
tenemos hijos, todos los hijos del mundo nos pertenecen. La memoria de nuestra
infancia, y los cuentos de nuestros abuelos nos entretenían y nos llevaban a
soñar.
En la oralidad de los abuelos, todos nos sentábamos en el patio a escuchar
en silencio sus historias.
En Teresa de Jesús, la abuela querendona guarda esa falconianidad expresada
en cada uno de sus libros de poemas. Remembranzas (2008), es su primer
libro para cantarle canciones de cuna a sus nietos, principalmente a su nieto
mayor, José Augusto, al cual le dedica este poema:
“De los siete días de la semana/ Solo uno me hace feliz/ Adivina mami,
adivina/ / Adivina cual, cual será. Y si tú no lo adivinas/ Yo te lo voy a
decir/ Si mi merienda me brindas/Si caramelos me das. / Ese día es el domingo.
En este trabajo, Teresa de Jesús va bordeando todo ese tesoro que a los
niños va a regalar como ese poema: “La humilde torcaza/ que adorna el cují/
mueve sus ojitos/ Mirándote a ti”.
Teresa de Jesús es una paraguanera (1934), quien proviene de una familia
compuesta por emigrantes españoles de apellido Romero y criollos de apellido
Davalillo y Martínez, proveniente de los Pozos, comunidad rural ubicada al
suroeste de Pueblo Nuevo.
Posteriormente se trasladaron a Coro, donde prosiguió sus estudios en el
colegio María Auxiliadora. En la búsqueda de nuevos horizontes, comienza a
trabajar en el Banco Agrícola y Pecuario, y luego en el Consejo Municipal del Distrito
Miranda. A finales de los años 50 contrae matrimonio con José Crasto Crasto, y
de esa unión nacieron nueve hijos. Teresa de Jesús hace de sus versos y rimas
un cántaro de ternura por el advenimiento del primer nieto, que despierta amor
del abuelazgo, como ese hermoso libro del poeta larense José Mujica que
lleva el mismo nombre.
Teresa de Jesús Romero de Crasto es una poeta y abuela que nos da esa
lectura ricamente construida sobre el vivir diario, y el amor que va cantándole
a sus nietos. Es una poesía de pensamientos, sentimientos, recuerdos. En su
libro hay juegos de lectura, literatura hecha de metáforas que busca la manera
de jugar con asociaciones de palabras. Teresa de Jesús nos va a dar esa
construcción de imágenes cantadas en cada palabra.