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Antonio Pinto Salinas: mártir y poeta a 72 años de su muerte y 110 de su nacimiento por Néstor Abad Sánchez

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Por Néstor Abad Sánchez


Dedicado al Abg. Leoncio Sánchez, preocupado como pocos por su terruño.

“…poeta de la ternura infinita, habría de escribir con su propia sangre, en la hora suprema de su sacrificio, el poema perenne de la rebeldía!

Rigoberto Henríquez Vera (junio 11, 1963)

 

Escribir acerca de la vida y la muerte del poeta y mártir es una tarea inaplazable en momentos cuando al evocar el pasado pareciera que lo estamos vivenciando de nuevo. Antonio Pinto Salinas vivió de poeta y murió de mártir de la dignidad, bien pudo quedarse en el exilio o escapar clandestinamente a su sentencia de muerte, cuando sus compañeros de lucha se lo exigieron, pero prefirió quedarse y enfrentar su derrotero histórico hasta morir como todo un héroe civil. Su cabeza tenía precio: ¡vivo o muerto! Con justeza afirmó el Maestro Prieto Figueroa: “En Pinto Salinas el poeta y el militante marchaban juntos, por eso sus poemas ganan altura estética sin bajar al cartel de propaganda y sin perder acento lirico en la expresión de los más puros sentimientos del corazón”

Brotó en la cumbre y siempre se mantuvo en la cima, la serranía le permitió ver con altivez la puesta del sol y entender que tras cada ocaso viene un nuevo amanecer igual o más radiante, por eso cuando Venezuela demandó un combatiente fue el primero en dar un paso al frente de la resistencia entre 1950 y 1953.

El 30 de enero de 1867, su abuelo Esteban José Pinto compró a: “Francisco de Paula Vega y Juana Bautista Pinto …un terreno en El Cumbe de Pinto en 120 pesos”(1), que había heredado de su padre Manuel Pinto -avecindado en las tierras de labor en el monte del Mocoties, sitio de El Silencio desde 1827-(2), quien murió a comienzo de la década de 1850, a su muerte el área paso a llamarse ´Cumbe de Pinto´. Allí se estableció Don esteban quien casó con María de Jesús Molina (murió el 2/8/1875) y en cuyo hogar nació Leónidas Pinto Molina en 1874 casado el 20 de agosto de 1911 con Mery Salinas Rojas, natural de Boconó, Trujillo donde nació en 1893(3); padres de Antonio José Pinto Salinas que vino al mundo el 7 de enero de 1915, hace 110 años. Fue bautizado de manos del Pbro. M. Rosales en la iglesia Nuestra Señora del Carmen de Mora el 20 de febrero, padrinos: Manuel y María de Rojas(4)

Su infancia transcurrió entre las plantaciones de café y los camburales, ese olor al campo dio templanza a su futura personalidad orientada hacia la excelencia. La primaria la realizó en la escuela Federal Graduada Ferguson. En 1927 ingresó en el Seminario de Mérida donde estudia dos años y funda el grupo literario “Andrés Bello”. Su inclinación por el latín y la filosofía lo llevan a Caracas y Pamplona hasta lograr alcanzar el bachillerato. Retorna a Mérida y el arzobispo Monseñor Acacio Chacón Guerra lo distingue para enviarlo a Roma a proseguir sus estudios de teología en el Colegio Pio Latino. Cuando el viaje era inminente resuelve desistir a su carrera sacerdotal y escribirse en la Universidad. Decisión que coincide con la muerte del general Juan Vicente Gómez y aparece la tentación política, cuando recién había cumplido los 20 años. Estaba consciente que después de 27 años de oprobiosa dictadura se acercaba un nuevo amanecer, se encendía su amor por Venezuela, que ahora reclamaba su servicio.

Ahora Caracas le abre las puertas del claustro universitario, se escribe para cursar economía en la Universidad Central de Venezuela, pero no puede iniciar porque su título de Bachiller en Filosofía no cuenta para los estudios civiles. Pinto Salinas no se rinde, decide viajar y residenciarse en Bogotá a fin de iniciar de nuevo el bachillerato. Allí van a temperar muchos estudiantes venezolanos expulsados por el gobierno de la “calma y la cordura” acusados de comunistas por querer expresar libremente sus ideas. El exilio los une al punto que fundan el Centro de Estudiantes Venezolanos el 19 de abril de 1940. Culminado su bachillerato regresa a Venezuela transformado en un militante de la justicia y la libertad.

Viene la continuidad de la hegemonía andina con el gobierno del general Isaías Medina Angarita (1941 - 1947), truncada con la revolución de octubre y el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945. Antonio Pinto Salinas da rienda suelta a su vena de escritor y de poeta, consigue que su amigo Leoncio “Leo” Martínez le publique sus poemas y artículos en Fantoches, además de sus denuncias sin restricciones bajo el seudónimo de Gumersindo. Se afilia al clandestino Partido Democrático Nacional (PDV) donde destaca y logra ascendencia como líder popular hasta aparecer como uno de los fundadores de Acción Democrática (AD) en 1941. Para Pinto Salinas la política es una forma de servir al país y no de servirse del país. Por su inteligencia y postura ética, se convierte en un dirigente imprescindible del partido.

En 1943, logra alcanzar su anhelado título universitario, integrando la Primera Promoción de Economistas de la UVC. A la par que recibe mención honorifica con su “Canto a María Luisa I”, Reina Universitaria de los juegos florales: “Hasta ti ha de escalar mi desvelado canto,/ arco de nube y piedra sobre mi pulso alzado,/ para erigir memoria. Reina de urdido manto,/ a fieras juventudes y al lirio derrumbado”. Se estrena como cuentista de fina prosa y gana el primer lugar del concurso nacional auspiciado por el seminario Fantoches con su cuento ´Se nos murió Gumersindo´ lo que lo convierte en un escritor reconocido para los de su generación, en opinión de uno de sus críticos: “El cuento es una protesta viril a los estratificados estamentos sociales del país; es un sentimiento rebelde, es un grito áspero y dulce al propio tiempo…” Como periodista de singular estilo figura entre los redactores del Diario Ahora y El País, los semanarios Avance, Fantoches, AD y Atalaya de Mérida. Después en la resistencia escribiría de manera clandestina en Resistencia y Combate. Según la acertada expresión de su biógrafo, coterráneo y compañero de lucha Don Rigoberto Henríquez Vera: “Su pluma fue una espada, pero en manos nobles y generosas, al servicio de la justicia y de la libertad”, jamás la utilizó para agredir ni menospreciar al adversario.

El partido se reorganiza y su actividad política se intensifica, contribuye en su organización doctrinaria y programática, participa activamente en los sucesos de octubre del 45 al lado del pueblo en las acciones de calle. Integra la dirección de la renta interna del Ministerio de Hacienda, renuncia y es electo diputado por Mérida en 1946 y está presente en la Constituyente del 47 donde fue protagonista de encendidos debates, dejando escuchar su voz sin imposiciones, siempre abierto al debate. Es reelecto diputado en 1947. Apoya la candidatura del Maestro Don Rómulo Gallegos, quien una vez electo lo nombra en febrero de 1948 en la Dirección del Gabinete del Ministerio de Agricultura y Cría, había escrito un ensayo “La Agricultura y la Cría, polos de la vida económica”, más tarde en la subdirección del Banco Agrícola y Pecuario (BAP). En abril, como asesor económico integra la delegación venezolana que asistirá a la IX Conferencia Panamericana reunida en Bogotá del 30 de marzo al 2 de mayo -que dio origen a la Organización de Estados Americanos (OEA) con la firma del Pacto de Bogotá-, donde sobrevienen los sucesos del 9 de abril con el vil asesinato del gran líder liberal Jorge Eliecer Gaitán.

Vienen los tiempos difíciles, la asonada militar del 24 de noviembre derroca al gobierno de Gallegos y Pinto Salinas tiene que abandonar sus funciones en el BAP y pasar a la resistencia en los comandos organizados por AD al lado de Leonardo Ruiz Pineda y de Alberto Carnevali. Muere en los Estados Unidos el mayor Mario Ricardo Vargas, ex integrante de la Junta de Gobierno del 45 y sus restos son traídos a Venezuela el 2 de enero de 1950, la dirigencia clandestina del partido le asigna la responsabilidad de pronunciar el discurso con motivo del homenaje que se le rendirá en el Cementerio General del Sur y desafiando las bayonetas entre la multitud aparece el poeta para pronunciar su arenga con la más enérgica condena al gobierno usurpador y sus atropellos contra la libertad. Los esbirros del régimen irrumpen pistola en mano derribando al orador de la improvisada tribuna, pero el pueblo lo protege y logra escapar, aunque horas después es detenido y llevado a la cárcel Modelo.

A los días en prisión es expulsado al Ecuador junto a otros venezolanos, entre ellos el Dr. Rafael Gallegos Ortiz, se residencia en Quito y luego en Guayaquil donde escribe en la prensa local, integra los comités en el exilio, dicta conferencias y se relaciona con las demás células clandestinas en otros países. No aguanta ni se permite el ostracismo, en julio de 1951 retorna por la Goajira a Venezuela. Llega a Caracas, se sula a la resistencia y la dirigencia lo destina al estado Falcón, regresa a Caracas, actúa bajo los seudónimos de “Peralta” y “Luzardo” cumpliendo labores del partido en Valencia, Coro y Maracay, donde contacta al capitán Wilfrido Omaña, en la base aérea de Boca del Rio. Comienzas los asesinatos de dirigentes. 1952 es un año oscuro en la historia de Venezuela que entroniza la dictadura. La situación de Pinto Salinas se torna insostenible, su figura es objetivo principal del régimen. Ya no hay alberge seguro. La saña y los allanamientos están a la orden del día. El partido y sus compañeros de lucha le plantean que debe salir del país. Contra su voluntad acepta la decisión de un viaje que sin retorno.

El 9 de junio de 1953 Pinto Salinas acompañado de dos compañeros de absoluta confianza emprende su viaje por carretera al oriente del país, buscando la ruta de Güiria a fin de alcanzar una lancha que lo llevaría a Trinidad y de allí a Costa Rica, con la mala suerte que esa misma noche es apresado en Caracas su último contacto que le había facilitado el vehículo donde se trasladaba y el agravante que apareció un delator: Gustavo Mascareño -nunca faltan los Judas- en acuerdos con la seguridad nacional que develó los planes de ruta, identificación del vehículo y sus dos acompañantes, hora de salida y posible llegada a las poblaciones a recorrer, lo que hizo fácil su captura en una alcabala de Pariaguán, estado Anzoátegui al mediodía del 10 de junio. Ya los policías estaban advertidos del paso por esa zona. Es conducido a las oficinas de la seguridad nacional en El Tigre, mientras lo interrogaban llegó la comisión de los matones de Pedro Estrada integrada por: Isidro Marrero Méndez, Braulio Barreto, Rodolfo Montiel, Ángel Roberto Díaz y Luis Castillo Lozada para encargarse del fingido viaje de vuelta a Caracas.

Todo estaba premeditado con infamia, en Valle de La Pascua esperaron la llegada de la noche, fue separado de sus dos compañeros que lo acompañaban, no podía haber testigos y la caravana de la muerte siguió el oscuro camino. Aproximadamente -señalan sus biógrafos- a eso de la 1:30 de la madrugada del 11 de junio -tal día como hoy- después de haber recorrido unos 6 kilómetros se detuvieron en un paraje sombrío conocido como “Cueva de El Tigre” de la carretera de los Llanos, para cumplir la abominable orden a sangre fría. El verdugo irrumpió el silencio pronunciando en fatídica frase: “Prepárate, Pinto Salinas, que llegó tu hora”; seguida de una respuesta valiente, firme y decidida: “Estoy preparado desde ayer”(5) y las ráfagas de las metralletas no se hicieron esperar para acallar la voz del poeta y sembrar su cuerpo en la lacerada tierra venezolana. Su vil y cobarde asesinato fue uno de los crimines más horrendos de la dictadura. Antonio José Pinto Salinas “El Abel de la Resistencia” murió en la flor de la vida a los 38 años, 5 meses y 4 días de una existencia útil. Su vida heroica fue un dechado de virtudes. Antes vio morir, con diferencia de meses a sus compañeros, coterráneos y fraternos amigos: el capitán Wilfrido Omaña el 24 de febrero y Alberto Carnevali el 20 de mayo de 1953. A la muerte de Carnevali, Pinto Salinas llevó todo el peso de la Secretaria General del partido -aunque oficialmente no la ejerció-, por eso se acentúo su persecución y la dictadura le puso precio a su cabeza que era las más visible.

Antonio Pinto Salinas presintió su muerto o vivió consciente que ese era el destino que le esperada, cuenta Don Rigoberto Henríquez Vera en sus múltiples escritos sobre el mártir y poeta, que 22 días antes de su asesinato cuando en compañía del Dr. Simón Alberto Consalvi preparaban el manifiesto de AD ante la muerte de Alberto Carnevali, les reveló: “Tengo el convencimiento que la próxima víctima seré yo”, tres días antes, estando en el refugio clandestino le obsequio algunos de sus poemas copiados a máquina y le dijo: “¡Hermano! ¿Te has dado cuenta que muchos de mis poemas hablan de muerte?”, refiriéndose de manera especial a su poema Oración a tu amor, donde expresa premonitoriamente: “y por mis huesos que caerán mañana/ hasta la muerte quiere que te quiera” y el día de su trágico final al ser separado de sus acompañantes les manifestó: “Tengo la firme convicción de que voy a ser asesinado. Si alguno de ustedes logra salir con vida, le suplico llevarle mi último pensamiento a mi madre y hermanos. A los compañeros en la lucha que no desmayen un instante; yo sólo represento una cifra cuya eliminación no tiene importancia” y en su última carta a Rómulo Betancourt fechada, fechada en Caracas el 6 de marzo de 1953, le escribió: “…Es bueno ratificarte que el momento que acá vivimos es el más espantoso y la etapa más terrible después de la cuartelada que nos derrocó. Están sitiadas o presas las familias de los altos dirigentes. Ordenes categóricas de no llevarnos vivos, sino cadáveres. …estoy resteado y convencidamente conforme” No por eso dudo de su compromiso con Venezuela ni huyo de su destino histórico. Pareciera que, aunque en circunstancias muy diferentes la historia se repite con los asedios y las ordenes de hoy.

Sirvan los testimonios de sus contemporáneos y de quienes se han ocupado de estudiar y escribir sobre su vida, obra y legado para valorar de manera múltiple la personalidad Antonio Pinto Salinas.

El Maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa al elogiarlo en Trujillo en 1961 expresó: “Su arma más peligrosa era su espíritu y ese le acompañaba siempre; sus armas más eficaces eran su voluntad de servicio y su deseo de realizar la transformación de este país y no podía olvidarlos, los llevaba siempre por dentro” (En: Antonio Pinto salinas. Militante y poeta, vida y acción. 1984, p. 21)

Su biógrafo, el Dr. Rigoberto Henríquez Vera, lo inmortalizó en frases consagratorias: “…tal fue su obra proyectada con generosidad de espíritu cívico como lección y como ejemplo de dignidad ciudadana. (…) Por siempre vivirá Pinto Salinas en lo más íntimo de la conciencia nacional, porque su vida y su gesto heroico echaron profundas raíces en lo más fértil y noble de la patria de Bolívar” (Antonio Pinto salinas. Poeta, combatiente y mártir. En: Molde Heroico. 1976, p. 97)

El Dr. Domingo Alberto Rangel, nos lo presenta como un faro de esperanza: “Su espíritu será siempre un camino abierto, lleno de luces, que animará los pasos del pueblo en la hora incierta de las expectativas” (En: Prólogo del libro Símbolos de la resistencia… de Rigoberto Henríquez Vera. 3ra. edición 1976, p. 9)

J. G. Guerrero Lobo señaló que: “La sangre caliente del poeta que mojó la yerba seca del llano ha inundado toda le geografía nacional, y hoy lo encontramos como semilla del cafeto florido de Santa Cruz de Mora, en barrios, plazas, escuelas, liceos, como las flores prestan su belleza a los hombres y los instrumentos legendarios, que simbolizan la música del campo y el trinar de los pájaros” (In memoria al poeta Antonio Pinto Salinas, https://enelvigia.com.ve/ 04/10/2016)

Refiere su paisano Silver Eliezer Gutiérrez, que “Pinto Salinas el poeta militante como lo llamara su fraternal amigo el Dr.  Edilberto Moreno, sucumbió a las más sombrías manifestaciones de la felonía. Aquel hombre de fino verbo; de pedagógica, elocuente y limpia oratoria, Cuentista de hermosa prosa, culto, un poeta que serenaba el discurso, lo embellecía con sus versos provincianos, lo impregnaba con una solemnidad casi eclesiástica, todo generosidad y pulcritud, un verdadero paladín de noble superación espiritual” (A 70 años del vil asesinato del poeta de la ternura infinita Antonio Pinto Salinas, Portal web aporrea, 11/6/2023)

Para Orlando Oberto Urbina: “Antonio Pinto Salinas parece haber quedado para el olvido, porque quienes hoy asumen la política le han dado una versión de pos verdad a la lucha con una dirigencia arrogante y sin orientación definida en el campo de las batallas políticas de nuestro tiempo, donde a sus dirigentes hay que sacarlos con lupa, porque muchos se corrompen a mitad del camino” (Antonio Pinto Salinas: vida y lección de un poeta militante de la vida, Frontera, 2023)

En extenso artículo publicado en camaradecaracas.com, un autor anónimo, señala que: “El asesinato de Pinto Salinas, como el de muchos otros venezolanos sacrificados cobardemente por la tiranía, debe tener para las generaciones del presente y del porvenir ̶ ya lo hemos dicho otras veces ̶ el categórico acento de una irrenunciable determinación cívica de impedir por siempre el ominoso retorno a nuestra tierra, de regímenes signados por la barbarie y la opresión” (Pinto Salinas murió acribillado a la edad de 38 años - Parte II)

Por su parte, el poeta Luis E. Berbesi concluye su novela inédita ¡Matamos a Pinto Salinas! con frase que delata y nos recuerdan a los autores intelectuales de su crimen: “En la conciencia negra de aquel hombre con el cargo de Director de la Seguridad Nacional se elaboró rápidamente la frase con la cual comunicaría la novedad al Presidente Constitucional de Venezuela: “¡Orden cumplida!, Mi general. ¡Matamos a Pinto Salinas!” 

 

Y para quien suscribe, la muerte anunciada de Antonio Pinto Salinas privó al país de un gobernante de bien, apegado a la justicia y a un poeta del amor infinito. Murió creyendo firmemente en su causa de redención social, vertical en su postura ideológica. Murió estoicamente en buena lid y su ejemplo debe servir de espuela a la juventud dormida de hoy. ¡Cuánta falta nos hace un Pinto Salinas en la Venezuela actual!

 

Néstor Abad Sánchez

Centro de Saberes de Tovar, junio 11, 2025

nestorabadsanchez@gmail.com

 

Notas:

 

(1)   AGEM Traslado Registro Subalterno Tovar Parte II (1855-1879) fols. 39-40)

(2)   AGEM Traslado Registro Subalterno Tovar Parte I (1779-1854) fol. 34)

(3)   María Isabel “Mery” Salinas Rojas era hija de legitima de Fabián Salinas y Filomena Rojas, quien a su vez era hija del general Manuel Rojas Luzardo (n. Barinas 1831 - m. Boconó, Trujillo 14/10/1903) precursor de la revolución de independencia de República Dominicana con el famoso “Grito de Lares” el 23 de septiembre de 1868.

(4)   "Venezuela, Arquidiócesis de Mérida, registros parroquiales y diocesanos, 1654-2015", FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:VN5Q-CY3 : Sat Mar 09 11:22:08 UTC 2024), Entry for Antonio José Pinto Salinas and Leonidas Pinto, 20 Feb 1915.

(5)   Rigoberto, Henríquez V.: Cultores y forjadores merideños. Perfiles de los ausentes. Publicaciones RIHEVE, Centro Editorial LITORAMA, c.a., Mérida, 2001. p. 198.





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