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Alberto Adriani en tiempo y pensar por Orlando Oberto Urbina

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Por Orlando Oberto Urbina


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En el estado Mérida existe un municipio que lleva el nombre de este coterráneo. Dicho municipio corresponde a la ciudad de El Vigía, y lleva el nombre del ilustre venezolano Alberto Adriani, quien se destacó por su preocupación como investigador de temas de prevalencia nacional. Adriani era economista, e hizo estudios en Caracas y Ginebra. Fue un hombre pensante sobre el desarrollo del país de aquella época, pues veía la recuperación de la Europa de la primera guerra mundial, y afirmaba que se podían aplicar algunas de esas soluciones a la Venezuela que sufría el gran atraso social, económico y político debido a los últimos lastres de la Venezuela agraria.

Su amigo Arturo Uslar Pietri, al referirse a Alberto Adriani, decía: “Puesto sobre el mapa de nuestra población y nuestra economía, [Adriani] afirmaba casi con voz profética:  a veces los pueblos que han sufrido y se han destruido mucho como el nuestro, tienen un minuto para recobrarse y adquirir un turno histórico”. El político, nacido en Zea, tenía un pensamiento de avanzada y lleno de muchas expectativas; motivo por el cual el ilustre intelectual merideño Mariano Picón Salas, expresaba “para mejorar el bienestar social, para recuperar las pérdidas causadas por la guerra, para aplacar la lucha social, será necesario entre otras reformas, sustituir la economía anárquica del capitalismo por una economía orgánica”.

Este venezolano e ilustre pensador cuya preocupación por el desarrollo de Venezuela fue vida raigal, fallece muy joven a los 38 años el 10 de agosto de 1936. Había nacido en Zea el 14 de junio de 1898. Fue en su breve paso un esclarecido hombre de nuestra república proveniente de padres emigrantes italianos. Sus padres fueron José Adriani y María Mazzei, quienes se residenciaron en Zea desde 1890.

Este pensador merideño Alberto Adriani era un apasionado de la lectura y la investigación; se distinguió por su talento y disciplina. Sus observaciones y criterios eran expresados con claridad inobjetable, el cual analizaba el acontecer del mundo que vivía, y lo que dejaba la primera guerra mundial que sacudía a Europa. La agudeza y la perceptible mirada de  Alberto Adriani sobre estos acontecimientos lo llevan a tener un criterio agudo,  responsable  y honesto sobre cómo hacer avanzar el país.

Alberto Adriani se caracterizó por ser un hombre con una visión clara y objetiva sobre el desarrollo y modernización del país. Se desempeñó en el Ministerio de Hacienda bajo el gobierno de Eleazar López Contreras. En cierta ocasión, decía que “trabajar, planificar y evitar la politiquería” eran los elementos esenciales para lograr un país próspero. Sostenía que todo estaba en la agricultura y en el desarrollo de la tierra, pues “La agricultura y la cría son hoy, y serán mañana las bases de la prosperidad y grandeza del país”. 

Esa visión de Alberto Adriani es la que muchos hombres y mujeres del campo han esperado para transformar a Venezuela, ya que los campos de nuestro país pueden producir una variedad de rubros agrícolas; y en la producción pecuaria, Venezuela no debería depender tanto del petróleo y darle más apoyo al sector agropecuario. Fueron tan esenciales sus ideas sobre el país que dejó su huella imborrable. A Adriani se le considera el quinto reformador en la hacienda pública venezolana, y se le señala como continuador de aquellas tareas llevadas a cabo por José de Ábalos, Santos Michelena, Francisco Pimentel y Román Cárdenas. Adriani, adelantadísimo economista, siempre procuró grandes reflexiones y meditaba mucho sobre las circunstancias en que vivía Venezuela bajo el yugo de Juan Vicente Gómez.

Es posible que Adriani haya tenido premoniciones sobre su muerte. Aunque Alberto Adriani no publicó libros, pero sí fue un gran pensador, se dice que en sus cuadernos de notas había escrito: “todo el mal de mi vida lo constituye el tiempo que vuela y que envejece, y el temor de que esta vida se prologue y al prolongarse me vuelva filisteo, pero me someto al destino”.

El 19 de abril de 1936, el presidente Eleazar López Contreras le concedió a Alberto Adriani un lugar en el Ministerio de Hacienda. “En el sillón de aquel despacho, después de Santos Michelena, no se había sentado otro hombre más capaz “, afirmaba su amigo Arturo Uslar Pietri. Lo definía en su faceta de hombre entregado a su trabajo: pasaba más de dieciocho horas en su despacho; era un hombre de reciedumbre romana. Fue el fatídico 10 de agosto de 1936, cuando lo va a sorprender la muerte en una de las habitaciones del “Hotel Majestic” en Caracas de un infarto, lo cual causó un impacto terrible por la pérdida inexplicable de un hombre joven que había hecho grandes aportes a Venezuela, y aún tenía mucho por hacer.

Hoy a ciento veinte y siete años de su muerte, vemos al país que tantos aportes dio, con una economía que todavía llevamos a cuesta los venezolanos. Las universidades presentan grandes desafíos en esta hora menguada en la que aún no se ve la luz del proyecto transformador de Alberto Adriani para Venezuela.

Alberto Adriani, tempranamente formado académicamente en Mérida, Caracas y Ginebra, fue un destacado economista y estudioso de la diversificación económica del país, en contraste con quienes aupaban la dependencia del petróleo. Entre las propuestas más desatacadas de Adriani se incluyen la inversión en la educación, la reforma agraria y la promoción de la participación ciudadana, así como la creación de un sistema de carreteras modernas. “Sembrar el petróleo” es la famosa frase que muchos le acuñan a su amigo Uslar Pietri, pero es de Alberto Adriani, y en ésta se hacía referencia a la necesidad de redistribuir y auditar las entradas multimillonarias por la extracción del petróleo, que en esa época empezaban a inundar abundantemente las cajas del gobierno. Adriani afirmaba que éstas no debían ser desperdiciadas en enriquecer solamente un grupo de políticos y empresarios oligarcas. De eso se trataba sembrar el petróleo, dicho por este ilustre merideño.

Hoy, a sus ciento veinte y siete años de su desaparición física, es de mayor transcendencia su estudio sobre sus ideas y propuestas que hizo, y que hoy siguen teniendo una gran vigencia.





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