Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:10 pm
"El abogado tendrá derecho a percibir
honorarios por los servicios profesionales que preste, los cuales serán fijados
de acuerdo con la importancia del asunto, el tiempo empleado, la cuantía del
litigio y la capacidad económica del cliente."
— Artículo 2 del Código de Ética Profesional del
Abogado Venezolano
Es un escenario que desafía toda lógica y razón,
pero lamentablemente no es tan infrecuente como quisiéramos. Imaginar que
alguien exige un vehículo en un concesionario sin pagar, bajo el pretexto de
que la adquisición de un bien genera un gasto, es tan absurdo como la realidad
que enfrentan muchos abogados. Cuando un familiar de una persona privada de
libertad, imputada o acusada de un delito, amenaza de muerte a un profesional
del derecho por el hecho de tener que vender una propiedad para cubrir los
gastos esenciales del proceso penal, estamos ante una manifestación extrema de
una profunda distorsión de la realidad y una incapacidad para asumir la
responsabilidad inherente que les concierne. Es su problema, y es su obligación
buscar los recursos para resolverlo.
La Lógica Invertida: El Origen de la Agresión
En la mente de la persona que profiere la amenaza,
opera una lógica invertida y totalmente perversa. Lejos de comprender que la
necesidad de vender un bien es una consecuencia directa de la imputación o
acusación de un crimen y de la decisión de contratar a un abogado privado (en
lugar de recurrir a la defensa pública), esta persona percibe la situación como
un ataque personal y una expoliación ilegítima de su patrimonio.
Para este individuo, el abogado se convierte en el
chivo expiatorio, el causante de su "desgracia económica". No
conciben que los gastos judiciales son inherentes al proceso penal y que la
venta de la propiedad es una medida para afrontar esas costas. En su lugar, se
creen víctimas de una injusticia perpetrada por el sistema legal y, en
particular, por el letrado que, desde su perspectiva, está
"exigiendo" un pago por algo que, en su mente enferma, no debería
costearse.
Factores que Alimentan la Irracionalidad
Varias pueden ser las razones que propician esta
escalada de irracionalidad:
Negación y Proyección: La persona se niega a
aceptar la culpa o la responsabilidad del familiar imputado, proyectando su
frustración y rabia hacia el abogado. Es más fácil culpar a un tercero que
confrontar la dura realidad de las consecuencias de un crimen.
Ignorancia Deliberada de la Realidad Legal: Una
flagrante falta de comprensión de cómo funciona el sistema judicial y de los
costos asociados a un proceso penal puede llevar a la creencia errónea de que
los servicios legales deberían ser "gratuitos" o, al menos, no tan
costosos.
Sentimiento de Injusticia: Aunque la injusticia
real es el crimen cometido, el agresor se siente "víctima" de un
sistema que, según él, lo obliga a desprenderse de un bien tan preciado como
una casa familiar. Este sentimiento de injusticia personal, aunque infundado,
es muy potente y puede desencadenar reacciones violentas.
Desesperación y Estrés: La situación de tener a un
familiar imputado en un proceso penal es, de por sí, extremadamente estresante.
La presión económica añadida puede llevar a un punto de quiebre, donde la
frustración se canaliza de la peor manera posible.
Patrones de Pensamiento Distorsionados: En algunos
casos, puede haber subyacentes patrones de pensamiento patológicos o trastornos
de la personalidad que impiden a la persona razonar de forma coherente y
empática. La amenaza de muerte es el punto culminante de esta distorsión.
La Absurda Culpabilización: Los Gastos Legales y la
Responsabilidad del Imputado
Es fundamental ser tajante y claro: los gastos de
un proceso penal, especialmente cuando se opta por una defensa privada,
conciernen exclusivamente a la persona imputada y a sus familiares. El abogado
privado no tiene, bajo ninguna circunstancia, la obligación de soportar esos
costos. Su función es ofrecer un servicio profesional de defensa, que implica
un conocimiento técnico especializado, dedicación de tiempo y el seguimiento
meticuloso de cada fase procesal.
Cuando un familiar amenaza a un abogado por tener
que vender una propiedad para sufragar los gastos legales, demuestra una
incomprensión profunda y peligrosa de la realidad. No solo ignoran el
funcionamiento básico de la justicia, sino que invierten la carga de la culpa
de manera grotesca. El abogado no es el responsable de que exista un proceso
penal, ni de los gastos que este genera; la responsabilidad recae en la persona
que ha sido imputada o acusada de un crimen.
Es una aberración lógica creer que el letrado es el
culpable de que se tenga que disponer de un patrimonio. El abogado, en su rol
profesional, está trabajando arduamente para buscar la libertad de la persona
imputada o acusada, para ejercer todos los recursos legales disponibles y para
estar permanentemente pendiente de cada incidencia del caso. Esto no es una
labor que pueda realizarse de forma gratuita. Requiere recursos, tiempo y una
dedicación constante, incluyendo las litisexpensas que son vitales para el
avance del proceso.
La Ingratitud Inconcebible: Abogados Amenazados por
Su Trabajo
Aquí radica el punto más inaudito y grotesco: ¿cómo
es posible que, a pesar de que el abogado, en un gesto de consideración y
empatía por la precariedad económica de la familia, se abstiene de solicitar el
pago que legítimamente le corresponde por sus servicios, no solo sea amenazado
de muerte, sino que se le exija trabajar en una suerte de coacción?
Esto es inconcebible, inaudito y absolutamente
fuera de toda lógica. La idea de que alguien pretenda que un abogado invierta
su conocimiento, experiencia, tiempo, y sufrague los costos de traslados,
redacción de documentos y todas las incidencias de un caso penal de manera
gratuita, bajo amenaza, es una perversión de la justicia y una muestra de la
más crasa ingratitud.
No solo se les está exigiendo que asuman los gastos
inherentes al proceso penal, sino que también se les recrimina por vender una
heredad familiar, cuando es la única vía para costear la defensa que ellos
mismos solicitaron. El hecho de que se trate de un pago mínimo, o incluso de
que el abogado haya tenido una relación de amistad con la familia, hace la
amenaza aún más repugnante.
La Complicidad de la Desinformación Familiar y la
Pretensión de la Esclavitud: Un Gesto de Criminalidad Injustificable
Y aquí llegamos a un punto crucial: a menudo, la
rabia y la amenaza no surgen únicamente de la mente distorsionada del agresor.
Es alarmante constatar cómo los familiares han contribuido activamente a esta
peligrosa narrativa, brindando información distorsionada o directamente falsa a
la persona que amenaza al abogado.
Quizás, con el fin de justificar que ellos mismos
hayan dispuesto de parte del dinero para otros fines, o simplemente por una
profunda ignorancia y desidia, han inculcado en la mente de este individuo la
idea de que "se gastó todo en el abogado", presentando al profesional
como el único causante de su "desgracia económica". Al no explicar
con claridad la necesidad de los gastos procesales y el rol crucial del
abogado, sino más bien culpabilizarlo de forma sesgada, los familiares se
convierten en cómplices de la ira desmedida. Han alimentado una ficción donde
el abogado es el victimario y ellos, o su allegado, las víctimas de un supuesto
abuso financiero.
Resulta aún más aberrante observar la maraña mental,
la perturbación o la conciencia sucia de este familiar que pretende tener a un
abogado como un esclavo. ¿Qué fantasmagoría le permite endilgarle al defensor
la responsabilidad de que su propio pariente esté sometido a un proceso penal?
Es una perversión absoluta de la verdad: la culpa de que el familiar esté
imputado o acusado de un crimen no es del abogado. La culpabilidad emana del
crimen cometido.
Esta actitud no solo es desconsiderada y absurda,
sino que roza la paradoja. Pareciera que este familiar, lejos de querer que su
ser querido logre su libertad, estuviera insultando o arrebatando algo con su
amenaza, descargando su propia frustración y resentimiento sobre el
profesional. Es como si el abogado fuera el culpable de que exista la justicia
o la necesidad de una defensa, desviando la atención de la verdadera causa del
problema.
Y es vital ser enfáticos: justificar este
"berrinche criminal" bajo la excusa de la impulsividad o el
"desahogo" es inaceptable y constituye un grave error. No se puede,
bajo ningún concepto, equiparar una amenaza grave a una simple rabieta. Es como
cuando los cuerpos de seguridad del Estado, tras una violación de derechos en
un domicilio, intentan justificar al perpetrador diciendo "es un loquito,
él siempre hace esas cosas". Esta excusa es inverosímil y peligrosa. La
amenaza de muerte, ya sea verbal, por escrito o en un mensaje de WhatsApp, es
un delito en sí mismo, un gesto de criminalidad que merece ser repudiado y
sancionado. No es un simple "desahogo", es un acto criminal que
atenta contra la integridad y seguridad de un profesional que solo cumple con
su deber. Pretender que el abogado deba aceptar esta violencia y trabajar
gratis por ello es una pretensión que revela una mente profundamente perturbada
y peligrosa.
La Culpa Trasladada: El Injusto Cargo al Abogado
Actual y el Efecto Desmotivador
Lo más desproporcionado de esta situación radica en
la ceguera de estos familiares. El dinero "perdido" o invertido en la
venta de su patrimonio no fue entregado al actual abogado. Ese capital,
dolorosamente obtenido, se destinó a profesionales anteriores que, por diversas
razones, no lograron la libertad del familiar. Ahora, de forma completamente
injusta y alarmante, la frustración y el resentimiento acumulados por esos fracasos
pasados se descargan sobre el nuevo abogado.
Este profesional, quien se ha incorporado con
diligencia y compromiso, ascendiendo a la "cresta de la ola" de la
defensa, es el que ahora sufre las consecuencias de las malas experiencias
previas de la familia. Quieren, de alguna forma, "cobrarse" en el
abogado actual lo que no pudieron recuperar de los anteriores, sin entender que
él no tiene responsabilidad alguna por gestiones pasadas. Esta es una
manifestación de una irracionalidad que, en lugar de beneficiar al familiar
imputado, solo logra que el abogado se sienta coaccionado y atado a conseguir
un resultado, y lo que es peor, que considere seriamente abandonar el caso.
El hecho de que los familiares actúen como
ignorantes o analfabetas ante los costos y gastos judiciales, siendo un proceso
penal donde la libertad de una persona está en juego, y que además, hayan
buscado un profesional de calidad, no a un recién egresado o de una universidad
de dudoso prestigio, agrava la situación. Demuestra una doble moral: quieren la
mejor defensa, la máxima calidad, pero al verse en la necesidad de cumplir con
su parte económica, intentan forzar al abogado a trabajar sin la compensación
adecuada.
Crucialmente, la decisión de vender su casa
familiar o heredad fue su propia iniciativa, su elección espontánea. El abogado
no propuso ni sugirió tal acción. Ellos se presentaron ante el abogado y le
comunicaron: "Vendimos esta casa para cubrir los costos del proceso
penal". El abogado no tuvo participación alguna en esa decisión. Esto hace
que su comportamiento actual sea aún más desconsiderado e injusto.
Este tipo de actos no solo atenta contra la
integridad física y moral del abogado, sino que mina por completo su entusiasmo
y la alegría que tenía al asumir la defensa del familiar. Se encuentra, de
repente, inmerso en una situación que lo hace sentir rodeado de
"locos", "desquiciados" o "psicópatas", perdiendo
toda motivación para continuar su crucial labor. Es un golpe devastador para la
moral del profesional y una grave afrenta al estado de derecho.
La Psique en Conflicto: Proyección, Negación y
Sesgos Cognitivos
La pretensión de cobrarse la frustración o la rabia
en el abogado que actualmente defiende al familiar, por el simple hecho de que
este último está acusado de un delito, es un comportamiento ilógico y absurdo
que tiene profundas raíces en la psicología. No se trata de un
"síndrome" psiquiátrico específico para esta situación, pero sí es
una manifestación clara de varios mecanismos de defensa y sesgos cognitivos
desadaptativos:
Proyección de la Culpa: Los familiares proyectan su
propia frustración, impotencia y la eventual culpa derivada de la situación
legal de su ser querido sobre el abogado. Es más fácil atribuirle al defensor
la responsabilidad por los "gastos" y el "sufrimiento"
económico, que enfrentar la dura realidad de que la fuente original del
problema es la imputación de un crimen a su familiar y la necesidad de costear
una defensa. El abogado se convierte en el depositario de la ira y el
resentimiento que no pueden dirigir hacia la persona imputada o hacia la propia
situación judicial.
Negación de la Responsabilidad: Al buscar
justificaciones externas y culpar al abogado, los familiares evitan reconocer
su propia responsabilidad en la búsqueda de recursos y, más profundamente, la
responsabilidad del familiar por los hechos que originaron el proceso. Se
niegan a aceptar las consecuencias inherentes a un proceso penal de esta
magnitud.
Desplazamiento de la Ira: La rabia que deberían
sentir hacia la situación judicial, o incluso hacia el familiar imputado (por
los actos que los llevaron a esta situación), es "desplazada" hacia
el abogado, un blanco más accesible y, desde su percepción distorsionada,
"culpable" de su actual apremio económico.
Sesgo de Atribución Defensiva: Este sesgo cognitivo
se manifiesta al atribuir la causa de un problema a otros (el abogado, el
"sistema") para proteger la propia vulnerabilidad y evitar la
angustia de pensar que situaciones similares podrían ser incontrolables o
afectarles directamente. Al culpar al abogado por los gastos imprevistos, se
desentienden de la necesidad y justificación de los mismos.
Este patrón de comportamiento es una forma de
autoengaño y una evasión de la realidad. Pretender que el abogado, que está
luchando por la libertad de su ser querido, deba asumir las frustraciones y los
costos generados por una situación ajena a su voluntad, es una distorsión moral
y psicológica que pone en peligro la relación profesional y, en última
instancia, la propia defensa del imputado.
La Sospecha de la Malicia: ¿Un Juego Sucio con
Fines de Condena?
Además de los mecanismos psicológicos antes
mencionados, es crucial considerar una posibilidad aún más oscura y
perturbadora: ¿podría la actitud de este familiar, de "hacerse el
loquito" y amenazar al abogado con el pretexto de los gastos, ser en
realidad una estrategia deliberada para sabotear la defensa? Es posible que
exista una rencilla familiar subyacente, un resentimiento o un interés oculto
en que el familiar imputado sea condenado.
Al disfrazar la situación como un conflicto por la
"pérdida de la heredad", este individuo podría estar intentando
indisponer al abogado, desmotivarlo, o incluso forzar su renuncia para que la
defensa se debilite y el familiar reciba una sentencia condenatoria. Esta
maniobra maquiavélica busca crear un ambiente hostil, presionando al
profesional para que abandone el caso, lo que dejaría al imputado en una
posición vulnerable. La excusa de los "gastos" y la
"locura" sería entonces una fachada para un objetivo mucho más
siniestro: la condena del propio familiar. Si esto fuera así, la amenaza de
muerte no sería un mero "desahogo", sino parte de un plan malicioso
para perjudicar al imputado a través de la desestabilización de su defensa
legal. La repugnancia de esta conducta reside en su doble engaño: victimizarse
financieramente para, en el fondo, buscar un resultado penal adverso para su
propio familiar, un acto de traición y crueldad inaceptable.
"El abogado tendrá derecho a percibir
honorarios por los servicios profesionales que preste, los cuales serán fijados
de acuerdo con la importancia del asunto, el tiempo empleado, la cuantía del
litigio y la capacidad económica del cliente." — Artículo 2 del Código de
Ética Profesional del Abogado Venezolano.
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