La Universidad de Los Andes y su proyección en la ciudad de Mérida a través de la cultura por Alí Enrique López Bohórquez (*)
Teatro César Rengifo
La Ley de Universidades de 1970 señalaba en su Artículo 3º que las
Universidades “…debían realizar una función Rectora en la educación, la cultura y la ciencia. Para cumplir esa función,
sus actividades se dirigen a crear, asimilar y difundir el saber mediante la investigación y la enseñanza; a
complementar la formación integral iniciada en los ciclos educacionales
anteriores; y a formar los equipos profesionales y técnicos que necesita la Nación para su desarrollo y
progreso.” En anteriores legislaciones esos deberes y funciones se señalaron de
manera directa e indirecta, cumplida mayormente las referidas a la docencia y la investigación, conducente las mismas al egreso de profesionales en
los distintos campos del conocimiento científico y humanístico. Mientras que lo
concerniente a la difusión de los saberes adquiridos con proyección social
todavía no ha logrado desarrollarse de la manera que la ley exigía, en lo que
respecta a lo establecido en el Artículo 2º, en cuanto a la tarea de
“…colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria
en el esclarecimiento de los problemas nacionales.”
Erróneamente se ha considerado que cumplir con
la enseñanza, la investigación y la formación de profesionales, lo cual es muy
importante, son hechos suficientes para justificar la existencia de las
Universidades. Sin la comprensión todavía de que también la “solución” y el “esclarecimiento”
de los problemas de la sociedad venezolana forman parte de sus deberes. Ello a
través de la proyección y aplicación de los conocimientos de manera institucional,
y no solamente como parte de la función del egresado en el ejercicio de sus
respectivas labores públicas o privadas. Esa “proyección y aplicación de
conocimientos con sentido social” conforma una tercera función de las
Universidades: la extensión, como
expresión final de la enseñanza y de la investigación.
De lo que se trata, entonces, es de la
interacción de la
Universidad con el Estado -en sus distintos niveles- y las Comunidades organizadas, así como con entidades privadas,
para la solución de problemas y necesidades de la sociedad de manera científica
o técnica en asuntos económicos, sociales, educativos, sanitarios, forestales, territoriales,
geográficos, jurídicos, legislativos, políticos, culturales, históricos,
humanísticos en general, deportivos y recreacionales, etc. Pero ocurre que
dicha extensión se ha entendido más en lo cultural
que en cualquiera de esas otras áreas, con excepcionales realizaciones en el
tiempo. Por otro lado, la histórica confrontación de las Universidades con los
distintos Gobiernos del país, particularmente a partir de 1960, ha impedido acuerdos
sistemáticos y constantes para el logro de la colaboración, como señala la Ley de Universidades vigente,
insistimos: “…en la orientación de la vida del país mediante su contribución
doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales.”
En el caso de la Universidad de Los
Andes, si bien el aspecto de la docencia está evidentemente aplicado y
definido, aunque parcialmente estudiado, lo referente a las funciones de investigación y de extensión todavía esperan
la concreción de una política rigurosa y planificada para cumplir con la
exigencia de dicha ley universitaria. Cada una de esas funciones puede ser estudiada
desde una perspectiva histórica. Pero, como señalamos, el concepto de extensión
de la ley ha sido mal entendido o mal interpretado, pues se ha manifestado
mayormente como un problema cultural,
cuando de lo que se trata es de proyectar los conocimientos estudiados o
creados en la ULA
en la sociedad andina en la que desarrolla sus actividades, con la finalidad de
dar cumplimiento a los deberes legalmente estatuidos.
No es a esa exigencia legal de manera general a
la que vamos a referirnos en esta crónica, sino a reseñar lo concerniente a la
extensión, particularmente a la intervención de la Universidad de Los Andes
en la ciudad de Mérida en lo que concierne a la cultura, advirtiendo que es un
hecho no estudiado y que podría ser objeto de análisis e interpretación por los
especialistas en esa área.Sin embargo,
la investigación sobre el desarrollo histórico sobre la ULA que hemos realizando desde
1996 nos permite hacer algunos señalamientos, dispersos en el tiempo, para evidenciar
que también esta institución, en el aspecto cultural, ha tenido una participación
activa en determinados momentos. La revisión de las fuentes documentales del
siglo XIX permite advertir que la institución se desenvolvió particularmente en
su tarea de enseñanza. Son muy escasas las referencias a la realización de
actos públicos, que no fueran los relacionados con el rendimiento de los
exámenes, lectura de las respectivas tesis de grado y otorgamiento de títulos,
en los que debían participar los reducidos miembros de la comunidad
universitaria, y a los que podían asistir familiares de los estudiantes y gente
del común, excepto a eventos propios del instituto, mediante invitación que se
hacía por la prensa local.
Es a finales
del siglo XIX cuando se advierte una preocupación por la realización de actos
en la Universidad
con participación de la sociedad merideña, con una mayor presencia de su élite.
Ello tiene lugar, fundamentalmente, durante el rectorado de Caracciolo Parra y
Olmedo (1887-1900) con las celebraciones de diversos centenarios para honrar la
memoria de hombres y hechos significativos de la historia local y nacional. Nos
referimos, por ejemplo, en 1881
a Andrés Bello, en 1883 a Simón Bolívar, en 1886 a José María Vargas, en
1888 a
Antonio Rangel, en 1895 a
Antonio José de Sucre, a José Gregorio Monagas yFrancisco de Miranda en 1896. Los discursos
de aquella autoridad universitaria fueron verdaderas lecciones de historia que
tuvieron repercusión en la ciudad, por los comentarios que se hicieron tanto en
la prensa como en lugares públicos. Nos adelantamos en el tiempo para destacar
la conmemoración del primer centenario de la Universidad de Los
Andes, los días 21 y 22 de septiembre de 1910, por disposición del Rector Ramón
Parra Picón. El discurso de Gonzalo Picón Febres y la conferencia de Caracciolo
Parra Pérez, además de haber causado mucha impresión a los asistentes, siguen
siendo textos de obligada consulta para los que incursionan sobre los temas que
trataron. El desfile con la participación de la sociedad merideña a lo largo de
los estrechos límites de la ciudad, el alumbramiento y adorno de sus calles,
las amenidades musicales de esos días y la cena colectiva a que fueran
invitados sus habitantes, tuvieron mucho impacto y se recordaron por mucho
tiempo, pues nunca antes había tenido lugar una festividad como la ocurrida
entonces.
Mención
particular merecen las “Conferencias Públicas” instauradas durante el Rectorado
de Juan Nepomuceno Pagés Monsant (1904-1908), no solamente por su realización
en el Salón de Actos Públicos de la Universidad, en el hoy Teatro César Rengifo, con
la asistencia de diferentes sectores de la ciudad, sino también por su
publicación en la Gaceta Universitaria y en
periódicos locales. Conferencias continuadas por los Rectores Ramón Parra Picón
(1909-1917) y Diego Carbonell (1917-1920). Esta última autoridad le dio una
importancia particular a las conferencias dadas por profesores y estudiantes,
buscando que tuvieran una proyección cultural en los habitantes de Mérida.
Fueron ocho en total, leídas por el Dr. Enrique María Dubuc, el Br. Mariano
Picón Salas, el Dr. Francisco Valeri, el Obispo Antonio Ramón Silva, el Dr.
Roberto Picón Lares, Mario Briceño Iragorry, el Dr. J. A. Gonzalo Salas, y por
el propio Dr. Diego Carbonell. Al decir de Briceño Iragorry: “Ello fue un
torneo de la cultura y en los solemnes actos que pudieron realizarse, se
lograron tres cosas: hacer trabajar a los intelectuales, proporcionar actos de
culto esparcimiento a la sociedad y recabar fondos para la realización de un
gran proyecto filantrópico, obra exclusiva de Carbonell, el Hospital Canónigo
Uzcátegui. De la importancia de esas Conferencia, no sólo habla la prensa de
país, sino también la extranjera, que la consagró por medio de estudios
críticos de hombres notables, quienes dieron a la Gaceta Universitaria
preeminencia y puesto de honor entre lo bueno, literario y científico, que ve
la luz pública en Venezuela. Y es que el Dr. Carbonell ha hecho del simple
periódico docente que antes era la Gaceta Universitaria, una revista de hasta cien
páginas, donde junto a la labor personal y oficial del Rector, se halla la
colaboración de los más notables representantes del pensamiento andino.”
En las
conmemoraciones del centenario de la Independencia de Venezuela, celebrados en Mérida
en 1910 y 1911, miembros de la comunidad universitaria tuvieron una destacada
actuación, con discursos y conferencias, siendo notable la intervención del
profesor Tulio Febres Cordero, no solamente con sus disertaciones, sino también
en la organización de eventos específicos. De igual manera ocurrió en 1930
cuando se rememoró el centenario de las muertes del Libertador Simón Bolívar y
del Gran mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. En 1935, al cumplirse los
150 años de la creación del Real Colegio Seminario Conciliar de San
Buenaventura de Mérida, la
Universidad de Los Andes participó en los actos programados
por la Iglesia
de Mérida con un discurso del rector Roberto Picón Lares, a los que asistieron
no solamente estudiantes universitarios y seminaristas, sino también una buena
representación de distintos sectores de la sociedad merideña. El siguiente
programa universitario de proyección cultural en la ciudad correspondió a la
época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez con las denominadas “Semanas
Universitarias”, inauguradas por el Rector Renato Esteba Ríos (1951-1953). Las
mismas tuvieron la intención de conmemorar, aunque falsamente, cada 29 de marzo
la fecha de creación de la
Universidad, la cual desde 1910 se celebraba el 21 de
septiembre. Una tergiversación del hecho fundacional de la institución que
sería rectificado en 1958 por el Dr.Pedro Rincón Gutiérrez, pero que sigue sin solución de continuidad en el
tiempo, hasta nuestros días, estudiado y expuesto por nosotros en diversos
artículos y libros reseñados en anteriores crónicas. Aquellas Semanas
Universitarias fueron verdaderos “torneos de cultura”, utilizando la expresión
de Mario Briceño Iragorry, con la efectiva participación no solamente de los
universitarios, de conferencistas nacionales e internacionales, sino también de
la sociedad merideña. La prensa de la ciudad registró y destacó que se trataba
de una “fiesta” de los universitarios que compartían con los merideños en
general. Universitas Emeritensis
incluyó las actividades que se realizaron durante el rectorado de Joaquín Mármol
Luzardo y el primero de año rectoral del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez (1958-1959).
La Dirección de Cultura de la Universidad de Los
Andes fue inaugurada formalmente en 1958, dando continuidad al Departamento de
Cultura y Deportes (1950) de la época de la dictadura, siendo su primer
Director el pintor, poeta, dramaturgo y escritor César Rengifo (1958-1960). Se continuaría
y profundizaría aquella labor iniciada con las Conferencias y las Semanas
Universitarias, pero esta vez a lo largo del año con las más variadas
actividades culturales, particularmente relacionadas con el cine, la música, el
teatro, la danza, etc. Sin dejar de mencionar disertaciones y otras actividades
académicas, a las que asistía cualquier persona de la Universidad y de
Mérida. Sus cursos y grupos organizados en esas áreas, como fue el caso de la Escuela de Artes Plásticas,
también son una muestra de la proyección cultural universitaria en la ciudad, pues
podían inscribirse y participar ciudadanos de distintos sectores sociales. Mención
especial merece el Orfeón Universitario, fundado en 1944 por José Rafael Rivas.
Además de sus actuaciones dentro de la Universidad, particularmente en los actos de
grado, se convirtió desde entonces en parte importante de la vida cultural de
la ciudad. Grato es recordar la presentación periódica de esta coral
universitaria en la década de los setenta del siglo XX, en distintas espacios
de la ciudad, pues congregaba al pueblo para escuchar sus magistrales
interpretaciones. En 1970 tuvimos la oportunidad de formar parte de este Orfeón,
con grata remembranza de las presentaciones en Campo Elena, Campo de Oro, Santa
Juana y en la
Urbanización Los Sauzales. Entonces lo dirigía el maestro
José María López Vivas.
Los Festivales de Cine y de Música de 1968 impactaron
no solamente a nivel local, sino también nacional e internacional, siempre con
la asistencia de distintos miembros de la sociedad merideña. Por otro lado, las
publicaciones de la
Universidad (Anuarios, Revistas, Boletines, Periódicos y Libros)
también han sido un medio importante de difusión cultural, en razón de que
muchos merideños han tenido acceso a las mismas. Son muestra de ello el Anuario de la Universidad de Los
Andes (1891-1900), la Gaceta Universitaria, la Revista Universidad(1904-1947),
Bibliotheca (1954-1956), Universitas Emeritensis (1964-1961), el
periódico Universidad (1956-1958), Actual, Azul, El Correo Universitario,
Clarín Universitario, Actualidad Cultural Universitaria, El Universitario,
Apula Informa, Vértice, El Nuevo Gremio, Alcance, Nuevos Horizontes, Hoy
Viernes, ULA, Universidad y Acontecer.
La lectura de sus contenidos -de la más variada naturaleza- por los universitarios,
sus familiares y gente del común merideño que tuvieron acceso a esas
publicaciones, también fue una contribución a la intervención cultural de la
institución en la ciudad. Destaca en ese sentido la publicación de Noticias ULA (1967-1969),
un boletín informativo que periódicamente daba cuenta no solamente de las
actividades académicas de la institución, sino también de las culturales y
deportivas que se realizaban dentro y fuera del campus universitario.
Aquella vieja estructura del
Departamento de Cultura y Deportes de 1950 y la Dirección de Cultural de
1958 devino en el tiempo en la conformación en 1975 de la actual Dirección
General de Cultura y Extensión, instancia recreada para “vincular aún más la Universidad de Los
Andes con la comunidad y contribuir al desarrollo cultural de la región
andina”. Esta definición se relaciona más con lo estrictamente cultural que con la extensión de las áreas del saber que se enseñan e investigan en la
institución para su proyección, al menos en las ciudades andinas en las que
desarrolla sus actividades, para la solución de sus ingentes problemas, como lo
señalamos anteriormente. Sería extenso referir en una crónica las actividades
culturales de la
Universidad de Los Andes a lo largo de su existencia, pero si
podemos considerar algunos aspectos específicos: La Universidad de Los
Andes desde comienzos del siglo XX, con su actividad
de extensión, ha tenido una importante contribución en la cultura merideña.
Bien con la proyección en la ciudad de sus grupos culturales de distinta
naturaleza (musicales, teatrales, danza, etc.); bien mediante conferencias
periódicas a las que se han incorporado miembros de la sociedad, de distintos
estratos; o bien a través del estudio de su idiosincrasia cultural en los más
variados campos de su historia, literatura, etnología, antropología y folclore.
Asuntos mayormente desconocidos por la sociedad merideña y que esperan por su
divulgación institucional para certificar esa incidencia de la Universidad de Los
Andes, particularmente, en la
Ciudad de Mérida.
Mérida, 21 de junio de 2025.
(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Historiador. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia. Premio nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).