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NUEVAS CRÓNICAS DE HISTORIA UNIVERSITARIA (35)

La Universidad de Los Andes y su proyección en la ciudad de Mérida a través de la cultura por Alí Enrique López Bohórquez (*)

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Teatro César Rengifo


La Ley de Universidades de 1970 señalaba en su Artículo 3º que las Universidades “…debían realizar una función Rectora en la educación, la cultura y la ciencia. Para cumplir esa función, sus actividades se dirigen a crear, asimilar y difundir el saber mediante la investigación y la enseñanza; a complementar la formación integral iniciada en los ciclos educacionales anteriores; y a formar los equipos profesionales y técnicos que necesita la Nación para su desarrollo y progreso.” En anteriores legislaciones esos deberes y funciones se señalaron de manera directa e indirecta, cumplida mayormente las referidas a la docencia y la investigación, conducente las mismas al egreso de profesionales en los distintos campos del conocimiento científico y humanístico. Mientras que lo concerniente a la difusión de los saberes adquiridos con proyección social todavía no ha logrado desarrollarse de la manera que la ley exigía, en lo que respecta a lo establecido en el Artículo 2º, en cuanto a la tarea de “…colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales.” 

 

Erróneamente se ha considerado que cumplir con la enseñanza, la investigación y la formación de profesionales, lo cual es muy importante, son hechos suficientes para justificar la existencia de las Universidades. Sin la comprensión todavía de que también la “solución” y el “esclarecimiento” de los problemas de la sociedad venezolana forman parte de sus deberes. Ello a través de la proyección y aplicación de los conocimientos de manera institucional, y no solamente como parte de la función del egresado en el ejercicio de sus respectivas labores públicas o privadas. Esa “proyección y aplicación de conocimientos con sentido social” conforma una tercera función de las Universidades: la extensión, como expresión final de la enseñanza y de la investigación.

 

De lo que se trata, entonces, es de la interacción de la Universidad con el Estado -en sus distintos niveles- y las Comunidades organizadas, así como con entidades privadas, para la solución de problemas y necesidades de la sociedad de manera científica o técnica en asuntos económicos, sociales, educativos, sanitarios, forestales, territoriales, geográficos, jurídicos, legislativos, políticos, culturales, históricos, humanísticos en general, deportivos y recreacionales, etc. Pero ocurre que dicha extensión se ha entendido más en lo cultural que en cualquiera de esas otras áreas, con excepcionales realizaciones en el tiempo. Por otro lado, la histórica confrontación de las Universidades con los distintos Gobiernos del país, particularmente a partir de 1960, ha impedido acuerdos sistemáticos y constantes para el logro de la colaboración, como señala la Ley de Universidades vigente, insistimos: “…en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales.”           

  

En el caso de la Universidad de Los Andes, si bien el aspecto de la docencia está evidentemente aplicado y definido, aunque parcialmente estudiado, lo referente a las funciones de  investigación y de extensión todavía esperan la concreción de una política rigurosa y planificada para cumplir con la exigencia de dicha ley universitaria. Cada una de esas funciones puede ser estudiada desde una perspectiva histórica. Pero, como señalamos, el concepto de extensión de la ley ha sido mal entendido o mal interpretado, pues se ha manifestado mayormente como un problema cultural, cuando de lo que se trata es de proyectar los conocimientos estudiados o creados en la ULA en la sociedad andina en la que desarrolla sus actividades, con la finalidad de dar cumplimiento a los deberes legalmente estatuidos.  

 

No es a esa exigencia legal de manera general a la que vamos a referirnos en esta crónica, sino a reseñar lo concerniente a la extensión, particularmente a la intervención de la Universidad de Los Andes en la ciudad de Mérida en lo que concierne a la cultura, advirtiendo que es un hecho no estudiado y que podría ser objeto de análisis e interpretación por los especialistas en esa área.  Sin embargo, la investigación sobre el desarrollo histórico sobre la ULA que hemos realizando desde 1996 nos permite hacer algunos señalamientos, dispersos en el tiempo, para evidenciar que también esta institución, en el aspecto cultural, ha tenido una participación activa en determinados momentos. La revisión de las fuentes documentales del siglo XIX permite advertir que la institución se desenvolvió particularmente en su tarea de enseñanza. Son muy escasas las referencias a la realización de actos públicos, que no fueran los relacionados con el rendimiento de los exámenes, lectura de las respectivas tesis de grado y otorgamiento de títulos, en los que debían participar los reducidos miembros de la comunidad universitaria, y a los que podían asistir familiares de los estudiantes y gente del común, excepto a eventos propios del instituto, mediante invitación que se hacía por la prensa local.

 

              Es a finales del siglo XIX cuando se advierte una preocupación por la realización de actos en la Universidad con participación de la sociedad merideña, con una mayor presencia de su élite. Ello tiene lugar, fundamentalmente, durante el rectorado de Caracciolo Parra y Olmedo (1887-1900) con las celebraciones de diversos centenarios para honrar la memoria de hombres y hechos significativos de la historia local y nacional. Nos referimos, por ejemplo, en 1881 a Andrés Bello, en 1883 a Simón Bolívar, en 1886 a José María Vargas, en 1888 a Antonio Rangel, en 1895 a Antonio José de Sucre, a José Gregorio Monagas y  Francisco de Miranda en 1896. Los discursos de aquella autoridad universitaria fueron verdaderas lecciones de historia que tuvieron repercusión en la ciudad, por los comentarios que se hicieron tanto en la prensa como en lugares públicos. Nos adelantamos en el tiempo para destacar la conmemoración del primer centenario de la Universidad de Los Andes, los días 21 y 22 de septiembre de 1910, por disposición del Rector Ramón Parra Picón. El discurso de Gonzalo Picón Febres y la conferencia de Caracciolo Parra Pérez, además de haber causado mucha impresión a los asistentes, siguen siendo textos de obligada consulta para los que incursionan sobre los temas que trataron. El desfile con la participación de la sociedad merideña a lo largo de los estrechos límites de la ciudad, el alumbramiento y adorno de sus calles, las amenidades musicales de esos días y la cena colectiva a que fueran invitados sus habitantes, tuvieron mucho impacto y se recordaron por mucho tiempo, pues nunca antes había tenido lugar una festividad como la ocurrida entonces.

 

              Mención particular merecen las “Conferencias Públicas” instauradas durante el Rectorado de Juan Nepomuceno Pagés Monsant (1904-1908), no solamente por su realización en el Salón de Actos Públicos de la Universidad, en el hoy Teatro César Rengifo, con la asistencia de diferentes sectores de la ciudad, sino también por su publicación en la Gaceta Universitaria y en periódicos locales. Conferencias continuadas por los Rectores Ramón Parra Picón (1909-1917) y Diego Carbonell (1917-1920). Esta última autoridad le dio una importancia particular a las conferencias dadas por profesores y estudiantes, buscando que tuvieran una proyección cultural en los habitantes de Mérida. Fueron ocho en total, leídas por el Dr. Enrique María Dubuc, el Br. Mariano Picón Salas, el Dr. Francisco Valeri, el Obispo Antonio Ramón Silva, el Dr. Roberto Picón Lares, Mario Briceño Iragorry, el Dr. J. A. Gonzalo Salas, y por el propio Dr. Diego Carbonell. Al decir de Briceño Iragorry: “Ello fue un torneo de la cultura y en los solemnes actos que pudieron realizarse, se lograron tres cosas: hacer trabajar a los intelectuales, proporcionar actos de culto esparcimiento a la sociedad y recabar fondos para la realización de un gran proyecto filantrópico, obra exclusiva de Carbonell, el Hospital Canónigo Uzcátegui. De la importancia de esas Conferencia, no sólo habla la prensa de país, sino también la extranjera, que la consagró por medio de estudios críticos de hombres notables, quienes dieron a la Gaceta Universitaria preeminencia y puesto de honor entre lo bueno, literario y científico, que ve la luz pública en Venezuela. Y es que el Dr. Carbonell ha hecho del simple periódico docente que antes era la Gaceta Universitaria, una revista de hasta cien páginas, donde junto a la labor personal y oficial del Rector, se halla la colaboración de los más notables representantes del pensamiento andino.”

 

              En las conmemoraciones del centenario de la Independencia de Venezuela, celebrados en Mérida en 1910 y 1911, miembros de la comunidad universitaria tuvieron una destacada actuación, con discursos y conferencias, siendo notable la intervención del profesor Tulio Febres Cordero, no solamente con sus disertaciones, sino también en la organización de eventos específicos. De igual manera ocurrió en 1930 cuando se rememoró el centenario de las muertes del Libertador Simón Bolívar y del Gran mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. En 1935, al cumplirse los 150 años de la creación del Real Colegio Seminario Conciliar de San Buenaventura de Mérida, la Universidad de Los Andes participó en los actos programados por la Iglesia de Mérida con un discurso del rector Roberto Picón Lares, a los que asistieron no solamente estudiantes universitarios y seminaristas, sino también una buena representación de distintos sectores de la sociedad merideña. El siguiente programa universitario de proyección cultural en la ciudad correspondió a la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez con las denominadas “Semanas Universitarias”, inauguradas por el Rector Renato Esteba Ríos (1951-1953). Las mismas tuvieron la intención de conmemorar, aunque falsamente, cada 29 de marzo la fecha de creación de la Universidad, la cual desde 1910 se celebraba el 21 de septiembre. Una tergiversación del hecho fundacional de la institución que sería rectificado en 1958 por el Dr.  Pedro Rincón Gutiérrez, pero que sigue sin solución de continuidad en el tiempo, hasta nuestros días, estudiado y expuesto por nosotros en diversos artículos y libros reseñados en anteriores crónicas. Aquellas Semanas Universitarias fueron verdaderos “torneos de cultura”, utilizando la expresión de Mario Briceño Iragorry, con la efectiva participación no solamente de los universitarios, de conferencistas nacionales e internacionales, sino también de la sociedad merideña. La prensa de la ciudad registró y destacó que se trataba de una “fiesta” de los universitarios que compartían con los merideños en general. Universitas Emeritensis incluyó las actividades que se realizaron durante el rectorado de Joaquín Mármol Luzardo y el primero de año rectoral del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez (1958-1959).

             

              La Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes fue inaugurada formalmente en 1958, dando continuidad al Departamento de Cultura y Deportes (1950) de la época de la dictadura, siendo su primer Director el pintor, poeta, dramaturgo y escritor César Rengifo (1958-1960). Se continuaría y profundizaría aquella labor iniciada con las Conferencias y las Semanas Universitarias, pero esta vez a lo largo del año con las más variadas actividades culturales, particularmente relacionadas con el cine, la música, el teatro, la danza, etc. Sin dejar de mencionar disertaciones y otras actividades académicas, a las que asistía cualquier persona de la Universidad y de Mérida. Sus cursos y grupos organizados en esas áreas, como fue el caso de la Escuela de Artes Plásticas, también son una muestra de la proyección cultural universitaria en la ciudad, pues podían inscribirse y participar ciudadanos de distintos sectores sociales. Mención especial merece el Orfeón Universitario, fundado en 1944 por José Rafael Rivas. Además de sus actuaciones dentro de la Universidad, particularmente en los actos de grado, se convirtió desde entonces en parte importante de la vida cultural de la ciudad. Grato es recordar la presentación periódica de esta coral universitaria en la década de los setenta del siglo XX, en distintas espacios de la ciudad, pues congregaba al pueblo para escuchar sus magistrales interpretaciones. En 1970 tuvimos la oportunidad de formar parte de este Orfeón, con grata remembranza de las presentaciones en Campo Elena, Campo de Oro, Santa Juana y en la Urbanización Los Sauzales. Entonces lo dirigía el maestro José María López Vivas.

 

Los Festivales de Cine y de Música de 1968 impactaron no solamente a nivel local, sino también nacional e internacional, siempre con la asistencia de distintos miembros de la sociedad merideña. Por otro lado, las publicaciones de la Universidad (Anuarios, Revistas, Boletines, Periódicos y Libros) también han sido un medio importante de difusión cultural, en razón de que muchos merideños han tenido acceso a las mismas. Son muestra de ello el Anuario de la Universidad de Los Andes (1891-1900), la Gaceta Universitaria, la Revista Universidad  (1904-1947), Bibliotheca (1954-1956), Universitas Emeritensis (1964-1961), el periódico Universidad (1956-1958), Actual, Azul, El Correo Universitario, Clarín Universitario, Actualidad Cultural Universitaria, El Universitario, Apula Informa, Vértice, El Nuevo Gremio, Alcance, Nuevos Horizontes, Hoy Viernes, ULA, Universidad y Acontecer. La lectura de sus contenidos -de la más variada naturaleza- por los universitarios, sus familiares y gente del común merideño que tuvieron acceso a esas publicaciones, también fue una contribución a la intervención cultural de la institución en la ciudad. Destaca en ese sentido la publicación de Noticias ULA (1967-1969), un boletín informativo que periódicamente daba cuenta no solamente de las actividades académicas de la institución, sino también de las culturales y deportivas que se realizaban dentro y fuera del campus universitario.

 

Aquella vieja estructura del Departamento de Cultura y Deportes de 1950 y la Dirección de Cultural de 1958 devino en el tiempo en la conformación en 1975 de la actual Dirección General de Cultura y Extensión, instancia recreada para “vincular aún más la Universidad de Los Andes con la comunidad y contribuir al desarrollo cultural de la región andina”. Esta definición se relaciona más con lo estrictamente cultural que con la extensión de las áreas del saber que se enseñan e investigan en la institución para su proyección, al menos en las ciudades andinas en las que desarrolla sus actividades, para la solución de sus ingentes problemas, como lo señalamos anteriormente. Sería extenso referir en una crónica las actividades culturales de la Universidad de Los Andes a lo largo de su existencia, pero si podemos considerar algunos aspectos específicos: La Universidad de Los Andes desde comienzos del siglo XX, con su actividad de extensión, ha tenido una importante contribución en la cultura merideña. Bien con la proyección en la ciudad de sus grupos culturales de distinta naturaleza (musicales, teatrales, danza, etc.); bien mediante conferencias periódicas a las que se han incorporado miembros de la sociedad, de distintos estratos; o bien a través del estudio de su idiosincrasia cultural en los más variados campos de su historia, literatura, etnología, antropología y folclore. Asuntos mayormente desconocidos por la sociedad merideña y que esperan por su divulgación institucional para certificar esa incidencia de la Universidad de Los Andes, particularmente, en la Ciudad de Mérida.

 

Mérida, 21 de junio de 2025.         


(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Historiador. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia. Premio nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).   





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