Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:08 pm
El filósofo racionalista Immanuel
Kant, nativo de Konisgsberg, antigua provincia alemana, hoy en día Rusia, utilizó
la moral como base de la escatología, y Unamuno la escatología como base de la
moral, es decir, acerca de los fines último del hombre. Kant en su obra Fundamentación de la metafísica de las
costumbres señaló su imperativo categórico, y dice: “obra de tal modo que
tu actuación sirva como ley universal” y el filósofo Unamuno le contradijo
diciendo: “obra de tal modo que tu actuación sirva para eternizarte, para conservarte,
e inmortalizarte”. Kant fue un filósofo
que hizo un llamado a la conciencia del hombre, de que somos fines y no medios,
que la buena voluntad es un fin en sí mismo, de la conducta moral como norma
universal.
En otro sentido, en las Sagradas
Escrituras, el Evangelista Mateo nos narra que Jesús caminaba y le salieron dos
hombres malos y le dijeron: ¿qué tenemos que ver contigo? Vienes a
perturbarnos, y Jesús les dijo vayan a los cerdos y perezcan en el abismo, y el
pueblo salió y pidió a Jesús que se fuera. En Kant, ser permeable en Dios se ve
traducida en el comportamiento, en ser buenos, para que el bien nos sobre. El problema del hombre es que se creen Dioses
en todos los ámbitos de la vida, el ego exacerbado que atropella al otro, y la
verdadera sabiduría es la Nada misma del hombre que lo hace ser el Todo en
Dios.
La vida física del hombre es un relámpago ante
la eternidad de la vida trascendente, y en Mateo 16:19, dice: “Te daré las
llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedara atado en el
cielo, y lo que desates en la tierra quedara desatado en el cielo” de allí, el
hombre debe tener Temor de Dios, porque toda rodilla se afinca ante Él. Dios es
la conciencia universal a quien todos escucha, y es el creador del universo, es
un Dios histórico que vino a la tierra para darnos testimonio de Él.