Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:13 pm
Urbanismo para la
élite universitaria y beneficio para la colectividad merideña.
Desde tiempos de la
dictadura de Marcos Pérez Jiménez y de los gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl
Leoni, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Jaime
Lusinchi y Carlos Andrés Pérez (1953-1994) tuvo lugar un programa de
edificaciones universitarias que incidió en el urbanismo merideño. Entonces
hubo una estrecha relación de la Universidad de Los Andes con organismos
públicos y privados locales, regionales y nacionales para el desarrollo de
dicho programa, orientado éste a dar soluciones tanto a problemas
institucionales como de los miembros de la comunidad universitaria y de la
merideña en general. Sin pretender abarcar con detalles lo ocurrido, haremos un
rápido repaso a hechos específicos. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez,
después de las reconstrucciones del primer Edificio Central de Eleazar López
Contreras e Isaías Medina Angarita (1934-1941), la edificación de los locales
de las Facultades de Medicina e
Ingeniería (1953-1954) determinaron la construcción de la Av. Tulio Febres
Cordero, donde estarían ubicados esos espacios universitarios. De gran
significación fue la ejecución del proyecto de la Urbanización Universitaria o
Urbanización El Rosario, hoy Urbanización El Encanto, entre las Avenidas
Gonzalo Picón Febres y Urdaneta, con la participación del arquitecto español
Manuel Mujica Millán en el diseño de casas para algunos profesores
universitarios. Ello implicaría la pavimentación y alumbrado de esas avenidas,
lo cual beneficiaría al urbanismo y la vialidad próxima al casco urbano de la
ciudad.
Mujica Millán
también dirigiría entre 1955 y 1956 la reconstrucción y ampliación del segundo
Edificio Central de la Universidad, lo cual cambiaría la faz de la manzana que
comprendía las Avenidas 2 Lora y 3 Independencia, entre las Calles 23 Vargas y
24 Rangel. La construcción de esta necesaria edificación significó el
sacrificio de viejas casas solariegas de la ciudad que databan de finales del
siglo XIX y comienzos del XX, dando origen ahora, de una manera más
contundente, a una nueva relación de la Universidad con la ciudad, pues allí
funcionarían por más de treinta años la Facultad de Derecho y hasta la
actualidad la Facultad de Odontología, conjuntamente con el asiento de las
oficinas de la autoridades universitarias, el Aula Magna, el Paraninfo, el
Teatro César Rengifo y el Museo Arqueológico “Gonzalo Rincón Gutiérrez”. Las
actividades que allí realizadas han incidido en un movimiento permanente de
universitarios que se mezclaban indistintamente con la colectividad merideña en
el casco central de la ciudad, amen de la existencia de cafetines,
restaurantes, librerías, cine, farmacias, bancos, tiendas de ropas y hasta
bares que estarían al servicio de estudiantes, profesores, empleados y obreros,
de lo cual también serían beneficiarios los propietarios de esos
establecimientos comerciales y el resto de la sociedad, indistintamente de su
condición social.
Los actos de grado y
otros eventos culturales, académicos y políticos ocurridos en esa edificación
central trastocarían el normal desenvolvimiento de la ciudadanía por las
interferencias en el transporte, la aglomeración de gente y por los efectos de
hechos de violencias generados desde dentro y fuera de la Universidad. No menos
importante fue el crecimiento de las residencias estudiantiles a partir de
1952, con el cierre temporal de la Universidad Central de Venezuela. A partir
de entonces, y sobre todo después de 1960, casas de familia albergaron a la
mayoría de los estudiantes universitarios, produciéndose progresivamente el proceso
de alquiler de apartamentos, lo cual incidió en un alza general del canon de
arrendamiento. Con el transcurrir del tiempo esta modalidad habitacional
estudiantil sustituiría casi definitivamente a la vieja residencia familiar. El
crecimiento cuantitativo de la comunidad universitaria determinó que los
estudiantes, ante necesidades económicas evidentes, se vieran obligados a
buscar albergues en lugares cercanos a sus respectivos centros de estudio,
particularmente en los denominados barrios de Mérida, donde también tuvo lugar
un proceso de construcción acelerada de pisos para la incorporación de
habitaciones no siempre acondicionadas para la función de residencia
estudiantil. Fenómeno habitacional que se extendió hasta Tabay y Ejido,
convirtiéndose estas, prácticamente, en ciudades dormitorios.
Mayor trascendencia
tendría el programa de construcciones del Rector Pedro Rincón Gutiérrez,
particularmente en los períodos 1959-1972, 1976-1980 y 1984-1988, junto a otras
edificaciones universitarias que venían incidiendo en el urbanismo y vialidad
de Mérida desde 1936, no solamente por los servicios que debían crearse
alrededor de las nuevas dependencias de la institución, sino también por el
crecimiento de la comunidad universitaria, que haría necesario un número mayor
de residencias estudiantiles y un creciente programa de construcción de
viviendas unifamiliares y edificios de apartamentos en la ciudad, con
participación de la Universidad de Los Andes y de entidades públicas y
privadas, bancarias y de construcción. En los primeros cinco años de su
rectorado, el Dr. Rincón Gutiérrez se dedicó a “soñar y a diseñar”, con el
asesoramiento lógico de expertos universitarios “La Ciudad Universitaria de
Mérida”. Entre 1962 y 1964 presentó el Plan de Edificaciones teniendo como
concepto que la “ciudad universitaria era toda Mérida”, acaso parafraseando la
frase erróneamente atribuida a Mariano Picón Salas, de que “Mérida es una
Ciudad con una Universidad por dentro”, por lo que consideró pertinente no
“concentrar todos los edificios y servicios universitarios en una sola
área”. Ello fue expuesto por el Rincón
Gutiérrez en dos documentos, escasamente conocidos por universitarios de la
actualidad. Nos referimos a “La Universidad y su Desarrollo Futuro” (1962) y
“Desarrollo de la Ciudad Universitaria de Mérida. Plan de Edificaciones”
(1964).
No todas las
propuestas del Dr. Rincón Gutiérrez se llevaron a efecto, pero indudablemente
que lo realizado en las siguientes dos décadas tuvo notables consecuencias
urbanísticas para la ciudad. Cabe señalar que esas edificaciones pudieron
desarrollarse gracias a su intensa actividad de adquirir terrenos a lo largo y
ancho del perímetro de la ciudad, en buena medida con la participación de
organismos públicos y privados de carácter regional o nacional. El prestigio en
el ejercicio de la medicina, su condición de Rector y la vinculación de Perucho
con parte de la élite social merideña también fueron factores importantes para
que algunas familias de la ciudad ofrecieran en venta haciendas y parcelas a un
costo muy bajo para la institución universitaria, junto a “donaciones” hechas
en determinados momentos. En el exhaustivo y erudito artículo “Pedro Rincón
Gutiérrez y la Ciudad Universitaria de Mérida”, José Mejías Lobo (actual
Director del Archivo Histórico de la ULA) da cuenta de varias compra-ventas,
indicándose lugares, extensiones y costos con las respectivas fuentes
documentales.
Los espacios
identificados fueron los siguientes: lotes de tierras de las Haciendas Campo de
Oro y Santa Elena en 1959, donde se ubicarían la Residencia Masculina, el
Hospital Universitario de Los Andes, la Facultad de Farmacia y Bioanálisis, los
Servicios Generales de la Universidad y la Piscina Universitaria. De la primera
de ellas se donarían terrenos para la Casa Sindical, la Escuela Técnica Manuel
Antonio Pulido Méndez, y con el auspicio de la Universidad y el Banco Obrero la
Urbanización Fray Juan Ramos de Lora para empleados universitarios, así como
para un Estadio de Béisbol Menor. En ese mismo año la ULA adquirió la finca
agrícola Los Sauzales, en la que se construiría una Urbanización con el mismo
nombre. Terrenos que serían cambiados al Banco Obrero por el denominado Estadio
Lourdes, en las adyacencias del Paseo de la Feria y la Prolongación de El
Viaducto Campo Elías. En 1961 continuaría la compra de terrenos, en este año la
Hacienda Milla o Santa María, en la que se construiría progresivamente un
complejo de viviendas unifamiliares en sus sectores norte y sur, divididos por
la Avenida Universidad. Seguirían en 1963 una extensión de tierras de la
Hacienda La Pedregosa, que fue permutado al Banco Obrero y donde se edificaría
la Urbanización Humboldt, y la construcción de galpones para alojar por treinta
años a las Facultades de Humanidades y Educación y Economía, dando paso a la
Avenida Universidad.
En 1964, frente a
esas instalaciones universitarias se edifican nueve bloques de las Residencias
Los Caciques para profesores, empleados y obreros de la ULA y se construyen
siete casas en La Hoyada de Milla para profesores invitados por el Centro de
Investigaciones de Aguas y Tierras (CIDIAT), las que años más tarde serían
ocupadas por distintas dependencias académicas, gremiales y de servicios de la
Universidad, incluso como vivienda familiar de algún profesor. Luego en 1965,
las tierras de La Hechicera, Santa Rosa (Estas habían pertenecido a la
Universidad para 1872) y Santa Ana. En esos espacios se ubicarían el Núcleo de
la Hechicera, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias y La Estación
Agropecuaria Santa Rosa. Se donaron lotes de terrenos para las Oficinas de
MINDUR, el CONICIT-FUNDACITE y el Centro de Internacional de Astronomía (CIDA)
y finalmente las Residencias Domingo Salazar en la Avenida Alberto Carnevali.
También en ese año varias parcelas, en la parte baja de la Facultad de
Ingeniería, en las que terminarían ubicándose dos Tanques de Agua y el Complejo
Deportivo “Luis Ghersi Govea”. En 1967 se adquiere la Hacienda Liria,
cediéndose al gobierno regional parcelas para la edificación de La Plaza de
Toros “Román Eduardo Sandia” y al Ministerio de Educación para la Universidad
Nacional Abierta (UNA), así como también a la APULA para el Centro Educativo
“Carlos Emilio Muñóz Oráa” (CEAPULA). Frente a esos espacios en la década de
los 80 y 90 del siglo XX se establecería el Núcleo Liria, compuesto por las
Facultades de Ciencias Jurídicas y Políticas, Humanidades y Educación, y
Ciencias Económicas y Sociales. Como hemos señalado, todo ese proceso de
construcciones universitarias incidió en el desarrollo urbano de determinados
sectores de la ciudad, mediante la construcción de avenidas, calles, plazas,
complejos deportivos y habitaciones y demás servicios requeridos para los
mismos.
El plan de una
Ciudad Universitaria propuesto por Pedro Rincón Gutiérrez en 1962-1964
comprendía cuatro núcleos fundamentales: El Grupo Médico-Biológico, el cual
estaría ubicado en la Hacienda Campo de Oro, integrado por los siguientes
servicios: Hospital Universitario, Facultades de Farmacia, Medicina y
Odontología; Hospital Psiquiátrico, Escuela de Enfermeras, Instituto de
Ciencias Médicas Básicas. A este conjunto arquitectónico se unía la Residencia
Estudiantil Masculina que para entonces estaba en servicio, pues había sido
inaugurada en 1963, así como las correspondientes instalaciones deportivas, un
Centro Comunal y Rental, y un programa de viviendas para empleados de la
Universidad. Los estudios y diseño de este complejo universitario estuvieron a
cargo de la entonces División de Estudios y Proyectos del Ministerio de Obras
Públicas y la Oficina de Construcciones y mantenimiento de la propia
Universidad. De este grupo sólo entrarían en funcionamiento el Hospital
Universitario, la Facultad de Farmacia y Bioanálisis, parcialmente las
instalaciones deportivas y la Urbanización Fray Juan Ramos de Lora. Todo lo
cual trajo cambios importantes para sectores de la ciudad como Santa Elena,
Campo de Oro, Santa Juana y Avenida 16 de Septiembre, pues un buen número de
estudiantes de dicha Facultad se ubicó en residencias familiares o en casas
alquiladas al efecto. De igual manera, la construcción de aquella urbanización
implicó una significativa solución habitacional para distintos miembros de la
comunidad universitaria, compartida con otros sectores profesionales que
tuvieron acceso a la misma, y el diseño de una nueva vialidad y movimiento de
transporte a esos sectores.
El Grupo Forestal,
que estaría localizado en el bosque adyacente al río Milla (Zona de Los
Chorros), estaría compuesto de los siguientes servicios: Instituto de
Silvicultura, Instituto de Geografía y Conservación de Recursos Naturales
Renovables y Facultad de Ciencias Forestales. Nuevamente, al igual que el grupo
médico-biológico, en la construcción de este núcleo hubo una efectiva
participación compartida del Gobierno Nacional y la Universidad de Los Andes.
Junto a estas edificaciones estaba el Instituto Forestal Latinoamericano de
Investigación y Capacitación, que entonces era una dependencia de las Naciones
Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y que se construiría en
terrenos de la ULA con los aportes del Ministerio de Agricultura y Cría; así
como el Laboratorio de Productos Forestales (LABONAC) y la Escuela de Peritos
Forestales, que estaban adscritas a dicho Ministerio y que funcionaban mediante
convenio entre ambas instituciones. Esas dependencias extra universitarias
luego serían adscritas definitivamente a la Universidad de Los Andes.
Completaba este conjunto universitario la residencia para expertos y becarios
de los cursos de graduados en Ciencias Forestales. Es decir, la Escuela
Forestal de Graduados para América Latina que iniciaría sus actividades a
partir de 1965 a través de un acuerdo con el Fondo Especial de las Naciones
Unidas y el Gobierno Nacional. De nuevo, la incidencia en El Amparo, Los
Chorros de Milla y La Milagrosa fue significativa en cuanto al alojamiento de
los estudiantes y mejoramiento de los servicios viales y de transporte para
esas zonas.
El Grupo Técnico
Científico Humanístico se ubicaría en los terrenos de la Hacienda La Hechicera.
Lo conformaban las siguientes construcciones: Edificio Central para servicios
administrativos y Biblioteca, Casa del Estudiante para centralizar todos los
servicios dedicados a la atención y orientación del alumnado (Organización de
Bienestar Estudiantil, Comedor, Librería, Ropero y ambientes recreativos), Área
Deportiva, Facultades de Ingeniería (Escuelas de Civil, Arquitectura, Eléctrica
y las que se crearan posteriormente), de Ciencias Básicas (Escuelas de
Matemáticas, Física y Química), de Ciencias Naturales, de Derecho, Humanidades
y Economía. Este núcleo no se puso en inmediato funcionamiento y se retardó su
definitiva construcción, lo cual no ocurriría a finales de la década de los
sesenta del siglo XX. Inicialmente se puso en funcionamiento lo correspondiente
a la Biblioteca y la Facultad de Ciencias. Las Facultades de Economía,
Humanidades y Educación continuarían por varios años en sus improvisadas
instalaciones de la Avenida Universidad, construidas entre 1962 y 1963. La
primera de éstas posteriormente sería trasladada a La Hechicera, para
definitivamente tener su sede en el Núcleo Liria hacia 1995, la segunda lo
haría a este espacio en 1994. En cuanto a Derecho, luego Facultad de Ciencias
Jurídicas y Políticas, continuaría en el Edificio Central por muchos años hasta
la construcción de su edificación en La Liria, frente a la Plaza de Toros. La
Facultad de Ingeniería tardaría su mudanza a La Hechicera. El área deportiva se
construyó parcialmente y nunca se puso en servicio la Casa del Estudiante como
tampoco la Facultad de Ciencias Naturales, idea que no se formalizó en la
Universidad. Sin embargo, la puesta en funcionamiento de este núcleo
universitario tendría efectos significativos para sectores como Milla, Santa Rosa
y Santa Ana Norte con nuevas residencias estudiantiles, construcción de
complejos habitacionales con adquisiciones de distintos miembros de la
comunidad universitaria y, particularmente, de la Avenida Alberto Carnevali.
Nuevamente la presencia del Ministerio de Obras Públicas se hizo presente con
la contratación del arquitecto Horacio Caminos para que realizara el estudio
correspondiente con las características de Mérida como ciudad universitaria.
El Grupo
Cultural-Educativo-Residencial y Comercial no llegaría a realizarse. Se trataba
de un complejo que ocuparía los terrenos adyacentes a la Avenida Tulio Febres
Cordero y las instalaciones universitarias existentes en la zona que se irían
desocupando al ser construidas sus sedes en Campo de Oro y La Hechicera
(Farmacia y Bioanálisis, Medicina e Ingeniería). El Grupo Cultural
correspondería al Departamento de Extensión Cultural, Teatro, Escuela de Arte y
Biblioteca Pública, todo lo cual hubiera contribuido a destacar aún más la
intervención cultural de la Universidad en la ciudad. El Grupo
Residencial-Comercial abarcaría un centro comercial que generaría rentas para
la Universidad y un complejo habitacional de unidades multifamiliares.
Como señalamos,
hacia 1963 se instalaron la Facultad de Humanidades y Educación y la Facultad
de Economía, lo cual dio origen a la Avenida Universidad y a nuevos servicios y
mayor desarrollo habitacional para sectores como La Hoyada de Milla, La
Milagrosa y Andrés Eloy Blanco. En ello incidiría también la construcción de la
primera edificación de la Facultad de Arquitectura en La Hoyada de Milla, en
terrenos adyacentes a lo que luego sería la Urbanización Santa María Sur. Años
más tarde, Arquitectura sería trasladada al núcleo de La Hechicera, como
inicialmente lo había proyectado el Rector Pedro Rincón Gutiérrez. Su espacio
sería ocupado por la última instancia académica universitaria: la Facultad de
Arte en 2005. Cabe señalar que al frente de las Facultades de Economía y de
Humanidades se construyeron las Residencias Los Caciques (1964) y cerca de las
mismas la Urbanización Santa María Norte (desde 1961), apartamentos y viviendas
que mayoritariamente fueron adquiridas por profesores, empleados y obreros de
la ULA. En dichas residencias funcionaron dependencias universitarias desde
entonces y hasta nuestros días. No habrá un nuevo complejo habitacional hasta
el rectorado del Dr. Ramón Vicente Casanova (1972-1976) con los denominados
Bloques de Campo de Oro, el Conjunto Residencial “Pedro Rincón Gutiérrez”
auspiciado por la Asociación de Empleados y, más recientemente, el que se
construyó en terrenos de la Universidad, dentro de la Urbanización Santa María
Norte con el auspicio del Consejo de Fomento, particularmente para profesores
universitarios. Aunque, como en los otros complejos habitacionales
universitarios, funcionaron mecanismos de adquisición de viviendas por parte de
particulares, ajenos a la Universidad. A ello debe agregarse el financiamiento
que permanentemente venían haciendo las Cajas de Ahorro y Fondos de Jubilaciones
de profesores, empleados y obreros para la adquisición de Apartamentos y Casas,
lo cual tendría efecto en el sector inmobiliario de la ciudad y en general en
la economía merideña, por todo lo que implica la construcción y
acondicionamiento de esas soluciones habitacionales.
Cabría preguntarse:
¿qué ocurrió con el proyecto del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, si durante sus
distintas gestiones rectorales, y de otras administraciones universitarias,
pudo haberse realizado su sueño de ver convertida a Mérida en una verdadera
Ciudad Universitaria? La respuesta podría encontrarse en el hecho de que
progresivamente la Universidad de Los Andes se fue divorciando del Estado por
razones políticas, y éste, pudiera decirse que mezquinamente, no respondió a
las exigencias de la institución universitaria que debió esperar por años los
recursos necesarios para completar el Plan de Edificaciones del Rector que,
indudablemente, hubiera tenido un efecto mayor en el desarrollo de Mérida. Es
cierto que fueron muchas las cosas efectuadas, pero la mayoría de las
construcciones se realizaron muy lentamente, mientras que otras dejaron de
hacerse y los programas-convenios nacionales e internacionales se fueron
perdiendo para ser asumidos exclusivamente por la Universidad. En fin, fue un
proyecto que de haberse completado hubiera dado a la ciudad un giro distinto en
muchos aspectos y hubiera convertido a la Universidad definitivamente en la
mayor empresa histórica de Mérida, como lo manifestó Mariano Picón Salas en
1958, al incorporarse de manera decisiva a lograr el desarrollo integral de
Mérida y de los Andes venezolanos. Y eso todavía lo espera de su Universidad la
ciudad y la región.
Retomar, revisar y
completar este proyecto de Pedro Rincón Gutiérrez podría ser una buena iniciativa
de quienes gobernarán a la Universidad de Los Andes en los próximos años de la
presente centuria, cuando esta vuelva por sus cauces legales de elegir
formalmente a sus autoridades rectorales. Cerramos esta Crónica con la
afirmación de que es indudable el efecto que la ULA ha tenido en la ciudad de
Mérida en materia urbanística, como caso único en el país, para seguir siendo
considerada la “Ciudad Universitaria por excelencia de Venezuela”. Vamos a
concluir esta Crónica compartiendo con José F. Mejías lo dicho en el mencionado
artículo, en cuanto a que “el acondicionamiento físico de la Universidad se
convirtió para el Rector Rincón en una prioridad. Los cambios que se estaban
experimentando para este período en cuanto a número de estudiantes exigían la ejecución
de un plan de edificaciones que diera respuesta a los nuevos escenarios que se
avecinaban con el crecimiento de la educación secundaria.” También fue
preocupación de Perucho la incorporación de profesores e investigadores
extranjeros y el envío al exterior a realizar estudios de postgrado a un número
importante de egresados que ya habían ingresado a la ULA como docentes. Pero la
Universidad de Los Andes no eran solamente esos dos aspectos, académicamente
hablando.
Poco se hizo en la
década 1959-1969 por cambiar la estructura académica de la institución, la cual
siguió, prácticamente, funcionado con el mismo modelo de enseñanza de
contenidos científicos y humanísticos heredada del siglo XIX y primera mitad
del XX. La irrupción de la Renovación Universitaria de los años 1969-1970 fue
una respuesta a esa continuidad educativa, con propuestas de cambios,
aparentemente novedosas, pero que finalmente no se pusieron en práctica en los
nuevos planes de estudios establecidos a partir de ese último año. El cambio se
concentró en su administración de esos planes mediante el paso del régimen
anual al semestral (y ello en no todas las carreras), un Ciclo Básico Común
para algunas carreras, la actuación paritaria de estudiantes-profesores en el
cogobierno universitario, junto a la eliminación de los Centros y Federación de
Estudiantes, de donde habían surgido las ideas de transformación del caduco
modelo de enseñanza de la Universidad de Los Andes, con excepción del inicio de
actividades de la Facultad de Ciencias, constituida por Departamentos
especializados y no por Escuelas. Lo sustancial quedó relegado de manera
absoluta: el significado de la enseñanza y la investigación en la proyección y
solución de los problemas más ingentes de la sociedad, como lo exigía la Ley de
Universidades de 1958 y mantendría la impuesta por el Gobierno de Rafael
Caldera en 1970, sin intervención y opinión de las Universidades Nacionales
Autónomas. A lo acontecido en la ULA entre 1959 y 1969, en materia de
estructura académica, enseñanza, investigación y proyección en Mérida, nos referiremos
en próxima Crónica.
Para más detalles a
lo que hemos expuesto remitimos al proyecto del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez: La
Universidad y su desarrollo futuro. Mérida, Universidad de Los Andes,
Publicaciones del Rectorado, 1962 y Desarrollo de la Ciudad Universitaria. Plan
de Edificaciones. Mérida, Universidad de Los Andes, 1964; y a los siguientes
artículos: Alí Enrique López Bohórquez: “La ciudad universitaria que Pedro
Rincón Gutiérrez soñó”, Investigación. Revista del Consejo de Desarrollo
Científico, Humanístico y Tecnológico- CDCHT, 10 (Mérida, septiembre-diciembre
de 2004) y José F. Mejías Lobo: “Pedro Rincón Gutiérrez y la ciudad
universitaria de Mérida”, Boletín del Archivo Histórico, 12 (Mérida,
julio-diciembre de 2008), pp. 207-227 y Pedro María Molina Márquez: “Pedro Rincón
Gutiérrez: El Rector Visionario”. Cambio de Siglo. Mérida, martes 7 de julio de
2009, p. 6. Sobre la posesión de La Hechicera, véase documentos en Eloi
Chalbaud Cardona: Historia de la Universidad de Los Andes. Mérida, 1975, Tomo
VII, pp. 120-124 y 132-136.
Mérida, 5 de julio de 2025.