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Nuevas crónicas de Historia Universitaria (37)

La Universidad de Los Andes y el urbanismo de Mérida por Alí Enrique López Bohórquez

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Por Alí Enrique López Bohórquez


Urbanismo para la élite universitaria y beneficio para la colectividad merideña.

 

Desde tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y de los gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez (1953-1994) tuvo lugar un programa de edificaciones universitarias que incidió en el urbanismo merideño. Entonces hubo una estrecha relación de la Universidad de Los Andes con organismos públicos y privados locales, regionales y nacionales para el desarrollo de dicho programa, orientado éste a dar soluciones tanto a problemas institucionales como de los miembros de la comunidad universitaria y de la merideña en general. Sin pretender abarcar con detalles lo ocurrido, haremos un rápido repaso a hechos específicos. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, después de las reconstrucciones del primer Edificio Central de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita (1934-1941), la edificación de los locales de las Facultades  de Medicina e Ingeniería (1953-1954) determinaron la construcción de la Av. Tulio Febres Cordero, donde estarían ubicados esos espacios universitarios. De gran significación fue la ejecución del proyecto de la Urbanización Universitaria o Urbanización El Rosario, hoy Urbanización El Encanto, entre las Avenidas Gonzalo Picón Febres y Urdaneta, con la participación del arquitecto español Manuel Mujica Millán en el diseño de casas para algunos profesores universitarios. Ello implicaría la pavimentación y alumbrado de esas avenidas, lo cual beneficiaría al urbanismo y la vialidad próxima al casco urbano de la ciudad.

Mujica Millán también dirigiría entre 1955 y 1956 la reconstrucción y ampliación del segundo Edificio Central de la Universidad, lo cual cambiaría la faz de la manzana que comprendía las Avenidas 2 Lora y 3 Independencia, entre las Calles 23 Vargas y 24 Rangel. La construcción de esta necesaria edificación significó el sacrificio de viejas casas solariegas de la ciudad que databan de finales del siglo XIX y comienzos del XX, dando origen ahora, de una manera más contundente, a una nueva relación de la Universidad con la ciudad, pues allí funcionarían por más de treinta años la Facultad de Derecho y hasta la actualidad la Facultad de Odontología, conjuntamente con el asiento de las oficinas de la autoridades universitarias, el Aula Magna, el Paraninfo, el Teatro César Rengifo y el Museo Arqueológico “Gonzalo Rincón Gutiérrez”. Las actividades que allí realizadas han incidido en un movimiento permanente de universitarios que se mezclaban indistintamente con la colectividad merideña en el casco central de la ciudad, amen de la existencia de cafetines, restaurantes, librerías, cine, farmacias, bancos, tiendas de ropas y hasta bares que estarían al servicio de estudiantes, profesores, empleados y obreros, de lo cual también serían beneficiarios los propietarios de esos establecimientos comerciales y el resto de la sociedad, indistintamente de su condición social.

Los actos de grado y otros eventos culturales, académicos y políticos ocurridos en esa edificación central trastocarían el normal desenvolvimiento de la ciudadanía por las interferencias en el transporte, la aglomeración de gente y por los efectos de hechos de violencias generados desde dentro y fuera de la Universidad. No menos importante fue el crecimiento de las residencias estudiantiles a partir de 1952, con el cierre temporal de la Universidad Central de Venezuela. A partir de entonces, y sobre todo después de 1960, casas de familia albergaron a la mayoría de los estudiantes universitarios, produciéndose progresivamente el proceso de alquiler de apartamentos, lo cual incidió en un alza general del canon de arrendamiento. Con el transcurrir del tiempo esta modalidad habitacional estudiantil sustituiría casi definitivamente a la vieja residencia familiar. El crecimiento cuantitativo de la comunidad universitaria determinó que los estudiantes, ante necesidades económicas evidentes, se vieran obligados a buscar albergues en lugares cercanos a sus respectivos centros de estudio, particularmente en los denominados barrios de Mérida, donde también tuvo lugar un proceso de construcción acelerada de pisos para la incorporación de habitaciones no siempre acondicionadas para la función de residencia estudiantil. Fenómeno habitacional que se extendió hasta Tabay y Ejido, convirtiéndose estas, prácticamente, en ciudades dormitorios. 

Mayor trascendencia tendría el programa de construcciones del Rector Pedro Rincón Gutiérrez, particularmente en los períodos 1959-1972, 1976-1980 y 1984-1988, junto a otras edificaciones universitarias que venían incidiendo en el urbanismo y vialidad de Mérida desde 1936, no solamente por los servicios que debían crearse alrededor de las nuevas dependencias de la institución, sino también por el crecimiento de la comunidad universitaria, que haría necesario un número mayor de residencias estudiantiles y un creciente programa de construcción de viviendas unifamiliares y edificios de apartamentos en la ciudad, con participación de la Universidad de Los Andes y de entidades públicas y privadas, bancarias y de construcción. En los primeros cinco años de su rectorado, el Dr. Rincón Gutiérrez se dedicó a “soñar y a diseñar”, con el asesoramiento lógico de expertos universitarios “La Ciudad Universitaria de Mérida”. Entre 1962 y 1964 presentó el Plan de Edificaciones teniendo como concepto que la “ciudad universitaria era toda Mérida”, acaso parafraseando la frase erróneamente atribuida a Mariano Picón Salas, de que “Mérida es una Ciudad con una Universidad por dentro”, por lo que consideró pertinente no “concentrar todos los edificios y servicios universitarios en una sola área”.  Ello fue expuesto por el Rincón Gutiérrez en dos documentos, escasamente conocidos por universitarios de la actualidad. Nos referimos a “La Universidad y su Desarrollo Futuro” (1962) y “Desarrollo de la Ciudad Universitaria de Mérida. Plan de Edificaciones” (1964). 

No todas las propuestas del Dr. Rincón Gutiérrez se llevaron a efecto, pero indudablemente que lo realizado en las siguientes dos décadas tuvo notables consecuencias urbanísticas para la ciudad. Cabe señalar que esas edificaciones pudieron desarrollarse gracias a su intensa actividad de adquirir terrenos a lo largo y ancho del perímetro de la ciudad, en buena medida con la participación de organismos públicos y privados de carácter regional o nacional. El prestigio en el ejercicio de la medicina, su condición de Rector y la vinculación de Perucho con parte de la élite social merideña también fueron factores importantes para que algunas familias de la ciudad ofrecieran en venta haciendas y parcelas a un costo muy bajo para la institución universitaria, junto a “donaciones” hechas en determinados momentos. En el exhaustivo y erudito artículo “Pedro Rincón Gutiérrez y la Ciudad Universitaria de Mérida”, José Mejías Lobo (actual Director del Archivo Histórico de la ULA) da cuenta de varias compra-ventas, indicándose lugares, extensiones y costos con las respectivas fuentes documentales.

Los espacios identificados fueron los siguientes: lotes de tierras de las Haciendas Campo de Oro y Santa Elena en 1959, donde se ubicarían la Residencia Masculina, el Hospital Universitario de Los Andes, la Facultad de Farmacia y Bioanálisis, los Servicios Generales de la Universidad y la Piscina Universitaria. De la primera de ellas se donarían terrenos para la Casa Sindical, la Escuela Técnica Manuel Antonio Pulido Méndez, y con el auspicio de la Universidad y el Banco Obrero la Urbanización Fray Juan Ramos de Lora para empleados universitarios, así como para un Estadio de Béisbol Menor. En ese mismo año la ULA adquirió la finca agrícola Los Sauzales, en la que se construiría una Urbanización con el mismo nombre. Terrenos que serían cambiados al Banco Obrero por el denominado Estadio Lourdes, en las adyacencias del Paseo de la Feria y la Prolongación de El Viaducto Campo Elías. En 1961 continuaría la compra de terrenos, en este año la Hacienda Milla o Santa María, en la que se construiría progresivamente un complejo de viviendas unifamiliares en sus sectores norte y sur, divididos por la Avenida Universidad. Seguirían en 1963 una extensión de tierras de la Hacienda La Pedregosa, que fue permutado al Banco Obrero y donde se edificaría la Urbanización Humboldt, y la construcción de galpones para alojar por treinta años a las Facultades de Humanidades y Educación y Economía, dando paso a la Avenida Universidad.

En 1964, frente a esas instalaciones universitarias se edifican nueve bloques de las Residencias Los Caciques para profesores, empleados y obreros de la ULA y se construyen siete casas en La Hoyada de Milla para profesores invitados por el Centro de Investigaciones de Aguas y Tierras (CIDIAT), las que años más tarde serían ocupadas por distintas dependencias académicas, gremiales y de servicios de la Universidad, incluso como vivienda familiar de algún profesor. Luego en 1965, las tierras de La Hechicera, Santa Rosa (Estas habían pertenecido a la Universidad para 1872) y Santa Ana. En esos espacios se ubicarían el Núcleo de la Hechicera, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias y La Estación Agropecuaria Santa Rosa. Se donaron lotes de terrenos para las Oficinas de MINDUR, el CONICIT-FUNDACITE y el Centro de Internacional de Astronomía (CIDA) y finalmente las Residencias Domingo Salazar en la Avenida Alberto Carnevali. También en ese año varias parcelas, en la parte baja de la Facultad de Ingeniería, en las que terminarían ubicándose dos Tanques de Agua y el Complejo Deportivo “Luis Ghersi Govea”. En 1967 se adquiere la Hacienda Liria, cediéndose al gobierno regional parcelas para la edificación de La Plaza de Toros “Román Eduardo Sandia” y al Ministerio de Educación para la Universidad Nacional Abierta (UNA), así como también a la APULA para el Centro Educativo “Carlos Emilio Muñóz Oráa” (CEAPULA). Frente a esos espacios en la década de los 80 y 90 del siglo XX se establecería el Núcleo Liria, compuesto por las Facultades de Ciencias Jurídicas y Políticas, Humanidades y Educación, y Ciencias Económicas y Sociales. Como hemos señalado, todo ese proceso de construcciones universitarias incidió en el desarrollo urbano de determinados sectores de la ciudad, mediante la construcción de avenidas, calles, plazas, complejos deportivos y habitaciones y demás servicios requeridos para los mismos.

El plan de una Ciudad Universitaria propuesto por Pedro Rincón Gutiérrez en 1962-1964 comprendía cuatro núcleos fundamentales: El Grupo Médico-Biológico, el cual estaría ubicado en la Hacienda Campo de Oro, integrado por los siguientes servicios: Hospital Universitario, Facultades de Farmacia, Medicina y Odontología; Hospital Psiquiátrico, Escuela de Enfermeras, Instituto de Ciencias Médicas Básicas. A este conjunto arquitectónico se unía la Residencia Estudiantil Masculina que para entonces estaba en servicio, pues había sido inaugurada en 1963, así como las correspondientes instalaciones deportivas, un Centro Comunal y Rental, y un programa de viviendas para empleados de la Universidad. Los estudios y diseño de este complejo universitario estuvieron a cargo de la entonces División de Estudios y Proyectos del Ministerio de Obras Públicas y la Oficina de Construcciones y mantenimiento de la propia Universidad. De este grupo sólo entrarían en funcionamiento el Hospital Universitario, la Facultad de Farmacia y Bioanálisis, parcialmente las instalaciones deportivas y la Urbanización Fray Juan Ramos de Lora. Todo lo cual trajo cambios importantes para sectores de la ciudad como Santa Elena, Campo de Oro, Santa Juana y Avenida 16 de Septiembre, pues un buen número de estudiantes de dicha Facultad se ubicó en residencias familiares o en casas alquiladas al efecto. De igual manera, la construcción de aquella urbanización implicó una significativa solución habitacional para distintos miembros de la comunidad universitaria, compartida con otros sectores profesionales que tuvieron acceso a la misma, y el diseño de una nueva vialidad y movimiento de transporte a esos sectores.

El Grupo Forestal, que estaría localizado en el bosque adyacente al río Milla (Zona de Los Chorros), estaría compuesto de los siguientes servicios: Instituto de Silvicultura, Instituto de Geografía y Conservación de Recursos Naturales Renovables y Facultad de Ciencias Forestales. Nuevamente, al igual que el grupo médico-biológico, en la construcción de este núcleo hubo una efectiva participación compartida del Gobierno Nacional y la Universidad de Los Andes. Junto a estas edificaciones estaba el Instituto Forestal Latinoamericano de Investigación y Capacitación, que entonces era una dependencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y que se construiría en terrenos de la ULA con los aportes del Ministerio de Agricultura y Cría; así como el Laboratorio de Productos Forestales (LABONAC) y la Escuela de Peritos Forestales, que estaban adscritas a dicho Ministerio y que funcionaban mediante convenio entre ambas instituciones. Esas dependencias extra universitarias luego serían adscritas definitivamente a la Universidad de Los Andes. Completaba este conjunto universitario la residencia para expertos y becarios de los cursos de graduados en Ciencias Forestales. Es decir, la Escuela Forestal de Graduados para América Latina que iniciaría sus actividades a partir de 1965 a través de un acuerdo con el Fondo Especial de las Naciones Unidas y el Gobierno Nacional. De nuevo, la incidencia en El Amparo, Los Chorros de Milla y La Milagrosa fue significativa en cuanto al alojamiento de los estudiantes y mejoramiento de los servicios viales y de transporte para esas zonas.

El Grupo Técnico Científico Humanístico se ubicaría en los terrenos de la Hacienda La Hechicera. Lo conformaban las siguientes construcciones: Edificio Central para servicios administrativos y Biblioteca, Casa del Estudiante para centralizar todos los servicios dedicados a la atención y orientación del alumnado (Organización de Bienestar Estudiantil, Comedor, Librería, Ropero y ambientes recreativos), Área Deportiva, Facultades de Ingeniería (Escuelas de Civil, Arquitectura, Eléctrica y las que se crearan posteriormente), de Ciencias Básicas (Escuelas de Matemáticas, Física y Química), de Ciencias Naturales, de Derecho, Humanidades y Economía. Este núcleo no se puso en inmediato funcionamiento y se retardó su definitiva construcción, lo cual no ocurriría a finales de la década de los sesenta del siglo XX. Inicialmente se puso en funcionamiento lo correspondiente a la Biblioteca y la Facultad de Ciencias. Las Facultades de Economía, Humanidades y Educación continuarían por varios años en sus improvisadas instalaciones de la Avenida Universidad, construidas entre 1962 y 1963. La primera de éstas posteriormente sería trasladada a La Hechicera, para definitivamente tener su sede en el Núcleo Liria hacia 1995, la segunda lo haría a este espacio en 1994. En cuanto a Derecho, luego Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, continuaría en el Edificio Central por muchos años hasta la construcción de su edificación en La Liria, frente a la Plaza de Toros. La Facultad de Ingeniería tardaría su mudanza a La Hechicera. El área deportiva se construyó parcialmente y nunca se puso en servicio la Casa del Estudiante como tampoco la Facultad de Ciencias Naturales, idea que no se formalizó en la Universidad. Sin embargo, la puesta en funcionamiento de este núcleo universitario tendría efectos significativos para sectores como Milla, Santa Rosa y Santa Ana Norte con nuevas residencias estudiantiles, construcción de complejos habitacionales con adquisiciones de distintos miembros de la comunidad universitaria y, particularmente, de la Avenida Alberto Carnevali. Nuevamente la presencia del Ministerio de Obras Públicas se hizo presente con la contratación del arquitecto Horacio Caminos para que realizara el estudio correspondiente con las características de Mérida como ciudad universitaria.

El Grupo Cultural-Educativo-Residencial y Comercial no llegaría a realizarse. Se trataba de un complejo que ocuparía los terrenos adyacentes a la Avenida Tulio Febres Cordero y las instalaciones universitarias existentes en la zona que se irían desocupando al ser construidas sus sedes en Campo de Oro y La Hechicera (Farmacia y Bioanálisis, Medicina e Ingeniería). El Grupo Cultural correspondería al Departamento de Extensión Cultural, Teatro, Escuela de Arte y Biblioteca Pública, todo lo cual hubiera contribuido a destacar aún más la intervención cultural de la Universidad en la ciudad. El Grupo Residencial-Comercial abarcaría un centro comercial que generaría rentas para la Universidad y un complejo habitacional de unidades multifamiliares.

Como señalamos, hacia 1963 se instalaron la Facultad de Humanidades y Educación y la Facultad de Economía, lo cual dio origen a la Avenida Universidad y a nuevos servicios y mayor desarrollo habitacional para sectores como La Hoyada de Milla, La Milagrosa y Andrés Eloy Blanco. En ello incidiría también la construcción de la primera edificación de la Facultad de Arquitectura en La Hoyada de Milla, en terrenos adyacentes a lo que luego sería la Urbanización Santa María Sur. Años más tarde, Arquitectura sería trasladada al núcleo de La Hechicera, como inicialmente lo había proyectado el Rector Pedro Rincón Gutiérrez. Su espacio sería ocupado por la última instancia académica universitaria: la Facultad de Arte en 2005. Cabe señalar que al frente de las Facultades de Economía y de Humanidades se construyeron las Residencias Los Caciques (1964) y cerca de las mismas la Urbanización Santa María Norte (desde 1961), apartamentos y viviendas que mayoritariamente fueron adquiridas por profesores, empleados y obreros de la ULA. En dichas residencias funcionaron dependencias universitarias desde entonces y hasta nuestros días. No habrá un nuevo complejo habitacional hasta el rectorado del Dr. Ramón Vicente Casanova (1972-1976) con los denominados Bloques de Campo de Oro, el Conjunto Residencial “Pedro Rincón Gutiérrez” auspiciado por la Asociación de Empleados y, más recientemente, el que se construyó en terrenos de la Universidad, dentro de la Urbanización Santa María Norte con el auspicio del Consejo de Fomento, particularmente para profesores universitarios. Aunque, como en los otros complejos habitacionales universitarios, funcionaron mecanismos de adquisición de viviendas por parte de particulares, ajenos a la Universidad. A ello debe agregarse el financiamiento que permanentemente venían haciendo las Cajas de Ahorro y Fondos de Jubilaciones de profesores, empleados y obreros para la adquisición de Apartamentos y Casas, lo cual tendría efecto en el sector inmobiliario de la ciudad y en general en la economía merideña, por todo lo que implica la construcción y acondicionamiento de esas soluciones habitacionales.

Cabría preguntarse: ¿qué ocurrió con el proyecto del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, si durante sus distintas gestiones rectorales, y de otras administraciones universitarias, pudo haberse realizado su sueño de ver convertida a Mérida en una verdadera Ciudad Universitaria? La respuesta podría encontrarse en el hecho de que progresivamente la Universidad de Los Andes se fue divorciando del Estado por razones políticas, y éste, pudiera decirse que mezquinamente, no respondió a las exigencias de la institución universitaria que debió esperar por años los recursos necesarios para completar el Plan de Edificaciones del Rector que, indudablemente, hubiera tenido un efecto mayor en el desarrollo de Mérida. Es cierto que fueron muchas las cosas efectuadas, pero la mayoría de las construcciones se realizaron muy lentamente, mientras que otras dejaron de hacerse y los programas-convenios nacionales e internacionales se fueron perdiendo para ser asumidos exclusivamente por la Universidad. En fin, fue un proyecto que de haberse completado hubiera dado a la ciudad un giro distinto en muchos aspectos y hubiera convertido a la Universidad definitivamente en la mayor empresa histórica de Mérida, como lo manifestó Mariano Picón Salas en 1958, al incorporarse de manera decisiva a lograr el desarrollo integral de Mérida y de los Andes venezolanos. Y eso todavía lo espera de su Universidad la ciudad y la región.

Retomar, revisar y completar este proyecto de Pedro Rincón Gutiérrez podría ser una buena iniciativa de quienes gobernarán a la Universidad de Los Andes en los próximos años de la presente centuria, cuando esta vuelva por sus cauces legales de elegir formalmente a sus autoridades rectorales. Cerramos esta Crónica con la afirmación de que es indudable el efecto que la ULA ha tenido en la ciudad de Mérida en materia urbanística, como caso único en el país, para seguir siendo considerada la “Ciudad Universitaria por excelencia de Venezuela”. Vamos a concluir esta Crónica compartiendo con José F. Mejías lo dicho en el mencionado artículo, en cuanto a que “el acondicionamiento físico de la Universidad se convirtió para el Rector Rincón en una prioridad. Los cambios que se estaban experimentando para este período en cuanto a número de estudiantes exigían la ejecución de un plan de edificaciones que diera respuesta a los nuevos escenarios que se avecinaban con el crecimiento de la educación secundaria.” También fue preocupación de Perucho la incorporación de profesores e investigadores extranjeros y el envío al exterior a realizar estudios de postgrado a un número importante de egresados que ya habían ingresado a la ULA como docentes. Pero la Universidad de Los Andes no eran solamente esos dos aspectos, académicamente hablando.

Poco se hizo en la década 1959-1969 por cambiar la estructura académica de la institución, la cual siguió, prácticamente, funcionado con el mismo modelo de enseñanza de contenidos científicos y humanísticos heredada del siglo XIX y primera mitad del XX. La irrupción de la Renovación Universitaria de los años 1969-1970 fue una respuesta a esa continuidad educativa, con propuestas de cambios, aparentemente novedosas, pero que finalmente no se pusieron en práctica en los nuevos planes de estudios establecidos a partir de ese último año. El cambio se concentró en su administración de esos planes mediante el paso del régimen anual al semestral (y ello en no todas las carreras), un Ciclo Básico Común para algunas carreras, la actuación paritaria de estudiantes-profesores en el cogobierno universitario, junto a la eliminación de los Centros y Federación de Estudiantes, de donde habían surgido las ideas de transformación del caduco modelo de enseñanza de la Universidad de Los Andes, con excepción del inicio de actividades de la Facultad de Ciencias, constituida por Departamentos especializados y no por Escuelas. Lo sustancial quedó relegado de manera absoluta: el significado de la enseñanza y la investigación en la proyección y solución de los problemas más ingentes de la sociedad, como lo exigía la Ley de Universidades de 1958 y mantendría la impuesta por el Gobierno de Rafael Caldera en 1970, sin intervención y opinión de las Universidades Nacionales Autónomas. A lo acontecido en la ULA entre 1959 y 1969, en materia de estructura académica, enseñanza, investigación y proyección en Mérida, nos referiremos en próxima Crónica.

Para más detalles a lo que hemos expuesto remitimos al proyecto del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez: La Universidad y su desarrollo futuro. Mérida, Universidad de Los Andes, Publicaciones del Rectorado, 1962 y Desarrollo de la Ciudad Universitaria. Plan de Edificaciones. Mérida, Universidad de Los Andes, 1964; y a los siguientes artículos: Alí Enrique López Bohórquez: “La ciudad universitaria que Pedro Rincón Gutiérrez soñó”, Investigación. Revista del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico- CDCHT, 10 (Mérida, septiembre-diciembre de 2004) y José F. Mejías Lobo: “Pedro Rincón Gutiérrez y la ciudad universitaria de Mérida”, Boletín del Archivo Histórico, 12 (Mérida, julio-diciembre de 2008), pp. 207-227 y Pedro María Molina Márquez: “Pedro Rincón Gutiérrez: El Rector Visionario”. Cambio de Siglo. Mérida, martes 7 de julio de 2009, p. 6. Sobre la posesión de La Hechicera, véase documentos en Eloi Chalbaud Cardona: Historia de la Universidad de Los Andes. Mérida, 1975, Tomo VII, pp. 120-124 y 132-136.

Mérida, 5 de julio de 2025.


(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Doctor en Historia. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes. Premio Nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).





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