Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:05 pm
Dejar fluir es el principio más importante del Tao, esa especie de filosofía que significa camino o sendero y que se refiere al orden del universo, de la naturaleza y de la vida. Dejar fluir es el arte de vivir en armonía con el devenir y sus cambios, sin forzar la marcha de la realidad. No se refiere a la inactividad, sin acción alguna, sino a que esas acciones sean armoniosas y adecuadas al flujo de natural de la vida.
Dejar fluir es aceptar que hay cosas que no están bajo nuestro control y que la forma más sabia de proceder es tomar conciencia de ello, y actuar conforme a esa realidad, sin forzar, actuando con sabiduría y sabiendo que los seres humanos formamos parte de un gran sistema interconectado. Dejar fluir como lo hace el agua desde que cae en forma de lluvia hasta que toma su cause y busca su destino. La vida es el cause, es el camino.
Escribe el poeta Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”; y Jorge Manrique: “Nuestra vida son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”.
Nos detenemos en la metáfora del río. El agua cae en forma de lluvia en la alta montaña y una parte se queda en la cobertura vegetal alimentando la biodiversidad, otra percola a alimentar los acuíferos subterráneos, una vuelve a la atmósfera por evaporación y evapotranspiración, y la que queda corre hacia abajo convertida en arroyuelos, quebradas y ríos hasta llegar al mar.
Corre al ritmo del entorno que encuentra en el camino. Tranquila se desliza suave en la llanura o feroz en los torrentes de las alturas. Siempre a su manera. Al toparse con obstáculos no se detiene, sigue fluyendo y colma el lugar donde encuentra una represa, o acumula sus fuerzas para derribar los obstáculos, pero sigue su marcha y se desvía por donde encuentra un sendero.