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Nuevas Crónicas de Historia Universitaria (38)

La Universidad de Los Andes: un turismo académico con trayectoria histórica por Alí Enrique López Bohórquez (*)

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Por Alí Enrique López Bohórquez


La Universidad de Los Andes fue la segunda Universidad establecida en Venezuela en los albores del proceso emancipador. Inicialmente representó un factor determinante para el desarrollo educativo y cultural de Mérida, pero con el tiempo un elemento significativo para su economía y urbanismo, así como también un atractivo turístico importante que se ha expresado en una trascendente relación de los universitarios que han venido de otros lugares del país y del mundo, con la ciudad que les alberga. Así, el propósito de esta Crónica es evidenciar cómo esta institución universitaria, en sus doscientos quince años de existencia, ha sido no solamente un hecho histórico trascendental para Mérida y la región andina en general como atractivo educativo para una buena formación profesional, lo cual ha incidido en que esta ciudad serrana y su universidad sean espacios preferidos por venezolanos y extranjeros para estudiar, enseñar, pero también para disfrutar de las bellezas naturales del medio ambiente que les rodea. Para explicar ello, haremos un repaso histórico que permita comprender por qué se puede considerar a la Universidad de Los Andes una institución de turismo académico con trayectoria histórica.

La Universidad de Los Andes: una importante atracción para el estudio y la enseñanza.

Desde su creación el 21 de septiembre de 1810, por la Junta Superior Gubernativa de Mérida, la Universidad de Los Andes ha sido una atracción constante para jóvenes estudiantes que, venidos de distintos lugares del país, buscan en Mérida y en su Alma Mater un espacio para realizar las carreras que ofrece y formarse profesionalmente en los distintos campos del saber, humanísticos o científicos, que la ULA ha ido desarrollando a través del tiempo. Después de su restablecimiento en 1832, pues este instituto universitario cesó sus funciones a los dieciocho meses de su fundación como consecuencia del terremoto que azotó a Mérida el 26 de marzo de 1812 y el inicio de la guerra de emancipación en su territorio, es posible advertir que, además del ingreso masivo de merideños a las aulas universitarias, la institución se nutrió gradualmente de estudiantes y catedráticos venidos particularmente de las ciudades capitales de los Estados Táchira, Trujillo, Barinas, Zulia (San Cristóbal, Trujillo, Barinas y Maracaibo), con menor afluencia de otras localidades de las regiones llanera, occidente y centro del país (Guanare, Apure, Guárico, El Tocuyo, Barquisimeto, Carora, Coro, San Carlos, La Victoria). Sin dejar de mencionar que otros venezolanos y extranjeros estudiaron o ejercieron la docencia en distintos momentos entre 1832 y 1900.

Los fondos documentales de la Universidad de Los Andes referidos al ingreso de estudiantes durante el siglo XIX, con los vacíos propios de la pérdida de muchos expedientes por acción del tiempo y las condiciones en que se conservaron, permiten hablar de unos 2.000 estudiantes, de los cuales egresaron solamente 529. Ello prueba que era una institución universitaria pequeña que funcionaba con muchas dificultades en el orden económico y académico, con un número reducido de catedráticos, como se les llamaba entonces a los profesores, para dictar orgánicamente desde 1843 los estudios en las Facultades de Ciencias Políticas (Derecho), Filosofía o Humanidades, y Ciencias Eclesiásticas (1843-1907). En 1854 se incorporaron los de Medicina y, dentro de esta Facultad, los de Farmacia en 1894. Al iniciarse el siglo XX se restablecieron los estudios de Farmacia (1918) y de Medicina (1928) que habían sido clausurados en 1904. La Universidad seguirá creciendo con nuevas cátedras, escuelas y facultades: Dentistería (1928) denominada luego Odontología (1942); Ciencias Físicas y Matemáticas (1932) llamada después de Ingeniería (1953); Ingeniería Forestal (1952) y la Escuela de Humanidades (1955). Al iniciarse la era democrática, con la caída de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, la Universidad de Los Andes fue creciendo progresivamente en saberes y en matrícula estudiantil, lo cual a su vez incidió en la expansión de la planta profesoral y del personal administrativo y de servicio.

La relación académica y económica de la ULA con Mérida, Táchira y Trujillo.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, además de esas dependencias universitarias, fueron surgiendo distintas especialidades, institutos, centros y grupos de investigación, junto a la programación de actividades culturales y académicas de la más diversa naturaleza. No menos significativo fue el crecimiento urbanístico de Mérida gracias a la expansión de la Universidad con la construcción de conjuntos residenciales para profesores, empleados y obreros, y demás servicios derivados de ese crecimiento. En fin, se consolida una comunidad universitaria que se aproxima a finales de esa centuria a unas 35.000 personas, entre estudiantes, profesores, empleados y obreros (activos o jubilados) que de manera directa está vinculada a la institución, la que obviamente ha incidido en el tiempo en todos los aspectos de la educación, economía, sociedad, política, cultura y hasta de la lingüística de Mérida y sus alrededores. Buena parte de esa comunidad, venida de distintos lugares del país, como señalamos anteriormente, hizo su vida permanente en Mérida, para convertirse en un turista más, reincidente en admirar sus cualidades, envidiadas siempre por otras ciudades venezolanas, pues su característica de ciudad universitaria y sus propias condiciones naturales que califican a Mérida como una de las mejores de Venezuela, en lo que a calidad de vida se refiere. 

Así, se iría ampliando entonces el radio de acción de la ULA con la llegada, desde los más apartados rincones del país, de un volumen creciente de jóvenes bachilleres que se trasladaban a Mérida con el propósito de seguir estudios de educación superior, pero que también, cual turista que viene a vacacionar en  esta ciudad andina, fascinado por las noticias sobre su paisaje, clima, idiosincrasia de su gente, hospitalidad y, por supuesto, atraído por las distintas carreras de la Universidad de Los Andes, reconocida como la segunda institución universitaria del país. A las ya viejas Facultades se agregarían las de Economía (1958), Arquitectura (1970), Ciencias (1970), con nuevas Escuelas en algunas de aquéllas y Departamentos en la última de ellas, hasta llegar a la más reciente Facultad de Arte (2006). También con los Núcleos Universitarios de Trujillo (1972) y del Táchira (1975); las Extensiones de la Facultad de Medicina en Hospitales de Valera, Guanare y San Cristóbal. Además de los más recientes Núcleos establecidos en el Valle del Mocotíes y en El Vigía (2007). De buena parte de las actividades que esas dependencias académicas realizadas en el tiempo ha dado cuenta, fundamentalmente, la prensa merideña, trujillana y tachirense, la que diariamente registraba el más variado acontecer de la Universidad de Los Andes: Desde las naturales actividades académicas, administrativas y de extensión hasta hechos ocurridos a miembros de su comunidad ajenos a la propia institución. Sin dejar de mencionar que las protestas universitarias de estudiantes, profesores, empleados y obreros, por lo general, eran la noticia de importancia frente a otros sucesos acaecidos en la ciudad. Y esto último también en algunos momentos se había convertido en un atractivo turístico, si se consideran los comentarios emitidos por visitantes extranjeros que hicieron en la oportunidad de presenciar las batallas campales entre estudiantes y las fuerzas policiales-militares de esas entidades andinas, particularmente en Mérida, pareciéndole hechos insólitos que excepcionalmente habían ocurrido en sus ciudades y países de origen.

En la actualidad, la información universitaria ha disminuido notablemente, sin tener ahora la importancia que tuvo en el pasado. La inactividad de la Universidad y la progresiva desaparición de los periódicos en edición física podrían ser causantes de esa dismunición informativa. Basta revisar medios de comunicación escrita del siglo XX y primeras décadas del XXI para advertir que la Universidad de Los Andes era la noticia casi cotidiana en materia académica, en los problemas internos y las actividades culturales y deportivas que trascendían a la ciudad, las dificultades económicas para su funcionamiento junto a los reclamos salariales de la comunidad universitaria, los reclamos estudiantiles al Estado y a la Universidad, muchos de los cuales culminaban en protestas y manifestaciones con destrozos a bienes públicos y privados. Artículos de opinión de universitarios, los llamados a concursos de ingresos de profesores e investigadores, las licitaciones de contratos para determinadas necesidades de la institución, los calendarios de actividades, las caravanas de alumnos previas a sus respectivos grados fueron asuntos reiteradamente registrados incluidos en periódicos como El Vigilante, Correo de Los Andes, Cambio de Siglo, Frontera y Pico Bolívar. Solo los dos últimos han sobrevivido, uno digital y otro en físico-digital.  Diez Memorias de Grado de la Escuela de Historia, desarrolladas en la Cátedra de Historia de la Universidad de Los Andes, han registrado el impresionante número de noticias generadas por la ULA durante ese tiempo histórico, necesarias para la reconstrucción de su historia pasada, lejana o más reciente. En adelante resultará muy difícil por la carencia de abundante información institucional y la instantaneidad de los medios digitales de moda.    

El estudiante, el profesor y el empleado: turistas permanentes de la ciudad en la que habitan.

Por lo general el estudiante viene a la Universidad de Los Andes a probar suerte, sin conocer su destino final. Se inserta en la institución y en la sociedad merideña; habita en residencias institucionales o privadas; utiliza los servicios médico-asistenciales del instituto y de la ciudad; invierte en la misma con el consumo diario del alojamiento, la comida, la vestimenta, la diversión, etc., e interactúa con sus congéneres universitarios y demás habitantes de esta atractiva urbe andina. Es decir, hace prácticamente lo mismo que el turista transitorio que escoge a Mérida como su lugar de vacaciones anuales o de días feriados. Transcurren los años de estudio. Un buen número de los estudiantes que han ingresado a la institución llega hasta el día del grado en la ansiada Aula Magna, y entonces continúa la cadena turística: Sus familiares y amigos vienen a acompañarles en el día tan esperado, algunas veces prolongándose por un fin de semana, pues los actos de graduación se realizan por lo general los días viernes.

Los invitados a compartir la alegría del graduando hacen el esfuerzo por trasladarse a Mérida por aire o tierra, se alojan en hoteles, posadas, residencias o alquilan apartamentos; se alimentan en los más variados lugares que ofrece la ciudad, recorren sus sitios históricos, culturales y de distracción; y, por supuesto, visitan y adquieren productos en el Mercado Principal, el lugar de mayor atracción turística. Si se hiciera una estadística de la afluencia de turistas a Mérida en determinadas épocas del año, los días de grados ocuparían un alto sitial, pues la Universidad organiza anualmente once actos y en los meses de julio y diciembre hasta un número de cuatro en un mismo día. Entonces la ciudad universitaria es un hervidero de gente que va y viene en todo su casco urbano, que viste las mejores galas, que se retrata hasta más no poder, que asiste a los lugares alquilados por el graduando y sus padres para celebrar el día de la gloria: la culminación de los estudios universitarios.

Otro aspecto de incidencia de la Universidad de Los Andes en lo que hemos denominado “turismo académico permanente” se relaciona directamente con las diversas actividades extra curriculares que programa periódicamente la institución. En ello los protagonistas son la dependencia específica del hecho cultural, la Dirección General de Cultura y Extensión, y los profesores e investigadores, quienes a través de sus unidades de trabajo convocan en distintos momentos a sus pares para participar en congresos, simposios, encuentros, jornadas, seminarios, talleres, etc., orientados a exponer y a discutir sobre los más diversos aspectos del conocimiento humano. En el primer caso, en diversas ocasiones se realizan eventos culturales que atraen a un número considerable de personas de distintos lugares del país y hasta del extranjero que permanecen en la ciudad por cierto tiempo para participar en la actividad programada, pero también para practicar un turismo cultural, pues su condición de creadores de lo espiritual les invita a no dejar de visitar lugares o compartir con la gente vinculada con su quehacer por la cultura. De mayor profusión es el segundo caso, pues los eventos académicos convocan a un número mayor de personas, las que no pierden tiempo, paralelamente, de disfrutar del ambiente turístico que ofrece Mérida. Nuevamente, la ciudad alberga a los participantes de ambas actividades. Estos consumen sus servicios de alojamiento y comida, y adquieren los productos típicos exigidos por familiares y amigos. El Mercado Principal vuelve a convertirse en el lugar preferido de encuentro final para la despedida y la compra del recuerdo correspondiente para evidenciar su estadía en esta ciudad andina.

En fin, Mérida y su Universidad de Los Andes son un turismo permanente, pues también los que habitamos establemente en la ciudad y formamos parte de la institución seguimos encontrando día a día su atracción mágica, difícilmente localizable en otro lugar de Venezuela. Ciudad andina cuya actividad diaria algunas veces se convierte en agobiante y rutinaria, sobre todo para los que hemos venido de lugares radicalmente distintos al paisaje y la idiosincrasia merideña, pero que también su encanto permite recobrar la conciencia de que escogimos este bello espacio de la naturaleza andina para hacer vida estudiantil, donde hicimos carrera profesional, donde construimos familia y dimos hijos que por razón de su nacimiento y crecimiento ahora son merideños, donde seguramente echamos raíces para sembrarnos definitivamente en ella. Deseamos cerrar estas notas para insistir en que la Universidad de Los Andes forma parte de esa seducción mágica de Mérida, al convertirse también en un factor importante de su desarrollo turístico, por que, como dijo el poeta marabino Luis Ferrer, un viajero comerciante, en su vals “Paraíso Andino”, que la Ciudad y su Universidad son una atracción que cualquiera que aquí resida puede cantar de esta manera:

 

Vivo en un paraíso, de pájaros y flores

de brillantes colores se mueven por doquier,

Los Andes son mi vida, la sierra donde los

aires de las montañas traen perfume de Dios.

 

Tierras de montañas que se esconden en el cielo

sosteniendo en sus cumbres el manto del Creador;

caminitos de piedra serpenteando los cerros,

por cascadas que estallan en verdor.

 

Eres como un lucero, acunada entre tules,

cubiertos por las nubes, hilos de lluvia y rumor,

amanecen tus picos tapiados,

de noche eres pesebre, de día eres un sol.

 

Ciudad de Mérida, ciudad de los Caballeros,

homenajearte quiero cuna del saber,

lindo vergel, Dios que tanto te quiso

te hizo paraíso, con nombre de mujer.

 Descripción extraordinaria de la ciudad y su entorno que, en “Canto a Mérida”, el estudiante margariteño Nelson García dejó plasmada para testimoniar su estadía en la Universidad de Los Andes y que expresó nostálgicamente de esta manera:

 

Quiero cantarle a Mérida, apasionadamente,

la tierra que se viste del verdor estival,

la de los estudiantes en la Universidad,

hermoso sortilegio, romántico jardín.

 

Ya empieza a nevar, majestuosa sierra,

quiero que las azucenas y las muchachas

color de rosas, sepan apreciar las notas

apasionadas de mi canción.

 

Vengo del mar con un collar de perlas

para que me regales un bello frailejón,

quiero que las azucenas y las muchachas

color de rosas, sepan apreciar las notas

apasionadas de mi canción.

 

Mérida, 12 de julio de 2025

(*)  Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Doctor en Historia. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes. Premio Nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024)





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