La Universidad de Los Andes y su relación con la prensa y el periodismo merideño por Alí Enrique López Bohórquez (*)
Por Alí Enrique López Bohórquez
La Historia, a lo largo de su desarrollo
como Ciencia, ha afinado en el tiempo diferentes aspectos de su instrumental
teórico y metodológico, lo cual le ha permitido renovar progresivamente la
reconstrucción de los hechos del pasado para comprender mejor el presente. De
esos aspectos destaca lo referente a las fuentes de distinta naturaleza: las escritas,
las orales y las materiales en general. Sobre las primeras vamos a referirnos
en esta exposición, particularmente en lo que concierne a las publicaciones
periódicas, sin menospreciar la importancia que las otras fuentes también
tienen para el conocimiento y la comprensión del devenir histórico de una
sociedad determinada en sus más variadas particularidades, de un personaje
específico o de una institución pública o privada. Se han reconocido dos
fuentes escritas fundamentales: las llamadas primarias, mejor conocidas como los documentos; y las secundarias,
denominadas también historiografía. Las
primarias registran con autoría reconocida un hecho comprensivo de información
concreta, por lo general, exponiendo las circunstancias que la generaron y las
consecuencias de las mismas. La actividad de búsqueda y localización de estas
fuentes se conoce como la Heurística.El uso de los
documentos y de otros testimonios escritos culmina en la escritura de un
discurso que analiza e interpreta la historia que se investiga, de lo
acontecido, a lo cual se denomina Hermenéutica.
Más adelante veremos el significado que ello tiene para el tipo de fuente
objeto de esta Crónica. Continuemos
utilizando la inducción de lo general a lo particular hasta llegar al propósito
de nuestra exposición: la relación de la Universidad de Los
Andes con la prensa y el periodismo merideño. Las fuentes secundarias o
historiográficas se nos presentan, editorialmente hablando, en forma de libros,
artículos de revistas y de periódicos, discursos, conferencias y ponencias
publicadas en memorias de eventos de una especialidad.
De ellas nos interesa destacar a la prensa como fuente secundaria para el
estudio e investigación de la historia. Ésta tiene una doble condición: la
primera, como registro y difusión del diario
acontecer en una sociedad determinada y en un tiempo específico, mediante
lo que se conoce como noticia,
responsabilidad del periodista, del comunicador social o del propio periódico; y la segunda, como
divulgadora de la opinión de articulistas
ajenos a la estructura del periódico e incluso por los algunos periodistas.
Cabe señalar que la prensa puede ser considerada también como una fuente
primaria, cuando incluye documentos y otros registros de interés para el que
investiga (por ejemplo, un texto legal, la propaganda comercial, el aviso
institucional, la caricatura y las imágenes fotográficas que acompañan la
noticia). Ahora bien, en esa doble condición existen dos aspectos de ineludible
valoración ética: la confrontación entre la objetividad y la subjetividad,
tanto del articulista como del periodista. Para éste la objetividad es un requisito indispensable, en lo que respecta a la
noticia o difusión del diario suceder de la sociedad en sus más diversas
realidades: políticas, económicas, sociales, educativas, culturales,
policiales, militares, deportivas, institucionales, etc. Por lo general, se le
exige la exposición de lo sucedido, sin tergiversación e interpretación. En
cambio el articulista, como autor de las ideas que escribe y divulga a través
del periódico, puede hacer uso tanto de la objetividad como de la subjetividad.
Con ello queda sometido al juzgamiento crítico de sus lectores, particularmente
de los conocedores del tema tratado en el artículo.
Entendida y reconocida la prensa
como fuente secundaria para el estudio de la historia, ésta puede dar origen a
investigaciones de la más variada naturaleza, bien como única fuente, bien como
complementaria de otros testimonios escritos, orales o materiales. Así, la
noticia, la propaganda comercial, el aviso institucional, las caricaturas, los
documentos oficiales, los artículos de opinión, las imágenes, etc., se
convierten en evidencias valorables para el interés particular de cada
investigador. Hablamos de periódicos de una ciudad, una región o un país, lo
que también se puede apreciar en los periódicos institucionales, como es el
caso de los creados por organismos públicos o privados: entidades
gubernamentales, comercios, fundaciones académicas, organizaciones deportivas y
universidades, entre otros. Sólo que estos periódicos acentúan su contenido en
hechos y aspectos relacionados con sus respectivas naturalezas
institucionales.
En el caso de la Universidad de Los
Andes, aunque fundada el 21 de septiembre de 1810, y no antes como se suele
tergiversar este hecho, incluso por la propia institución debido a intereses
ajenos a la misma, no tuvo un periódico hasta 1956, con el título de Universidad, establecido por las
autoridades universitarias que habían sido designadas en 1953 por la dictadura
de Marcos Pérez Jiménez. Cabe señalar que otras Universidades, como la Universidad del Zulia
y la Universidad Central
de Venezuela, desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, respectivamente,
tuvieron periódicos institucionales de larga trayectoria, lo que no ocurrió en la ULA. Después, en la segunda
mitad de este último siglo lo harían la Universidad de Carabobo y la Universidad de
Oriente. Esa carencia periodística en la
ULA fue suplida de dos maneras: Una, a través de la edición
en Mérida de periódicos que contaron con la participación de un buen número
universitarios bajo la condición de propietarios, editores y articulistas desde
1846. Otra, con la creación de publicaciones periódicas que, en la categoría de
Anuarios, Gacetas, Revistas y Boletines, fueron medios de difusión de
sus actividades de docencia, investigación y extensión. De manera que la Universidad de Los
Andes ha contado con la prensa escrita como fuente para el conocimiento de su
acontecer, su estudio e investigación en una doble dimensión, a través de los
periódicos de la ciudad de Mérida y de los periódicos de la propia institución
universitaria y sus gremios, después de aquel primer periódico vigente hasta 1958,
y los que se fueron estableciendo con limitada edición y periodicidad. Sin
dejar de mencionar otros de carácter regional o nacional que en determinados
momentos han registrado el quehacer universitario de autoridades, profesores,
estudiantes, empleados y obreros de la universidad andina.
Ejemplos de lo anteriormente
señalado, entre muchos otros periódicos de la ciudad que incluyeron noticias
sobre la Universidad
de Los Andes, se encuentran: La Abeja (1858), El Alacrán (1891), Los Andes (1886), Alboradas
(1897), Alma Andina (1918), Atalaya (1920), Diario Patria (1925-1938) y Azul
(1921). Medios de comunicación escrita en los que se incluían, particularmente,
noticias sobre hechos de la universidad (exámenes, inscripciones, actos
académicos y públicos, nombramientos, fallecimientos de catedráticos y avisos a
los padres sobre comportamiento de sus hijos, conferencias, actividades culturales
y de extensión, etc.). De igual manera, los periódicos en los que
universitarios participaron de manera directa como propietarios, editores,
directivos o colaboradores con artículos, tal fue el caso de El Lápiz (1881), Álbum de la Familia
(1889), El Eco de Los Andes (1893), La
Apoteosis de
Miranda (1896), El Derecho
(1899), Álbum Merideño (1901), El Anuncio (1907), Alma Andina (1918), Alquimia
(1918), Arístides Rojas (1918) y El Espectador (1905 y 1943), entre
muchos otros. Un dato curioso adicional. Existieron dos periódicos que tuvieron
una orientación universitaria, pero que no pertenecieron a la institución. Nos
referimos a El Estudiante (1874) y Eco Universitario (1878-1879), ambos de
muy corta edición, como la mayoría de los periódicos merideños del siglo XIX y
primera mitad del XX.
En lo que respecta a las
publicaciones periódicas de la ULA,
entre 1891 y 1969 aparecieron el Anuario
de la Universidad
de Los Andes (1891-1900, 10 volúmenes), Gaceta
Universitaria (1904-1944, 144 números), Bibliotheca.
Boletín de la Biblioteca Central
de la Universidad(1954-1956), Universitas Emeritensis (1954-1961),
Revista Actual (1968-2018) de la Dirección de Cultura y Noticias ULA (1967-1969), además de Anuarios y Revistas de las Facultades a partir de 1950, la mayoría de las
cuales fueron despareciendo en el tiempo, con excepción de Ciencia e Ingeniería (Nos referimos a las surgidas a partir de ese
año en las distintas Facultades). Los tres primeros periódicos fueron Universidad (1956-1961), Lid Taller de la Democracia,
periódico hecho por estudiantes de Derecho (1960-1961) y Universidad de Los Andes (1961-1962). Le siguieron otros, entre
1970 y 2000, por lo general vinculados a gestiones rectorales o directivas de
gremios de profesores, empleados y obreros: El
Correo Universitario, Clarín
Universitario, APULA Informa, El Universitario, El Nuevo Gremio, Alcance,
Hoy Viernes: Semanario de la Universidad de Los
Andes y ULA. Universidad. Este último,
primero impreso en papel y luego en digital. Editados en forma de tabloide o
tamaño normal; con la característica de semanarios y quincenarios, distribuidos
a un módico precio u obsequiados dentro y fuera de la ULA. Cabe hacer un alto
en la exposición para informar que, sorpresivamente, aunque para las fechas de
esos periódicos funcionaba una Oficina de Prensa, luego convertida en la Dirección de Medios de
Comunicación, así como Hemerotecas en la Biblioteca Central
y en las distintas Facultades y Núcleos, escasamente existen colecciones
completas de esa prensa escrita universitaria, pues no fueron colocadas las
ediciones en esas dependencias encargadas de conservar la hemerografía
institucional, en su debido momento, como tampoco en otras bibliotecas de la
ciudad, particularmente en la Biblioteca
Febres Cordero-Biblioteca Nacional como lo establece la ley
al respecto.
Esa
participación de catedráticos de la
ULA en la fundación de periódicos tuvo un mayor desarrollo en
el siglo XIX y primera mitad del siglo XX, como está evidenciado en el trabajo
de Yolanda Mattera: Hemerografía Merideña
(1983), en el que se registra la
colección de publicaciones periódicas (Revistas,
Boletines, Gacetas y Periódicos) que
se conservan en la referida Biblioteca Febres Cordero. Las primeras noticias de
la Universidad
de Los Andes registradas en algunos periódicos de la centuria decimonónica fueron
inventariadas en 1996 por Airam Rubiselis Zerpa Angulo en su Memoria de Grado
de la Escuela
de Historia: Universidad de Los Andes: Un
registro hemerográfico del siglo XIX (1846-1899), en la que se incluye
información, fundamentalmente, de hechos y actividades acontecidas en la
institución durante esos años, con escasa aparición de artículos de opinión. En
el citado trabajo de Yolanda Matera se indican los periódicos y los nombres de universitarios
como propietarios, editores, miembros del consejo editorial o articulistas. Sería
extenso registrar los nombres de los mismos, por lo que solo mencionaremos
algunos de mayor actuación como catedráticos o autoridad universitaria en lo
que respecta al siglo XIX, entre otros: Caracciolo Parra y Olmedo, Pedro de
Jesús Godoy, Foción Febres Cordero, Federico Salas, Carlos María Zerpa, Tulio
Febres Cordero, José Clemente Mejías, Juan Nepomuceno Pagés Monsant, José de
Jesús Dávila, Gabriel Picón Febres yRamón Almarza. En cuanto a la primera mitad del siglo XX, destacaron: Gerónimo
Maldonado, Juan Nepomuceno Pagés Monsant, José Domingo Paoli, Ramón Parra
Picón, Tulio Febres Cordero, Humberto Tejera, Rafael Alberto Menda, Julio César
Salas, Roberto Picón Lares, Diego Carbonell, Pedro Guerra Fonseca, José
Francisco Valeri, Rigoberto Henríquez Vera, Edilberto Moreno, Carlos Febres
Poveda, Miguel Ángel Burelli Rivas y Pedro Nicolás Tablante Garrido. Esa
preocupación de universitarios por fundar periódicos desaparece en la segunda
mitad de la pasada centuria. Algunos asumieron la dirección de algunos de ellos
en determinados momentos, existiendo una mayor profusión de profesores,
empleados, escasamente estudiantes, publicando artículos de opinión.
En conocimiento de esa realidad, la Cátedra de Historia de la Universidad de Los
Andes dio inicio en 1996 a
una actividad de rescate, conservación y divulgación del quehacer universitario
en el tiempo mediante su enseñanza e investigación, incluyendo la información
registrada en la prensa escrita de Mérida, específicamente en los periódicos El Vigilante (1924-2000), Diario Patria (1925-1938), Frontera (1978-2015), Correo de Los Andes (1986-1994), Cambio de Siglo (1997-2000) y Pico Bolívar (2004-2005). Además de
ello, la realización de un trabajo que incluyó lo aparecido en periódicos,
revistas y boletines de la ciudad, no mencionados anteriormente entre 1900 y
1950; así como de algunos de los periódicos institucionales: Lid Taller de la Democracia(1958-1960),
Hoy Viernes (1997-2000) y en progreso
Universidad (1956-1961). De igual
manera otro estudio que trata acerca de la política comunicacional de la Universidad de Los
Andes durante los últimos cincuenta años. Nos referimos específicamente al
Trabajo Especial de Grado de la periodista de la ULA Yasmira del Valle Carrasquero
titulada: Medio siglo de historia de periodismo en la Universidad de Los
Andes: Transición de lo impreso a lo digital 1958-2012 (2017).
Esos periódicos y demás
publicaciones seriadas (Anuarios, Gacetas, Revistas y Boletines) han
sido objeto de investigaciones realizadas por estudiantes de la Escuela de Historia
conducentes a la presentación de sus respectivas Memorias de Grado, con
excepción del citado estudio de Yasmira Carrasquero para la obtención del
título de Magister en Historia de Venezuela. De manera que la Universidad de Los
Andes, a través de la Cátedra Libre
de Historia de la ULA,
dedicada al estudio de su proceso histórico, además de la recopilación de un
número considerable de fuentes bibliográficas y documentales, cuenta ahora con
una valiosa información para la reconstrucción de su devenir histórico
proveniente de las noticias, avisos institucionales, documentos, , obituarios, caricaturas,
imágenes fotográficas y artículos aparecidos en un buen número de periódicos de
Mérida. Existiendo todavía mucho por realizar a través de otros medios de
comunicación escrita de la ciudad y de los lugares de la región andina donde
desarrolla actividades académicas (Trujillo y San Cristóbal).
Veamos un ejemplo de los tantos
que pueden extraerse de la información registrada en esa prensa local y
regional, sin dejar de mencionar la prensa de circulación nacional, la que
ocasionalmente, sobre todo en coyunturas específicas, registró hechos y
situaciones de relevancia, mayormente referidas a posiciones y confrontaciones
políticas dentro de la institución universitaria andina o en particular de los
miembros de su comunidad (profesores, estudiantes, empleados y obreros) con
respecto a los distintos gobiernos de la era democrática, desde la caída de la
dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, los cuarenta años de
la denominada cuarta república (1960-1999), como también el tiempo de la llamada
quinta república (1999-2025). Los periódicos de todos esos años, en físico o en
digital, nos permiten conocer que tales confrontaciones no son exclusivas de los
últimos veinticinco años de la vida política del país, sino también de las
cuatro décadas que les preceden. Es decir, la prensa escrita es de mucha
utilidad para la revisión y la reconstrucción de la historia contemporánea de la Universidad de Los
Andes en su relación de acuerdos y desacuerdos con el Estado y también con
Mérida, tanto del pasado como del presente reciente. Tiempo histórico en el que
es fácil advertir, además del desarrollo de sus actividades académicas y sus
reiterados problemas económicos, entre muchas otras cosas, las actitudes
políticas ambivalentes de los universitarios y de la institución universitaria
como tal. Así, entre 1960 y 2000, una posición ideológica mayormente de
izquierda y anti imperialista contra los gobiernos de derecha de Rómulo
Betancourt (1960-1964), Raúl Leoni
(1964-1968), Rafael Caldera (1969-1973), Carlos Andrés Pérez (1973-1978), Luis
Herrera Campins (1979-1983), Jaime Lusinchi (1984-1988), Carlos Andrés Pérez
(1985-1994), José Ramón Velásquez (1994-1995) y Rafael Caldera (1995-1999).
Período que en adelante vamos a identificar como la Etapa A, caracterizada por
una fogosa actuación del movimiento estudiantil, escasa participación de los
gremios de profesores, empleados y obreros, y ambigua actuación de algunas de
las autoridades universitarias, estas últimas nunca desconociendo estos
gobiernos. Durante esos años la prensa local, regional y nacional se
comportaba, por lo general, como le correspondía: informar lo que sucedía, permitiendo
que los articulistas de opinión emitieran sus puntos de vista, cualesquiera
fuera su opción política.
Pero desde 1999, hasta el
presente año, se dio inicio en la Universidad de Los Andes a una posición
político-ideológica, ahora, mayormente de derecha y pro imperialista contra los
gobiernos de izquierda de Hugo Rafael Chávez Frías (1999-2013) y Nicolás Maduro
Moros (2013-2025), que luego identificaremos como Etapa B. Esta actitud
caracterizada por un movimiento estudiantil de actuación contraria a la etapa
precedente, pues devino de grupos influenciados por tendencias radicales de
izquierda a grupos sin verdadera identificación ideológica y variadas
definiciones políticas. Los gremios de profesores y empleados se coaligaron con
algunas autoridades universitarias empeñadas en enfrentar y, más recientemente,
desconocer al Gobierno Nacional, junto a una ambigua actitud del gremio de
obreros. Una “vuelta a la tortilla”, como dice el refrán popular. Hechos de
sesenta años que están registrados en la prensa local, regional y nacional,
sobre todo la merideña, en lo que respecta a la Universidad de Los
Andes, pero que pueden también ser verificados para las otras instituciones universitarias
de carácter autónomo y nacional.
Menuda tarea para los
historiadores, los periodistas y los investigadores del futuro que requieran de
la prensa como fuente de reconstrucción histórica, dado el contraste entre
ambas etapas, en lo que respecta a la prensa y al periodismo de carácter nacional. Durante la Etapa A se aprecia una
buena objetividad periodística en el cumplimiento ético de la función de
informar, siempre con algunas excepciones. Cabe señalar que entonces no
circulaban periódicos que se adscribieran de manera directa a las políticas de
los gobiernos de la cuarta república, al menos de manera evidente. Mientras que
en la Etapa B
se advierte una mayor subjetividad en el cumplimiento de la misma función,
nuevamente con ciertas excepciones claramente identificables en cuanto a la
divulgación de la noticia y la emisión de opiniones de los periodísticas, los
comunicadores sociales y, sobre todo, de los articulistas. Porque ahora, a la
prensa mayormente de oposición a los gobiernos de la quinta república, se suman
los que respaldan sus programas de transformación política, económica y social.
De manera que la tarea de discernir entre la objetividad y la subjetividad, la
tergiversación y la información interesada, la falsedad y la verdad,
constituirá una labor que ameritará sindéresis y reflexión equitativa a favor
de una mayor aproximación a la verdad histórica para un verdadero ejercicio de
la hermenéutica, tan requerida para el análisis y la interpretación histórica.
En el caso de la Universidad de Los
Andes, en lo que respecta a la prensa local, regional y nacional entre 1999 y 2025 como fuente para la
investigación histórica, esa tarea se complica por dos razones fundamentales.
En primer lugar, la sorprendente disminución de difusión en los medios de
comunicación de Mérida de las actividades académicas, administrativas y de
extensión de la
Universidad por despreocupación institucional, siendo la
actividad política de autoridades y gremios universitarios la que mayormente ha
sido registrada durante esos años, lo cual es una notable diferencia en cuanto
a la inclusión de la ULA
como noticia principal, sobre todo a partir de la segunda mitad el siglo XX. En
segundo lugar, la desaparición de algunos periódicos, para fines de esta
centuria, quedando solamente los diarios Frontera en forma digital y Pico Bolívar en físico, pero éste con un corto número de ediciones
y páginas. Todo lo cual contrasta con lo que había acontecido en el pasado
siglo, como lo evidencian las investigaciones realizadas por estudiantes de la Escuela de Historia sobre
esos dos periódicos, junto a El Vigilante,
Correo de Los Andes y Cambio de Siglo. Trabajos que pueden ser
consultados en la
Biblioteca “Gonzalo Rincón Gutiérrez” de la Facultad de Humanidades y
Educación y en la Biblioteca Central
“Tulio Febres Cordero” de la
Universidad de Los Andes, ubicada en su Edificio
Administrativo.
Para un mayor conocimiento de lo antes
expuesto remitimos a Yolanda Mattera: Hemerografía
Merideña.Mérida, Gobernación del
Estado Mérida / Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de
Bibliotecas, 1983; Airam Rubiselis Zerpa Angulo: Universidad de Los Andes: Un registro hemerográfico del siglo XIX
(1846-1899). Mérida, Escuela de Historia / Universidad de Los Andes,
1996 (Memoria de Grado presentada para optar al Título de Licenciada en
Historia); Yasmira
del Valle Carrasquero: Medio siglo de periodismo en la Universidad de Los
Andes: Transición de lo impreso a lo digital 1958-2012. Mérida, Maestría en Historia de
Venezuela / Universidad de Los Andes, 2017 (Trabajo de Grado presentado para
optar al título de Magister Scientiae en Historia de Venezuela); y Alí Enrique
López Bohórquez: “La prensa como fuente para la historia contemporánea de la Universidad de Los
Andes” en Crónicas de Historia Universitaria. Rescate de una memora
histórica extraviada y desconocida de la Universidad de Los Andes. Mérida, Consejo de
Publicaciones-CDCHT, 2008, pp. 53-56 y “Fuentes para la historia de la Universidad de Los
Andes: Memorias y Trabajos de Grado de la Escuela de Historia”, Anuario GRIHAL, 13 (Mérida,
enero-diciembre de 2019), pp. 58-92.
(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los
Andes. Doctor en Historia. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia de la Universidad de Los
Andes. Premio Nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio
Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).