Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:14 pm
Casi 8 millones de venezolanos votamos el 28 de julio de 2024 por Edmundo González Urrutia. Luego, la tiranía dio el golpe de Estado arrogándose una falsa victoria y cuando, espontáneamente, parte de la población, sobre todo jóvenes de los sectores más humildes salieron a cobrar la victoria, se desató una represión impresionante que aún se mantiene en intensidad y en el tiempo. Ese día nos convencimos de que para desplazar del poder a la camarilla que allí se quiere perpetuar, la vía electoral es solo una ilusión para los venezolanos y para la dictadura, un artilugio para aparecer ante la comunidad internacional como demócratas con legitimidad. Sobre todo, exhibiendo con gran alborozo la participación de quienes hasta hace algún tiempo fueron acérrimos opositores al régimen, pero luego se han convertido en dóciles y entusiastas aliados, sin llegar a colocarse la misma camiseta para hacer creer que son el equipo que los enfrenta.
No se puede negar que la política es dinámica y por lo tanto cambiante, en lo que respecta a las estrategias, las tácticas, incluso en las ideas. Pero hay principios y valores que deben ser permanentes como la ética, la lealtad, la solidaridad y sobre todo la vocación de servicio a la comunidad. Es lamentable, ver cómo desde hace unos 30 años, la política en nuestro país se ha convertido en un vertedero y en sus alrededores encontramos unos cuantos autodenominados "políticos" hurgando en las bolsas para ver que encuentran que les pueda servir para comer, para vender o para hacer trueque. Uno de los más importantes retos que tenemos, es precisamente sacar la política de allí y convertirla de nuevo en lo que fue en los comienzos de la era de oro de nuestra democracia. Un partido político, no puede ser dirigido, ni representado por quienes sean impuestos por una decisión judicial cumpliendo las órdenes del Poder Ejecutivo. Esa es una potestad sagrada que solo corresponde a sus militantes de acuerdo con lo consagrado en sus estatutos. Es insólito que cuando se revisa los partidos autorizados por el CNE la gran mayoría son dirigidos o representados por personas colocadas allí por una sentencia amañada, por ende, ilegal, pero como en este país la normalidad es: "por las buenas o por las malas" porque aquí se hace lo que ordene el jefe.
Hay quienes, de buena fe, piensan que ha pasado casi un año desde que ganamos las elecciones, y las cosas siguen igual o peor, que el país no tiene conducción política opositora que nos conduzca a lograr el cambio, y creen que lo mejor es participar en las elecciones de mañana. Quienes así piensan tienen todo el derecho y merecen nuestro respeto, pero es un contrasentido que si yo voté el 28 de julio de 2024, por Edmundo González Urrutia, para producir un cambio en Venezuela y fui despojado de mi decisión, se anuló mi voluntad, se hizo añicos la soberanía popular, por una banda de delincuentes, que todavía controlan todos los poderes, incluido quienes dirigen el órgano electoral, me olvide de que estos fueron los que me robaron, y de nuevo me exhiba ante ellos con toda mi riqueza ciudadana, es decir, la posibilidad de ejercer el sufragio, pensando que no me robarán nuevamente; pues, en el primer descuido te dejarán sin nada. El ladrón, lo que persigue es sorprender a su potencial víctima. Así es que, si ya te robó, ya sabe qué hacer para despojarte de todo lo que lleves contigo.
Ha circulado por las redes un video en el que vemos a un grupo destacado de miembros del mundo de la farándula, en una campaña en la que cada uno dice: "YO SÍ VOTO" invitando a votar en las elecciones de mañana. Lo primero que hay que destacar es que todos ellos y ellas tienen el derecho a pensar de esa manera y a expresarse en esos términos, es inaceptable que sean objeto de descalificaciones, recriminaciones o peor aún, agresiones; la única intriga es por qué no dicen por quién van a votar. ¿Será que piensan que cualquiera que quede es lo mismo o que todos los cangrejos están en el mismo saco? Quiero referirme solamente a dos de ellos, porque los admiro y cada vez que escriben los leo. Y de esas lecturas es imposible que alguien pueda dudar de la convicción democrática de Claudio Nazoa y de Héctor Manrique; lamento mucho, sí, que conociendo quién es el verdugo, y todas las cosas horribles que tiene en su haber, ayuden a sostenerlo y no a desalojarlo, pero cada quien lleva en su conciencia lo que hace y lo que no hace también, y cuando llega el momento de rendirle cuentas es implacable. En uno de sus artículos titulado "Todos perderemos todo", Claudio Nazoa escribe: ¿Podría yo vivir como lo hacen los cubanos en su tierra, parados en las esquinas o caminando en grupos de 3 o más sin camisas en cuero pelado, en short y con sandalias y sin ningún tipo de privilegio como aspirar a tener una casa, un carro o simplemente tener a Internet? Claudio, espero que no tengas que vivir como los cubanos, sino que vivas en Venezuela con los privilegios que antes tuvimos y que difícilmente podrás olvidar, y para que eso sea posible, presumo que sabes qué hay que hacer. En cuanto a Héctor Manrique, en una entrevista referida a su interpretación de Edmundo Chirinos en la obra Sangre en el diván, señala: "En la escena cuando yo sacaba a bailar a una mujer del público, tuve que prever la circunstancia de que algunas veces dijeran que sí y otras que no. En ninguna función me dijeron que no". Apreciado Héctor, en esta oportunidad espero hayas previsto que la inmensa mayoría de las y los venezolanos mañana te dirán que no. ¿Sabes por qué? Porque tenemos dignidad como tú, porque quienes nos robaron son los mismos a los que les tendríamos que formular la denuncia de que nos volvieron a robar y al final nos sembrarán y terminaremos en la cárcel por terroristas, narcotraficantes, corruptos y por instigación al odio.
Pero, yo ya voté hace un año y volveré a votar cuando me paguen el triunfo del 28J.
rafael.tuto@gmail.com
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