Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:38 pm
Hoy haré mi recomendación
para que los procesos de cambio de los migrantes les resulten lo menos
traumáticos posible a la hora de adaptarse a su nuevo país o destino. En ningún
caso, con el propósito de discriminar, sino para resaltar formas de
comportamiento con las cuales importunan, sin concienciarlo, en los sitios a
los que llegan.
Desafortunadamente, entre
las razones por las cuales algunos expatriados, de diferentes nacionalidades,
están teniendo problemas en las regiones de tránsito o de acogida es por el
hábito de escuchar música con volumen alto, formar escándalos (entendiéndose
este último como risotadas, frases estruendosas con vocabulario obsceno) o
hacer comentarios inadecuados. Estas prácticas han fomentado y continúan
fomentando dificultades a los grupos o individuos que se trasladan de una
nación a otra. Por lo señalado,
requieren ser analizadas con detenimiento por aquellos que contemplan radicarse
definitivamente en cualquier asentamiento humano.
Pudieran obviarse si sus
consecuencias solo se limitaran a malas caras o insultos entre vecinos y de
allí no trascendieran. No obstante, ha sido una constante en casi todos los
continentes que han recibido población desplazada. Los nativos comienzan a
quejarse de ruidos molestos desde tempranas horas del día hasta bien entrada la
noche, o hasta amancecer, en días no laborables o en momentos de
festividades que se supone sirven de asueto y reposo. Lo dicho ha producido
confrontaciones que han escalado de los golpes a situaciones con desenlaces
fatales como asesinatos.
Lamentablemente no es
exageración, basta revisar por internet los titulares y noticias de los medios
de comunicación de variados países (Estados Unidos, Ecuador, Colombia, Brasil,
Chile, Perú, España y otros más) e identificar lo que suscitó peleas
entre nativos y foráneos: Reiterativamente aparece el bullicio o aseveraciones
sin fundamento como detonantes.
En los eventos
examinados, los argumentos de los autores de los alborotos son: que se
encuentran en su casa y, por lo tanto, pueden obrar en ella como quieran; que
son ellos los que llevan la alegría a sus comunidades; que pretenden
evangelizar con cánticos religiosos a quienes son mundanos o no comparten su
fe; o, simplemente que, si a los demás no les gusta, que se tapen los oídos;
etcétera. No faltan aquellos que, en voz
alta despotrican del lugar donde residen efectuando agrias comparaciones con
referencia a su tierra natal (aquí no dejan hacer esto y en mi país, sí; los de
allá somos más bonitos que los de aquí, ustedes son unos ignorantes, entre
otras).
Aún peor: Inmediatamente
a las tragedias, varios de estos episodios son clasificados como crímenes de
odio y7o xenofobia cuando la raíz del mal tiene otras causas. Mientras no se tenga la humildad de revisar
las conductas poco cívicas que están impulsando los conflictos, seguirán
generándose estas secuelas. No busco justificar,
pero si ya se evidencia una tendencia, en la cual ciertas acciones incrementan
las probabilidades de ciertos resultados, lo mejor es encararlas y corregirlas.
Como residentes no
autóctonos de cualquier localidad tenemos derechos. Esto es innegable en la actualidad, y
diversos organismos internacionales y nacionales velan porque se honre nuestra
dignidad y se nos garanticen condiciones básicas de existencia. Pero, no podemos olvidar que también
adquirimos deberes y la esencia de estos pasa por el respeto al prójimo. Por
experiencia, al interactuar con habitantes de otras latitudes distintas a la
propia, se han mostrado más curiosos en relación a otra cultura que cerrados a
la misma. Es decir, no muestran un
rechazo innato a las usanzas ajenas, puesto que los intercambios culturales
suman, no restan, y enriquecen las sociedades que acogen a otros. Sin embargo, el éxito o fracaso de las
tentativas que hagamos por instalarnos en otros ámbitos depende, en gran
medida, de nuestra actitud.
Si necesitamos llamar la
atención, busquemos formas más constructivas de lograrlo. Investiguemos acerca de la cultura,
costumbres, tradiciones y leyes a donde vayamos. Lo principal es observar y comprometerse a
comprender los códigos de funcionamiento en donde lleguemos. Luego, tratar de establecer diálogos con
palabras y con ejemplos para aportar los saberes que poseemos en donde nos
reciben. Lo ideal es que siempre
proporcionemos soluciones y no complicaciones en estos destinos.
Lo expuesto hasta aquí no
es una exhortación a que la gente anule sus modos de convivencia o, lo que es
peor, que se reprima. Lo esperado es que canalicen adecuadamente sus
comportamientos, practicando buenos modales y procurando que su presencia sea
algo positivo y no negativo para quienes nos permiten vivir en su territorio.