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Por Alí Enrique López Bohórquez

Nuevas Crónicas de Historia Universitaria (41)

La Universidad de Los Andes y las fuentes documentales para su estudio por Alí Enrique López Bohórquez (*)



Nuevas Crónicas de Historia Universitaria (41)

La Universidad de Los Andes y las fuentes documentales para su estudio por Alí Enrique López Bohórquez (*)

Se ha reconocido que, dentro del conjunto de fuentes escritas, orales, visuales y materiales para el estudio e interpretación de la historia, las documentales constituyen las principales. Ello porque son testimonios escritos que trascienden en el tiempo por la manera física en que fueron conservados en papel y escritas con tintas de larga duración, las que con la aparición de la imprenta se hicieron más fiables y de mayor difusión. Ello se hizo posible, en el transcurrir del tiempo, contar con esos testimonios en cualquier parte del mundo. En la actualidad ello también ha ocurrido a medida que se ha desarrollado de manera vertiginosa la tecnología de la informática digital y virtual. La importancia dada al documento escrito en ningún momento debe desvalorar las otras fuentes pues, al fin y al cabo, también dan cuenta del acontecer humano en un tiempo y espacio determinado. Así, pudiéramos decir que existen dos orígenes de las fuentes documentales: Unas de carácter personal, las generadas de manera individual o colectiva, por voluntad propia de sus autores. Otras de carácter institucional, las generadas por distintos organismos públicos o privados de distinta naturaleza. En ambos casos, su valor histórico está determinado por la trascendencia de su contenido para el momento en que surgen o conocimiento posterior y por la conservación de las fuentes para el análisis, estudio, conocimiento y comprensión del presente, que a su vez sirvan para previsiones en el futuro inmediato o mediato.

 

Como institución pública, la Universidad de Los Andes cuenta con documentos de carácter individual-particular. Nos referimos a los  generados por y para los distintos miembros de la comunidad universitaria: autoridades, profesores, investigadores, estudiantes, empleados y obreros sobre asuntos específicos. De igual manera documentos de carácter colectivo extendidos de manera general a esos sectores académicos y administrativos o de manera específica dirigidos a uno de ellos. Ambos documentos, en razón de su naturaleza institucional yo propósitos particulares, se originan y resguardan en las distintas dependencias de la estructura académico-administrativa de la ULA: Autoridades Universitarias (Consejo Universitario, Rectorado, Vicerrectorados Académico o Administrativo y Secretaría, así como en las respectivas Coordinaciones y Direcciones adscritas a cada una de ellas). Sería extenso nombrarlas a todas, las que pueden visualizarse en las páginas web de cada autoridad o de la Universidad en general.

 

A los documentos originados o recibidos por estas instancias del gobierno universitario siguen los generados, nuevamente para los mencionados sectores de la institución, en las Facultades, Núcleos y Extensiones, en sus respectivos Consejos de Facultad o Núcleo, Escuelas, Departamentos y Secciones. Dentro de estas dependencias académicas existen otras productoras de documentos: Coordinaciones con distintas funciones, Institutos, Centros, Laboratorios y Grupos de Investigación, así como Postgrados  (Diplomados, Maestrías, Doctorados). No menos importante han sido los testimonios escritos de los Gremios y Asociaciones de profesores, estudiantes, empleados y obreros. No deben quedar por fuera instancias como las Cajas de Ahorros, Fondos de Jubilaciones y Servicios de Salud que atienden necesidades de la comunidad universitaria en asuntos específicos. Hemos presentado este inventario, probablemente incompleto por olvido involuntario en el momento de escritura de esta Crónica, para que el lector advierta de dónde proviene el impresionante volumen de fuentes documentales de la Universidad de Los Andes, no solamente para el desarrollo de sus actividades académicas, administrativas y de extensión, sino también para el estudio, conocimiento y comprensión de la historia de la Universidad de Los Andes, hasta ahora, en sus 215 años de existencia, que no 240 años, como con “bombos y platillos” la ULA conmemora anualmente junto con la Iglesia de Mérida.

 

Al respecto, advertimos que no se trata de un problema de tiempo (años menos o más), sino de la concepción y carácter de las dos instituciones: Seminario y Universidad, las que tienen orígenes y funciones distintas. Una para la Iglesia y la otra para el Estado, lo cual quedó definido el 21 de septiembre de 1810, y de allí en adelante hasta nuestros días. Por ello la Universidad de Los Andes conmemoró en 1910 su Centenario y en 1960 su Sesquicentenario, con el error de haber celebrado en 1985 un Bicentenario, que no se cumpliría hasta el 2010, como en efecto así se hizo. Sin embargo, se sigue con la falsa conmemoración fundacional cada 29 de marzo, cuando en verdad lo que ocurrió ese día en 1785 fue la creación de una Casa de Educación para los jóvenes inclinados a lo eclesiástico, que ni siquiera era Seminario, éste sólo a partir de 1787 y 1790. Precisamente, volvemos a referirnos a este asunto porque la verdad histórica está en los documentos que dieron origen a esas dos diferenciadas instituciones educativas, los cuales reposan tanto en el Archivo Histórico de la ULA y en el Archivo Arquidiocesano de Mérida, ampliamente publicados en distintos espacios editoriales, escasamente considerados, por desconocimiento o por omisión intencionada, por autoridades de ambas instituciones. La reconstrucción de la historia no se hace con buenas o malas intenciones de demostrar lo indemostrable. Se hace con pruebas documentales y su interpretación, sobre todo cuando surgen dudas como las que sobreviven en la institución y confunden a su comunidad y a la merideña en general.

 

Retomamos el tema de esta Crónica, después de esta breve y necesaria digresión, para señalar que las fuentes escritas, visuales, orales o materiales que dan cuenta de la historia de nuestra institución universitaria, de manera organizada o desorganizada, existen y se conservan en Archivos de cada dependencia académica yo administrativa. Destacan en su uso y manejo casi permanente los Archivos de las Facultades y Núcleos, Escuelas y Departamentos; los Archivos de las Autoridades Universitarias (Consejo Universitario, Secretaría, Rectorado, Vicerrectorados); el Archivo de Grados; el Archivo de la Dirección de Asuntos Profesorales y el Archivo de Personal Administrativo y de Servicio; y sobre todo el gran Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, al que nos referiremos más adelante por su significado para la reconstrucción de la historia de la ULA. No es que los otros archivos no tengan ese mismo valor, pero existe todavía un criterio de restricción de su utilidad para la investigación histórica, con prevalencia de la función académico-administrativa, independientemente de que en algunos de ellos existan documentos que han perdido esa función, pues datan desde la primera mitad del siglo XX o desde el momento de creación de algunas dependencias hace más de cincuenta años.

 

De todos los archivos universitarios, el Archivo Histórico es el que está en mejores condiciones, por sus objetivos y misión institucional, de servir a la investigación de la historia de la Universidad de Los Andes, como en efecto ha acontecido, particularmente desde el Decreto de transformación del viejo Archivo General de la Universidad en Archivo Histórico de la Universidad, del 24 de febrero de 1999, ejerciendo la Secretaría el Dr. Léster Rodríguez Herrera, a la que quedó adscrita en razón de lo que establece el Articulo 40 de la vigente Ley de Universidades. En esa disposición del Consejo Universitario se señaló que “el Archivo Histórico tendrá como funciones resguardar, conservar, organizar y poner a disposición, tanto de la Universidad como de los ciudadanos en general, la documentación producida y recibida por la Universidad de Los Andes en el transcurso de su vida institucional, desde su fundación, es decir, aquellos cuya data sea de cuarenta años o más. Además de estas funciones inherentes a su condición de archivo de la institución, la actividad del Archivo Histórico estará también orientada al apoyo a las tareas de investigación documental y a la reconstrucción de la historia de la Universidad de Los Andes.” El resto del articulado de dicho decreto se refirió al traslado de documentos de las distintas dependencias al AHULA; solicitud a éstas de copia de documentos de interés para ponerlos al servicio de la comunidad universitaria o del público en general; la remisión de publicaciones que dieran testimonios de actividades universitarias; la asistencia técnica a la organización y conservación de los archivos de distintas unidades académicas y administrativas, a fin de futuro traslado cumpliendo el tiempo legalmente establecido. De igual manera, los asuntos inherentes a la organización, requerimiento de recursos, su sede en el Edificio del Rectorado, la edición de un Boletín para dar cuenta de la documentación y de los estudios sobre la institución y demás actividades para la conservación y difusión de su memoria histórica; y la formulación del Reglamento de funcionamiento del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes.

 

Nos correspondió en aquella fecha de creación ejercer la primera Dirección del Archivo y de la edición de los dos primeros números del mencionado Boletín. Dirección a la que no se dio continuidad por los vaivenes de las políticas universitarias que han desconocido el sentido de continuidad del trabajo realizado. Siempre un nuevo comenzar, con cada nueva gestión de autoridades universitarias. Trabajo orientado, particularmente, a la fase de conversión del Archivo General en Archivo Histórico, la dotación al mismo de una estructura acorde con las exigencias archivísticas y de un abnegado personal que si pudo dar continuidad a las tareas iniciales por un tiempo más extenso. Otros ejercieron ese cargo, sin que se produjera una ruptura con los objetivos originalmente establecidos, excepto el traslado del archivo a una sede que no le correspondía, incumpliéndose el Artículo 8º de su Decreto de Creación y el Artículo 40º de la Ley de Universidades que faculta al Secretario como custodio del Archivo de la Universidad en el espacio donde esta autoridad ejerce sus funciones. Hecho de menor importancia, si se le compara con la continuidad de las labores de inventario y organización de la vieja y nueva documentación que se fue incorporando, el efectivo desarrollo de la investigación histórica, sobre todo por estudiantes de la Escuela de Historia para la realización de sus respectivas Memorias de Grado, de profesores y alumnos de distintas dependencias de la Universidad, de investigadores y de personas de la ciudad y de otros lugares del país que han requerido los servicios del personal del archivo para sus respectivos trabajos y necesidades particulares. Además de esta resaltante labor, la continuidad a la edición del Boletín del Archivo del Archivo Histórico, del cual se han publicado 22 números en físico y 12 en digital, según nos ha informado su actual Director, el Licenciado e Historiador José Mejías Lobo.

 

Así, en los siguientes veintiséis años, desde 1999 hasta el presente año, este repositorio documental, con el reconocido esfuerzo de su escaso personal, ha cumplido eficientemente sus objetivos, a pesar de la desatención que en cierto momento tuvo por parte de algún Secretario y con las limitaciones propias de la actual situación de la Universidad de Los Andes. Pero pudiéramos decir también que ese loable esfuerzo ha sido la concreción de la tarea encomendada en 1914 al catedrático Tulio Febres Cordero por el Rector Ramón Parra Picón, quien decretó el arreglo definitivo de los documentos del Archivo universitario en volúmenes debidamente encuadernados y empastados. Trabajo que fue culminado por Don Tulio en 1915, mediante un informe del trabajo realizado con el inventario de la encuadernación de 1.277 Expedientes de Grados de Bachilleres, Licenciados y Doctores, en 62 volúmenes (de 1806 a 1915), incluyendo los de los individuos de otras Universidades y las solicitudes de grado que no tuvieron efecto; 72 Tesis de Medicina, Ciencias Políticas, Farmacia y Ciencias Eclesiásticas, en 6 tomos (de 1898 a 1913); más un Índice General de la primera parte del Archivo. En realidad se trató de la continuidad de una actividad con el mismo criterio de organización, iniciada en 1909 por el Vicerrector Gonzalo Bernal Osorio, pero que Febres Cordero supo imprimirle un sello particular con la organización y empastado, que en la actualidad representan los documentos más consultados para el estudio de la historia de la Universidad de Los Andes, particularmente del siglo XIX y primeras cuatro décadas del XX.

 

Desconocemos si algún universitario incursionó en la organización del Archivo General, después de Tulio Febres Cordero. Transcurrió mucho tiempo para que el problema de los documentos universitarios en materia de su organización fuera nuevamente considerado. No existen informes anteriores a 1971 que den cuenta de ello. Entonces miembros de su personal hicieron señalamientos de la difícil situación de esta dependencia, presentando proposiciones concretas para solventarla, en cuanto a su organización y funcionamiento. No se prestó una atención efectiva a lo que estaba ocurriendo, y para 1996 la indolencia hacia el Archivo era total por parte de las autoridades universitarias, y en particular de las distintas Secretarías, a las que correspondía asumir la responsabilidad de tan grave asunto. Conocido el mismo por profesores de la Escuela de Historia, se dio inicio a la denuncia dentro y fuera de la Universidad. Las gestiones realizadas culminaron, finalmente, en la toma de una decisión definitiva, concretada en el mencionado Decreto del 24 de febrero de 1999 por parte del Secretario Léster Rodríguez Herrera, del Rector Felipe Pachano Rivera, del Vicerrector Académico Carlos Guillermo Cárdenas y del Vicerrector Administrativo Edilio Villegas, quienes acogieron y apoyaron el proyecto que les presentamos para la conversión del Archivo General en el Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes. No nos corresponde comentar lo ocurrido después de nuestra sustitución como Director en el 2000, pues podríamos pecar de subjetividad en la interpretación de las razones que determinaron un nuevo nombramiento, lo cual es un derecho conferido por la ley a toda nueva autoridad universitaria, en este caso al Secretario de la ULA.     

 

Progresivamente se ha ido incorporando nueva documentación, más por necesidad de las dependencias de desprenderse de papeles que ya no  tenían utilidad administrativa u ocupaban espacios requeridos para otras actividades, sin que existiera el criterio de lo histórico como argumento para los traslados que se hicieron con posterioridad al Archivo Histórico. Sería extenso detallar las distintas transferencias documentales al Archivo Histórico, lo cual indudablemente ha incrementado la posibilidad de que ese organismo siga siendo el mejor resguardador de la memoria histórica de la ULA, con la aspiración de que cada Facultad y Núcleo organicen sus respectivos archivos históricos, para que así puedan realizarse investigaciones sobre su trayectoria académica y administrativa. Sería entonces cuando podríamos hablar de estar la Universidad en condiciones de conformar equipos de investigación histórica, mediante una política coordinada y planificada por el Archivo Histórico y la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Magna tarea, pero estamos seguros que ello podría llevarse adelante, pues la institución cuenta con la materia prima indispensable para su realización: las fuentes documentales requeridas para la reconstrucción de su ya historia bicentenaria, así como con historiadores y de otros universitarios interesados en la tarea de rescatar, reconstruir y difundir el devenir histórico de la ULA.

 

Para quienes tengan interés en conocer la existencia del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, esta es su actual localización: Calle 35, entre la Avenida Tulio Febres Cordero y la Avenida 4 Bolívar, Nº 4-32. De igual manera, acerca de su origen y organización en el tiempo remitimos a los siguientes estudios: Tulio Febres Cordero: “Archivo Universitario” en Archivo de Historia y Variedades. Caracas, Editorial Sur América, 1931, Tomo II, 192-196;  Alí Enrique López Bohórquez: “El Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes”, Boletín del Archivo Histórico, 1 (Mérida, enero-diciembre de 1999), pp. 21-30; Lutecia Fistel de Ventura: “Fondos del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes”, Boletín del Archivo Histórico, 1 (Mérida, enero-diciembre de 1999), pp.59-64; Pedro María Molina Márquez: “La Colección de Hojas Sueltas del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes (Primera Parte)”, Boletín del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, 1 (Mérida, enero-diciembre de 1999), pp. 65-82; “La Colección de Hojas Sueltas del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes (Segunda Parte)”, en Boletín del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes,  2 (Mérida, enero-junio del 2000), pp. 103-116; “Creación del Sistema de Archivos de la Universidad de Los Andes. Proyecto-Propuesta”, Boletín del Archivo Histórico, 12 (Mérida, julio-diciembre de 2008), pp. 229-248; “La documentación de la Universidad en 1909 según el Inventario del Doctor Gonzalo Bernal Osorio”, Boletín del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, 3 (Mérida, 2000), pp. 37-72; “La Universidad y sus documentos”, Boletín del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, 8 (Mérida, enero-junio de 2003), pp. 11-16. Los Boletines del Archivo Histórico pueden ser consultados el Repositorio de Revistas Saber ULA, en la Biblioteca Central Tulio Febres Cordero (Edificio Administrativo) y en el propio Archivo.

 

Mérida, 2 de agosto de 2025


(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Doctor en Historia. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes. Premio Nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).