Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 03:44 pm
La Iglesia
Católica universal ha tenido en 2025 circunstancias de especial relevancia
histórica. En primer lugar, destaca la implementación
de las conclusiones y documento final de las sesiones del Sínodo de la
Sinodalidad, presentado el 26 de octubre de 2024, donde se nos compromete a
preservar la comunión, la participación y la misión.
Luego de
dieciséis asambleas sinodales, generales, ha quedado claro que la escucha y el
diálogo son la base para promover una Iglesia participativa, comunitaria y
misionera, con plena fidelidad al compromiso cristiano de caminar juntos.
En ese caminar, los
laicos tenemos responsabilidad fundamental, porque estamos incorporados a
Cristo por nuestro bautismo y nuestra confirmación, formando parte de un pueblo
que camina en la búsqueda de la santidad, en medio de los controvertidos signos
de los tiempos presentes.
En segundo
lugar, en el primer semestre enfrentamos el dolor de la muerte de nuestro Sumo
Pontífice Francisco. Luego seguimos con esperanzada alegría la elección del
Cardenal Robert Francis Prevost Martínez como Papa León XIV.
La Iglesia en Venezuela,
en el nuevo papado, se alegra por la noticia de que el próximo diecinueve de
octubre tendrá lugar la canonización dos venezolanos José Gregorio Hernández
Cisneros, médico y laico, ejemplo para nosotros, y la Madre Carmen Rendiles
Martínez, religiosa que es ejemplo sublime de mujer.
A nivel arquidiocesano
tuvimos la grata presencia del Excelentísimo Nuncio Apostólico de su Santidad
León XIV Monseñor Alberto Ortega Martín, que desempeña esta singular función de
relacionamiento con el Gobierno Nacional y de acompañamiento fraterno a la
jerarquía y feligresía nacional.
También debemos
destacar la consolidación de nuestra provincia eclesiástica, la más heterogénea
del país, gracias al respeto y liderazgo de nuestros pastores bajo la guía de Monseñor
Helizandro Terán Bermúdez, asistido por su fraternidad con los cinco obispos
sufragáneos.
En medio de
estos auspiciosos asuntos, no podemos dejar de poner en relieve el papel
central de nosotros los laicos, reconocido y explicitado en el Código de
Derecho Canónico, nuestra ley, en los cánones 224 a 231, formando parte del
pueblo de Dios en marcha, asistido por los dones del Espíritu Santo.
Estamos
comprometidos a participar vivencialmente en la vida de la Iglesia, colaborando
con el clero y con nuestros obispos, asistiendo a los sacerdotes activos y
retirados, caminando al lado de los hermanos que sufren, aupando a los
educadores de los muchos colegios católicos que tenemos en nuestra
jurisdicción, respetando y realzando los programas de pastoral, y preservando
la vida sacramental.
Tenemos el
deber, y hoy lo ratificamos de manera unánime, de estar al lado de nuestro
Pastor Provincial y Arquidiocesano, Monseñor Helizandro Terán, junto al clero
que orienta y guía nuestras parroquias merideñas. Los valoramos, como nuestros
principales conductores espirituales, los sentimos cercanos y afectuosos.
Juntos
organizamos la inmensa concentración del centenario arzobispal, hace dos años,
expresión de júbilo y honra a todos los hombres y mujeres, pastores o no, que
han hecho posible tantos capítulos eclesiales emeritenses, relevantes con
primacía nacional.
Confiamos plenamente en nuestros pastores. Bajo su mando y paternal conducción mantendremos a Mérida como la gran sede episcopal venezolana.
Mérida, 05 de agosto de 2025
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