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Apostamos al talento nacional por José Antonio Rivas Leone

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Por José Antonio Rivas Leone


Inicio esta columna para hacer una pausa y la debida reflexión en relación a la compleja situación que registra Venezuela y los venezolanos respectivamente. La gran mayoría de las distorsiones y trastornos que registramos en la actualidad son de reciente data o manifestados en estos años de la llamada revolución, otros problemas son anteriores o de vieja data, pero insisto los de mayor preocupación, dimensión y afectación para los venezolanos son recientes, y tiene que ver con un manejo errático de la economía, de los recursos naturales, de nuestras industrias básicas, de la salud, la seguridad y por supuesto de la educación en todos sus niveles.

Hemos olvidado al menos quienes nos han gobernado estos últimos años, el peso, la relevancia y transcendencia que en toda sociedad, y más en este mundo globalizado, cibernético y complejo, tiene la educación en todas sus formas, estilos, niveles y dimensiones, básicamente como la herramienta y recurso más importante de desarrollo, progreso, transformación y ascenso social que tiene una persona y la propia sociedad, y lo traigo a colación precisamente por el esfuerzo que en estas décadas hemos visto del sector universitario, de la educación media y básica, tanto pública como privada, especialmente en los liceos, colegios, unidades educativas y demás que con un esfuerzo titánico, con mística, disciplina y planificación están formando los muchachos que estamos recibiendo en la universidad. 

Algunos hablan de fallas, de carencias. Creo en lo particular que no podemos generalizar y lo digo con conocimiento de causa. Por ejemplo, en la ciudad de Mérida destaca la calidad de las instituciones educativas y el nivel que desempeñan maestros, profesores y demás, posiblemente por la presencia e incidencia de la iglesia católica y la universidad y que permite hablar de una buena preparación por parte de los liceos, colegios y unidades educativas. En el estado andino recientemente afectado por las lluvias, tenemos una gama amplia de sólidas instituciones de educación tanto públicas como privadas, entre ellas, el Liceo Libertador, el Colegio La Salle, el Monseñor Bosset, Fe y Alegría, el Arzobispo Silva, el San Luis, el Caracciolo Parra y Olmedo, el Madre Emilia, el San Juan Bosco y muchos otros.

En lo personal he tenido la grata experiencia de la Unidad Educativa San Juan Bosco en Mérida. Una institución que no sólo forma a nuestros estudiantes desde los primeros años hasta la conclusión de su bachillerato en lo que corresponde a la malla de materias haciendo énfasis en competencias y destrezas, además de lo que corresponde al cultivo de los valores y principios ético-morales como la vida, la igualdad, la libertad, la puntualidad, la tolerancia, el respeto, la familia, la honradez y demás. Aspectos que como nunca antes nuestras instituciones educativas sin importar su ámbito o nivel (preescolar – primaria – básica – superior o universitaria) deben promover y reiterar en momentos en que pareciera han aflorado los antivalores. Los proyectos de grado expuestos recientemente no sólo son un gran motivo y esperanza como país y sociedad del talento que tenemos en Venezuela en nuestros jóvenes, sino que explica el que sigamos acá dando clases y aferrados a nuestros magisterios educativos.   

Por tanto, celebramos y compartimos una preocupación común entre maestros, directivos, padres y representantes, alumnos y demás, alrededor de alcanzar una educación de calidad asociada no sólo a aspectos técnicos, didácticos y de enseñanza, sino a valores como sendero a recorrer y apoyar en todos los niveles educativos  a lo largo y ancho de este maravilloso país que es Venezuela y de manera particular esta región con tanta impronta y raigambre como es Mérida.          

Ciertamente los profesores y maestros, personal técnico, administrativo y obrero hacen una labor encomiable y tesonera a lo largo de toda Venezuela. En la actualidad es significativo destacar el que nuestros jóvenes bachilleres muestran un manejo de idiomas, destrezas en lo que refiere al empleo de la tecnología, inteligencia artificial, además y de manera especial, el fomento de los valores, principios y códigos inculcados en sus hogares y reiterados en las diversas instituciones de educación básica y superior, esfuerzo que hay que apoyar por parte del Estado venezolano a través de sus decisiones, planificación, políticas públicas y ministerios que permitan un mayor acompañamiento del esfuerzo que se hace en pro de nuestra juventud con un impacto directo en nuestra sociedad.    

Dicho esto, es meritorio entonces reconocer el esfuerzo que en Venezuela hacemos quienes nos dedicamos al magisterio de la enseñanza, repito sin importar el nivel en que nos corresponde desempeñarnos. Tenemos un compromiso en la procura de sembrar curiosidad, despertar esos talentos, formarlos y conducirlos por el sendero de la excelencia en la prosecución de una educación de calidad, sustentada es destrezas, habilidades, repito valores asociados al esfuerzo, la ética, el respeto, el esfuerzo, la responsabilidad y probidad. Y por ende dejar claro que formamos los futuros profesionales, pero antes que nada formamos seres humanos, personas, ciudadanos con un pensamiento amplio, crítico y universal que son la riqueza constante del país.  

Los meses de julio son en Venezuela una tradición por los grados de bachilleres. Salta una interrogante para quienes concluyen su bachillerato o incluso su educación universitaria, y está asociada a los sacrificios, a la constancia y esfuerzo no sólo de la persona que egresa y obtiene un título de bachiller, o técnico medio o superior, pasando por un grado universitario, hasta una maestría o doctorado, en todos los niveles y experiencias hay un común denominador y es que ese esfuerzo y sacrificio es compartido por la familia, por los amigos que junto a las instituciones de socialización llámese iglesia, escuela, liceo o universidad terminan formando un gran talento humano que repito se constituye en acicate y tesoro de nuestra sociedad. 

Y ese talento es el que abunda en Venezuela, y ese talento humano es la mayor riqueza que tenemos los venezolano, incluso sobre el petróleo, el gas, los minerales, y muy a pesar de los salarios de hambre, de las goteras en los salones, o de pupitres y pizarrones desgastados, o baños deteriorados, de dificultades de transporte, deficiencia de laboratorios y bibliotecas, y una larguísimo etcétera, el gobierno que no ha sido eficiente en el manejo de la política económica y educativa, no ha podido apagar la llama de la excelencia, del talento no sólo de nuestros estudiantes, sino de toda la gran familia del magisterio  en todos los niveles de educación básica, superior y universitaria.

Y no se trata sólo de retribuciones materiales en términos de salarios, seguridad social, pensiones, jubilaciones, HCM, sino además del justo reconocimiento al papel y responsabilidad que cumplen quienes nos dedicamos a formar y educar. El Estado sin lugar a dudas debe intervenir y ser rector en áreas vitales como la salud, la seguridad, la educación, pero lo que no debe es sofocar o torpedear el esfuerzo privado que se viene haciendo, sobre todo cuando lo público pudiese estar en déficit en términos de las necesidades y demandas de la población.

Si nuestra educación no fuese de calidad y por ende nuestro talento humano, no tendríamos tantos millones de venezolanos laborando en el mundo entero en prestigiosas instituciones públicas y privada de muy variada gama y perfil. Eso no implica el que podamos evaluar, diagnosticar y corregir las fallas en las que pudiésemos estar incurriendo. Por tanto, seguimos apostando a Venezuela, apostando a su educación, apostando a su gente y apostando al talento humano. 

rivasleone@gmail.com                           






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