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¿Por qué en la clandestinidad? por Rafael Augusto López

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Por Rafael Augusto López


Seguro estoy de que gran parte de mis compatriotas menores de 40 años se sorprendieron al escuchar la palabra clandestinidad, pues no formaba parte de nuestro léxico diario de la política. Clandestinidad significa: ocultarse, esconderse. La clandestinidad generalmente, es un recurso para evitar ser capturado por las autoridades, por razones políticas, como la lucha por la restitución de la democracia, o por razones delictivas como atentar contra los bienes o las personas, caso Tren de Aragua. Durante la época de Juan Vicente Gómez se utilizó la clandestinidad de manera muy breve, porque “la Sagrada” ejercía tal seguimiento a los opositores que solo les quedaba ir a la cárcel o abandonar el país. En la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, la clandestinidad fue un medio muy eficaz y en algunos casos duró años. Donde se escondía el dirigente se le denominaba “concha” y para evitar ser sorprendidos por la Seguridad Nacional, periódicamente se rotaba la “concha”. El propietario del inmueble que servía de escondite era consciente de que si descubrían la “concha” correría la misma suerte del enconchado. Luego, cuando el primer gobierno de la democracia, presidido por Rómulo Betancourt (1959-1964), surgen las guerrillas castrocomunistas en Venezuela, y son ilegalizados el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de tal manera que de nuevo se recurrió al recurso de la clandestinidad. La anécdota más resaltante de esa época fue que uno de los líderes de la lucha armada contra la democracia era Domingo Alberto Rangel y estaba enconchado en la casa de su cuñado Manuel Mantilla, quien era el ministro de Relaciones Interiores. ¿Quién lo iba a encontrar? Una demostración de que la familia está por encima de todo.

A partir del 29 de julio de 2024 de nuevo escuchamos hablar de clandestinidad, como consecuencia de la feroz represión y persecución no solo a quienes en las calles reclamaban el reconocimiento de la apabullante victoria de Edmundo González Urrutia, sino de quienes aparecían como los más cercanos colaboradores de María Corina Machado, integrantes de ONG defensoras de derechos humanos, comunicadores sociales y cualquier persona que el régimen considerara una amenaza para su permanencia. Son centenares de venezolanos que hoy se encuentran enconchados, resguardados para hablar en el lenguaje de hoy, para evitar  ser capturados ya no por “la Sagrada”, por la Seguridad Nacional o por la Digepol como en el pasado, sino que hoy todos los cuerpos militares, policiales, hasta los municipales persiguen a los opositores; y peor aún, han convertido a los jefes de comuna, a los jefes de calle, a los jefes de UBCH, a los coordinadores del CLAP en delatores de sus vecinos, incluso de sus familiares  que no respaldan a la tiranía, lo que constituye una perversión nunca antes vista e imperdonable.

Lo que se ha convertido en una especie de deporte nacional es adivinar dónde está resguardada María Corina Machado. Quien más apuesta por acertar es el ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello, que no pierde oportunidad para afirmar que se encuentra en la Embajada de Estados Unidos en Caracas. Entonces, surge un ventrílocuo gritando: ¡Que entre la fuerza pública y la detenga! Otros dicen que si el gobierno sabe dónde está, ¿por qué no la detiene? Lo cierto es que ni siquiera Nicolás Maduro se atreve a tomar medidas contra María Corina Machado, lo que demuestra que su escondite es impenetrable y que tiene, además del apoyo de la inmensa mayoría del pueblo venezolano, la protección del gobierno de Estados Unidos, así como de otros países del hemisferio y de otras latitudes. Da la impresión de que mientras la líder esté en Venezuela, el gobierno está entrampado y a punto de melcocha. 

La diferencia de la clandestinidad de ahora con la de años anteriores son los medios para comunicarse con el resto de los ciudadanos y del mundo. Antes era impensable ni siquiera grabar un mensaje que pudiera circular, entonces se hacían unas hojas en multígrafo que alguien se las ingeniaba y se las adhería al cuerpo y luego ubicaba al coordinador de célula, por supuesto clandestina, y este las entregaba a quienes formaban parte de ella. Recuerdo que en el año 1957, a la edad de 10 años, vivía con mi tía Delia en Caracas. Yo era monaguillo en la iglesia Santa Teresa y el párroco era monseñor Hortensio Carrillo. Un día me encerró en la sacristía y me dijo: “Le voy a entregar esta bolsa, usted va a ir al Centro Simón Bolívar, en la torres de El Silencio  y en cada ministerio, sin que nadie se dé cuenta, va a dejar encima de un escritorio una cartera (se trataba de una cartera de dama tipo sobre y dentro estaba la pastoral de monseñor Arias Blanco, leída el Primero de Mayo en todas las iglesias, que fue demoledora contra la dictadura). Antes de irme me advirtió: Si lo detiene la policía y le preguntan quién le dio esa bolsa, usted va a decir que una señora que usted no sabe quién es,  le dio 20 bolívares para que las repartiera. Aquí tiene los 20 bolívares y si lo agarran muestra el billete que le dio la señora. ¿Entendió? Sí y misión cumplida. De esa manera quienes estaban en el exterior hacían llegar sus artículos, opiniones, orientaciones y acciones que debían adelantarse. Esta actividad duró por lo menos 8 años. Hasta el derrocamiento del régimen, por eso están equivocados quienes afirman que la clandestinidad es inactividad; por el contrario, la clandestinidad permite pensar, reflexionar, planificar y encauzar acciones como agua subterránea que en el momento menos pensado brota a la superficie y produce un tsunami. Hoy la gran aliada de la clandestinidad son las redes sociales e Internet. Quienes critican la clandestinidad de María Corina Machado, seguramente quieren verla en la cárcel, o peor aún, en el cementerio. Qué mezquindad.

Refiriéndome a la clandestinidad, quiero aprovechar esta tribuna para tratar breve y superficialmente otra clandestinidad que he podido comprobar y que la misma no ha sido forzada por el régimen, sino por un minúsculo grupo y de manera muy personal, de parte de algunos dirigentes de Vente Venezuela contra aquellos que votaron en las mascaradas del 25 de mayo y del 27 de julio de este año. De varios municipios me ha llegado la manifestación de inconformidad y desagrado, por las amenazas que han recibido porque trabajaron en las mesas, buscaron votos o votaron. Efectivamente, cuando se milita en un partido se está obligado a darle estricto cumplimiento a lo que la mayoría acuerde aun en contra de su voluntad; de lo contrario, debe renunciar a esa militancia, pero eso no le otorga derecho a nadie para calificar de manera indebida a quien asuma una posición distinta, mucho menos amenazar con reprimendas a quien haga lo contrario, al fin y al cabo, cada quien tiene derecho a pensar como le parezca. Como ejemplo quiero referirme al municipio Guaraque del estado Mérida. Su idiosincrasia es tan especial que muchas personas piensan que para ellos lo primero y principal es ganar la alcaldía; la gobernación y hasta la presidencia son secundarias. Esto lo comprueba la votación obtenida por la tarjeta de UNT para la gobernación (4 votos por Liliana González) en contraposición de los que recibió la misma tarjeta para la alcaldía (1.924 votos por Jhondry Contreras). Es inaceptable que algunas personas que votaron por el nuevo alcalde tengan que negarlo o esconderse para que no los amenacen. Les advierten que ¡ya verán!, cuando les reconozcan el triunfo de Edmundo González. Es una conducta totalmente antidemocrática. He luchado y sigo luchando para producir un cambio profundo en todo sentido. No cambiar uno de franela roja por uno de franela azul, que haga lo mismo o peor que quien estaba. Si algo debemos lograr es hacer realidad el federalismo y una verdadera descentralización, de tal manera que cada localidad decida lo que más le convenga dentro de los principios constitucionales, legales y las orientaciones del Poder Ejecutivo federal. Aunque no comparto la posición de los 1.924 guaraqueros que votaron, los comprendo y los respeto. Nadie puede negar la adhesión y el respaldo de este pueblo a María Corina Machado, demostrado no solo en su recibimiento sino con el 97% de los votos en las primarias del 22 de octubre de 2023 y 95% de los votos por Edmundo González el 28 de julio de 2024. Es un gravísimo error pensar que alguien que haya votado por un candidato a cualquier cargo está de acuerdo con esta tiranía; seguramente han influido diversas razones de muy distinta naturaleza, pero la inmensa mayoría coincide con quienes anhelamos un cambio cuanto antes. Y si alguien se equivoca merece ser sacado del error, no un garrotazo. Por eso una vez rescatada nuestra democracia, los candidatos a cualquier cargo deben ser escogidos en elecciones primarias.

Poco me gusta dar consejos, pero le recomiendo a los amigos de Vente Venezuela que están en la organización de un partido que es víctima de las arbitrariedades del CNE, que a pesar de llenar los requisitos le niegan su inscripción y reconocimiento como tal, que tengan la pupila necesaria para detectar a quienes asumen posiciones directivas, no les ocurra lo que sucedió con el MBR-200, que permitió que unos cuantos de los que no habían podido cometer desmanes en AD, Copei y en el MAS lograron enchufarse bien, a tal punto de que se convirtieron en los peores verdugos de quienes habían sido sus compañeros, como una manera de lavarse la cara, y ya vemos en lo que esa organización ha terminado.

rafael.tuto@gmail.com 

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