REVOLUCION O CAMINO A LA MISERIA por Rafael Augusto López R.
Por Rafael Augusto López R.
Cuando se inicia en 1959, el gobierno de Rómulo Betancourt, una de las premisas fundamentales era producir en Venezuela una revolución pacífica, democrática que condujera a hacer realidad la consigna ¨por una Venezuela Libre y de los venezolanos¨, sin repetir el sectarismo y demás errores en los que se incurrió en el trienio del 45 al 48 y que condujeron al derrocamiento del gobierno del presidente Rómulo Gallegos.
Uno de los líderes de ese gobierno fue el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, quien se empeñó en colocar a la Educación como la punta de lanza de esa revolución, por lo que se empecinó en varias cosas fundamentales: 1.- Abrir Escuelas Normales para la formación de los nuevos maestros, y la creación de un Instituto de Mejoramiento Profesional para aquellos educadores que no eran graduados, de primaria o de secundaria. 2.- Elevar hasta donde lo permitiera la grave crisis económica que había dejado la dictadura, el salario de los educadores. 3.- Reabrir las Universidades que había cerrado la dictadura y crear nuevos centros educativos a todos los niveles. 4.- Implementar e iniciar en todo el país una masiva campaña de alfabetización, para bajar el porcentaje de analfabetismo que era demasiado elevado. 5.- Crear un organismo que cooperara en la educación para el trabajo, formando mano de obra calificada, que creara empleo y permitiera el crecimiento de nuestra incipiente industria. Es así como nace el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE).
De tal manera que, a pesar del decreto de Rómulo Betancourt, mediante el cual se rebajó el sueldo en un 10% a todos los empleados públicos en todos sus niveles, un maestro ganaba 765,40 Bolívares, es decir 178$ mensuales y un profesor de la Universidad tenía un ingreso más o menos de 2.500 Bolívares, equivalente a 581$ Sueldos que se fueron incrementando periódicamente y sobre todo a partir de las convenciones colectivas. Es decir, que de los trabajos o profesiones mejor remuneradas en el país era el de los educadores; recuerdo que sobre todo en el sector rural, una maestra tenía una multitud de pretendientes, que más que pensar en la belleza o en las cualidades amorosas de la pretendida, lo que se perseguía era su sueldo y su estabilidad. Algo semejante ocurría por los profesores y demás trabajadores universitarios, las madres soñaban que su hija o sus hijas contrajeran nupcias con quien prestaba sus servicios a cualquier universidad, lo que representaba asegurar el futuro, logrando bienestar a veces para toda la familia.
Pero, no solo se trataba del ingreso económico, era que ser un educador de cualquier nivel, representaba un estatus social de primer orden, pues ciertamente, como decía Prieto Figueroa, el maestro era el líder de su comunidad, en la escuela, en el liceo, en la universidad, en el ámbito geográfico donde cumplía su labor. A la par que percibía beneficios que otros profesionales no habían alcanzado, como el IPASME que además de asistencia medico asistencial, otorgaba créditos para adquisición, remodelación o mejoramiento de viviendas, dotación de equipos e insumos para el hogar, incluso para adquisición de vehículos. Iguales o mayores beneficios recibían también quienes laboraban en las universidades, recuerdo que muchos de los profesores de esa época fueron beneficiados con crédito para adquirir su parcela en la urbanización Santa María, que el rector inolvidable Pedro Rincón Gutiérrez, adquirió esos terrenos con ese propósito y luego, con financiamiento de Mérida Entidad de Ahorro y Préstamo (MERENAP) construyeron su vivienda, o adquirieron su apartamento en la urbanización Los Caciques, o su casa en la urbanización Campo de Oro al lado de Santa Juana y en otras parte de la ciudad. Se decía para entonces que estar en la nómina de la Universidad era un privilegio en todo sentido, tanto que hasta con un año de anticipación se planificaba la próxima vacación y el viaje se iba cancelando por cómodas cuotas y quien se excedía acudía a la caja de ahorros y se ponía al día.
El deseo más grande de un educador, era cumplir los años de servicio que le hacían acreedor no solo al descanso y a tener un ingreso fijo sin tener que madrugar para ir a dar clases, sino que recibiría como indemnización de prestaciones sociales una inmensa cantidad de dinero que le permitiría hacer realidad ese proyecto que durante todos esos años fue ilusionando en su mente y que le facilitaría ocuparse de él en sus últimos años de existencia, seguramente imaginándose rodeado de sus hijos, nietos y hasta bisnietos disfrutando plenamente de aquellos sueños que tal vez creyó inalcanzables. Seguro estoy que la maestra Bartola Piñango, después de haber prestado servicios por 50 años en el estado Lara y recibir como indemnización de prestaciones sociales cuarenta (40) Bolívares debe sentirse la maestra más despreciada y humillada del mundo; igual deben pensar los profesores universitarios que en la ultima década no le han pagado las prestaciones.
Desgraciadamente, desde que comenzó la tragedia que hoy vivimos, todos los trabajadores venezolanos, pero, fundamentalmente los que están al servicio de la educación, comenzaron a ser menospreciados, perseguidos, discriminados, y les marchitaron los sueños que tenían para compartirlos con sus hijos, nietos, y hasta bisnietos, pues, estos tuvieron que irse del país buscando un futuro mejor, pero dejando el alma en el terruño en que habían crecido. Hoy podemos ver como la gran mayoría de educadores venezolanos pasaron de ser clase media, a casi indigentes. Todo comenzó cuando el destructor de Venezuela le quitó tres (03) ceros al Bolívar en el 2008, dando nacimiento al ¨Bolívar fuerte¨, luego su sucesor elimina cinco (05) ceros y aparece el ¨Bolívar Soberano¨ en el 2018 y le quita seis (06) ceros, en el 2021 pariendo el ¨Bolívar Digital¨. Para quienes todavía se resisten a aceptar la verdad, les invito a que hagan este ejercicio: si usted tenía en el 2007 un patrimonio de Diez millones de Bolívares (10.000.000.000) millones de Bolívares, en enero de 2008 solo tenía Diez Mil Bolívares (10.000) bolívares, pero luego en el 2018 solo le quedó cero coma uno (0,1) Bolívar. Y en octubre del 2021 le quedaron 0,00000001 Bolívar digital. Nos pasó a casi todos los educadores, y tal vez a casi todos los venezolanos
Si lo que comprabas en 1960 con 178$ hoy te costaría 1.500$, pero hoy ese educador ya no gana 178$ sino 3 o 5 $ dependiendo de su calificación y un poder adquisitivo terriblemente disminuido. Como sueldo base y si le sumas los bonos y bonitos llegaría a 150$ que de paso no tiene incidencia ni en el bono vacacional, ni para aguinaldos ni para otros bonos y mucho menos en las prestaciones sociales. Esta realidad que nos abofetea terriblemente, la podemos palpar en muchas partes de Venezuela, pero, cuando nos damos una vuelta por la urbanización Santa María en la parte Norte de Mérida, habitada en gran medida por quienes entregaron toda su vida a la formación de talentos en nuestra Universidad, hoy se encuentran desamparados, viviendo de la miseria que perciben de su jubilación, y algunos que han tenido la fortuna que algún hijo, nieto o bisnieto le envía alguna remesa; pero, también encontramos uno que otro a quien le dejaron a su cargo algún nieto o nieta y la calamidad es de marca mayor, y no podemos obviar a quienes sufren alguna patología y deben seguir un tratamiento y si no tienen para comer menos para los medicamentos. Pero, este cuadro también lo vemos en la parte sur de la ciudad, en la urbanización Belensate o en cualquier otra parte de Venezuela. Esa es la ruta por la que nos han conducido quienes hoy mediante circular pretenden obligar a todos los trabajadores de la educación a alistarse para defenderlos a ellos, porque La Patria la destruyeron.
Agradezco a los amigos Víctor Molina director de presupuesto de la ULA, Ramón Ali Contreras presidente de la Federación Venezolana de Maestros (FVM) Seccional Mérida y al profesor de FACES ULA, Adelis Graterol, por orientarme y facilitarme información.
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