Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:48 pm
Derrotadas
las fuerzas represivas de un régimen autoritario en cualquier país, es de
suponer, que instaurar un orden innovador de gobierno es una tarea
relativamente sencilla. Cabe pensar que una población rescatada de sus
opresores estará dispuesta a adoptar una opción democrática donde se le
garantice amplias libertades, además, de vivir en justicia, bienestar y
prosperidad (entre otras prerrogativas). Sin embargo, hay factores de índole interno y
externo que obstaculizan la concreción de esos escenarios. Aquí mencionamos
algunos de ellos:
Los
ciudadanos no son un todo uniforme: Hay que considerar que la ciudadanía no es una entidad homogénea en
cuanto a posturas ideológicas o simpatías hacia las modelos de gobernanza
estatal. Las tiranías, nos guste o no,
gozan de seguidores (encontrándose
en este conjunto personas intelectuales, militares, comerciantes,
profesionales, amas de casa, obreros, entre otros) que se resistirán a su declive.
Los
totalitarismos, por lo general, no se establecen de la noche a la mañana: Los abusos
de poder, además del desmontaje de las instituciones con la facultad de
contener a los mandatarios y sus acompañantes, se van ejecutando paulatinamente
y aumentando de intensidad gradualmente.
Para los civiles, muchas acciones injustas terminan siendo normalizadas
concibiéndose como parte de la cotidianidad por lo que ya no se oponen a dichos
excesos.
Costumbres (muy ligado al tema precedente): El cambio implica riesgos e incertidumbres,
cuando los connacionales se acostumbran a funcionar de cierta manera,
especialmente los que más tiempo llevan actuando así, son más renuentes a
experimentar alteraciones en sus modos de existencia. Por ello, se resisten a estas
transformaciones, sobre todo si en el pasado las mismas le han significado transitar
por procesos traumáticos que los empujaron al punto en el que se encuentran.
Dependencia y
sumisión: Estos gobernantes se constituyen como el
centro en torno al cual orbite todo el comportamiento de sus gobernados;
impulsando, en buena medida, políticas populistas y asistencialistas (subsidios, bonos, dádivas, exoneraciones y más). Eliminan toda alternativa de disidencia
económica, atacando al sector privado (bien sea reduciéndolo a su mínima expresión o suprimiéndolo). También controlan los servicios públicos y el
rubro de alimentos como vías de disuasión proveyendo de ellos a quienes se
ajusten a su voluntad y restringiéndolos a las comunidades que no se plieguen a
sus mandatos (cortes de energía
eléctrica y/o gas, interrupción del suministro de agua, desabastecimiento de
comida, etc.). Por ello muchos se vuelven subordinados a estos.
Jornadas
electorales amañadas: Para dar una apariencia de respeto a la
intención popular del voto y de ser demócratas, promueven elecciones donde los
resultados ya están determinados según su conveniencia. Inclusive, permitiendo
que sus “opositores” ganen ciertos bastiones que no significan amenazas reales
a su absolutismo.
Siempre hay
favorecidos: Por muy controvertible que se defina una
presidencia, alguien se beneficiará de esta y procurará sostenerla para
prolongar su fortuna al máximo.
Adoctrinamiento: Toda
autoridad, sea de derecha o de izquierda, intenta legitimarse a través de la
educación. En tal sentido, introducen en
el discurso académico formal ideas e interpretaciones de la realidad que los
ayuden a justificar sus procedimientos frente a la colectividad, que los
defiendan ante probables agresiones y que generen temor a un posible caos en la
eventualidad de ser derrocados.
Fundamentados
en la historia: Se autoperciben como una respuesta histórica
de cara a un mundo caótico en el que se presentan como los salvadores del
“pueblo” aunque, por su “felicidad”, tengan que someterlo con violencia. Lo anterior, advirtiendo que si desaparecen
volverán las aterradoras circunstancias que motivaron su ascenso.
Apoyos
foráneos: En la época contemporánea las grandes
potencias internacionales buscan mantener aliados que les faciliten tener
ventajas en la geopolítica mundial. No
importa que sean déspotas con su gente. Los
sufrimientos de los pobladores y las carencias a las que son expuestos por sus
dirigentes, en estos lugares, pasan a un segundo o tercer plano con tal de
estar por delante de sus contendientes.
Por ello, los derechos humanos son exaltados en la teoría, pero en la
práctica son ignorados.
Desencanto
con la democracia: A pesar de que se vende como uno de los
estilos de coexistencia sociopolítica preferibles, diversos grupos, por largos
períodos, han sido excluidos de sistemas representativos que se decían
orientados a las masas. Por esta razón,
les resulta indistinto la forma en la cual se conduzcan los destinos de sus
naciones.
Propaganda
Oficial: Los Estados
implementan estrategias propagandísticas para promover, al interior y al
exterior de sus países, su “verdad”. Las
autocracias persiguen o cierran medios noticiosos por ofrecer lecturas diferentes
a sus versiones.
Intereses
personales: Los miembros de una dictadura, con
frecuencia, se granjean cuantiosos enemigos; por lo tanto, saben que de caer la
misma están en juego su patrimonio, su libertad e incluso su vida y la de sus
allegados. Por ello, se jugarán todo
para evitar que su régimen se desplome.
De acuerdo a
lo indicado, sustituir una administración por otra, aunque la que venga se
asuma como mejor, no es algo simple. Los artífices de estas modificaciones
tienen que afrontar los vicios y las viejas usanzas, así como a esa porción de
la sociedad que añora la época a reemplazarse.