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Por Sadcidi Zerpa de Hurtado

Multilateralismo competitivo por Sadcidi Zerpa de Hurtado



Multilateralismo competitivo por Sadcidi Zerpa de Hurtado

El institucionalismo liberal defendido como internacionalismo liberal por académicos como R. Keohane y J. Ikenberry sostiene que las instituciones internacionales ayudan a los Estados a superar los problemas de acción colectiva. En general, apoyan en la reducción de los costos de transacción, facilitan el intercambio de información y fomentan las interacciones reiteradas para generar confianza y expectativas enfocadas hacia la reciprocidad. La cooperación en particular es su fin último, en ella se crean e incentivan formas y medios para cumplir con normas, mitigando la incertidumbre en un sistema internacional anárquico.

 

En 1990 reivindicada la lógica económica y política post Guerra Fría se generó un movimiento cuya expansión sin precedente dio un lugar preeminente al institucionalismo liberal como paradigma dominante de la gobernanza global. Las instituciones derivadas de este nuevo orden sustentaron la hegemonía estadounidense basada en normas de la OMC, ONU y el sistema de Bretton Woods. Las normas firmadas por estas instituciones trascendieron la política de poder y como herramienta del multilateralismo sirvieron a la estabilidad y prosperidad global. No obstante, la dinámica cambio con la crisis financiera de 2008, son evidentes los signos de erosión altamente significativos de la estructura conocida como internacionalismo liberal. Esa fragilidad y limitaciones de los marcos de gobernanza existentes, simultáneos al resurgimiento de la rivalidad entre grandes potencias y el ascenso de otras desafían el espíritu de cooperación global basada en el multilateralismo.  

 

Empíricamente tanto Trump como Biden participan del multilateralismo de manera selectiva, así como lo hace Xi Jinping, Vladímir Putin, Narendra Modi, Lula da Silva, Cyril Ramaphosa y Ursula von der Leyen. Todos han cambiado drásticamente su espíritu de cooperación basado en normas, ahora son menos predecibles, y por tanto más competitivos entre sí. Y aunque pudieran predecirse el declive de la gobernanza global basada en normas multilaterales, la evidencia real es, las grandes potencias siguen participando de las instituciones y foros multilaterales, a las que adaptan sus agendas desde sus intereses estratégicos y selectivos, que, en lugar de destruirlas las reconfigura fomentando escenarios de rivalidad geopolítica. En este contexto mapeando la transformación de la gobernanza global, Estados Unidos, China, Rusia, la Unión Europea y la coalición BRICS construyen un futuro en tres escenarios el primero un mundo fragmentado en bloques o clubes en competencia, el segundo un mundo cuya cooperación es selectiva en cuestiones funcionales, y en tercer lugar un mundo cuyo panorama institucional esta reformado y adoptado a las nuevas realidades de poder.

 

El contorno general y actual del multilateralismo, esta materializando esas tres formas de competencia en diferentes áreas que no profundiza la ética cooperativa y universalista porque está dando paso a una nueva arquitectura de orden global centrada en la disputa del poder. Esto no es sorpresivo frente al cambio de la forma de generar valor en la economía y las funciones de producción basadas en la información de IA, lo llamativo es la reconducción del multilateralismo hacia la inestabilidad, ilegitimidad e ineficacia de las instituciones internacionales, que directamente están influyendo en la forma de dirigir y producir resultados a partir de la política mundial.

 

Esto es evidencia de la lógica actual de la base normativa e institucional de riesgo y vulnerabilidad en el que se encuentra el orden global estable y próspero del siglo XXI. En términos de regímenes internacionales estos se arraigan a la estructura de poder más amplias, así en términos de transición de poder en ascenso y descenso aumentan la mayor disputa y realineamiento institucional, y en perspectivas de escenarios de controversia normativa e ideacional pueden convertir los escenarios anteriores en conflicto global declarado y realizado, donde el comportamiento apropiado de los Estados seria la competencia y en condiciones de erosión de normas y colapso de marcos multilaterales reaparecerían condiciones para la multipolaridad competitiva, que en otras palabras hace de las instituciones internacionales una máscara de política de poder subyacente, que remontaría el orden global hacia la anarquía e incertidumbre inherente en la guerra.        

@zerpasad