Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:13 pm
El institucionalismo liberal defendido como
internacionalismo liberal por académicos como R. Keohane y J. Ikenberry
sostiene que las instituciones internacionales ayudan a los Estados a superar
los problemas de acción colectiva. En general, apoyan en la reducción de los
costos de transacción, facilitan el intercambio de información y fomentan las
interacciones reiteradas para generar confianza y expectativas enfocadas hacia
la reciprocidad. La cooperación en particular es su fin último, en ella se
crean e incentivan formas y medios para cumplir con normas, mitigando la
incertidumbre en un sistema internacional anárquico.
En 1990 reivindicada la lógica económica y política post
Guerra Fría se generó un movimiento cuya expansión sin precedente dio un lugar
preeminente al institucionalismo liberal como paradigma dominante de la gobernanza
global. Las instituciones derivadas de este nuevo orden sustentaron la
hegemonía estadounidense basada en normas de la OMC, ONU y el sistema de
Bretton Woods. Las normas firmadas por estas instituciones trascendieron la
política de poder y como herramienta del multilateralismo sirvieron a la
estabilidad y prosperidad global. No obstante, la dinámica cambio con la crisis
financiera de 2008, son evidentes los signos de erosión altamente significativos
de la estructura conocida como internacionalismo liberal. Esa fragilidad y
limitaciones de los marcos de gobernanza existentes, simultáneos al
resurgimiento de la rivalidad entre grandes potencias y el ascenso de otras desafían
el espíritu de cooperación global basada en el multilateralismo.
Empíricamente tanto Trump como Biden participan del
multilateralismo de manera selectiva, así como lo hace Xi Jinping, Vladímir
Putin, Narendra Modi, Lula da Silva, Cyril Ramaphosa y Ursula von der Leyen.
Todos han cambiado drásticamente su espíritu de cooperación basado en normas,
ahora son menos predecibles, y por tanto más competitivos entre sí. Y aunque
pudieran predecirse el declive de la gobernanza global basada en normas
multilaterales, la evidencia real es, las grandes potencias siguen participando
de las instituciones y foros multilaterales, a las que adaptan sus agendas
desde sus intereses estratégicos y selectivos, que, en lugar de destruirlas las
reconfigura fomentando escenarios de rivalidad geopolítica. En este contexto mapeando
la transformación de la gobernanza global, Estados Unidos, China, Rusia, la
Unión Europea y la coalición BRICS construyen un futuro en tres escenarios el
primero un mundo fragmentado en bloques o clubes en competencia, el segundo un
mundo cuya cooperación es selectiva en cuestiones funcionales, y en tercer
lugar un mundo cuyo panorama institucional esta reformado y adoptado a las
nuevas realidades de poder.
El contorno general y actual del multilateralismo, esta materializando
esas tres formas de competencia en diferentes áreas que no profundiza la ética
cooperativa y universalista porque está dando paso a una nueva arquitectura de
orden global centrada en la disputa del poder. Esto no es sorpresivo frente al
cambio de la forma de generar valor en la economía y las funciones de
producción basadas en la información de IA, lo llamativo es la reconducción del
multilateralismo hacia la inestabilidad, ilegitimidad e ineficacia de las
instituciones internacionales, que directamente están influyendo en la forma de
dirigir y producir resultados a partir de la política mundial.
Esto es evidencia de la lógica actual de la base normativa e institucional de riesgo y vulnerabilidad en el que se encuentra el orden global estable y próspero del siglo XXI. En términos de regímenes internacionales estos se arraigan a la estructura de poder más amplias, así en términos de transición de poder en ascenso y descenso aumentan la mayor disputa y realineamiento institucional, y en perspectivas de escenarios de controversia normativa e ideacional pueden convertir los escenarios anteriores en conflicto global declarado y realizado, donde el comportamiento apropiado de los Estados seria la competencia y en condiciones de erosión de normas y colapso de marcos multilaterales reaparecerían condiciones para la multipolaridad competitiva, que en otras palabras hace de las instituciones internacionales una máscara de política de poder subyacente, que remontaría el orden global hacia la anarquía e incertidumbre inherente en la guerra.
@zerpasad