Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:52 pm
Estancias largas en las que
se pasea para contemplar obras de arte. Así solían definirse las antiguas
galerías. Y acaso lo esencial de ello pervive porque, quien se pasea es el ojo desnudo, el cuerpo animado por una irrevocable
consciencia sensible al hecho estético. Lo que acontece en ese lugar
originalmente concebido para exhibir obras de arte, es una experiencia de reciprocidad
cognitiva, sensorial y placer. La obra accede al campo perceptivo y referencial
de quien realiza el acto de contemplar, al tiempo que éste y el autor de la
obra, durante ese encuentro, comparten un tejido espiritual en el que se afectan
recíprocamente.
Si la galería además se
sitúa en la rivera de un río de montaña a la que han llamado La Otra Banda, es
decir, el espejo mágico donde la ciudad se mira, y aprende a mirarse en las
múltiples formas que nos hacen ver los pintores, escritores, escultores, arquitectos,
artesanos y artífices de las artes vivas, entonces estamos hablando de un cruce
de caminos entre maestros visionarios acontecido hace cinco décadas.
La galería la Otra banda nos
ha visto caminar sus estancias, residirlas, fructificarlas y reabastecer su materia
prima fundante mediante los talentos, creaciones y pedagogías de una comunidad
artística fundada en valores universales (Universitas) que pulsan el corazón de
esa universidad que tiene una ciudad por dentro.
En el curso de mis 27 años
de docencia, deleite expositivo y aprendizaje en sus salas, una vez asistí a un
encuentro entre un pianista cubano, una actriz ucraniana que cantaba baladas en
su lengua, una danzarina californiana vestida con gasas flotantes y una danzarina
marabina que bailó con siete meses de embarazo en su vientre. El público
entraba y discurría por las salas, contemplaba otras obras, transitaba por el
patio central del gran edificio centenario donde un árbol añejo esparce su
alfombra de flores amatistas que atraen paraulatas y expanden las notas de los talentosos
músicos de la academia que difunden sus sonidos hasta los ruedos de esas verdosas
montañas que viajan conmigo dondequiera que me ha llevado el destierro.
Si lo fecundo es sinónimo de
perseverancia y cosecha, hemos de admitir que la Galería la Otra Banda ha sido
espacio gestante de eventos artísticos de talla internacional, de proyectos de
estudios universitarios en las artes, tratados de poesía e historia y semillero
conjunto con las Escuelas de Arte, de quehaceres creativos que continúan y arraigan
aquel encuentro ocurrido entre magos forjadores hace ya cincuenta años.
Imbatible en tiempos de
barbarie y auto sostenible por su inspiradora grandeza. Allí se espejan todas
las formas de hacer arte de las que somos capaces para mirar y mirarnos cruzar este
umbral en el que la criatura ontológica de carne y soplo encara una de sus más
feroces creaciones, la criatura de inteligencia cinernética*.
Feliz celebración a la Galería
la Otra Banda y gratitud a todos los valientes artistas y directores que la han
mantenido pulsante a lo largo de más de medio siglo.
* “Metáfora evocadora y poética para referirse a un inteligencia artificial”. Eso me dijo el Chat GPT cuando le pregunté su parecer sobre el término : criatura de inteligencia cibernética.