Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:33 pm

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Por Dénise Morales. C

Caminar por la Otra Banda por Dénise Morales C.



Caminar por la Otra Banda por Dénise Morales C.

Estancias largas en las que se pasea para contemplar obras de arte. Así solían definirse las antiguas galerías. Y acaso lo esencial de ello pervive porque, quien se pasea  es el ojo desnudo, el cuerpo animado por una irrevocable consciencia sensible al hecho estético. Lo que acontece en ese lugar originalmente concebido para exhibir obras de arte, es una experiencia de reciprocidad cognitiva, sensorial y placer. La obra accede al campo perceptivo y referencial de quien realiza el acto de contemplar, al tiempo que éste y el autor de la obra, durante ese encuentro, comparten un tejido espiritual en el que se afectan recíprocamente.

Si la galería además se sitúa en la rivera de un río de montaña a la que han llamado La Otra Banda, es decir, el espejo mágico donde la ciudad se mira, y aprende a mirarse en las múltiples formas que nos hacen ver los pintores, escritores, escultores, arquitectos, artesanos y artífices de las artes vivas, entonces estamos hablando de un cruce de caminos entre maestros visionarios acontecido hace cinco décadas.

La galería la Otra banda nos ha visto caminar sus estancias, residirlas, fructificarlas y reabastecer su materia prima fundante mediante los talentos, creaciones y pedagogías de una comunidad artística fundada en valores universales (Universitas) que pulsan el corazón de esa universidad que tiene una ciudad por dentro.

En el curso de mis 27 años de docencia, deleite expositivo y aprendizaje en sus salas, una vez asistí a un encuentro entre un pianista cubano, una actriz ucraniana que cantaba baladas en su lengua, una danzarina californiana vestida con gasas flotantes y una danzarina marabina que bailó con siete meses de embarazo en su vientre. El público entraba y discurría por las salas, contemplaba otras obras, transitaba por el patio central del gran edificio centenario donde un árbol añejo esparce su alfombra de flores amatistas que atraen paraulatas y expanden las notas de los talentosos músicos de la academia que difunden sus sonidos hasta los ruedos de esas verdosas montañas que viajan conmigo dondequiera que me ha llevado el destierro.

Si lo fecundo es sinónimo de perseverancia y cosecha, hemos de admitir que la Galería la Otra Banda ha sido espacio gestante de eventos artísticos de talla internacional, de proyectos de estudios universitarios en las artes, tratados de poesía e historia y semillero conjunto con las Escuelas de Arte, de quehaceres creativos que continúan y arraigan aquel encuentro ocurrido entre magos forjadores hace ya cincuenta años.

Imbatible en tiempos de barbarie y auto sostenible por su inspiradora grandeza. Allí se espejan todas las formas de hacer arte de las que somos capaces para mirar y mirarnos cruzar este umbral en el que la criatura ontológica de carne y soplo encara una de sus más feroces creaciones, la criatura de inteligencia cinernética*.

Feliz celebración a la Galería la Otra Banda y gratitud a todos los valientes artistas y directores que la han mantenido pulsante a lo largo de más de medio siglo.    

* “Metáfora evocadora y poética para referirse a un inteligencia artificial”.  Eso me dijo el Chat GPT cuando le pregunté su parecer sobre el término : criatura de inteligencia cibernética.