Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 06:00 pm

Inicio

Opinión



Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,CARDENAL JOSÉ HUMBERTO QUINTERO PARRA,La Universidad de Los Andes en discursos y pinturas del Cardenal José Humberto Quintero Parra por Alí Enrique López Bohórquez (*)
CARDENAL JOSÉ HUMBERTO QUINTERO PARRA

La Universidad de Los Andes en discursos y pinturas del Cardenal José Humberto Quintero Parra por Alí Enrique López Bohórquez (*)



La Universidad de Los Andes en discursos y pinturas del Cardenal José Humberto Quintero Parra por Alí Enrique López Bohórquez (*)

Diversas han sido las relaciones de miembros de la Iglesia Católica de Mérida con la Universidad de Los Andes, desde su fundación el 21 de septiembre de 1810 hasta lo que va del siglo XXI. Relaciones de acuerdos y desacuerdos con respecto a la interacción entre las dos instituciones, la estrecha vinculación desde el momento mismo en que seis eclesiásticos formaron parte de la Junta Superior Gubernativa de Mérida que dio origen a la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros en 1810, la que sería denominada en 1832 Universidad de Mérida y desde 1883 Universidad de Los Andes, así como la participación de algunos religiosos como autoridades, profesores o estudiantes universitarios. Sin dejar de mencionar momentos en que determinados funcionarios de la Iglesia acusaron a miembros de la comunidad universitaria de “masones, comunistas, anarquistas y revoltosos” o la intervención en asuntos solo inherentes a decisiones particulares de la ULA. El primer Rector de la Universidad de Los Andes fue el Pbro. Doctor Buenaventura Arias (1810-1812), miembro de la Junta Superior Gubernativa de Mérida que creó la segunda institución universitaria el 21 de septiembre de 1810, después de la de Caracas, establecida en 1721. El segundo Rector, designado por el Presidente José Antonio Páez, sería el Pbro. Dr. Ignacio Fernández Peña y Angulo (1832-1834); le seguirían años después el Pbro. Dr. José Francisco Más y Rubí (1846-1852 y 1866-1869) y el Pbro. Dr. Ciriaco Piñeyro (1855-1858), electos por el Claustro Universitario, de acuerdo sus primeros Estatutos de 1832-1836. Otros eclesiásticos ocuparon cargos de Vicerrector: Esteban Arias (1834-1836), Antonio José Erazo (1837), Ignacio Fernández Peña (1838), José Francisco Mas y Rubí (1841-1846), José Asunción Contreras (1852-1855), José de la Merced Pineda (1858-1863), Rafael Antonio González (1878-1882), Miguel Lorenzo Gil (1883-1884). Varios de los nombrados formaron parte de la Junta de Inspección y Gobierno de la Universidad en distintos períodos.

En el siglo XIX, diversas fueron las Cátedras servidas por miembros de la curia merideña, Griego: José de Jesús Carrero (1885) y Latinidad (1863-1867); y ésta misma por Miguel Lorenzo Gil (1878-1880) y Rafael Antonio González (1884-1887); Matemáticas: José de Jesús Carrero (1890-1900); Instituciones Teológicas: José de la Merced Pineda (1864-1880), José de Jesús Carrero (1883-1887), Miguel Lorenzo Gil (1887); Sagrada Escritura: José de la Cruz Olivares (1832-1836), Ignacio Fernández Peña (1836-1842), Antonio José Erazo (1842-1866), Demetrio Briceño (1884); Cánones: José Francisco Mas y Rubí (1836-1876); Dogma: Ciriaco Piñeiro (1843-1869), Juan Ramón Chaparro (1875-1887), Rafael Antonio González (1887) y Teología Moral: José de Jesús Carrero (1887). Como puede advertirse, en las cátedras relacionadas con las temáticas religiosas, las que en algunos momentos también fueron dictadas por profesores seglares. Hubo un buen número de alumnos eclesiásticos inscritos en aquella centuria provenientes del Seminario, una vez culminados sus estudios en este instituto, quienes para acceder cargos en la Diócesis de Mérida o de otras del país requerían de los títulos de Bachiller, Maestro, Licenciado o Doctor que solo otorgaba la Universidad de Los Andes o la Universidad Central de Venezuela. En el siglo XX el número de eclesiásticos disminuyó drásticamente como catedráticos, más si en el ingreso como estudiantes, sobre todo en Derecho y Humanidades y Educación. 

 Ciertas confrontaciones hubo de la Universidad y de algunos catedráticos universitarios con los Obispos José Vicente de Unda (1836-1840), Juan Hilario Bossett (1842-1873), Román Lovera Arregui (1880-1892) y Antonio Ramón Silva (1894-1923) por la ocupación del edificio del Seminario conjuntamente con la Universidad, el reparto de bienes eclesiásticos por disposición del gobierno, el uso de algunos libros considerados contrarios al dogma cristiano y por pensar y actuar sin seguir lineamientos de la Iglesia Católica de Mérida o de alguna de sus autoridades. Ello particularmente con el Arzobispo Silva, quien consideró a algunos catedráticos y estudiantes como practicantes de la masonería en la ciudad. Esta autoridad se negó a asistir a los actos conmemorativos del primer Centenario de la fundación de la Universidad en 1910 e incluso propuso la excomunión de uno de los Rectores a comienzos del siglo XX, lo que no le fue permitido por miembros del Cabildo Eclesiástico de Mérida. Pero si lo hizo con el profesor Antonio Justo Silva. Sobre esa y otras actuaciones de Monseñor Silva, dentro y fuera de la Iglesia, remitimos a los estudios de Jesús Rondón Nucete: Los años difíciles del Obispo Silva 1913-1916 (Mérida, Rectorado de la Universidad de Los Andes, 2004, particularmente pp. 23-31) y “Los problemas de Mons. Silva” en Primeros Años del Gomecismo (Mérida, Ediciones del Vicerrectorado Académico, 2003, pp. 135-158). El Arzobispo Acacio Chacón Guerra (1927-1966) fue el introductor en 1950 de la idea de que la Universidad de Los Andes había sido fundada el 29 de marzo de 1785, durante el rectorado del Dr. Eloy Dávila Celis (1949-1951), lo que luego retomaría desde 1981 el Obispo Auxiliar Baltazar Enrique Porras Cardozo, a pesar de aquella primera celebración centenaria de 1910. Por esa errónea conmemoración, durante la dictadura de Pérez Jiménez y los rectorados de los doctores Renato Esteva Ríos (1951-1953) y Joaquín Mármol Luzardo (1953-1958), la Universidad realizaba actos aniversarios, como lo hace en la actualidad, el día 29 de marzo de cada año.

Esto fue corregido por Decreto del Consejo Académico de la ULA del 17 de septiembre de 1958, siendo Rector el Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, que restituyó la fecha del 21 de septiembre de 1810 como la correspondiente a su verdadera fundación en los albores del proceso emancipador merideño y no durante la dominación colonial española, y para dar inicio anual a sus actividades académicas. Sin embargo, esa corrección histórica no modificó totalmente la tradición heredada de la década precedente, pues la intervención de del Arzobispo Chacón Guerra continuó, a pesar de la celebración en 1960 del Sesquicentenario de la creación de la Universidad de Los Andes. No menos importantes fueron los continuos ataques a la Universidad y a algunos de sus profesores que en la década de los sesenta hizo desde el periódico eclesiástico El Vigilante su Director, el Pbro. Eccio Rojo Paredes, quien mediante editoriales o artículos firmados con seudónimos arremetía contra actividades y hechos que eran privativos de la institución universitaria, particularmente contra los que consideraba “comunistas” o “anarquistas”, por enfrentar a los gobiernos de Acción Democrática de aquellos años.

No conocemos actitudes contra la Universidad o miembros de su comunidad de los arzobispados de José Rafael Pulido Méndez (1966-1972) y Ángel Pérez Cisneros (1972-1979). En cuanto al Arzobispo Miguel Antonio Salas (1979-1991) solamente haremos mención a una entrevista hecha por la Revista Azul, (Nº 26. Mérida, 26 de diciembre de 1983, pp. 7-9), titulada “No hay Antagonismo entre la Iglesia y la Universidad”, con dos subtítulos que cabe aquí registrar: “La sociedad está consciente de que el marxismo y el cristianismo tienen muchas cosas en común” y “Debería establecerse un intercambio más frecuente entre la Arquidiócesis y la ULA”. Veamos algunas de las opiniones al respecto de esta autoridad eclesiástica, que por si solas evidencian conceptos ideológicos y políticos: “…Lamentablemente por nuestra escasez de clero, nosotros no tenemos sacerdotes suficientes, por ejemplo para dar clase en la Universidad. Hay algunos pero es poco número…Y pienso que las relaciones [Iglesia-Universidad] deben ser muy buenas porque…tenemos metas comunes, y, desgraciadamente, ustedes saben que la Universidad ha sido penetrada por ideologías contrarias a la Iglesia. En los últimos años ha habido un esfuerzo del marxismo por adueñarse de las aulas, por penetrar la mente de los estudiantes. Allí se produce una contradicción fuerte con la Iglesia, pues esta nunca podrá aceptar el marxismo materialista, ateo.” A confesión de parte relevo de pruebas.   Recomendamos la lectura completa de esta entrevista, a fin de que el lector advierta entre líneas los propósitos que entonces tenía la Iglesia de Mérida con respecto de la Universidad de Los Andes.

 

Uno de los mecanismos de penetración fue la “organización del apostolado universitario”, tarea que sería encomendada entonces al Obispo Auxiliar, Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo. Muy cordiales fueron las relaciones de autoridades universitarias con esta autoridad eclesiástica entre 1981 y 2023, con apoyo a diversas actividades eclesiásticas durante algunas gestiones rectorales, como fue el caso de la intervención y colaboración de historiadores universitarios en la reorganización del Archivo Arquidiocesano y la participación en eventos académicos de historia eclesiástica. Llamemos a esas relaciones como de complacencia a diversas necesidades de la Iglesia y la ingerencia en asuntos privativos de la Universidad. Solo un Rector se atrevió a enfrentarlo, por razones que no vienen al caso exponer, pues no estamos autorizados para divulgar públicamente lo acontecido. De ello, muy pocos universitarios tuvimos oportunidad de conocer de manera directa los hechos, lo cual quedó documentado en noticias periodísticas y en correspondencia privada. Durante todos esos años se profundizó la falsa historia fundacional de la Universidad de Los Andes, al insistir Porras Cardozo en que ésta había sido fundada por Fray Juan Ramos de Lora en 1785, a pesar de los estudios históricos científicos que demostraban, y demuestran, lo contrario.

Esas historias de acuerdos y desacuerdos entre la Iglesia y la Universidad no es una invención de quien esta Crónica escribe, toda está debidamente documentada en papeles existentes en archivos universitarios o en noticias y artículos registrados en la prensa merideña. Entre los diversos eclesiásticos que se relacionaron con la ULA destaca el Cardenal José Humberto Quintero Parra (1902-1984), quien fuera galardonado como el primer Doctor Honoris Causa en Derecho el 29 de marzo de 1952, a solicitud unánime de la Asamblea de la Facultad de Derecho, siendo Rector de la Universidad el Dr. Renato Esteva Ríos. Para entonces cumplía funciones ministeriales en la Arquidiócesis de Mérida, colaborando con el Arzobispo Acacio Chacón Guerra. Nunca tuvo una palabra en contra de la institución universitaria, entre otras razones porque era un merideño, nacido en la ciudad de Mucuchíes, a diferencia de otras autoridades eclesiásticas, venidos de otros lugares del país, los que tuvieron confrontación con autoridades, catedráticos o estudiantes universitarios. Por el contrario, José Humberto Quintero defendió no solamente su autonomía y en algunos momentos hizo gestiones ante los primeros gobiernos de la era democrática para la solución de problemas políticos o necesidades materiales de la institución, como lo informó en una oportunidad en un Discurso el Dr. Pedro Rincón Gutiérrez.

Debemos señalar que esta Crónica es una versión abreviada de un trabajo más extenso titulado “José Humberto Quintero en la Universidad de Los Andes”, en el cual tratamos aspectos de la estadía de José Humberto Quintero en Mérida en cuanto a la relación que mantuvo con la Universidad de Los Andes entre 1931 y 1960, particularmente en su actuación en diferentes actos de la institución con discursos alusivos a determinadas fechas conmemorativas o relacionados con acontecimientos significativos, fundamentalmente, de la historia de Mérida, su Iglesia y su Universidad. De importancia también las pinturas realizadas sobre distintos personajes vinculados a la ULA a lo largo de su historia, de los siglos XIX y XX. Cada cierto tiempo era invitado a disertar sobre distintos hechos y personajes históricos, y su presencia atraía no solamente a miembros de la comunidad universitaria sino también a un selecto público de la ciudad que asistía a escuchar su crítica palabra encendida en algunos casos y aleccionadora en otros. La prensa de esos años recoge las emotivas opiniones de la intelectualidad merideña, que reconocía en cada discurso la versatilidad y la vehemencia con que el prelado exponía y defendía sus ideas, siempre convenciendo al auditórium del contenido de las alocuciones. Aquella actuación comprende también sus estudios iniciales de filosofía en el Colegio Seminario y el frustrado intento de Monseñor Antonio Ramón Silva de que la Universidad de Los Andes le confiriera el grado de Bachiller en Filosofía y Letras, lo cual andando el tiempo sería desagraviado por esta institución con el otorgamiento del primer Doctorado Honoris Causa en Derecho (1952).

Antes de exponer lo referente a la Universidad de Los Andes en discursos y pinturas de Monseñor Quintero, queremos dar a conocer un primer hecho de su relación con la ULA. Por sus cualidades humanas y dedicación en los estudios eclesiásticos y devoción por la religión católica, José Humberto recibió el amparo de algunos sacerdotes y autoridades eclesiásticas. Culminados los estudios en el Seminario, se requería la presentación de un examen integral para la obtención del Certificado de Suficiencia de Instrucción Secundaria y luego el posterior título de Bachiller, lo cual debía cumplirse en el Liceo Universitario que existía en Mérida desde 1915. El Arzobispo Antonio Ramón Silva se propuso enviar a Quintero Para a continuar estudios en la Universidad Gregoriana de Roma, para lo cual se requería también de un título universitario. A tal fin, solicitó en 1916 a la Universidad de Los Andes que le confiriera el grado de Bachiller en Filosofía. La respuesta de la institución universitaria fue la siguiente: en el libro su registro de matrícula no existía ningún alumno inscrito con el nombre de José Humberto Quintero Parra y que por tanto no procedía conceder equivalencia por los estudios en el instituto eclesiástico, como había ocurrido en otras oportunidades, siempre con la exigencia de estar matriculados los aspirantes a grados.

Para ese año ejercía de Rector de la Universidad el Dr. Diego Carbonell, quien venía teniendo diversas confrontaciones con el Arzobispo. Al negarse aquella petición de Silva, éste decidió convocar a una reunión en el Salón Principal del Seminario a su rector, el Pbro. Dr. Enrique María Dubuc, al Provisor y Vicario General Acacio Chacón Guerra, y a los bachilleres Carlos María Zerpa, profesor del Seminario, Mario Briceño Iragorry y Caracciolo Parra León, estudiantes de Ciencias Políticas de la ULA. Ello con la finalidad de que asistieran “a un examen de grado”, a manera de Jurado Ad hoc, presidido por el propio Obispo. Quintero rindió el examen con muchas cualidades de conocimiento ante los nombrados, solicitando inmediatamente después se le confiriera el grado correspondiente. Acto seguido, Antonio Ramón Silva, contraviniendo la legislación pertinente, pronunció con solemnidad lo siguiente: “En virtud de los privilegios que a Nos Compete y en nombre de nuestro Seminario, le declaramos Bachiller en Filosofía y Letras, con todas las prerrogativas inherentes a tal grado.” Años más tarde, cuando le fue conferido el Doctorado Honoris Causa en Derecho, Pedro Nicolás Tablante Garrido, entonces funcionario de la Secretaría de la ULA, manifestó que era una respuesta institucional por lo ocurrido en 1916. Consideramos que José Humberto tenía méritos académicos suficientes para que tal honor se le confiriera en 1952, entre otros la estrecha relación académica y de amistad que mantuvo con autoridades, profesores y estudiantes, particularmente, de la Facultad de Derecho, de notable aproximación a la Iglesia Católica.  

En efecto, las reiteradas intervenciones en actos de la Universidad de Los Andes le fueron acreditando como un orador de innegables dotes discursivas sobre asuntos relacionados con la historia de la ULA o de Mérida, en la que no dejaba de incluir hechos que vinculaban la ciudad con la institución universitaria, y viceversa. Sería extenso describir los contenidos de los discursos, por lo que solo vamos a limitarnos a titularlos, ubicarlos temporalmente y su localización en libros y revistas: 1. La Columna de los Estudiantes (Palabras pronunciadas el 19 de abril de 1931 en la inauguración de un pedestal que los estudiantes, en homenaje al Libertador, erigieron en el primer edificio de la Universidad, inaugurado en 1936) en J. Humberto Quintero: Discursos. 1924-1936. Caracas, Tipografía El Compás, 1950, Tomo I, pp. 193-198. 2. Ciudad de Cóndores (Discurso pronunciado en el Palacio de Gobierno del Estado Mérida, el 1 de febrero de 1936, al inaugurarse el cuadro que representa la Junta Superior Gubernativa de Mérida de 1810, pintado por el colombiano Marcos León Mariño) en  Boletín de la Academia Venezolana de la Lengua, 18 (Caracas, abril-junio de 1938), pp. 121-143 y en Discursos, Tomo I, pp. 265-288. 3. Las Ciencias Eclesiásticas en la Universidad de Mérida en  El Vigilante. Nº 741. Mérida, sábado 21 de septiembre de 1935. pp. 1-3; Escrituras de Antier. Caracas, Ediciones de la Contraloría, 1974, pp. 145-157 y  Gaceta Universitaria, 9 (Mérida, septiembre de 1936). 4. Don Tulio (Oración fúnebre pronunciada en las exequias del “Patriarca de las Letras Merideñas”, el 6 de junio de 1938) en Discursos 1936-1950. Caracas, Tipografía El Compás, 1950, Tomo II, pp. 53-68. 5. Bocetos Universitarios. (Discurso pronunciado en el Paraninfo de la Ilustre Universidad de Los Andes, el 5 de julio de 1944). Mérida, Imprenta del Estado, 1944,  en Discursos, Tomo II, pp. 173-194 y en Las Pinturas del Cardenal Quintero (Caracas, Ediciones de la Presidencia de la Republica, 1977, pp. 11-21). 6. Nuevos Doctores y Viejas Togas (Discurso pronunciado en el Paraninfo de la Universidad de Los Andes, el 7 de febrero de 1946, con motivo de la graduación de varios Doctores en Medicina) en Gaceta Universitaria, 107 (Mérida, septiembre de 1946), pp. 17-23 y en Discursos, Tomo II, pp. 215-228. 7. Crónica Universitaria (Discurso pronunciado el 29 de marzo de 1952, en el momento de conferírsele el Doctorado Honoris Causa en Derecho) en Discursos. 1951-1962. Caracas, Caracas, Tipografía El Compás, 1962, Tomo III y en Mérida, Biblioteca de Autores y Temas Merideños, 1963, pp. 70-83. 8. La Universidad y sus moradas (Discurso pronunciado el 15 de diciembre de 1956, en la inauguración del Edificio Central de la Universidad de Los Andes). Mérida, Talleres Gráficos de la Universidad de Los Andes, 1956 y en Discursos. Caracas, Biblioteca de Temas y Autores Merideños, 1963 (BTAM, 1), Tomo III, pp. 163-182. De igual manera, en el libro de José Humberto Quintero: Confidencias de un Septuagenario (Caracas, Editorial Arte, 1979. Discurso de Incorporación a la Academia Venezolana de la Lengua el 16 de julio de 1979), hace referencia a otros dos discursos en la Universidad de Los Andes: Los Actos Universitarios, pp. 17-21 y  Amigo Fraterno, pp. 27-32.

En lo que respecta a Universidad de Los Andes en las pinturas de José Humberto Quintero Parra, éstas fueron recogidas parcialmente en Las Pinturas del Cardenal Quintero. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la Republica, 1977, referidas a miembros de la Junta Superior Gubernativa de Mérida que creó la Universidad el 21 de septiembre de 1810 (Antonio Ignacio Rodríguez Picón, p. 24; Monseñor Talavera, p. 25; Canónigo Uzcátegui, p. 26; Campo Elías, p. 28; Juan Antonio Paredes, p. 29; Fermín Ruiz Valero, p. 30; Mons. Buenaventura Arias, p. 31); a quien restableció la Universidad en 1832 (José Antonio Páez, p. 119); Rectores (Ignacio Fernández Peña, Eloy Paredes, José Francisco Mas y Rubí, Foción Febres Cordero, José de Jesús Dávila, Gabriel Picón Febres, Pedro de Jesús Godoy, Domingo Hernández Bello, Asisclo Bustamante, Juan Nepomuceno Pagés Monsant, Ramón Parra Picón, Gonzalo Bernal, Diego Carbonell, Cristóbal Benitez, Humberto Ruiz Fonseca, Roberto Picón Lares, Gabriel Picón Febres hijo, Tulio Febres Cordero -Rector Honorario-, Manuel Pulido Méndez). En Pinceles y Pinturas (Galería de retratos del Rectorado). Mérida, Universidad de Los Andes / Secretaría, Archivo Histórico, 2003, obra editada como “homenaje a la memoria de Su Eminencia José Humberto Quintero en el Centenario de su nacimiento”. Además de los mencionados Rectores se incluyen en este libro las pinturas de Florencio Ramírez, p. 108; Pedro Guerra Fonseca, p. 110;  Víctor Manuel Pérez Perozo, p. 122;  Pedro Pineda León, p.129; Edgar Loynas Páez, p. 131; Eloy Dávila Celis, p. 134 y Joaquín Mármol Luzardo, p. 139. Aunque no se menciona en la Presentación de este libro, sabemos que el trabajo correspondió fundamentalmente a la investigación realizada por el historiador Pedro María Molina Márquez, sobre todo la mayoría de las biografías que acompañan a las pinturas del Pbro.  José Humberto Quintero.

Una última referencia debemos hacer acerca de la relación del Cardenal Quintero con la Universidad de Los Andes. Nos referimos a los homenajes que la ULA le rindió con la publicación de los libros: Ecos de una efeméride. Bodas de Oro Sacerdotales de Su Excelencia J. Humberto Cardenal Quintero. Mérida, Universidad de Los Andes, 1976, 354 p. y Al Primer Cardenal de Venezuela. Su Eminencia José Humberto Quintero. Mérida, Universidad de Los Andes, 1985, 233 p. Obras que recogen un número importante de Conferencias, Discursos, Acuerdos, Cartas, Mensajes, Telegramas, Artículos y Noticias de Prensa con motivo de las Bodas Sacerdotales y Honras Fúnebres. Fuentes de mucha importancia para conocer y comprender su formación eclesiástica y labor pastoral, sus discursos, investigaciones históricas y pinturas, sin dejar de mencionar su actuación política, particularmente en la década de los sesenta del siglo XX. El artículo biográfico sobre José Humberto Quintero de Carlos Felice Cardote en el Diccionario de Historia de Venezuela. (Caracas, Fundación Polar, 1997, Tomo III, p. 794), incluye una muestra bibliográfica directa e indirecta, hemerográfica e iconográfica. Para quien desee conocer la actuación de algunos de los eclesiásticos mencionados en esta Crónica, remitimos al excelente trabajo de Néstor Fernández Pacheco: Perfiles. Semblanza de los Arzobispos, Obispos y de algunos eminentes Presbíteros del clero secular de la historia de la Arquidiócesis de Mérida / Venezuela (Tercera Edición actualizada y ampliada). Mérida, Editorial Casa Blanca, 2001, 538 p.   

Mérida, 18 de octubre de 2025.

(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Premio Nacional de Historia Francisco González Guinán (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio nacional de Cultura (2024).