Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:59 pm
Se presume que la elevación a los altares en la Iglesia Católica persigue, además de resaltar la vinculación de un ser excepcional, casi sobrenatural, con la práctica de lo enseñado por Jesús de Nazaret y los beneficios de personas que requerían su sanación o el cambio de conductas extremas; estimular el incremento de la fe en los creyentes, en un país, continente o en el universo, es decir, convencer que en la medida en que su creencia en Dios crece, le facilita la posibilidad de ser beneficiario de un milagro.
Esto a propósito de que mañana 19 de octubre tendrá lugar en el Vaticano la ceremonia para llevar por primera vez a dos venezolanos, José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles, a los altares. Este magno acontecimiento ha permitido que afloren las diferencias y divisiones en el seno de la jerarquía eclesiástica. Seguro estoy de que ha sido Mérida el epicentro de este sismo católico, que se inició desde el mismo momento en que se produce el cambio en nuestra mitra. Es vox populi y así lo escuchamos a la periodista Ibéyise Pacheco en el muy difundido programa La Tarde, magistralmente conducido por Idania Chirinos en NTN24; que quien durante más de 40 años fue nuestro pastor, demostrando talento, brillante formación intelectual, impecable habilidad para manejar la curia y relacionarse con el resto de la comunidad derrochando simpatía, y una firmeza inigualable en defensa de la democracia y la libertad, fue víctima de actitudes deleznables, tratos miserables y mezquinos por parte de quienes asumieron la batuta en la Iglesia merideña, tanto así que, como si se tratara de un cambio de gobierno de distinto signo, empleados que durante muchos años prestaban sus servicios al Arzobispado fueron despedidos, simplemente por su cercanía con el cardenal. El colmo de todo es que le dieron al ilustre prelado un plazo perentorio para retirar del palacio arzobispal todos los volúmenes que tenía en su biblioteca privada, de lo contrario los enviarían directo al calvario. Pero, esta lamentable circunstancia se repitió en Caracas, afirma la misma periodista.
En otras palabras, como en toda nuestra sociedad encontramos dos grupos, los que predican y activan incansablemente por el retorno de la democracia a Venezuela y los que prestan sus altares para que el régimen haga fiesta. Venezuela entera puede dar testimonio de la cruzada y empeño puesto por el cardenal Baltazar Porras Cardozo, desde que era arzobispo, para lograr la canonización de José Gregorio Hernández y de la hermana Carmen Rendiles. Hoy vemos cómo el cardenal ha recorrido gran parte del territorio, como cualquier cura de pueblo, exaltando la significación de este logro de la Iglesia y del pueblo venezolano, que en gran medida se debe al empeño que él puso, recibiendo muestras de cariño y reconocimiento a lo que hizo y significa para la Iglesia venezolana.
Lo insólito es que al parecer al cardenal Porras lo han excluido de todos los preparativos de esta celebración. Pero, el Vaticano, en la persona del cardenal Pietro Parolin, felicitó a María Corina Machado por el Premio Nobel de la Paz y le solicitó que encontrara el camino para el retorno de la democracia a Venezuela, como una especie de presentimiento de que los dos santos, una vez en su respectivo altar, harán su estreno concediendo el más grande milagro colectivo, para beneplácito de la casi totalidad de los venezolanos. Mientras tanto, el papa León XIV ha impartido instrucciones a su ceremoniero, para que el cardenal Baltazar Porras Cardozo le acompañe como cocelebrante junto a él en la ceremonia de canonización. Mayor reconocimiento imposible. Con razón dicen que "nadie es profeta en su tierra".
Por cierto, debo destacar que el régimen ha pretendido apropiarse de la canonización de José Gregorio Hernández, a quien incluso irrespetaron publicando un flyer en el que aparecía disfrazado de miliciano y dando a entender que había sido guerrillero. La verdad es que tanto la tiranía como la Iglesia han coincidido en su conducta machista, prácticamente todo el despliegue publicitario ha sido para José Gregorio Hernández y casi nada para la santa Carmen Rendiles, extraña mucho que por lo menos el gobierno de Mérida, no sé si por desconocimiento o por misoginia, no haya asumido la promoción de quien dejó una obra que desde hace más de 70 años está al servicio de todos nosotros, me refiero al Colegio Nuestra Señora del Rosario, del cual fue su fundadora. ¡Pelaron ese boche! Aquí debemos imaginarnos si la Vinotinto hubiera clasificado para el Mundial, segurito a cada jugador lo hubiesen disfrazado de miliciano con fusil en mano.
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