Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 03:20 am
Aunque una mayoría la sabe frágil y por eso hay que cuidarla, sin embargo espera surgir fortalecida del alma, sangre y corazón de todos los venezolanos que, hurgando en el fondo nacional, la convertirán en indiscutible Carta Magna. Sostiene, sin pena alguna, que se siente alegre porque a su lado estarán hombres de todas las tendencias a los que pudiera darles el sí, no lo niega, siempre que le demuestren quererla más que a sus propios intereses. Joven, muy humilde, porque viene de abajo, y honesta en su intención, se mira en el espejo donde se retratan los fantasmas de sus parientes, nacidos unos de golpe de estado, otros de revoluciones y ella en democracia para no cometer los mismos errores. Afirma con singular entereza que no se le entregará a ningún tirano, tampoco a un demagogo porque está comprometida con la paz ya que el nombre suyo quiere decir precisamente libertad.
Allí entre el pueblo, la encontramos.
Azorada, sin saber qué hacer, cual muchacha buenamoza que debe cruzar la calle
plena de hombres dispuestos a piropearla. Vestía falda amplia, larga y
multicolor; blusa blanca, de faralaos, de encajes. Su pelo negro, largo, liso y
hermoso, laboriosamente tejido en dos crinejas, remataba en claveles rojos y
amarillos, trenzados con cinta azul color de cielo. Cara linda, fresca; ojos
grandes, de mirada fija, penetrantes; labios gruesos, provocadores, dispuestos
siempre a la sonrisa. Alegre, no hay que negarlo, se imponía sobre el gentío
que la felicitaba, llamándola reina, intentando tocarla, sentirla suya,
llevársela para su casa. Entre abrazos y también algunos besos dados con apuro
y emoción, la linda niña respondió con soltura las preguntas del entrevistador,
mientras recorría las cuatro esquinas de la plaza, luciendo nuevas alpargatas
como si marchase hacia la gloria, se dirigió al monumento y, junto al mármol
eterno, flameó entonces la bandera que portaban sus blancas manos, de dedos
finos. El bravo pueblo, que ahora prefiere que lo llamen soberano, entonó el
Himno de la Patria para prorrumpir finalmente en atronadores aplausos cuando
ella, la muchacha, lanzó margaritas al firmamento y al héroe.
-Contenta, desde luego. Pero el camino
luce difícil.
-No lo niego. Siento que habrá de ser así.
Por eso desde ya pido calma y cordura. También ayuda. La tarea encomendada debo
cumplirla con la ayuda de todos.
-¿Segura de encontrar esa fuerza, ese
respaldo, esa ayuda?
-Son necesarias. De otro modo, ¿para qué
votaron por mí los venezolanos? La cooperación, el entendimiento resultan tan
urgentes como la salvación misma del país.
-¿Y de verdad Venezuela está tan mal que
puede morirse?
-Un país no muere nunca. Sólo que su gente
se puede anarquizar cuando irrespeta y olvida las leyes. Y al anarquizar la
gente, adviene la guerra civil. Y la guerra civil puede matar a la gente. Y al
morirse la gente, ¿para qué queremos un país sin gente y sin leyes?
-Para que surja otro, nuevo y distinto,
donde reine la justicia.
-De acuerdo, un país donde existan paz y
libertad, donde no hayan desigualdades...
-...donde no aflore el odio social, menos
el político entre los que están llegando y se proclaman buenos contra los que
están marchándose y se les acusa de malos.
-Hay que evitar el desgarramiento
nacional.
-Propósito que usted debe trazarse y
mientras la redactan dejar en claro que viene a trabajar en positivo.
-Desde luego. No me le entregaré a ningún
tirano, tampoco a un demagogo. Recuerde: si bien mi nombre es Constitución, me
llamo Venezuela y mi apellido es Democracia.
-¿Qué espera realmente de quienes dicen
que usted salvará la patria?
- Ya dije: mi tarea será de reconstrucción
nacional.
-Pero ese esfuerzo requiere tiempo,
dedicación y recursos.
-El país, la nación, Venezuela cuenta con
recursos humanos suficientes, capaces de generar los bienes materiales que
requerimos para el progreso y bienestar colectivo. El tiempo perdido hay que
recuperarlo y en cuanto a la dedicación, rescatar el espíritu de sacrificio.
-¿Más sacrificios?
-¿Por qué no? ¿Acaso el país no los
merece?
-Pero, mire usted, desempleo, pobreza
crítica, inseguridad, robo, corrupción, crisis económica, crisis moral.
-No lo niego. El panorama no está claro.
Se dificulta ver el horizonte. Pero ahí precisamente reside la fortaleza del
encargo que se me encomienda: el rescate nacional.
-Repito, ¿usted tendrá la fuerza
suficiente para no fallar? ¿Para llenar el vacío existente en todo? ¿Incluso la
desesperanza?
-Usted me observa joven. A lo mejor cree
que no tenga experiencia alguna. Es cierto. Sin embargo anote a mi favor lo
siguiente: tengo muchos parientes. No soy la primera constitución nacional. Han
sido muchas.
-Pero usted surge en una democracia. Sus
parientes provenían de dictaduras o de revoluciones.
-Apreciación correcta, la suya, amigo mío.
Eso me obliga mucho más a darle cumplimiento fiel a mi objetivo, a revisar la
historia familiar, sobre todo la última, la que habré de sustituir, la del 61,
que tiene bien marcados sus errores y defectos.
-También sus aciertos, jovencita.
-Desde luego. No lo niego.
-Es que negar lo positivo de la
democracia, por cierto, parece cuestión de moda. .
-Sí. Defecto nacional, muy propio de los
venezolanos, más dados a negar bondades que a reconocer defectos. Ya lo señala
Manuel Barroso cuando al analizar «La autoestima del venezolano», indica que
«Venezuela está en crisis desde su nacimiento». Dice que esa crisis «la
llevamos en la sangre» y para comprobar su verdad invita a repasar la historia:
«caudillos, matanzas, atraso, Ignorancia, miseria, violencia». Afirma que el
propio Libertador «pensó que su más grande hazaña no era libertar su pueblo,
sino conducirlo hasta el desempeño de su libertad». Agrega Barroso que Bolívar
«sabía muy bien que un pueblo ignorante, pobre, hambriento, enfermo, no era un
pueblo libre».
-Y Rufino Blanco Fombona, adolorido, se
pregunta en su Diario si ha fracasado para responderse que quien fracasó «fue
Venezuela en cuanto democracia, en cuanto República y en cuanto país de
civilización»,
-Sí. Nos lo recuerda don Augusto Mijares
en «Lo Afirmativo Venezolano». Y, es bueno que la pregunta de Blanco Fombona
tenga, ahora, respuestas que permitan corregir errores.
-¿Usted lo cree posible?
-Pienso que sí. Yo no pongo en duda,
todavía, las buenas intenciones de alguna porción importante de venezolanos.
Hay que apuntar, insisto, hacia lo positivo. Digamos que llegó la hora del
definitivo entendimiento.
-Pero son muchos los intereses en juego.
-Los intereses seguirán siendo eso,
intereses, sean personales, grupales, colectivos. Lo importante es precisar que
los únicos a defender y a preservar en esta hora nacional son los del país.
-¿Los que la creyeron posible, los que la
favorecieron y votaron por usted así lo entenderán?
-Tienen la obligación histórica de
entenderlo. De lo contrario podrán ser juzgados como traidores a la esencia
misma de esta jornada, la última favorable al país en el final del siglo.
-¿Y permitirán que impere la democracia en
sus deliberaciones?
-Y permitir también que sea el espíritu
democrático el que fundamente cada uno de sus artículos.
-Eso es lo que espera suceda entre gente
honorable y preocupada por el destino venezolano. No por imponer sus criterios
personales, de grupo, de partido, de gobierno.
-Exactamente. Ya dijimos que los únicos
intereses a defender son los del país y de su gente.
-¿Y si no sucede así?
-Entonces seremos los pésimos actores de
una pésima comedia que nos mal pondría ante el concierto mundial. Lo cual no es
ni saludable ni menos recomendable.
-Entiendo. Aprobarla a usted como Carta
Magna no es cuestión de simple mayoría sino de impregnar su texto con
verdaderos valores democráticos.
- Correcto. Lo contrario sería vergonzoso
y lamentable.
-¿Cómo impedirlo?
-Con voluntad y firmeza de demócratas
convencidos. También con entendimiento, mucho diálogo, concertación, y
convivencia.
-¿Cree usted que los vencedores tendrán
grandeza con los vencidos?
-Afirmo que no hay vencedores ni vencidos.
Somos todos venezolanos y Venezuela es un solo país.
-Se lo pregunto porque algunos se empeñan
en dividirnos entre buenos y malos, entre corruptos y puros, entre decentes e
indecentes.
-Manera muy mala, así lo creo, de gobernar
que, pienso, debe dejarse de lado antes que divisiones de tal naturaleza
terminan por profundizarse a extremos que resulte luego imposible encontrar
como detenerlos.
-Pero, según Barroso y otros más, «la
crisis de Venezuela, del venezolano, es la de la persona, de su intimidad, de
sus hombres, de su dignidad, de sus valores”.
-Sí. Es cierto que «el venezolano, como
persona, ha perdido claridad consigo mismo».
-Y el rumbo.
-Y el rumbo. El venezolano ya no sabe
«quién es y qué quiere. El venezolano no está claro con sus necesidades,
malbarata su potencial, carece de objetivos y anda al garete sin valores».
-¿Por qué sucede de este modo?
-Porque, al decir de Barroso, criterio que
comparto plenamente, «el venezolano no tiene contextos definidos: el contexto
individual, el de pareja, el de familia, el organizacional y el social. Lo que
el venezolano es a nivel individual tiene poco que ver con quién es en otros
contextos, determinándose una pluralidad de identidades contradictorias entre
sí».
Retrato perfecto de una situación
imperfecta.
-Y dañina, que debemos detener antes que
termine por corroer lo que nos queda.
-¿Qué cree usted que nos queda?
-Bueno, disposición al cambio, por lo
menos. Siempre que en esa intención de cambio prive el deseo de permanencia y
no el circunstancial, el del momento.
-Es decir, el de la conveniencia.
-Sí. El de querer utilizar al pueblo para
que el pueblo continúe apoyándonos los proyectos personales, no importa si son
políticos o comerciales.
-Por usted votaron demócratas pero también
aquellos que creen haber llegado lo que tanto tiempo esperaron: la dictadura.
-Los demócratas votaron bien. Los otros
perdieron el voto,
¿Está segura?
-Creo estarlo. Debo estarlo. Es mi
obligación estarlo. Al fin y al cabo en mi estará representada la voluntad
popular. Y la voluntad popular no terminará inclinándose a favor de un régimen
de fuerza.
¿Tampoco hacia una democracia debilitada?
-Tampoco. Hay que fortalecer la democracia
para impedir la dictadura.
¿Y si se inclina hacia el autoritarismo?
-Rotundamente me opondré a un hecho de tan
grave significado y naturaleza.
¿En qué consistirá ese rechazo suyo, ésa
oposición?
-En la fortaleza misma de la democracia.
-Pero acordamos que está muy debilitada
tanto como desprestigiada.
-Una cosa bien distinta es debilidad y
otra desprestigio. La debilidad tiene nombre y apellido. Se cerraron sus
instancias, se agotaron sus postulados. El desprestigio igual.
¿Acaso los puntofijistas?
-El presidente Chávez afirma que todos
somos culpables.
-Bueno, unos más, otros menos.
-No señor, en cuanto al país y su realidad
de hoy en día, la culpa tiene idéntico peso.
¿Toda la carga hacia los partidos?
-Es lamentable porque los partidos tienen
que seguir siendo fundamento de toda acción. Es decir de gobierno, de
democracia.
-Insisto, ¿la culpa es sólo de los
partidos?
-No. También la tienen los demás sectores
de nuestra sociedad, incluyendo la Iglesia y las Fuerzas Armadas.
- ¿Todo el mundo?
-Todo el mundo.
¿Incluye al pueblo?
-Sí, porque el pueblo es culpable de sus
propias equivocaciones.
--Pero el pueblo es Dios y Dios no se
equivoca.
-Eso es verdad. Pero sucede que Dios nos
pone a prueba y cuando lo hace nos deja al libre arbitrio, porque supone que
somos gente pensante, cuerda y responsable.
-Lanza usted directo a la goma.
-Tengo que ser directa, sin rodeos, no se
me permiten ligerezas, menos debilidades. La responsabilidad que me entregaron
es una cuestión muy seria.
¿Hasta el final?
-Hasta el final. Una constitución no es
una simple relación de buenas intenciones. Es la carta de identidad de un país.
-La partida de nacimiento de la nueva
Venezuela.
-Sí. Debe ser clara y precisa,
representativa de la pluralidad en que se abanica el pensamiento nacional. No
puede ser impositiva ni menos muestra de cualquier autoritarismo. Lo último no
lo perdonaría el mundo democrático con mucha cautela, con mucha preocupación
pero también con mucha esperanza.
-¿Creerá el mundo en nuestras buenas
Intenciones?
-Debe creernos.
-Pero sucede que afuera se habla un
lenguaje y adentro otro distinto.
-Bueno, es cuestión de unificar criterios,
lenguaje y disposición al trabajo.
-¿También de unidad?
-¡Claro! La unidad es principio de toda
acción. Sin ella, ¿qué podremos esperar? Disolución, anarquía, pleitos.
-¿A quién cree usted le corresponde dar el
primer paso hacia esa pretendida unión?
-Por igual al gobierno y a sus gobernados.
-Pero el gobierno prosigue en sus ataques,
en sus ofensas, en sus acusaciones.
-Y los gobernados, algunos, desde luego
respondiendo.
¿Se precisa, entonces, un «boto tierrita y
no juego más»?
-Sí. Un «taima» que calme ánimos y
facilite tiempo para proseguir jugando, Pero eso sí, que el dueño del bate, de
la pelota y de los uniformes no termine creyendo que los jugadores, los
espectadores, el estadio y la novia del equipo son también propiedad suya.
-Es cuestión de respetar las reglas.
-Y de respetar a nuestros semejantes.
Recuerde que el derecho nuestro termina donde comienza el del vecino.
-Es cumplir con nuestros deberes para
tener moral a la hora de exigir derechos.
-Dejar de ser más vivos que los demás, no
traspasar responsabilidades, darle cumplimiento a nuestras obligaciones, no
quejarnos tanto y trabajar más. En fin, darle un vuelco a nuestra actuación
ciudadana.
-¿Todo ello surgirá de usted? ¿Será usted
capaz de transformar nuestra conducta? ¿Podrá usted construir un nuevo país?
-En mí estarán las bases morales que
permitirán transformar la sociedad y, al hacerlo, posibilitar la nueva y gran
conducta nacional: más hacia el país que somos todos. Ese será el nuevo país.
-¿Sobre qué bases, fundamentalmente?
-Que no sea impuesta de modo arbitrario ni
autoritario; que no sea producto de un grupo sino del trabajo plural y
colectivo; que incluya el más amplio respeto por los derechos humanos; que
garantice el derecho a la educación, a la salud y a la alimentación; que
autorice la figura del referéndum; el pluralismo democrático y la autonomía y
equilibrio de cada uno de los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial,
porque la Constituyente es para hacer la Constitución no para sustituir
poderes. Ya la CSJ determinó que yo no soy originaria. Y debe respetarse esta
decisión. Violentarla es violarme y burlarse de la buena fe del pueblo. El
objetivo es reformar, transformar, cambiar lo malo por lo bueno. Ese debe ser
el nuevo país.
-¿La Quinta República?
-El nombre de Venezuela es Venezuela y
seguirá por siempre siendo Venezuela.
-¿Y el suyo Constitución Bolivariana?
-Repito: mi nombre es Constitución, me
llamo Venezuela y mi apellido es Democracia.