Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 05:22 pm
El aumento de la incertidumbre sobre el futuro de la
economía internacional y la fragmentación geopolítica están afectando el
comercio mundial, ocasionando que muchos países se replanteen sus modelos de
crecimiento basados en la industria manufacturera para priorizar cada día más
la transformación de sus economías mediante el desarrollo del sector servicios.
Esto en gran medida porque en el actual contexto global la manufactura ha
perdido su función como motor de crecimiento que absorbe mano de obra, convirtiéndose
en una actividad productiva más intensiva en capital y en mano de obra calificada.
En otras palabras, hoy en día las grandes empresas adoptan tecnologías
avanzadas y crean pocos empleos, mientras que las pequeñas empresas absorben
mano de obra, pero siguen siendo improductivas.
En este contexto, los países que hacen parte de la Asociación
de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) son un buen ejemplo de economías que
están mirando cada vez con mayor atención al sector servicios como un nuevo
motor de transformación. Especialmente en subsectores como las finanzas, los servicios
profesionales y las tecnologías de información y comunicación, con amplias
externalidades a partir del mayor nivel de productividad que evidencian.
El transitar en esta dirección ha implicado un cúmulo de
desafíos que aún se intentan superar, incluyendo la promoción de la formación
en ciencia, tecnología e innovación, el cierre de las brechas en
infraestructura digital a lo interno y entre los países de la región, el
impulso a la cooperación entre gobierno-empresa-universidades, y la
construcción de un marco regulatorio regional. Todo esto a partir de reconocer
que la región se encuentra en el centro del debate sobre el crecimiento
impulsado por los servicios, mediante una economía digital que se prevé alcance
el billón de dólares estadounidenses en 2030.
Al respecto, la ASEAN ha adoptado el Plan de Acción de la
ASEAN sobre Ciencia, Tecnología e Innovación 2026-2035 y el Acuerdo Marco sobre
la Economía Digital, ambos dan forma al camino que busca la industrialización
basada en servicios. De esta forma, se intenta superar como primer desafío la
escasez de mano de obra altamente calificada, y con conocimientos
especializados, que enfrenta la región. Muchos Estados miembros cuentan con
menos investigadores en innovación y desarrollo (I+D) por millón de habitantes
que la media de los países de renta media-alta en el mundo.
El segundo desafío es eliminar las brechas en la
capacidad tecnológica. El Índice de Infraestructura Digital de la ASEAN muestra
una diferencia de 70 puntos en ciberseguridad y protección de datos entre los
países con mejor y peor desempeño, mientras que la penetración de Internet
oscila entre el 100% en Brunéi y el 37,9% en Timor-Leste. Esta débil protección
de datos y conectividad erosiona aún más la confianza pública y deja a la
región expuesta a riesgos cibernéticos.
Un tercer desafío es la debilidad para lograr acuerdos
institucionales entre empresas, gobierno y universidades, lo que dificulta la
creación de ecosistemas de innovación. Esto como consecuencia de mantener la
colaboración empresarial concentrada en las sedes de las multinacionales en el
extranjero, sin interés alguno en promover la capacidad de inventiva local.
Además, la fragmentación regulatoria constituye otro
obstáculo para sectores emergentes como las criptomonedas y los contratos
inteligentes. Las distintas normas de la ASEAN en materia de pagos, datos y
licencias incrementan los costos de cumplimiento y dificultan la expansión
transfronteriza. Y aunque se aspira a un mercado regional integrado, los países
miembros siguen priorizando sus intereses nacionales, lo que genera vacíos
regulatorios.
Con un esfuerzo real para superar estos desafíos el
Sudeste Asiático puede impulsar una industrialización inclusiva y orientada a
los servicios. Donde la ciencia, la tecnología y la innovación se convierta en
una prioridad regional que vincule el desarrollo de habilidades, los
ecosistemas de innovación y la integración económica. Es decir, construir una
transformación mediante la inversión en infraestructura digital y capital
humano, con un fuerte enfoque en la recapacitación y la mejora de las
competencias de la población.
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