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Por Rafael Augusto López

Los 90 años de María por Rafael Augusto López



Los 90 años de María por Rafael Augusto López

El pasado martes 18, Día de la Chinita, doña María Moreno León cumplió 90 años de vida. Tuve la fortuna de acompañarle en la misa de acción de gracias y allí escuché las palabras que su hijo Lalo Montilla Moreno dedicó a su mamá, y le pedí que me permitiera publicarlas en esta columna, como un homenaje a esta matrona merideña que con sobrados méritos tanto lo merece. Porque, cuando se mencionan los parques temáticos Los Aleros, y La Venezuela de Antier, todos pensamos en Alexis Montilla, porque ciertamente es el genio, pero ella fue determinante en esos logros.

Reseña de María Moreno León

María Maximina Moreno León nació el 18 de noviembre de 1935 en la loma de La Mucuy, esa que mira hacia Tabay, en una rudimentaria casa de tapia en donde Juan Bautista y María Antonia tenían su hogar. María Maximina fue la sexta hija de quince. La numerosa familia Moreno León tiene una marca de origen:  los valores del trabajo, la sencillez y una profunda fe cristiana. Desde muy pequeña, María destacó por su responsabilidad, su carácter firme y su natural disposición a servir a los demás. 

Su infancia transcurrió entre los oficios propios de la vida campesina: moler maíz y café junto a su tia Margarita, ayudar en la cocina, recoger agua de la acequia que quedaba como a media hora, ver de las gallinas y cuidar a sus hermanos menores.

Sus cinco hermanos mayores fueron enviados, uno a uno, a seguir la vida religiosa como hermanos de La Salle y como hermanas franciscanas. Sin embargo, María tuvo el coraje de ser la primera en decirle a sus padres que quería tomar otro camino. Gracias al apoyo de su hermano Benito, se marchó a Barquisimeto a estudiar una carrera moderna, la carrera de moda: telegrafista. Más adelante estudió mecanografía y comercio.  Su espíritu de viajera la llevó a Cabimas, Maracaibo y Caracas, para luego regresar a Tabay. Allí disfrutó intensamente de las alegrías propias de su edad. Mientras Benito, Juan Bautista, Angel, Rosa, Alejandrina y Alberto estaban rezando en sus respectivos conventos y seminarios, María amanecía bailando en picoteos, fiestas patronales, carnavales, verbenas, vendimias, paseos y en cuanta sala de baile había, como “La choza” y “Puerto río”. Su mamá, María Antonia, temblaba cuando llegaban sus compinches a buscarla:  Digna Moreno, Esther díaz, Carmen León, Carmen Rojas.

Una vez superada la etapa rochelera de la juventud, se muda a Mérida en donde obtuvo su primer empleo estable en la farmacia San José. allí, gracias a su honestidad, disciplina y responsabilidad se mantuvo durante 11 años atendiendo a los merideños.

Su belleza juvenil le granjeó muchos pretendientes, Alí Díaz, Emilio Peña, Heriberto Berríos y Alexis Montilla, con quien contrajo matrimonio en 1963. De esa unión nacen sus tres hijos: Gerardo, Leonardo y Romer (Lalo, Leo y Lilo). Fueron 20 años de esfuerzo compartido, de crecimiento familiar, de desafíos, de apoyo mutuo y de emprendimientos que María fue consolidando con pasión y sacrificio. María, a la par de la crianza, cuidado y atención para sus hijos y esposo, se dedicaba a impulsar y acompañar a Alexis en diversos negocios: la arepera El Pilón, el restaurant El Caney, El Caneycito, recuerdos típicos Las Topias, en donde ofrecía al público, entre otras cosas, vasijas de barro que ella misma buscaba en Capacho o Aguas Calientes y las pintaba y decoraba con paisajes andinos. Su visión convirtió aquel lugar en una verdadera vitrina de la identidad merideña: un espacio que se convirtió en referencia para los turistas. En esa época María comenzó a padecer una patología que la obligó a ausentarse por un tiempo de sus quehaceres. Mamá siempre nos dice que logró sobreponerse y echar adelante a sus hijos gracias al apoyo invalorable de sus hermanas.

En 1977, gracias al esfuerzo sostenido y a un crédito del Banco Hipotecario Unido, en un país que ofrecía oportunidades, María y Alexis adquirieron y construyeron una casa en Santa Ana y otra en los Chorros de Milla. esta última se convirtió en un nuevo proyecto visionario: el restaurant turístico los Tejados de Chachopo. Durante más de veinte años, María fue su alma administrativa, una exitosa gerente. El restaurante se transformó en un símbolo de excelencia gastronómica y aún hoy es una referencia añorada y recordada por turistas y merideños.

Gracias a la disciplina administrativa de María en “Las topias”, El Caney y los Tejados de Chachopo, logran ahorrar para aquirir el terreno en donde años después, Alexis, María, sus hijos y sobrinos fundarían el pueblo museo Los Aleros. María Moreno se convirtió en la matrona fundadora de Los Aleros y posteriormente de la Venezuela de Antier, en donde no solamente estableció sus artesanías, sino que, con su carácter, valor y disciplina fue el apoyo incondicional de las loqueras de Alexis y sus hijos. Desde entonces, a sus 90 años, María sigue siendo la matrona consentida de todos quienes hacemos vida en estos parques.

A pesar de que María y Alexis tomaron rumbos distintos en sus vidas, han mantenido una entrañable amistad, incluso con Romery, Sixela, Alexandra y Yordani, entre quienes existe un afecto mutuo y sincero.

Doña María dedicó su nueva vida a terminar de educar a sus hijos menores, a consolidar y embellecer sus “Topias”, a viajar (porque era muy pata caliente) y a inculcarle la fe cristiana a sus nietos. Su etapa como abuela comenzó con Lani —la primera en llamarla “Mamaía”— y continuó con Mario Alejandro y Leonardo Andrés, a quienes les cargó el chuco hasta que ya no pudo más con ellos. Tiempo después llegaron Juan Sebastián, María Romina, Mathías y Leandro Alexi. Mantuvo su papel de abuela, siempre con sus palabras sobre la fe cristiana, consejos, regaños, rezongos y un cariño particular que sólo la longevidad puede regalar.

Como otra bendición de Dios, María ha tenido la dicha de conocer a sus dos primeros bisnietos (Santiago y Catalina), quienes han llenado esta etapa de ternura, esperanza y la gratitud inmensa por una familia que sigue creciendo.

A pesar de su edad, María se esmera por aprender y adaptarse a las nuevas tendencias. En Youtube, revisa diariamente las noticias de la realeza europea y se carcajea viendo Betty la fea. Por Whatsapp, envía mensajes, monta estados, graba notas de voz y, en Instagram, se mantiene al tanto de los últimos chismes de la farándula local, nacional e internacional. Con una frecuencia extraña se mete en la configuración del teléfono con tal facilidad y destreza que, en una ocasión, un técnico me preguntó: ¿cómo hizo su mamá para llegar a este nivel de seguridad? En estos días me llamó para que fuera a revisarle el teléfono porque no funcionaba bien. Hice lo de siempre: lo reseteé, le desinstalé varias aplicaciones que me parecieron innecesarias y se lo dejé funcionando. No había llegado yo a mi casa cuando me llamó para reclamarme por qué le había quitado el TikTok.

Al tener la bendición de celebrar 90 años junto a sus hijos, nietos, bisnieto, hermanas, hermanos, sobrinos y esta gran cantidad de amistades sinceras que hoy  vinieron a acompañarla, contemplamos su historia como un testimonio de trabajo, perseverancia, solidaridad, humildad, amor, pero sobre todo como un testimonio de valentía.

Ella ha sido forjadora de proyectos, sostén de generaciones, ejemplo de fortaleza y protagonista silenciosa de obras turísticas que son parte esencial de la identidad merideña.

En ella reconocemos a una mujer que ha dedicado su vida al trabajo, a su familia y a la construcción de un legado perdurable de fe que ha inspirado a quienes la rodean y que continúa dando frutos en las nuevas generaciones.

Mamaía, ¡feliz cumpleaños!

Autor: Gerardo (Lalo) Montilla Moreno.

rafael.tuto@gmail.com