Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 07:38 pm
El alma venezolana envuelta en hojas: Una carta de amor a la
hallaca
Hoy, 30
de noviembre, el calendario nos avisa que el año entra en su recta final. Pero
en Venezuela, el tiempo no se marca con fechas, sino con aromas.
Hoy
despedimos el mes porque en las casas ya comienza a percibirse ese olor
inconfundible a hojas de plátano o cambur ahumadas, a guiso cocinándose a fuego
lento y a familia reunida. Hoy, oficialmente, huele a Navidad. Y es que hablar
de la Navidad venezolana es imposible sin invocar a su majestad: la Hallaca.
Pero, ¿qué es realmente este pastel que nos define?
El
cronista Miro Popic, en su maravillosa obra El pastel que somos,
nos lanza una pregunta que desarma cualquier lógica para entrar en el terreno
del corazón: "¿Somos venezolanos porque comemos hallacas o comemos
hallacas porque somos venezolanos?". La respuesta flota en el aire: la
hallaca no es solo un alimento; es, como bien dice Popic, "un sentimiento
que se come". Es nuestra cédula de identidad servida en un plato, un cable
a tierra que nos conecta, estemos en Caracas, en Maracaibo, en Mérida o en el rincón más alejado del planeta.
Mitos, verdades e ingeniería culinaria
A veces,
caemos en el error de repetir viejos mitos, como aquellos popularizados en La
Historia Fabulada de Francisco Herrera Luque, diciendo que este manjar
nació de las "sobras" de los banquetes coloniales.
Sin
embargo, el gran historiador José Rafael Lovera nos enseñó a respetarla
como lo que es: una joya de la ingeniería culinaria. En su monografía La
Hallaca, un texto de culto para los gastrónomos, Lovera nos recordaba que
una preparación tan compleja —que une la técnica del maíz indígena, el estofado
español y la hoja africana— no es fruto del azar ni de los desperdicios. Es un
monumento a nuestra historia, un testimonio de mestizaje refinado que ha
sobrevivido siglos para llegar intacto a nuestra mesa.
El ritual de la memoria
Y cuando
llega el momento de la verdad, el momento de la alquimia en la cocina, aparece
la figura del maestro Armando Scannone. Su libro rojo, Mi Cocina: A
la manera de Caracas, presente en tantas encimeras manchadas de onoto,
actúa como el director de orquesta silencioso. Es la referencia técnica
absoluta que ha estandarizado el sabor de nuestra memoria, asegurando que la
tradición no se pierda entre generaciones, aunque cada madre jure que su receta
es única.
Tal como
analizaba el economista y cronista gastronómico, Rafael Cartay en La
Hallaca en Venezuela, este plato es nuestro gran símbolo de identificación
social. Hoy, al cerrar noviembre, no solo nos preparamos para comer. Nos
preparamos para el ritual. Para el "pásame la aceituna", para el
"cuidado con la masa", para la competencia de quién amarra mejor.
Así que,
cuando desempaquemos la primera hallaca de esta temporada, recordemos que no
estamos solo abriendo un regalo culinario; estamos abriendo nuestra historia,
abrazando a los que están lejos y celebrando, una vez más, la dicha inmensa de
ser venezolanos.
La Biblioteca del Sabor: Las "Biblias" de
la Hallaca
Para
quienes deseen profundizar en la historia y técnica de nuestro plato rey, estos
son los textos imprescindibles:
¡Bienvenido,
Diciembre! La mesa está servida.