Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:38 pm
Entramos al
maravilloso tiempo de adviento. La
Iglesia nos invita a renovar “la esperanza que no defrauda”, en el corazón de
los creyentes el Señor toca las puertas del corazón y nos invita a abrirlas de
par en par y dejar entrar su amor misericordioso.
Un Dios frágil
nos llega en la pobreza de un pesebre, un pesebre iluminado por su luz, quiere
ser para nosotros salvación, vida y esperanza eterna. Él viene a nuestra vida
para iluminarnos y permitirnos conocer mejor su Reino de amor, justicia y paz.
Este adviento 2025 se
une al jubileo que nos ha invitado a todos a ser “peregrinos de esperanza”, un
llamado a encender las lámparas y llenarlas del aceite de la oración y de la
escucha atenta del Señor que viene a traernos la paz en medio de nuestros torbellinos,
a darnos la alegría que nadie nos podrá quitar en medio de tantas tristezas de
este mundo, el bálsamo del consuelo que sana las más profundas heridas del
alma, por eso en oración todos diremos: con el Señor todo es posible. ¡Ven Señor Jesús! ¡Ven pronto!
En la tradición de la Iglesia el primer domingo de Adviento marca el inicio del nuevo año litúrgico. La pedagogía de este tiempo se
realiza en cuatro semanas de preparación y meditación, el objetivo es comprender y celebrar el profundo significado del Nacimiento del
Salvador. Un tiempo propicio para la renovación, para
profundizar nuestra relación con Dios, para buscar la conversión de nuestros
corazones.
Este adviento llega a
nosotros en un año de guerras y amenazas mundiales para recordarnos la misión de
ser instrumentos de paz, al igual que el pobrecillo de Asís, “Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga
yo perdón; donde haya discordia, ponga yo unión; donde haya error, ponga yo
verdad; donde haya duda, ponga yo fe; donde haya desesperación, ponga yo
esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo
alegría Señor”.
El Adviento nos invita a reflexionar sobre la venida de Jesús, no solo su venida
pasada hace 2025 años, sino esa venida diaria que experimentamos cuando
meditamos la Sagrada Eucaristía, cuando compartidos la fracción del pan en la
eucaristía dominical, cuando nos hacemos uno con el prójimo que sufre y padece
necesidad. Así como también su venida futura, la Segunda Venida en gloria, que
representa el cumplimiento del plan salvífico de Dios. Este tiempo litúrgico nos anima a cuestionarnos, ¿estamos realmente preparados para recibir al
Señor en su gloria?
Esperar
la salvación es mirar al hermano con ojos nuevos para
establecer nuevas relaciones, para vivir y crecer juntos en el amor y la
esperanza, es poner nuestras
vidas en consonancia con la fe. Solo
así nace la verdadera esperanza, una esperanza que no defrauda, una
esperanza que tiene su meta en el cielo pero que ha de hacer resonancia en
nuestra historia, en el vivir cotidiano. Vivamos en esperanza para ser esperanza para los hombres y mujeres de
nuestro tiempo que viven la soledad y la desesperanza.
Todos juntos tenemos que hacer el camino siendo familia solidaria
en la que reine el amor y la fraternidad. Somos hijos del mismo Padre Dios.
Peregrinamos con esperanza y ofreciéndola a los que nos rodean, especialmente a
los pobres, enfermos, ancianos, presos y jóvenes, como nos lo señaló el papa
Francisco en la Bula de convocatoria del Jubileo.
Adviento es una gracia que produce en el corazón un deseo de conversión, de arrancar de nosotros aquello que
no viene de Dios y de hacer brotar las semillas del bien, la bondad, la
belleza, el servicio, en definitiva, el amor. El Señor viene, el Señor está con nosotros.
En Venezuela necesitamos una fraternidad que nos una por
encima de las diferencias y que éstas no sean usadas para fragmentar, dividir,
o enfrentarnos más, sino para encontrar caminos de comunión basados en el amor
por el otro.
Que el Adviento sea un tiempo propicio para promover la
igualdad ciudadana, para renunciar a toda forma de autoritarismo y escucharnos
con humildad y esperanza, cuidando a los más vulnerables nuestros niños y
ancianos.
Es el momento que requiere el mayor esfuerzo para dialogar,
con la sabiduría del diálogo que no defrauda, como nos enseña el Papa León XIV:
“Dios permanece fiel por siempre a su diseño de amor y de vida; no se
cansa de sostener a la humanidad incluso cuando repite los errores del pasado.
Mérida, 30
de noviembre de 2025